Esta ponencia fue presentada el 1 de febrero de 2021 en el Coloquio Internacional Ingenieros y Modernización de la Europa del Sur (siglos XVIII-XX), organizado por la Universidad de Málaga y el Proyecto de Investigación INGEURSUR. Tras la...
moreEsta ponencia fue presentada el 1 de febrero de 2021 en el Coloquio Internacional Ingenieros y Modernización de la Europa del Sur (siglos XVIII-XX), organizado por la Universidad de Málaga y el Proyecto de Investigación INGEURSUR.
Tras la Guerra de Sucesión, el recientemente creado Real Cuerpo de Ingenieros se encontró siendo protagonista de varias de las políticas principales de Felipe V. Una más local, como era recuperar los recintos fortificados de la costa mediterránea tras décadas de relativo abandono con objeto de hacer frente a la doble amenaza de la piratería berberisca y de la presencia británica en Gibraltar y Orán. Otra, el expansionismo o revanchismo borbónico que llevaría a los ejércitos de Felipe V a lanzarse a recuperar los territorios perdidos en la contienda sucesoria en Italia y el norte de África a la menor ocasión. Y finalmente, en coherencia con la letra de la ordenanza de 1718, el fomento del reconocimiento geográfico y el desarrollo económico, al que iban ligadas obras públicas como vías de comunicación, puentes o puertos, en todos los territorios españoles, con el objetivo final de obtener más ingresos fiscales, aumentar la población y el comercio y poner a la Monarquía en una posición más sólida que en las décadas anteriores. Todas estas iniciativas confluyen en el caso de Orán.
La decisión de crear una academia de matemáticas y fortificación justo después de la toma de la plaza en 1732 obedece a un contexto muy determinado en el que destacan no sólo la distancia de Orán respecto a la península y sobre todo Barcelona, sede de la academia matriz que inició su andadura en 1720, sino también la peligrosidad de su carácter fronterizo y el encontrarse situada en un entorno de endiablada orografía (y con un riesgo sísmico que provocaría en última instancia su abandono en 1792) que complicaba todas las construcciones.
Se buscaba con esta academia formar en las nociones básicas de matemáticas y fortificación a militares de otras armas destinados allí y encaminar a cadetes e ingenieros voluntarios (el empleo más bajo del escalafón) para que hicieran carrera en el Cuerpo y ayudaran en el mantenimiento del perímetro defensivo.
En 1732 se nombra director de la academia al ingeniero José Cano Águila, aunque con la idea fundacional de que los ingenieros jefes de la plaza también hicieran las veces de profesores si era posible, de manera permanente u ocasional, como en ese caso Juan Bautista MacEvan y posteriormente Juan Ballester y Zafra. A la muerte de Cano en 1736 le sucedería Antonio Gaver, que conservaría el puesto hasta mediados de siglo, cuando fue destinado a Andalucía. Felipe Ramírez comenzaría a trabajar como profesor en 1736 y se haría cargo de la dirección tras la marcha de Gaver. El presupuesto, unos 7400 reales anuales, era muy bajo respecto a la de Barcelona y se obtenía de los gastos para fortificación, pagados por la tesorería de la plaza. La escasez de recursos llevaría a que en la academia de Orán únicamente trabajaran como profesores habitualmente dos ingenieros (a veces uno, dependiendo del personal disponible para otros menesteres) y que los planes de estudios duraran cuatro años en lugar de tres, como ocurría en su academia matriz de Barcelona, ya que los alumnos solían tener dedicación parcial al ser habitualmente soldados de otras armas o estar ya trabajando en las fortificaciones como voluntarios mientras estudiaban. Los cursos comenzaban cada dos años, de manera que había dos turnos, uno de mañana y otro de tarde, uno para los principiantes y otro para los avanzados. Como apunta Abián Cubillo siguiendo a Navarro Loidi, academias como la de Orán o la de Ceuta, creada en 1739, hacían las funciones de primer ciclo respecto a la de Barcelona, en un contexto en el que no podían prescindir de personal para enviarlo a la Ciudad Condal, pero sí requerían un centro de formación sobre el terreno. Cuando el regimiento de los estudiantes abandonaba la plaza para marchar a otro destino, el cadete podía permanecer cursando sus estudios en la academia pidiendo una excedencia real, lo que encontramos con frecuencia en la documentación de archivo. También era habitual que, si un ingeniero estaba destinado en Orán, uno o varios de sus hijos estudiaran en la academia durante ese tiempo, y que si tenían su propia unidad de infantería, a veces solicitaran permiso para permanecer junto a su padre hasta terminar los estudios.
Era raro que un ingeniero pasara a formar parte de los cuadros del Cuerpo tan sólo habiendo pasado por la academia de Orán, aunque solía ser un mérito perfectamente válido para servir como ingeniero voluntario o extraordinario en apoyo de otros ingenieros en destinos de urgencia. Se consideraba que lo ideal era que los ingenieros continuaran sus estudios en Barcelona, si es que querian hacer carrera en el Cuerpo, en cuya academia podían acceder superando un examen previo. No obstante, para la época que analizamos aquí, todavía era frecuente que los nuevos ingenieros accedieran al Cuerpo haciendo valer sus méritos anteriores, como ocurrió en muchos casos con técnicos de origen extranjero. Servir algún tiempo en Orán, por otro lado, era una buena manera de acelerar el ingreso en Barcelona e incluso de ascender de rango y empleo (aunque como mérito siempre estuvo por encima el haber servido en campaña).
Desde 1732 y hasta mediados del siglo, Orán fue objeto de un proyecto general que abarcaba no sólo la reparación y ampliación de su perímetro defensivo exterior, en el que destacaban baluartes como el de Santa Cruz y el de San Felipe, sino también de forticaciones interiores como las de la Alcazaba, el plan de construcción de un nuevo muelle en su marina, edificios para la guarnición como cuarteles y almacenes y también edificios civiles como la iglesia mayor, el hospital, el puente de Tremecén y otros proyectos como los relacionados con la irrigación de la vega de Orán, clave para el abastecimiento de alimentos en la plaza. Mazalquivir también fue objeto de reparaciones y mejoras en sus fortificaciones, en abandono desde 1708. Los alumnos de la academia tuvieron la oportunidad de formarse en la práctica en todos estos tipos de construcciones y proyectos.