Revista Interdisciplinar de Historia y Ciencias Sociales
de
Jóvenes
Año 1 | Núm. 1 | Febrero de 2014
Revista Interdisciplinar de Historia y Ciencias Sociales
HISTORIA COLECTIVA
Historiadores
1
Colectivo
Internacional
Las Historiografías Periféricas
La Historia Antigua y la tradición Clásica. Críticas a los metarrelatos y nuevas
propuestas teórico-metodológicas
Una mirada al estudio de la muerte
desde la escuela de los Annales y la
geografía cultural
La educación socialista y un gobierno
anti cardenista. El caso de Tlaxcala,
1935-1936
Contextualización de la mujer dentro de
la sociedad vándala y bizantina en las
islas Baleares
Las joyas de las coronas ibéricas. Nueva España y Brasil, 1789-1808
Civilización y barbarie: el ideal de progreso en Domingo Faustino Sarmiento
Presentación de libros
Año 1, Núm. 1, Febrero de 2014
ISSN (trámite)
DIRECTORIO
Directorio
Dirección editorial
Comité editorial
Marlene Eliden Castañeda Jiménez
Karina Eunice Segura Collazo
Francisco José Díaz Marcilla
María de Jesús Ramírez Magallón
María Teresa Santos Durán
Sirley Viafara Balanta
Arte y Diseño
Karla Bautista Celestino
Marlene E. Castañeda J.
2
CONTENIDO
Contenido
3
Presentación
4
Las historiografías periféricas
Francisco José Díaz Marcilla
5
La Historia Antigua y la tradición Clásica. Críticas a los metarrelatos y nuevas propuestas
teórico-metodológicas
Francisco Mamani Fuentes
15
Una mirada al estudio de la muerte desde la escuela de los Annales y la geografía cultural
Gabriela Servín Orduño
23
La educación socialista y un gobierno anti cardenista. El caso de Tlaxcala, 1935-1936
Daniel Gibran Castillo Molina
32
Contextualización de la mujer dentro de la sociedad vándala y bizantina en las islas Baleares
José Miguel Rosselló Esteve
39
Las joyas de las coronas ibéricas. Nueva España y Brasil, 1789-1808
Carlos Emerson Rivas Cabezas
47
Civilización y barbarie: el ideal de progreso en Domingo Faustino Sarmiento
Agustín Haro
56
Presentación de libros
65
PRESENTACIÓN
Presentación
No existe educación sin sociedad humana y no existe hombre fuera de ella.
Paulo Freire
La revista Historia Colectiva. Revista Interdisciplinar de Historia y Ciencias
Sociales es una publicación sin fines de lucro del Colectivo Internacional de
Jóvenes Historiadores, quien consciente de la importancia de la divulgación
histórica en la sociedad contemporánea se propone fomentar la participación
colectiva de los científicos sociales y humanistas con la finalidad de rebazar
fronteras geográficas y compartir conocimientos, así como lograr un crecimiento profesional que transforme los paradigmas que limitan a la ciencia histórica hacia un sector específico de la sociedad.
La revista ha sido creada para incentivar la convergencia entre dicha comunidad científica, por ello se abrirán convocatorias periódicas para la recepción de sus trabajos, los cuales a consideración del editor serán publicados.
El primer número de la revista está integrado por seis artículos, pertenecientes a profesionales de posgrado, de licenciatura e historiadores en proceso de formación universitaria. Para este primer número, se mantuvo intacto el
método de citación de los autores, así como la redacción de los mismos, sin
embargo, los siguientes números contarán con un estilo específico.
Finalmente, el Colectivo Internacional de Jóvenes Historiadores le agradece a los autores su aportación para la realización de este proyecto, y reitera
su invitación al resto de sus lectores.
Colectivo Internacional de jóvenes Historiadores
4
Las
Historiografías
Periféricas
Francisco José Díaz Marcilla
Palabras clave: Teoría de la Historia,
tendencias historiográicas, pensamiento histórico, periferia, interdisciplinariedad.
Keywords: Theory of History, historiographical trends, historical thought,
periphery, interdisciplinarity.
Resumen: Este artículo propone un recorrido introductorio y de presentación
por aquellas tendencias historiográficas que abarcan desde los años 80
del siglo XX hasta nuestros días, que
he denominado “periféricas” al no poderse encuadrar en ninguna de las ya
existentes hasta esa fecha (Annales,
materialista o positivista). No es despectivo en cuanto no se basa en un
concepto de periferia como algo secundario, sino como algo “ajeno” a lo
ya existente, retomando la idea de “periferia” de historiadores como Edward
Said. Este artículo pretende también
informar sobre la reflexión teórica historiográfica actual desde un punto de
vista interdisciplinar.
Abstract: his article provides an introductory tour
and presentation of the diferent historiographical
trends ranging from the 80’s of XX century to the
present. I have called “peripheral” because it is not
possible to it them into any existing historiographical trend (Annales, materialistic or positivist
historiography). It is not a concept of periphery as
an afterthought, but as something “alien” to what
already exists, returning to the idea of “periphery”
of historians such as Edward Said. his article
aims to inform about the current historiographical theoretical relection from an interdisciplinary
point of view.
A
lo largo del siglo XX han aparecido una serie de corrientes historiográficas cuya actividad
se ha caracterizado por un punto en común: un mayor empeño por entablar contactos
con el resto de ciencias sociales. Algunos de estos grupos se crearon como reflejo de las
dos grandes tendencias historiográficas que dominaron la mayor parte del siglo pasado
– Annales y materialista – pero sin llegar a tener una influencia propia destacable, exceptuando
alguno de los miembros de estos grupos que pueda ser más conocidos internacionalmente.
Hasta ahora, estas tendencias han sido estudiadas bien de manera exclusivista, bien de manera
sumaria, sin distinciones. Este artículo pretende establecer una panorámica general sobre estas
tendencias que, debido a su carácter no central (apareciendo algunas de ellas en países cuyos
idiomas eran de poca imbricación en ámbitos académicos y, por tanto, la producción historiográfica menos conocida) y a su variable influencia dependiendo del país y de sus receptores
(centros de investigación no de primera línea de fuego), he decidido denominar “historiografías
periféricas”. El apelativo de “periféricas” no corresponde a ningún juicio crítico respecto a estas
historiografías, sino simplemente a un posicionamiento en la relevancia que tienen dentro de los
compendios historiográficos. 1
1. La historiografía sociológica alemana
Algunos de esos compendios sí las mencionan: Sánchez
Marcos, Fernando, “Tendencias historiográicas actuales”, en
http://www.culturahistorica.es; Georg G. Iggers, La ciencia
histórica en el siglo XX: las tendencias actuales, Idea Books,
Barcelona, 2002. Pero otros compendios famosos no mencionan
todas, como por ejemplo: Josep Fontana, Historia: análisis del
pasado y proyecto social, Crítica, Barcelona, 1999.
2
Sánchez Marcos, “Tendencias historiográicas actuales”, p. 30.
3
Citado en Peter Burke, Historia y teoría social, Amorrortu,
Buenos Aires, 2007, p. 31.
4
Karl Gotthard Lamprecht, Deutsche Geschichte, 12 vols.,
Berlín, 1891-1909.
5
Mommsen, Wolfgang J., “Max Weber y la ciencia histórica
moderna”, en Arbor 539-540 (1990), pp. 101-124.
1
Los orígenes programáticos de esta tendencia
se remontan a finales del siglo XIX en la figura
de Karl Lamprecht 2, que propugnó una historia colectiva con conceptos de otras ciencias
sociales, como la psicología o la geografía humana. Sostenía que «la historia es primordialmente una ciencia sociopsicológica»3. Intentó
llevar a cabo esta premisa en su obra Historia
de Alemania 4. Sus ideas acerca de las “fuerzas psicológicas” presentes a lo largo de la
historia, así como del uso del método interdisciplinario no cuajaron en Alemania, pero sí influyeron posteriormente a autores como Marc
Bloch y un cierto interés en los Estados Unidos (fue invitado a la Columbia University). Sus
ideas tuvieron continuidad a través los trabajos
de la escuela historicista alemana de economía
nacional, activa desde mediados del siglo XIX
y que abogaba por un estudio de los hechos
económicos no desde parámetros universalizantes sino de modo inductivo – se parte de la
realidad socio-histórica de cada nación teniendo en cuenta factores no económicos como la
psicología, la ética o el derecho –, de autores
como Otto Hintze, cuyos trabajos sobre la administración pública prusiana van más allá de
la mera recolección de datos pues cree que la
historia debe conceptualizar todos los fenómenos, tanto individuales como colectivos. Pero
quien más se implicó en los estudios sociológicos aplicados a la historia fue Max Weber y
su “ciencia social histórica”5, donde cada sociedad debía ser analizada como un conjunto
de interpretaciones colectivas de significados
culturales. El “científico social” debía descubrir
las líneas de desarrollo o la dinámica interna de
Pietro Rossi, Ensayos sobre metodología sociológica,
Amorrortu, Buenos Aires, 1990, p. 19.
7
Max Weber, La ética protestante y el “espíritu” del capitalismo,
Premiá, México, 1991.
8
Norbert Elias, El proceso de civilización. Investigaciones
sociogenéticas y psicogenéticas, Fondo de Cultura Económica,
México, 1988.
9
Norbert Elias, La sociedad cortesana, Fondo de Cultura
Económica, México, 1982.
10
Pueden consultarse los índices en: http://www.fordham.edu/
mvst/magazinestacks/gg.html y http://www.fordham.edu/mvst/
magazinestacks/gg1.html.
11
Véase: Raphael, Lutz, “Anstelle eines ‘Editorials’.
Nationalzentrierte Sozialgeschichte in programmatischer
Absicht: Die Zeitschrit Geschichte und Gesellschat. Zeitschrit
für Historiche Sozialwissenschat in den ersten 25. Jahren ihres
Bestehens”, en Geschichte und Gesellschat 26 (2000), pp. 5-37.
12
Jürgen Kocka, Historia social: Concepto. Desarrollo.
Problemas, Alfa, Barcelona, 1989.
13
Kocka, Jürgen, “he uses of comparative history”, en
Ragnar Björk-Karl Molin (eds.), Societies made up of history,
Akademitryck AB, Edsbruck, 1996, pp. 197-209.
6
las sociedades humanas más que en la esfera
material, en las estructuras de pensamiento y
comportamiento que hacen comprensibles las
relaciones sociales y el cambio socio-histórico,
en forma de Idealtypen (hipótesis) explicativos6. Estos planteamientos los aplicará en su
famoso trabajo sobre la ética protestante7. Por
desgracia, la llegada de los nazis y la II Guerra
Mundial truncaron el desarrollo de esta tendencia historiográfica en Alemania, si bien parte
de los postulados acerca de nuevas maneras
de hacer historia influyeron en la Francia de los
Annales y otros países europeos.
Otro autor que practicó la sociología histórica y que fue redescubierto sólo en los años
60 fue Norbert Elias. Su obra principal8 analiza
la evolución de las sociedades europeas desde la Edad Media hasta la Ilustración deteniéndose en las esferas de lo público – manifestaciones culturales – y lo privado – represiones,
tabúes –, y en otra de sus obras9 añade que,
dado que la sociedad está compuesta por interrelaciones personales desequilibradas por el
poder y los que lo detentan, para reestructurar esas relaciones los individuos pasan por un
proceso de “curialización”, es decir, trasladar
las relaciones de la corte de reyes y magnates
a la sociedad en general.
No es hasta los años 70 cuando en Alemania un grupo de investigadores – Hans-Ulrich Wehler, Reinhart Koselleck y Jürgen Kocka
–, amparados en la creación de la Universidad
de Bielefeld en 1971, retoman las preocupaciones sociológicas de Weber y fundan la Bielefelder Schule de historia social y política. Como en
los casos francés (Annales) y anglosajón (Past
and Present), también en este caso se funda
una revista que aglutinará los trabajos de este
grupo: Geschichte und Gesellschaft, en 1975
y cuyo subtítulo sirve de introducción programática, “Revista de Ciencia Social Histórica”
(Zeitschrift für Historische Sozialwissenschaft).
La motivación principal de este grupo es hacer
de la historia una ciencia social interdisciplinar
en estrecha relación con las otras ciencias sociales, especialmente la sociología, la ciencia
política y la economía10. A diferencia de Annales o Past and Present, esta revista se volcó
en intentar entender y explicar los desarrollos
político-sociales del mundo en proceso de industrialización y por qué en Alemania el crecimiento económico no conllevó el crecimiento
en democracia. El arco de temas tratados en la
revista11 está copado casi en la mitad de artículos por aquellos con temática sobre historia
política, siguiéndole los estudios sobre historia
económica y sobre historia del cambio social, y
sólo de reciente se han ampliado los artículos
sobre historia cultural, aunque ligados al devenir socio-político. El hecho de que el idioma
usado sea el alemán y que ésta no sea una lengua académica de amplio alcance ha provocado que los avances en la investigación de esta
revista sean poco conocidos todavía. El aporte a la interdisciplinariedad con otras ciencias
sociales que esta revista y los trabajos individuales de sus miembros fundadores son de un
valor inmenso.
De hecho, entre las aportaciones teóricas más destacadas de los miembros de esta
tendencia hay que mencionar la obra de Kocka sobre la historia como ciencia social12 o su
artículo sobre las ventajas e inconvenientes de
la historia comparada13. Asimismo, Wehler ha
destacado por su historia de Alemania desde la
perspectiva de la sociología histórica, retomando las tesis de Weber renovadas y adecuadas
a una visión muy cercana a la “historia total”14.
Por último, indudable es la aportación de
Reinhart Koselleck, no sólo con sus trabajos15–
en los que desarrolla la idea que los conceptos políticos y sociales cambian de sentido al
“normativizarse” y ser usados para influenciar
sobre la sociedad –, sino con su ayuda al de-
sarrollo del Zentrum für interdisziplinäre Forschung, creado en 1968 y sede actualmente de
uno de los mayores centros de estudios interdisciplinares.
2. La historiografía economicista norteamericana
Hans-Ulrich Wehler, Deutsche Gesellschatsgeschichte, 5 vols.,
Beck, Munich, 1987-2008.
15
Reinhart Koselleck, Los estratos del tiempo: Estudios sobre la
Historia, Paidós, Barcelona, 2001.
16
Frederick Jackson Turner, La frontera en la historia americana,
U. Autónoma de Centro América, San José de Costa Rica, 1986.
17
Robert William Fogel- Stanley L. Engerman, Tiempo en la
cruz. La economía esclavista en los Estados Unidos, Siglo XXI,
Madrid, 1981.
18
Las revistas: Explorations in Economic History, European
Review of Economic History y, la más reciente, Cliometrica.
19
History and Mathematics: Historical Dynamics and
Development of Complex Societies, Peter Turchin-Leonid
Grinin-Andrey Korotayev-Victor C. de Munck (eds.),
Komkniga, Moscú, 2006.
20
Carlo Maria Cipolla, Historia económica de la población
mundial, Crítica, Barcelona, 2000.
14
En los Estados Unidos también hubo desde los
primeros momentos historiadores preocupados
por hacer historia contando con conceptos y teorías que iban más allá de la simple recopilación
tradicional de datos, como el pionero F. Turner16.
También en esta área fueron los estudios sociales los que abrieron el camino a nuevas formas
de hacer historia. Es principalmente en los años
60 cuando el interés por la historia socioeconómica, conjugada con las nuevas técnicas sociológicas, lleva a incorporar estudios sobre las votaciones, las migraciones y composición racial
de las ciudades o regiones (censos), la demografía histórica y la econometría retrospectiva.
Es así como surge la new economic History o
cliometría, de la mano de Robert Fogel y Stanley Engerman17. El avance que supuso para la
interdisciplinariedad fue la aplicación de los métodos cuantitativos de origen sociológico a los
estudios históricos. En el ámbito que estudiaron
estos dos autores, el crecimiento económico de
los Estados Unidos no estaría ligado, según demuestran los datos cliométricos a la expansión
del ferrocarril y, además, el sistema esclavista
sureño habría sido más rentable de lo que se
creía, debiendo su crisis a las disputas políticas
y la guerra de Secesión.
Debido a la metodología utilizada y la imposibilidad de aplicarla a todos los períodos
históricos – pues es necesario que haya bases
de datos sobre los que establecer ciclos y porcentajes –, la cliometría ha quedado casi relegada a la historia económica principalmente de los
Estados Unidos y sólo en los últimos años, a la
historia económica europea y mundial. El soporte de las investigaciones ha estado en la revista
Journal of Economic History, fundado en 1941
pero siendo base de la cliometría a partir de
1960, siendo editores Douglass North y William
Parker. Actualmente hay varias publicaciones
sobre cliometría además de la mencionada18.
Los estudios de cliometría han dado lugar recientemente a una rama de investigación
llamada cliodinámica19, donde la economía y la
historia enlazan con las matemáticas, retomando las teorías de los ciclos de Kondratieff para
la evolución económica pero añadiendo factores sociales.
Incluimos en este apartado a un historiador que no es ni norteamericano – aunque sí
vinculado académicamente con ese país – ni
perteneciente a esta tendencia historiográfica,
pero que ha escrito sobre historia económica
y demográfica desde una perspectiva similar
a la de los economicistas estadounidenses. Se
trata del historiador italiano Carlo Maria Cipolla, alumno de Braudel en la Sorbona, quien es
conocido académicamente por sus trabajos
sobre la evolución de la población en conso-
nómica21 y, sobre todo, por su interesante estudio interdisciplinar sobre las relaciones
entre alfabetización, desarrollo cultural y desarrollo económico usando el caso concreto del
Renacimiento italiano y la Europa de los siglos
XVI al XVIII en general.22 También ha realizado
varios trabajos interdisciplinares sobre medicina23 y una curiosa obrita sobre la estupidez que
le ha granjeado fama mundial24.
3. La historiografía de lo particular: microhistoria,
vida cotidiana y la historia de género
Carlo Maria Cipolla, Vele e cannoni, Il Mulino, Bolonia,
2006; Carlo Maria Cipolla, Las máquinas del tiempo, Crítica,
Barcelona, 2010.
22
Carlo Maria Cipolla, Historia económica de la Europa
preindustrial, Crítica, Barcelona, 2005.
23
De entre todas las obras sobre temas médicos destacamos:
Carlo Maria Cipolla, Contro un nemico invisibile: epidemie
e strutture sanitarie nell’Italia del Rinascimento, Il Mulino,
Bolonia, 1986.
24
Quizá una de las menos cientíica, pero sin dejar de apoyarse
en estudios, en este caso, de psicología: Carlo Maria Cipolla,
Allegro ma non troppo, Crítica, Barcelona, 2006.
25
Por ejemplo: el mexicano Luis González y González, Pueblo en
vilo: microhistoria de San José de Gracia, El Colegio de México,
México, 1979; Georges Duby, El domingo de Bouvines, Alianza,
Madrid, 1988; Emmanuel Le Roy Ladurie, Montaillou, aldea
occitana, de 1294 a 1324, Taurus, Madrid, 1988.
26
Su obra más conocida es: Giovanni Levi, La herencia
inmaterial: la historia de un exorcista piamontés del siglo XVII,
Nerea, San Sebastián, 1990.
27
Carlo Ginzburg, El queso y los gusanos, Península, Barcelona,
2009.
28
Pueden consultar las webs: http://www.microhistory.org/ y
http://microhistory.eu/.
29
Hans Medick, Leben und Überleben in Laichingen 1650-1900.
Lokalgeschichte als allgemaine Geschichte, Vandenhoeck &
Ruprecht, Göttingen, 1997.
30
Alltagsgeschichte. Zur Rekonstruction historischer Erfahrungen
und Lebesweisen, Alf Lüdtke (ed.), Campus, Frankfurt am Main,
1989.
31
Carola Lipp, “Writing History as political culture. Social
History versus ‘Alltagsgeschichte’ – A German debate”, en Storia
della storiograia 17 (1990), pp. 67-99.
21
En este apartado vamos a ver tres grupos de
investigación que han focalizado su atención
en el individuo, usando un método inductivo
que va de lo particular a lo general. Basan sus
fundamentos teóricos en la posibilidad de ver
reflejado a nivel individual las estructuras mentales de la sociedad en la que vive el individuo
estudiado. Su inspiración reside pues en la antropología sociocultural, el materialismo y los
“tiempos braudelianos” entendidos desde una
óptica totalmente opuesta – la larga duración
visible en el quehacer cotidiano de los sujetos
históricos –.
La microhistoria tiene su origen en Italia,
en cuanto método y actividad continuados,
pues a lo largo de los siglos XIX y XX algunos
autores han escrito obras que podrían ser encuadradas en la microhistoria25. Lo que diferencia a los italianos del resto es la profesionalización de la microhistoria en cuanto canal de
investigación prefijado. Se articula en torno a
la revista Quaderni storici (1966) a partir de los
años 70, con una serie de monografías propias
de 1981 a 1991 de la editorial Einaudi a cargo
de los más conocidos representantes de esta
tendencia: Giovanni Levi26 y Carlo Ginzburg27.
Algunos autores de esta tendencia se han
acercado más a la antropología y otros más a
la sociología; en general, la psicología ha ser-
vido solamente en el análisis del individuo principal pero dejándola aparte en el análisis del
conjunto social. Actualmente existen foros que
recogen autores de esta tendencia28 y donde
también se han ido incluyendo estudios sobre
historia local.
La historia de la vida cotidiana o experiencia cotidiana, la Alltagsgeschichte, también está muy vinculada con la antropología
cultural. Su objeto de estudio ha sido la vida
cotidiana de los hombres y mujeres comunes,
principalmente de la Alemania protoindustrial
– pues surge en ese país – aunque no solamente. Sus autores se han articulado en torno a la revista aparecida en 1993 Historische
Anthropologie. Kultur-Gesellschaft-Alltag. Sus
raíces se encuentran en la preocupación por
las mentalidades de los Annales de los 70-80,
en la antropología británica de Clifford Geertz
y su interés por los pueblos no europeos – ver
a los europeos antiguos como no-europeos en
cuanto pertenecientes a una cultura diferente
a la actual – y en la antropología filosófica de
raíz germana. Sus autores más destacados son
Hans Medick29, Alf Lüdtke30y Carola Lipp31que
empezaron sus trabajos en esta línea por los
años 80.
El último apartado, la historia de género,
no es en realidad una tendencia historiográfica
sino un complemento32 – una “práctica”
según la denominación de Sánchez Marcos33
– a los estudios de historia social que se han
ido desarrollando a lo largo de los años 70 en
adelante, sobre todo en Estados Unidos. Trata
de complementar el rol que la mujer ha jugado
en cuanto tal en la evolución histórica, sirviendo además como óptica “diferente” a la usada
hasta entonces. Las connotaciones interdisci-
plinares de este punto de vista son muy evidentes: la sociología – rol social – y, sobre todo, la
antropología – rol cultural –han ayudado sobremanera a entender y dar relevancia a la participación de las mujeres en la historia, como
sujetos que, si bien aparecen mucho menos en
los documentos escritos, están presentes de
manera evidente34.
4. Los intentos macro-históricos
32
Para esta idea de complemento, que a su vez sustituye, véase:
Joan Scott, “Historia de la mujeres”, en Peter Burke (ed.), Formas
de hacer historia, Alianza, Madrid, 1993, pp. 59-89.
33
Sánchez Marcos, “Tendencias historiográicas actuales”, p. 86,
dedicándole un capítulo en pp. 86-92.
34
El trabajo más relevante al respecto es: Joan Wallach Scott
(dir.), Feminism & History, Oxford University Press, Oxford,
1996.
35
Fernand Braudel, “Histoire et Sciences sociales: La longue
durée”, en Annales. Économies, Sociétés, Civilisations 13 (1958),
pp. 725-753.
36
Arnold Joseph Toynbee, Estudio de la Historia, 3 vols.,
Alianza, Madrid 1991-1998.
37
Entre los muchos detractores de su obra mencionaremos por
su relevancia a: José Ortega y Gasset, Una interpretación de la
Historia Universal. En torno a Toynbee, Alianza, Madrid, 1979.
38
Digno de mencionar por la similitud en los planteamientos
biológico-evolucionistas de las civilizaciones está Jared
Diamond y su obra: Colapso, DeBolsillo, Barcelona, 2007.
El título mismo del libro es de origen toynbeeano y el
planteamiento se asemeja en cuanto trata de ejemplos de
civilizaciones que no logran desarrollarse o que una vez
desarrolladas, se desintegran.
Se van a analizar ahora dos “intentos” de interpretación macro-histórica – globalizante – de
la evolución de las sociedades: Arnold Joseph
Toynbee e Immanuel Wallerstein. Y hablamos
de “intentos” porque no han llegado a crear
tendencias historiográficas definidas que hayan continuado de una manera institucionalizada la senda trazada por ambos autores. No
quiere decir que no hayan tenido seguidores
entre la comunidad de historiadores, sino que
sus ideas, bien parcialmente o bien íntegramente, han sido asumidas – o subsumidas –
por otras tendencias historiográficas. Los respectivos trabajos de estos dos autores tienen
una estrecha vinculación con la propuesta crono-dimensional de Fernand Braudel35, pues la
concepción temporal de ambos autores encaja
en la propuesta braudeliana – si bien es clave
recordar que la obra de Toynbee es anterior a la
teoría de la longue durée de Braudel mientras
que la de Wallerstein es posterior y, creemos,
muy deudora de la misma –, desde un estricto
punto de vista teórico.
Arnold Toynbee escribió su famoso A
Study of History entre 1934 y 196136, en 12 volúmenes que tratan de abarcar todas las so-
ciedades que han existido y que existían por
aquel entonces en la Tierra. Una obra de esta
envergadura, no sólo transnacional sino incluso intercontinental, no tiene precedentes historiográficos. Precisamente por este motivo, y
por el esfuerzo de interpretación holística desarrollado por el autor, mencionamos su obra a
pesar de que después ha sido duramente criticada y casi puesta en entredicho por la comunidad científica37. Las principales críticas han
derivado de su similitud con la biología, pues
las “civilizaciones” toynbeeanas son como seres vivos – además de hablar de cada una de
las 21 civilizaciones, más las abortadas y las
detenidas, como si fueran seres individuales
– que nacen, crecen, se desarrollan y mueren
o “colapsan”, en términos de Toynbee. Priman
los aspectos políticos y religiosos, pero el prisma desde el que se miran los mismos es de
una novedad notable. Como bagaje conceptual, aun no habiendo tenido repercusión en
el formato que le daba Toynbee, las ideas de
“civilización”, “génesis”, “contacto”, “colapso”,
etc., han sido utilizadas en formas diferentes
por numerosos historiadores38.
Immanuel Wallerstein, sociólogo, ha des
tacado por su teorización sobre el desarrollo del capitalismo y la conformación de las
desigualdades derivadas del mismo, o lo que
él llama “sistema-mundo”39. Asimismo, y ese
es el motivo principal de mencionarlo aquí, ha
sido uno de los principales valedores del diálogo entre las ciencias sociales, re-adaptando
en cierto modo la idea weberiana de “ciencia
social total”, pues si las ciencias sociales no
trabajan sobre el objeto de estudio común que
es el hombre y la sociedad, no resultan lógicas
y se invalidan por separado40. Su pensamiento
aúna teorías del materialismo – las estructuras
en la sociedad – y de Braudel – estudio de un
área espacial no nacional desde un punto de
vista social, económico, cultural, etc., es decir,
la longue durée – añadiéndole la teoría de los
ciclos económicos de la historiografía economicista americana que vimos anteriormente. De
hecho, debido al mayor peso de las cuestio-
nes económicas en sus planteamientos, no ha
tenido el predicamento que se podría esperar
entre los historiadores, teniendo eco sus ideas
casi exclusivamente entre los historiadores
económicos, pero sí entre los economicistas,
llegándose a crear el Institute for Research on
World-System y la revista especializada Journal of World-System Research desde 1995.
Aunque las pretensiones son las de ir más allá
de la sociología y la economía, muy pocas colaboraciones de historiadores se cuentan entre
los colaboradores de la revista41. Debido a las
implicaciones políticas de estas ideas – denuncia de las desigualdades que genera el capitalismo en la distribución de la riqueza – ha ido
contando con la simpatía de varios de los movimientos sociales antisistema, sobre todo en
el siglo XXI.
5. La crisis historiográfica de los años 70-80: repercusiones y perspectivas
Véase Immanuel Wallerstein, El moderno sistema mundial.
La agricultura capitalista y los orígenes de la economía-mundo
europea en el siglo XVI, Siglo XXI, Madrid, 1979, donde se
detallan todas sus ideas.
40
Puede verse este planteamiento en: Immanuel Wallerstein,
Abrir las ciencias sociales, Siglo XXI, Madrid, 2004.
41
Pueden consultarse los mismos en: http://jwsr.ucr.edu/index.
php. La presencia de historiadores más generales se encuentra
casi exclusivamente en los primeros años de la revista.
42
Lawrence Stone, “he revival of narrative: relections on a
new old history”, en Past and Present 85 (1980), pp. 3-24.
43
Traducción y cita en: Sánchez Marcos, “Tendencias
historiográicas actuales”, p. 51-52.
44
Pasa de estudios sobre temas económicos (como el alumbre y
su comercio) y sociales (la sociedad romana) a estudios sobre
temas culturales (la religión cristiana) o psicológicos (como
comportamientos afectivos o emociones); véase: Sánchez
Marcos, “Tendencias historiográicas actuales”, p. 53.
39
Las tendencias historiográficas analizadas hasta
ahora, y en especial la materialista, van a verse
sacudidas por un hondo período de reflexión en
el seno de la historia como ciencia social. Esta
crisis, entendida como “replanteamiento” del
quehacer historiográfico, está indudablemente
ligada a las circunstancias históricas de aquellos años (Guerra Fría, descolonización, mayo
del 68, etc.). La pérdida de fuelle de las ideas
interdisciplinares o, por lo menos, de colaboración entre las ciencias sociales va a llevar a
una revitalización de lo que he denominado
historiografía tradicional, es decir, una vuelta
al acontecimiento en lo que ha sido denominado “giro lingüístico” por Lawrwnce Stone42:
Está claro que una única palabra como “narrativa”,
especialmente ésta que encierra una historia tan
complicada tras de sí, no resulta adecuada para
describir lo que viene a ser de hecho un amplio
conjunto de transformaciones con respecto a la
naturaleza del discurso histórico. Existen indicios
de un cambio en el problema histórico central, con
un énfasis sobre el hombre en medio de ciertas
circunstancias más bien que sobre las circunstancias que lo rodean; en los problemas estudiados,
sustituyéndose lo económico y lo demográfico por
lo cultural y lo emocional; en las fuentes primarias
de influencia, recurriéndose a la Antropología y la
Psicología en lugar de a la Sociología, la Economía y la Demografía; en la temática, insistiéndose
sobre el individuo más que sobre el grupo; en los
modelos explicativos de las transformaciones históricas, realzándose lo inte
Carlo Maria Cipolla, Cristofano and the Plague, Harper
Collins, Nueva York, 1973.
46
Edward Palmer hompson, Whigs and Hunters: he Origin of
the Back Act, Pantheon Books, Nueva York, 1975.
47
Natalie Zemon Davis, “he Sacred and the Body Social in
Sixteenth-century Lyon”, en Past and Present 90 (1981), pp.
40-70.
48
Jürgen Kocka, “heory Orientation and the New Quest for
Narrative. Some Trends and Debates in West Germany”, en
Storia della Storiograia 10 (1986), pp. 170-181.
49
Sánchez Marcos, “Tendencias historiográicas actuales”, p. 54.
50
Así como de las que no he hablado pero que tocan de lleno
todas estas problemáticas: Accounting, Business & Financial
History, Acta Historico-Oeconomica, Actes de la recherche en
sciences sociales, he Agricultural History Review, Anais de
História, Cahiers internacionaux d’histoire économique et sociale,
Annali di storia dell’impresa, Anuario de Historia económica y
social, Archiv für Kulturgeschichte, Popolazione e storia, Business
History Review, Castalia. Rivista di storia della medicina,
Comparatives Studies in Society and History, Cuadernos de
historia económica de Cataluña, Nuova economia e storia,
he Economic History Review, Economy and History, Études
économiques, he European Journal of the History of Economic
hought, Explorations in Economic History, Histoire, Économie
et Société, Historická Demograie, History in Economic Review,
he Journal of Economic History, he Journal of European
Economic History, Journal of Social History, Revista de Historia
Económica, Social History, Studia Historiae, Oeconomicae,
Vierteljahrschrit für Sozial- und Wirtschatsgeschichte, Working
Papers. Faltarían además las que están en idiomas como árabe,
hindú, chino o japonés, que no hemos podido completar por
falta de conocimiento de esos idiomas. Algunas de esas revistas
se remontan a la época de los Annales.
51
Hayden White, El texto histórico como artefacto literario,
Paidós, Barcelona, 2003.
52
Respecto a la segunda parte comentada, el bagaje de cada
historiador y las inluencias del contexto, cabe destacar el
acertado estudio de Josep Fontana, Historia: análisis del pasado
y proyecto social, ya que en él se detiene a conjugar la obra
de cada historiador analizado con las vicisitudes personales e
históricas del mismo.
53
Peter Burke, El Renacimiento europeo: centros y periferias,
Crítica, Barcelona, 2000; Peter Burke, La cultura popular en
la Europa Moderna, Altaya, Barcelona, 1997; Peter Burke, La
fabricación de Luis XIV, Nerea, San Sebastián, 1995.
54
Peter Burke, La revolución historiográica francesa: la escuela de
los Annales 1929-1984, Gedisa, Barcelona, 1994.
45
rrelacionado y multicausal sobre lo estratificado y
monocausal; en la metodología, tendiéndose a los
ejemplos individuales más bien que a la cuantificación de grupo; en la organización, abocándose
a lo descriptivo antes que a lo analítico; y en la
conceptualización de la función del historiador,
destacándose lo literario sobre lo científico43.
Dentro de esta tendencia Stone incluye los trabajos de Jean Delumeau44, Duby y su Bouvines, Cipolla y su trabajo sobre las reacciones
que provocó una epidemia de peste en Prato
en 163045, Le Roy Ladurie y su Montaillou, o
incluso E. P. Thompson y su trabajo sobre las
luchas entre patricios y plebeyos en los bosques de Windsor46, y Natalie Zemon Davis y su
estudio sobre los rituales de ignominia en Lyon
y Ginebra47.
Las razones de este cuestionamiento de
la historia socioestructural estarían, según Stone y Jürgen Kocka48, en los excesos de cuantificación y sofisticación conceptualizadora, en
la crisis cultural de 1968, que cuestionó las macroteorías sociológicas omnicomprensivas, así
como en el relativismo general existente en todo
tipo de teorías. Según Sánchez Marcos49, ejemplos también de esa deriva serían la dedicación a la historia de las mentalidades por parte
de Annales en los años 70, el interés de varios
historiadores materialistas por la microhistoria
(Ginzburg y Levi) y el cambio de autores como
Thompson a cuestiones más relacionadas con
la cultura en sentido antropológico.
A mi juicio, es cierto que en estos años
se da una mayor preocupación por el individuo
pero no creo que se haya perdido la perspectiva de lo social. La entrada en juego en el campo histórico de la antropología no supone un
“giro a lo narrativo”, sino un enriquecimiento de
las perspectivas socioeconómicas que hasta
entonces habían obviado precisamente esa fa-
ceta. También creo que el proceso de descolonización que se da en los 60-70 ha contribuido
al análisis de otras sociedades que no son la
occidental y, por tanto, más difíciles de encajar en las teorías sociales existentes, haciendo
necesario el uso de conceptos y estudios que
ya se daban en la antropología de los años 4050. La cantidad de artículos sobre historia económica y social que se siguen publicando en
esos años tanto en Annales y Past and Present
como en el resto de revistas que he analizado
así lo atestiguan50. La crisis de la historiografía
del último tercio del siglo XX y que sigue teniendo ecos en el XXI no proviene de una vuelta a
la historia de los hombres y la política – aunque
sí, en parte, a una vuelta a la historia descriptiva sin análisis –, ni de una puesta en duda de
la objetividad del historiador en cuanto sujeto
activo de la historia y, por tanto, influenciable
por el entorno – como apuntaba Hayden White,
quien fue el primero de los historiadores posmodernistas que cuestionó la objetividad de la
obra historiográfica anterior y del historiador en
general51– sino por una toma de conciencia del
bagaje cultural, en sentido amplio, que rodea a
la labor historiográfica tanto el subyacente en
cualquier documento o fuente histórica como el
que afecta a cada historiador a la hora de buscar sus hipótesis y temas de interés52.
No puede cerrarse este capítulo sobre
la “crisis” de la historiografía sin mencionar a
un científico social – pues llamarlo historiador
reduciría mucho lo que su obra ha abarcado
y abarca – cuya contribución a esa dimensión
interdisciplinar hacia la que gira la historiografía
del último cuarto del siglo XX es fundamental:
Peter Burke. En sus trabajos de investigación
estrictamente históricos, aunque no resulta
nada fácil hacer esta distinción, se ha dedicado
a la historia cultural53. Además, se ha dedicado a la reflexión historiográfica54 y, siendo
esto lo que más nos interesa, a la reflexión sobre la historia y las ciencias sociales. A este
respecto, su trabajo principal, Historia y teoría
social es un compendio muy rico en reflexiones acerca de lo que la historia y el resto de
55
Es lo que Roland Chartier denominó la organización del
relato histórico en “capas” y el estar sometida a procedimientos
de acreditación. Véase, Roland Chartier, “La Historia hoy
en día: dudas, desafíos, propuestas”, en La “nueva” historia
cultural: la inluencia del postestructuralismo y el auge de la
interdisciplinariedad, J. Olábarri-F. Caspistegui (dirs.), Editorial
Complutense, Madrid, 1996, pp. 24-25.
56
«Si algo caracteriza el panorama historiográico actual es la
diversidad, el pluralismo y la labilidad de los grupos y escuelas
intelectuales», de Sánchez Marcos, “Tendencias historiográicas
actuales”, p. 72.
57
Es lo que pretendemos, por lo menos a nivel de estudiantes
de Historia, en los foros del Colectivo Internacional de Jóvenes
Historiadores en las redes sociales.
58
A ese primer congreso asistieron destacadas iguras como
Jacques Le Gof, Roland Chartier, Santos Julià, Lawrence Stone,
Julio Valdeón, Peter Burke, Robert Darnton, John Elliott, André
Burguière o Carlos Aguirre Rojas.
59
Debate, un paradigma global para la escritura de la historia”,
en Tiempo y Sociedad 2 (2009-2010), p. 13: «conjunto de valores
y creencias que comparte una comunidad de especialistas»,
remodelando la teoría sobre paradigmas de homas S. Kuhn,
La estructura de las revoluciones cientíicas, Fondo de Cultura
Económica, México, 2006.
60
Maniiesto de Historia a Debate, Historia a Debate, Santiago
de Compostela, 2010, p. 1.
61
Fruto de ello serán los otros dos congresos de 2004 y 2010 y la
creación de la red www.h-debate.com con espacio para debates,
noticias, relexiones y otro tipo de comunicaciones, así como los
periles más nuevos de Facebook, Twitter o You Tube.
62
Barros, “Historia a Debate”, p. 12.
63
Barros, “Historia a Debate”, p. 11: «Si nos resulta difícil
encontrar ejemplos, más allá de una actividad académica
individual, de proyectos de relexión y/o investigación
historiográica de dimensión internacional que traten sobre
la situación actual, más todavía que privilegien la relación
académica y el debate a través de la red».
ciencias sociales (antropología, sociología, psicología, ciencias políticas, economía) tienen en
común en cuanto a conceptos y métodos y de
cómo pueden usarse específicamente en historia.
6. La historiografía autorreflexiva de Historia a Debate
Sin duda, este espíritu crítico que replanteó algunos preceptos – que no conceptos – historiográficos ha servido para subrayar la labor de
“interpretación” del historiador. La objetividad
de un estudio histórico no emana en sí del uso
de fuentes que corroboren una u otra hipótesis
sino de la interpretación que el historiador hace
de esas fuentes. El posterior debate sobre una
hipótesis y su consiguiente remodelación según se van aportando nuevas fuentes o reinterpretando las precedentes es el que garantiza
esa objetividad, no sólo en historia sino en el
resto de ciencias sociales55.
Desde la óptica interdisciplinar que tratamos de reivindicar aquí, esta crisis o replanteamiento ha servido para ensanchar más el
horizonte histórico. No compartimos el comentario de algunos56 para los que esto supone una
dispersión de las fuerzas. Como hemos visto,
ni antes había uniformidad en los diferentes
planteamientos historiográficos, con notables
diferencias dentro de las mismas tendencias
historiográficas, ni puede haber uniformidad
ahora. Lo que faltan son foros donde el intercambio de ideas y de diferentes ópticas sobre
un problema pueda ser la norma57. Existen congresos y jornadas, además de que todas las revistas que he mencionado en esta introducción
siguen vivas y en fermento, pero el esfuerzo
por repensar las ciencias sociales desde una
perspectiva holística que las integre aún más
a través de la interdisciplinariedad es el que
se debe plantear ahora. En esa tarea es donde
encuadraré a la última tendencia historiográfica
que voy a tratar aquí: Historia a Debate.
A diferencia de las otras tendencias historiográficas, Historia a Debate no se conforma
alrededor de una revista sino de una serie de
congresos (el primero, en 1993) en los que el
tema de encuentro es precisamente replantear
los estudios históricos desde otra perspectiva58 .
El mismo nombre de ese primer congreso fue
el que definió a esta tendencia historiográfica:
«Historia a Debate como tendencia historiográfica quiere contribuir a la configuración de un
paradigma59 común y plural de los historiadores
del siglo XXI que asegure para la historia y su
escritura una nueva primavera»60. En realidad,
no es hasta el 2001 cuando se conforma oficialmente como tendencia historiográfica, tras el
segundo congreso celebrado en 1999, siendo
la cabeza visible del movimiento el coordinador
de esos congresos, Carlos Barros.
El planteamiento de esta tendencia historiográfica es claro: crear un foro transcontinental que permita el debate y la participación de
cuantos más historiadores para poder así mejorar el saber histórico, y para ello se va a contar
ción de los 90 era de «empirismo fragmentador» donde los Annales, el materialismo histórico y el funcional-estructuralismo se
habían quedado estancados y agotados. Por
ello, era necesario que el ambiente universitario tuviera la posibilidad de confrontarse y hablar sobre las perspectivas que se abrían en el
futuro con otros colegas63, abandonando una
tradicional postura indolente hacia todo lo que
representara una novedad.
No obstante, esta tendencia ha sufrido un
cambio de orientación en los últimos años – y
en concreto en el último congreso – pues, por
un lado se han enfocado los esfuerzos hacia
cómo hay que enseñar la historia, con lo que el
debate sobre la historia en sí ha pasado a un
segundo plano; y por otro, en la procedencia
de sus miembros y por tanto de los trabajos,
mesas de debate y foros llevados a cabo por
estos, se ha producido una disminución de los
europeos e incluso españoles en favor de los
americanos64. Se ha enriquecido el debate en
cuanto a temáticas indigenistas – y por tanto
antropológicas – así como las reflexiones sobre
la globalización pero el conjunto académico
europeo corre el riesgo de no entrar a participar en estos debates y, por lo tanto, quedar
cojo el proyecto inicial65.
Exponiendo la segunda gran propuesta
de esta tendencia historiográfica, la solución al
problema de cómo hacer la historia en el siglo
XXI es «pensar, replantear y acrecentar, hacia
dentro y hacia fuera, el concepto y la práctica
de la interdisciplinariedad»66.
7. Conclusión
Sin ánimo de extenderme demasiado, pues
este artículo es más de presentación de lo que
ha dado de sí la reflexión historiográfica en los
últimos 30 años, se puede concluir diciendo
que la Historia en general necesita profundizar
en su estructura teórica, pues sin ella se corre
el serio riesgo de no ser útil. Y no es sino la utilidad la única razón de ser de la ciencia histórica: una Historia para comprender el presente,
64
La mayor repercusión se puede comprobar en la procedencia
de los irmantes del Maniiesto de Historia a Debate: del ámbito
americano hay 371 irmantes, principalmente de México y
Argentina, mientras que del ámbito europeo hay 145 irmantes,
incluidos los españoles, pues de fuera de España sólo la han
suscrito 28 historiadores, en Maniiesto de Historia a Debate,
pp. 8-16.
65
Todas estas apreciaciones las he podido comprobar de
primera mano en el IV Congreso Historia a Debate de 2010 (1519 diciembre), pudiéndose consultar las ponencias en la página
antes citada.
66
Barros, “Historia a Debate”, p. 26.
a través del pasado, y labrar el futuro a través
de la experiencia.
BIBLIOGRAFÍA PRINCIPAL
Barros, Carlos, “Historia a Debate, un paradigma global para la escritura de la historia”,
en Tiempo y Sociedad 2 (2009-2010), pp. 9-55.
Burke, Peter, Historia y teoría social, Amorrortu, Buenos Aires, 2007.
Fontana, Josep, Historia: análisis del pasado y proyecto social, Crítica, Barcelona, 1999
Iggers, Georg G., La ciencia histórica en el siglo XX: las tendencias actuales, Idea Books, Barcelona, 2002.
Olábarri, J. – Caspistegui, F. (dirs.), La “nueva” historia cultural: la influencia del postestructuralismo y el auge de la
interdisciplinariedad, Editorial Complutense, Madrid, 1996.
Sánchez Marcos, Fernando, “Tendencias historiográficas actuales”, en http://www.culturahistorica.es
Wallerstein, Immanuel, Abrir las ciencias sociales, Siglo XXI, Madrid, 2004.
La Historia Antigua y la tradición clásica
Crítica a los metarrelatos
y nuevas propuestas metodológicas
Francisco Mamani Fuentes
Palabras Clave: Historia Antigua-Tradición
Clásica-Metarrelatos-Multidisciplinariedad.
15
Resumen: Esta investigación tiene como in
analizar la relación entre la Antigüedad y la idea
de la Tradición Clásica. Tomando como punto
inicial, los problemas teóricos y metodológicos
que durante décadas la Historia Antigua ha
arrastrado, en especial la forma en la cual las
fuentes han sido tratadas. Se concluye que la
Tradición Clásica, ha sido inluenciada por lo que
F. Lyotard llamó la construcción de metarrelatos,
esto ha sucedido desde la Antigüedad hasta
hoy, evidenciado especialmente en los discursos
creados por los grandes pensadores: Karl Marx,
Friedrich Nietzsche, Sigmund Freud y Michel
Foucault. Finalmente se presentan modelos
analíticos que generan una nueva propuesta: los
aportes de la Antropología, la incorporación de
Oriente y la reformulación de los conceptos de
las Ciencias Sociales.
Abstract: his research aims to analyze the
relationship between antiquity and the idea of the
Classical Tradition. Taking as a starting point,
the theoretical and methodological problems that
ancient history has dragged for decades, especially
the way in which its sources have been treated. We
concluded that the Classical Tradition has been
inluenced by what François Lyotard called the
construction of meta-narratives; this process has
happened from ancient times until today. his is
especially evident in the speeches created by the
great thinkers: Karl Marx, Friedrich Nietzsche,
Sigmund Freud and Michel Foucault. Finally, we
shall present some analytical models that generate
a new proposal: the contributions of anthropology,
the incorporation of the Eastern history and
the reformulation of the concepts of the Social
Sciences.
Introducción
1
La relación existente entre la Historiografía y el
Posmodernismo, nace de la propuesta del cambio en la relación
del pasado y la interpretación personal, considerándose en un
futuro con un carácter metafórico más que literal. Es decir,
la atención historiográica ya no es el propio pasado, sino las
discrepancias entre el hoy y el pasado, entre el lenguaje que se
usa para hablar del pasado y el propio pasado. Ya no hay un
relato que mueva la historia y que ordena esa incongruencia.
El posmodernismo no problematiza la historiografía
cientíica, sino que remarca sobre ella, el drama creado por
los modernistas, la creación de un discurso en el cual no hay
nada fuera de él. Ergo, es afuera, donde encontramos el ámbito
lingüístico del propósito y el signiicado histórico. Ankersmit,
F., & Sanchis Martínez, M. “Historiografía y Postmodernismo”.
Historia Social nº 50 (2004), 7-23.
2
Bravo Castañeda, G. “Hechos y teoría en Historia
(Antigua): Cuestiones teóricas en torno a un modelo-patrón de
investigación”. Gerión nº3 (1985), 19-41.
16
En la actualidad, se ha debatido mucho sobre
la utilidad de la historia, especialmente con los
cuestionamientos nacidos de la Postmodernidad. Existen posturas que consideran que
la historia está en una crisis epistemológica.
Otras ven su importante presencia en la sociedad actual, realzando su validez y fuerza, esto
gracias a la adaptación al mundo de la imagen
y de los mass media, junto con la vinculación
existente con el patrimonio cultural.1
En este contexto la Historia Antigua
(desde ahora, H.A), ha visto cuestionada, primero por la crisis del paradigma clásico en
occidente y la pérdida de interés de los historiadores. Esto último debido a que ha sido “fundamentalmente” entendida desde el estudio
de las fuentes literarias. Incluso los intelectuales de otras disciplinas, la consideran alejada
de la reflexión teórica, carente de modelos e
insuficiencias de método. Lo cual sumado a la
sensación de la generación más joven de historiadores, quienes ven en esta especialidad,
un retraso comparado con las otras ciencias
históricas. Estos presupuestos pueden contener algunas falacias, pero en ciertos puntos
es necesario hacer algunas aclaraciones, ya
que esta, si presenta algunos problemas en el
objeto de estudio y en los métodos de investigación, además de ser utilizada por ciertas
ideologías que intervinieron en su análisis. 2
La importancia de tener una clarificación de los conceptos y una eliminación de las
dudas en el método histórico, son vitales para
una difusión adecuada de la Antigüedad, especialmente por lo lejano del periodo y por lo
sesgos ideológicos que la han dominado, haciendo de ella, algo estático para la mayoría de
los iniciales estudiantes y la opinión general. Es
este el punto de partida para la reflexión que
se hará a continuación, iniciándose con una
especificación de los problemas de la teoría,
que en este caso centraremos en el uso de las
fuentes, continuando con la discusión sobre
los métodos que se utilizan, esto asociado a
las otras ciencias de la antigüedad y los aportes de las ciencias sociales. Esto nos entregará
una visión epistemológica actual, lo que hará
más comprensible, el manejo ideológico desarrollado en especial desde finales del siglo XIX.
Finalmente, veremos diferentes posturas innovadoras, que ayudarán a definir, esclarecer y
potenciar a la H. A, dentro de los estudios históricos.
Problemas teórico-metodológicos en la Historia Antigua
En la actualidad es necesario hacer una reflexión y una justificación histórica, ya que el
desarrollo teórico y metodológico hacen cuestionar los tradicionales objetos de estudio de
la HA. Esto ha sido iniciado por importantes
historiadores hace algunas décadas: así A.
Momigliano en sus estudios sobre las teorías
de la praxis en la investigación histórica analiza los diferentes modos de entender/escribir la
antigüedad clásica; M. Finley, hace reflexiones
metodológicas sobre problemas históricos generales; la propuesta pragmática de G. Alföldy; el tratamiento de las fuentes antiguas por
M. Liverani y finalmente los aportes actuales
D. Plácido sobre la historia social, entre otros.
3
Idem. Para mayor profundización de estas temáticas:
A. Momigliano. Essays in Ancient and Modern Historiography,
Wesleyan University Press, 1977, pp. 62-75. Para M. Finley, Uso
y abuso de la historia, Barcelona, 1977, p. 91. En Alföldy, G.
“La Historia Antigua y la investigación del fenómeno histórico”.
Gerión nº1 (1984), 39-61. Plácido, D., Introducción al Mundo
Antiguo: Problemas teóricos y Metodológicos, Madrid: Editorial
Síntesis, S.A. (1995). Liverani. M., El antiguo Oriente. Historia,
economía y sociedad, Barcelona, Crítica, 1995 (1998).
4
Alföldy, G. “La Historia Antigua y la investigación
del fenómeno histórico”. Gerión nº1 (1984), p. 40-42
5
Pfoh, E.” Fuentes históricas antiguas y modelos
teóricos modernos”. Encuentro Interdisciplinario en Ciencias
Sociales de Jóvenes Investigadores, 2004 , La Plata: Editorial de la
Universidad Nacional de La Plata. pp. 8-10.
17
Es importante considerar que estas reflexiones
son temporalmente tempranas y que no son temáticas que usualmente se traten dentro de los
estudios sobre la HA. El trabajo del historiador
no siempre consigue discernir entre el elemento objetivo y el subjetivo que concurren en la
praxis de la investigación. En otras palabras,
como “hacemos la investigación” es un criterio
que muchas veces pasa por un asunto personal, ese aspecto se tratará, y cómo en muchas
ocasiones, este modelo o patrón ha generado
graves consecuencias en la forma de cómo se
ha entendido la Antigüedad. 3
¿Hasta qué punto nuestros conocimientos del pasado representan una “comprensión auténtica” del hecho histórico. Considerando su respectiva cientificidad? Para G.
Alföldy (1984), estos problemas pueden ser
agrupados: en el tratamiento de las fuentes,
los métodos, y el enfoque histórico del autor,
paradójicamente estos aspectos son los que
contribuyen en gran manera en fortalecer el
discurso historiográfico general.4
El problema de las fuentes en este periodo, son su diversa naturaleza que a menudo es fragmentaria, exigiendo al historiador un
gran esfuerzo al medir las consecuencias de
las hipótesis que ante su presencia o ausencia
se formulan. También es necesario hacer un
juicio sobre la calidad de los testimonios o su
fiabilidad, dándonos cuenta de su desigualdad
(a diferencia de otros periodos históricos), esto
exige completar una crítica externa (autenticidad) e interna (fiabilidad). Debemos preguntar
a la fuente no lo qué dice sino que oculta, incluso qué pretende decir u ocultar.
La Antigüedad nos presenta problemas
teóricos que no son específicos de ella y que
han agravado su análisis, ya que provienen de
conceptos de otros periodos de la historia y
de las ciencias sociales. El aislamiento metodológico producido por la preponderancia de
la Filología, no cooperó en la actualización de
esta parte de la historia. Con la revolución de
las disciplinas durante los años setenta, hay un
cambio en los métodos de análisis de la HA.
Aquí la propuesta de M. Liverani cobra fuerza,
en la formación de una perspectiva histórica
crítica capaz de integrar los datos lingüísticos
textuales y los pertenecientes a las otras ciencias de la Antigüedad, logrando una síntesis
histórica que contemple la interacción de aspectos económicos, sociales y políticos y que,
asimismo, haga uso de conceptos provenientes de las propias disciplinas sociales para
comprender de una modo más sofisticado la
naturaleza de las sociedades antiguas. 5
Desde el método, la problemática está
asociada a al concepto de historia que el investigador siga y a los temas que le interesan,
pues estos son el eje para la posterior investigación y la docencia. Es imperativo tomar una
posición ante las fuentes, al tener en cuenta
los documentos literarios, o al descartar los
que serán considerados como invenciones. El
manejo de técnicas específicas se impone sobre el uso que se dará posteriormente sobre
las fuentes. Desde la HA, se deriva el método
de manera coherente, como el planteamiento
de los problemas específicos de las fuentes
antiguas, como por ejemplo, la parcialidad del
autor, los términos propios, y el necesario alejamiento para comprender de mejor manera
6
Plácido, D., Introducción al Mundo Antiguo:
Problemas teóricos y Metodológicos, Madrid: Editorial Síntesis,
S.A. (1995). p 165.
7
Alföldy, G. “La Historia Antigua y la investigación del
fenómeno histórico”. Gerión nº1 (1984), 49-50.
8
Vial, A. “Límites teóricos y políticos de la condición
posmoderna de Lyotard”. Estudios Sociológicos, 7(19) (EneroAbril,1989), 105-137. Para conocer en extenso la propuesta de
F. Lyotard. Lyotard, Jean-Francois, La condición posmoderna,
Editorial Cátedra, Madrid, 1986.
el artefacto histórico. 6 Desde estos aspectos
metodológicos, han surgido diferentes tendencias, como la epigráfica-estadística, la prosopográfica de investigación, siendo las más significativas: la escuela positivista de L. Ranke,
que se caracterizaba por el rechazo de todo
sistema metodológico que se base en teoría
alguna, manteniendo el postulado “wie es eigentlich gewesen” (“cómo ha sido realmente”),
tratando a las fuentes con un extremada rigurosidad. El otro modelo es ideológico-deductivo,
donde la influencia de M. Weber y Karl Popper, generó un método que ante la escasez
de fuentes, se inicia la investigación desde la
teoría, ideándose una hipótesis que es corroborada por las fuentes. Ambas corrientes han
tenido grandes exponentes y muchos críticos,
por las serias limitaciones que imponían al historiador de la antigüedad. 7
Si nos fijamos con detención y teniendo
en cuenta la larga lista de modelos históricos
que han sido propuestos y aún más los que
son préstamos de las ciencias sociales. Se
establece que en la mayoría de los casos, los
investigadores elaboran su propia metodología. Es esta individualidad la que en algunos
momentos de la historia de la comprensión de
la H.A, ha tenido una tendencia que corresponde al pensamiento nacido de la ilustración
y con ella de la Modernidad, siendo detectada
a través del tiempo por una serie de investigaciones, estas serán analizadas a continuación.
El metarrelato en la Historia Clásica.
Es necesario hacer un visualización específica,
18
una notable pausa, al detectar uno de los problemas mas importantes que ha tenido el desarrollo de la HA, desde su perspectiva teórica
y metodológica, generando un relato constante
sobre las miradas que se ha tenido sobre ella.
Para ello y sin caer en una descripción cronológica de la historia de la historiografía de la
Antigüedad, es que se hará un análisis general tratando además de no minimizar el tema.
Para ello se utilizó un modelo proveniente del
posmodernismo, el concepto de “metarrelato”
propuesto por F. Lyotard. Este se define como
un gran relato generalizante, sobre un aspecto
de la cultura, en el cual puede estar escondido
una ideología o la búsqueda de una “verdad
oculta”, generando con ello una influencia en
el manejo teórico y metodológico del análisis.8
La existencia del metarrelato, proviene de los
discursos que fueron mantenidos durante la
Modernidad, donde el predominio de la razón
y la ciencia, son considerados como los orígenes del conocimiento. Desde esta definición,
podemos detectar otros metarrelatos que se
presentan en la historia universal, los cuales en
el caso de la HA, encontramos unos de carácter ideológico y otros del tipo conceptual.
Vemos este metarrelato en los inicios de
la investigación “científica” (s. XVIII), una clara
idealización del mundo clásico. Primeramente
en el caso griego, donde los valores democráticos atenienses y la sociedad militarizada espartana se hacen presentes en la constitución
de las sociedades modernas como la francesa
y con ella al resto de Europa. En el caso romano, se presenta en su constitución política y la
idea de la eterna Roma, en variados momentos de la historia europea, desde Carlomagno
hasta el III Reich y en la filosofía política, con
9
Bermejo Barrera, J. C. “Historia Antigua: ¿Para qué?
Vigor y decadencia de la tradición clásica”. Dialogues d’histoire
ancienne., 29(2) (2003), p. 39-42
19
Maquiavello y Hobbes; mención aparte es la
asimilación de la cultura clásica que hace el
cristianismo, manteniendo esta idealización, a
pesar del secularismo iniciado con el Renacimiento perdurando a través del tiempo.
Con el siglo XIX el carácter de los metarrelatos cambia, incluso se especifica según el
contexto país de cada investigador. En el caso
heleno, vemos la obra de Müller, donde la vida
espartana fue analizada bajo la inconsciente
identificación con la realidad prusiana. Llega
incluso a más, pone en pugna el espíritu dorio con el jónico (asociado al comercio y, por
ende, a Inglaterra), alejándose de la realidad
histórica, lo que tuvo importantes consecuencias en la forma en la cual el mundo clásico se
hizo presente en Alemania, y que influenciaría
notablemente en la mentalidad de Nietzsche.
En el caso romano, vemos mayor cantidad de
metarrelatos, para T. Mommsen la historia republicana romana, nace de una clave contemporánea, la lucha entre patricios y plebeyos,
es similar a la de conservadores y progresistas
que luchan por obtener el poder político. En los
estudios de E. Gibbon, se asocia con Roma y
las ideas de la ilustración, haciendo hincapié
en la época Antonina como un ideal y en ella
la clave de la historia de Europa. Finalmente
tenemos el caso de M. Rostovtzeff, quien ve
en su historia social y económica un ascenso
y caída de una clase social la burguesa, constructora y creadora de la ciudad. Así durante la
mayoría del siglo XIX, la decadencia de Roma,
pasa a ser una metáfora de la transformación
del mundo contemporáneo y el advenimiento
de la sociedad de masas.
Paralelo a estas formas “conservadoras” de metarrelato del mundo clásico, donde
se consideraba como un paradigma, como el
modelo a imitar. Ocurre un proceso de desvelamiento, la búsqueda de quitar la máscara a
la HA, el encontrar una “verdad oculta”, que
favorecerá el aproximamiento de a ésta, ya que
perderá su carácter ejemplar, volviéndose más
inteligible, algo más cercano a nosotros. Este
proceso se inició después de 1870, siendo el
primer exponente, K. Marx, quien busca una
ley fundamental, una ley del valor que guíe la
historia universal, esto se presentaría desde la
Antigüedad, con la apropiación de la plusvalía,
primero por el Modo de producción Asiático y
después con el mundo clásico, bajo el sistema
de la esclavitud, todo esto sería categorizado
por Marx, como una constante explotación del
trabajo servil en sus diferente modalidades a
través de la historia. Esto se convierte en una
gran crítica al modelo ideal democrático dominante al hacer la mención que este sistema estaba sustentado en la expoliación de algunos
sectores de la sociedad. Esto influenció de tal
manera, que B. Farrington, durante el siglo XX,
hace una importante crítica a la Filosofía griega, viéndola como un producto de los intereses
de clase.9
Otro de los pensadores que sigue la misma lógica del metarrelato, es Friedrich Nietzsche, quien la clave secreta de los griegos, en
el interior de ellos mismos. Primero, distingue
el “espíritu griego”, que estaba centrado en la
idea de proporción de medida y de racionalidad, la presencia de dos facetas contradictorias: lo “apolíneo”, que se asocia a la imagen
que Europa quiso asumir de los griegos, y lo
“dionisiaco” que simboliza la pasión, lo irracional, la vid, el sobrepasar los límites, su conexión
con lo mistérico y su dependencia cultural con
oriente. Segundo, hace un crítica al ideal clásico democrático, indicando la imposibilidad y
10
En relación a estas temáticas, Nietzsche .F.
Consideraciones intempestivas. Alianza, Madrid (1980)
11
Bermejo Barrera, J. C. “Historia Antigua: ¿Para qué?
Vigor y decadencia de la tradición clásica”. Dialogues d’histoire
ancienne., 29(2) (2003), p. 43-46
12
La historia de la sexualidad es así indisociable de la
historia del Yo, y por ello utilizará como fuente fundamental
a autores como Platón o Séneca. Foucault, M. Histoire de la
Sexualité I,II y III. Gallimard, París. (1976, 1984,1984).
20
lo inalcanzable que es llegar a ellos, no por su
perfección, sino porque supone una configuración de vida radicalmente diferente.10
Finalmente, el último exponente de este
cambio, de este desvelamiento de lo Clásico,
es Sigmund Freud, el cual ve en nuestro inconsciente, en los sueños la clave de la vida
humana, en específico de la sexualidad, para
ello recurre al análisis de los mitos y ritos griegos. Originando con ello la teoría psicoanalítica, siendo esta también una teoría de la cultura
y, con ello una forma de entender al hombre
desde su perspectiva antropológica. Encontramos en Freud, un desvelamiento que permite
comprender la lógica de lo irracional, el sentido
del sinsentido. Incluso ha llegado más lejos, tocando los temas de la sexualidad, en específico el de la homosexualidad. 11
Es con estos casos donde nos enfrentamos al siglo XX con importantes deficiencias
metodológicas, ya que la presencia del metarrelato impedía una mayor especialización, lo
que se veía agravado con el inicial desarrollo
científico de las demás ciencias de la Antigüedad y las Ciencias Sociales.
Con el quiebre epistemológico de los
60’, vislumbramos cambios en lo métodos
de análisis de la HA, especialmente desde el
llamado “giro lingüístico”. Apareciendo numerosas estrategias y opciones para hacer investigaciones que traten nuevos temas, enfrentando las fuentes de otra forma. El aporte de
Michel Foucault, quien continua trabajando con
la sexualidad, incorporando en ella la teoría del
poder en el discurso, conceptos sociológicos
y antropológicos, reconociendo su importan-
cia como sustrato natural de nuestra sociedad
siendo constantemente víctima de la violencia
proveniente del poder. Concluye que la sexualidad es una construcción social, un elemento
esencial de nuestra identidad. Para ello investiga a autores como Platón y Séneca, generando
la importante correlación sexualidad-identidad.
Con esta gran influencia, la corporalidad que
ha influenciado enormemente a la historiografía de género, sacando a la mujer del mundo
de lo doméstico, pero ha caído también en el
vicio totalizante de entender la HA, con la idea
de que más o menos la mitad del género humano había estado excluida del discurso de la
historia, apoyado también por la ideología feminista 12
Estos metarrelatos han influenciado
enormemente la producción historiográfica durante el siglo XX, siendo su detección un catastro de las tendencias que se han ido sucediendo durante las décadas. Lo cual nos hace
establecer un punto de inflexión, considerando
el aporte que algunas de ellas han generado,
tanto en sus inicios como posteriormente cuando las sus redefiniciones epistemológicas y el
nacimiento de nuevas perspectivas, colaboraron y mantienen aun nuevas formas de entender la HA.
Conclusiones
Durante estos últimos 50 años, el desarrollo
de las ciencias de la antigüedad y las ciencias
sociales, han abierto nuevamente variados
campos de investigación. Ciertamente algunas aportan mas que otras, lo cual sumado a
la teoría poscolonial, han originado ciertas pro-
13
Pfoh, E.” Fuentes históricas antiguas y modelos
teóricos modernos”. Encuentro Interdisciplinario en Ciencias
Sociales de Jóvenes Investigadores. 2004. La Plata: Editorial
de la Universidad Nacional de La Plata. p. 10-16. Sobre las
concepciones epistemológicas del Antiguo Próximo Oriente
bajo la mirada occidental y la critica desde los estudios
posorientalistas, Toro, B. “El desarrollo arquelógico del Antiguo
Próximo Oriente”. Revista Archivum año III, nº 4 (2005), p.
217-226
14
Van de Mieroop, M. “El Mediterráneo oriental
en la Antigüedad Temprana”. En W. Harris, Rethinking the
Mediterranean (A. Concha, Trad., págs. 1-20) (2005). Oxford, p.
17-18
15
Plácido, D. “La vigencia de la historia social del
mundo clásicos.Viejos y nuevos temas”. Historia Social(60)
(2008), 210-212.
21
puestas que redefinen a la HA, incorporando
nuevas variables y que la obligan a establecer
ciertos conceptos que sean propios de este
periodo histórico.
La aproximación entre la HA y la antropología ha logrado un cambio importante en
las formas de cómo se entendía y se investigaba la Antigüedad. Esto se puede observar
en la apertura de lo subalterno, perdiendo el
mundo clásico su preponderancia como generadora de conceptos propios, igualándola
a otras civilizaciones. Este cambio en la visión
etnocéntrica, forma de metarrelato nacido del
colonialismo, fue la que hizo alejar al mundo
del Asia occidental, que era visto durante el siglo XIX y XX como exótico y lejano, evitando la
conformación de una concepción íntegra de
la Antigüedad. Una clara influencia de preconcepciones y sesgos culturales occidentales, sin
duda, debido a la descolonización y el proceso
de cómo estos pueblos nos están afectando.13
Dentro de esta área tenemos el ejemplo metodológico del historiador Marc Van de Mieroop,
quien desde el concepto del “sistema mediterráneo” incorpora la tradición greco-latina y la
oriental, delimitándolo en ciertos periodos, especialmente cuando existía un equiparamiento
de fuerzas. 14
Las ciencias sociales, han hecho un
aporte sustancial a su fortalecimiento actual.
En las temáticas de la historia social, se ha
contestado a las críticas que tildaban a esta
historiografía como poco actualizada. Desde
los estudios de B. G. Niebuhr, pasando por
Fustel de Coulanges y Max Weber, los cambios han sido significativos, especialmente con
los aportes provenientes del marxismo, se han
logrado nuevas conceptualizaciones y modelos. Pero en la actualidad, las formas de explotación del trabajo, han ampliado su campo de
observación, siendo entendidas dentro de una
realidad social más compleja. Es por ello que
esta historia social, responde ahora a preocupaciones más amplias que las esquematizadas
propuestas marxistas, saliéndose del modo de
producción esclavista como concepto capaz
de definir a todas las estructuras sociales de la
Antigüedad. La nueva mirada de las fuentes y
el aporte de las ciencias sociales, nos permite
comprender formaciones sociales complejas e
integradas de manera amplia. Esto se ve orientado hacia una historia cultural y de las representaciones, donde vemos el resultado de las
preocupaciones vitales, aquí incluimos las relaciones de explotación, las dependencias y
mecanismos de lealtad. Sirviéndonos mucho
más que el antiguo concepto de “mentalidad”.
La representación cobra así protagonismo
como objeto de la HA y como instrumento de la
misma. La inserción de las prácticas sociales,
busca el modo de estructuración más que las
estructuras, evitando así la yuxtaposición de lo
mental con lo social.15
A modo de conclusión, vemos la urgente necesidad de hacer una reflexión sobre
cómo estamos estudiando la HA, desde una
perspectiva teórica y metodológica, hemos
evidenciado sus problemas, desde el uso de
las fuentes hasta los relatos que han condicionado la forma en la cual se entiende la Antigüedad Clásica e incluso la Oriental, durante
estos últimos dos siglos, aproximadamente.
La formulación de un método nacido de la HA,
que además tenga los aportes conceptuales
y técnicos provenientes de las Ciencias de la
16
Plácido, D. Introducción al Mundo Antiguo:
Problemas teóricos y Metodológicos. Madrid: Editorial Síntesis,
S.A. (1995), p. 165-166.
Antigüedad y Ciencias Sociales, conformarán
un corpus, donde la propuesta de M. Liverani,
la “triangulación interpretativa” (fuente-ciencia
auxiliar-interpretación constructiva), harán que
esta aplicación se base en evidencia primaria y
falsable, es decir, comprobable. Proporcionándonos un nivel de cientificidad que en muchos
momentos pudo haber sido cuestionado.16
Esta investigación ha detectado a través de la historiografía una serie de problemas
de carácter teórico-metodológico, que hacen
de la labor investigativa un constante cuestionamiento de las herramientas que utilizamos.
La llegada de la posmodernidad, ha obligado
a reevaluar, cierto aspectos epistemológicos
que se han arrastrado durante mas de un siglo, generando importantes roces entre los investigadores, no desconociendo con ellos los
importantes aportes que desde esa forma de
entender la historia (como narrativa) han contribuido al fortalecimiento del debate y la teorización de la misma. Es aquí donde el metarrelato aparece como un instrumento conceptual
de vital importancia, para colaborar en la detección de estos discursos, que durante sus
años de producción fueron el leit motiv en la
comprensión de la HA, la contemporaneidad
está siempre presente en los periodos de producción de los textos y es quizá por ello que
en su momento estos relatos si tuvieron gran
injerencia en el entendimiento de este periodo
histórico. No debemos olvidar que uno de los
elementos centrales de la historia, es conectar
el presente con el pasado y que es imposible
llegar a pensar lo que realmente sucedió. Pero
es inevitable no detectar estos discursos y con
ellos aprender a conocer como se entendió la
Antigüedad para esa gran serie de investigadores de los cuales somos herederos.
Si la reflexión sobre estas cuestiones
teóricas sirve para ayudar a desentrañar el
complejo entramado y generar nuevas discusiones sobre la práctica historiográfica, logrando precisiones sobre algunos problemas
teóricos y metodológicos, este esfuerzo habrá
valido la pena. Considerando que nosotros
tenemos la deuda, primero sobre nuestra generación, el de engrandecer el conocimiento
histórico, pero también sobre las generaciones
futuras, que sólo podrán avanzar en el estudio
de la HA, si cuentan con los trabajos y resultados de sus predecesores, como en definitiva
hemos contado nosotros.
Bibliografía
Alföldy, G. “La Historia Antigua y la investigación del fenómeno histórico”. Gerión nº1 (1984), 39-61.
Ankersmit, F., & Sanchis Martínez, M. “Historiografía y Postmodernismo”. Historia Social nº 50 (2004), 7-23.
Bermejo Barrera, J. C. “Historia Antigua: ¿Para qué? Vigor y decadencia de la tradición clásica”. Dialogues d’histoire ancienne., 29(2) (2003), 29-56.
Bravo Castañeda, G. “Hechos y teoría en Historia (Antigua): Cuestiones teóricas en torno a un modelo-patrón de investigación”. Gerión nº3 (1985), 19-41.
Hernández de la Fuente, D. “De Mesopotamia a los griegos”. Revista de libros de la Fundación Caja Madrid nº 99 (2005), 32-33.
López Sánchez, F. “El Próximo Oriente, África y la Península Ibérica en la Antigüedad”. Antesteria nº1 (2012) , 339-348.
Pfoh, E.” Fuentes históricas antiguas y modelos teóricos modernos”. Encuentro Interdisciplinario en Ciencias Sociales de Jóvenes Investigadores. 2004 (págs. 1-16). La Plata: Editorial de la Universidad
Nacional de La Plata.
Plácido, D. Introducción al Mundo Antiguo: Problemas teóricos y Metodológicos. Madrid: Editorial Síntesis, S.A. (1995)
Plácido, D. “La vigencia de la historia social del mundo clásicos.Viejos y nuevos temas”. Historia Social(60)(2008), 207-212.
Van de Mieroop, M. “El Mediterráneo oriental en la Antigüedad Temprana”. En W. Harris, Rethinking the Mediterranean (A. Concha, Trad., págs. 1-20) (2005). Oxford .
Vial, A. “Límites teóricos y políticos de la condición posmoderna de Lyotard”. Estudios Sociológicos, 7(19) (Enero-Abril,1989), 105-137.
22
Una mirada al estudio de la muerte
desde la escuela de los Annales
y la geografía cultural
Gabriela Servín Orduño
Palabras clave: Idea de la muerte,
cementerios, metodología e historia cultural.
Keywords: Geni qui doluptatur, voluptatem a sunt, ut moluptatus essusam cusapid quaerfere modions
23
Resumen: El presente artículo es un acercamiento
historiográfico a la obra de Michelle Vovelle y Philippe Ariès, ambos pertenecientes a la Escuela de los
Annales, así como al estudio realizado por el sociólogo Norbert Elias, que desde una mirada de la historia cultural aportan una gran riqueza metodológica
para el estudio de los espacios y las percepciones
de la muerte. En tiempos más recientes la Geografía
Cultural ha aportado lo propio, creando un enfoque
novedoso para el estudio de los cementerios, como
es el uso de otro tipo de fuentes y nuevas herramientas metodológicas, ejemplo de ello son los el
trabajos de Thomas W. Laqueur quien ha abordado
el estudio de los panteones decimonónicos desde
esta perspectiva, obras de interés para esta investigación.
Abstract: This text is a historiographical approach to the work of Michelle Vovelle and Philippe Aries, both belonging to the Annales School
and the study by the sociologist Norbert Elias,
who from a viewpoint of cultural history provide a rich methodological for the study of space
and perceptions of death. In more recent Cultural
Geography has made the same, creating a novel
approach to the study of cemeteries, as is the use
of other sources and new methodological tools, the
example is the work of Thomas W. Laqueur who
has approached the study of nineteenth-century
cemeteries from this perspective, works of interest
to this investigation.
Y para que el salto de la vida a la muerte sea menos brusco, los habitantes
han construido una copia idéntica de su ciudad bajo tierra. Esos cadáveres,
desecados de manera que no quede sino el esqueleto revestido de piel amarilla, son llevados allá abajo para seguir con las ocupaciones de antes. De
éstas, son los momentos despreocupados los que gozan de preferencia: los
más de ellos se instalan en torno a mesas puestas, o en actitudes de danza o
con el gesto de tocar la trompeta.
Italo Calvino.
FOTOGRAFIA. 1. CEMENTERIO BRITÁNICO DE REAL DEL MONTE, PACHUCA, HIDALGO. FOTO. GABRIELA SERVÍN
1
Para Cliford Geertz la representación “denota dos familias
de sentidos aparentemente contradictorios: por un lado, la
representación muestra ausencia, lo que supone una neta
distinción entre lo que representa y lo que es representado;
por el otro, la representación es la exhibición de una presencia
pública de una cosa o una persona. En la primera acepción, la
representación es el instrumento de un conocimiento mediato
que hace ver un objeto ausente al sustituirlo por una imagen
capaz de volverlo a la memoria, y ‘pintarlo’ tal cual es. [...] Se
postula entonces una relación descifrable entre el signo visible
y el referente signiicativo”. En este sentido la representación
implica traer al presente algo que puede estar previamente
ausente; signiica presentar un objeto o cosa de nuevo en una
exhibición pública, la presentación de algo que no está presente
La muerte es un tema que forma parte importante de la vida del ser humano. Ésta ha propiciado distintas inquietudes y desatado que
las ciencias humanas, primordialmente, dediquen investigaciones relacionadas al impacto
de este proceso, al estudio de las memorias
materiales que recogen los vivos en el recuerdo de los muertos, pero también al análisis de
aquellas percepciones que dejan huella de una
manera intangible, las cuales intervienen y marcan la manera en cómo los vivos perciben a
los muertos y la idea de la muerte, modificable
según la época y el espacio.
La imagen de la muerte se eleva a primera intensidad, presentándose tal como es,
pero también representando algo más, en este
sentido el fallecimiento de un individuo ha derivado en distintas manifestaciones materiales
y culturales.
Uno de los aspectos que despertó mi interés es el cementerio, como representación1
material de la necesidad individual y colectiva
de exteriorizar sentimientos y la manifestación
del deseo de seguirse relacionando con el difunto, y en el que se plasma el pensamiento sobre la muerte, en donde lo intangible tiende a
exteriorizarse. Como un espacio destinado a la
comunidad de los muertos, en donde los vivos
han plasmado sentimientos y sensibilidades,
recuerdos, y anhelos de inmortalidad, pero a
la vez como lugares en donde la comunidad
de los vivos hace demostración de su status
social.
Lo anterior me lleva a cuestionarme ¿qué
tanto el cementerio, visto a través de esta mirada cultural, ha sido analizado? Sabemos que
existe un cuerpo historiográfico en torno a la
muerte y a los cementerios en México, que se
enriquece de miradas múltiples, en donde arquitectos, antropólogos e historiadores han hecho lo propio2. Sin embargo, aun carecemos de
trabajos que estudien el espacio a partir de lecturas de la representación, de los símbolos y su
implicación cultural, más que artística o arquitectónicamente. Con lo anterior no quiero decir
que estos trabajos carezcan de validez e importancia, simplemente que sería significativo
remirar al cementerio como un espacio cultural,
ya que esto nos permitiría entender desde otra
mirada los lugares que han servido para albergar a los muertos.
El presente trabajo pretende ser un acer
la cual puede adoptar una forma tanto lingüística, como visual.
El cuidado que se debe tener es con la icción entendiendo a
ésta como una representación exagerada de la realidad. Pero se
hace pertinente utilizarla y leerla pues ella cuenta de ansiedades,
miedos, deseos de los individuos que vivieron una época
determinada. Roger Chartier, El mundo como representación,
historia cultural: entre la práctica y la representación, Gedisa,
Barcelona, 1999, p. 58.
2
Entre los que se encuentran: Claudio Lomnitz, Idea de la
muerte en México, Fondo de Cultura Económica, México,
2006. Verónica Zárate Toscano, Los nobles ante la muerte en
México, actitudes, ceremonias y memoria (1750-1850), El
Colegio de México-Instituto Mora, México, 2000. Martina E.
Will de Chaparro, “De cuerpo a cadáver: El tratamiento de
los difuntos en Nuevo México en los siglos XVIII y XIX”, en
Relaciones, 94 (2003), pp. 61-90. Adriana Corral Bustos y David
Eduardo Vázquez Salguero, “El cementerio del Saucito en San
Luis Potosí”, en Relaciones, 94 (2003), pp. 125-161. Aida Suarez
Chávez, Cementerio británico de Real del Monte. Espíritu de un
pasado, Fondo Estatal para la Cultura y las Artes, Hidalgo, 2010.
Nadine Béligand, “La muerte en la ciudad de México en el siglo
XVIII”, en Historia Mexicana, 57 (2007), pp. 5-52. Anne Staples,
“La lucha por los muertos”, en Diálogos, 17 (1977), p. 15-20.
Sonia Alcaraz Hernández, “Las pestilentes mansiones de la
muerte: los cementerios de la ciudad de México 1870-1890”, en
Trace, 58 (2010), pp.93-102. Alma Victoria Valdés, Itinerario de
los muertos, Plaza y Valdés-Universidad de Coahuila, México,
2009. Margarita Martínez Domínguez, El arte funerario de la
ciudad de México, Gobierno de la Ciudad de México, México,
1999. América del Rosario Malbrán Porto, “Elementos de origen
masónico en la iconografía del cementerio de San Fernando”,
en Antología 6ª Reunión Nacional, Red Mexicana de Estudios
de Espacios y Cultura Funerarios, Mérida, 2009, pp. 25-51.
Estrellita García Fernández, “Salud y muerte en el conjunto
de Belén”, en Espiral, 15 (2009), pp. 173-203. Gutierre Aceves
(coord.), Artes de México, El arte ritual de la muerte niña, Tomo
15, 1992, p. 96.
camiento historiográfico poniendo especial atención en la obra de Michelle Vovelle y
Philippe Ariès, ambos pertenecientes a la Escuela de los Annales, así como al estudio realizado por Norbert Elias. Me gustaría aclarar
que él no pertenece a la escuela francesa pero
su estudio ha sido de gran importancia, sobre
todo por dar un enfoque distinto a los estudios
de la muerte, desde la perspectiva sociológica
crítica con la propuesta de Philippe Ariès. Finalizaré mi planteamiento con el análisis del trabajo de Thomas W. Laqueur quien ha abordado
el estudio del cementerio decimonónico desde
la perspectiva de la Geografía Cultural.
Con la aparición de la revista Annales en
el año 1929, los estudios en el campo de la Historia experimentarían una profunda renovación,
que con el paso de los años se verían reflejados también en otras ciencias sociales. La mirada se enfocó a temas que hasta el momento
habían sido poco comunes. Además, planteaba el estudio de los problemas históricos a partir de una innovadora medición del tiempo. Se
apoyaron en investigaciones que no se limitaron a la explicación histórica, abriéndose a la
posibilidad de la multidisciplina, lo que ayudó a
remirar creencias y mentalidades que tanto les
importaba conocer.3
La escuela francesa de Annales fue de
las primeras que se preocupó por analizar las
actitudes sociales en torno a la muerte. Entre
las obras pioneras se encuentran las investigaciones realizados por Philippe Ariès y Michel
Vovelle4. Sus investigaciones han dado sustento a trabajos de este tipo en varios países latinoamericanos y europeos, y son vistos como
una referencia obligada para aquellas investigaciones que han enfocado su mirada a estudiar los diferentes comportamientos y actitudes
que se han generado en torno la muerte.
A la obra de Vovelle se le ha reconocido la elaboración de una metodología para el
estudio de la historia de la muerte. Además,
es considerado como uno de los primeros en
realizar un análisis serial de conjuntos amplios
de testamentos para el estudio de las actitudes
ante la muerte, método que sería ampliamente
difundido a lo largo de Europa pero también en
América Latina5.
Según Vovelle el estudio de la muerte
en su proceso histórico puede ser abordado a
partir de tres niveles. El primero es la muerte
sufrida, que implica el hecho de perder la vida.
El segundo es la muerte vivida, siendo en este
momento donde se exteriorizan una serie de
prácticas y ritos que acompañan al individuo
en el tránsito de enfermedad y muerte, funerales, sepultura y duelo, donde según Vovelle se
expresa la sensibilidad hacia la muerte. El último de estos estadios vendría a ser el discurso
de la muerte, el cual gira en torno a las ideas
ya sean filosóficas, religiosas o científicas que
tiene la sociedad sobre la muerte.
Philippe Ariès, por su lado, también propuso un método para el análisis sistemático de
la muerte a través del enfoque de la larga duración. Señaló que sólo utilizando esta temporalidad se podrían observar los cambios y rupturas
que se han generado respecto a las actitudes
ante la muerte, las cuales pueden parecer casi
inmóviles a través de períodos muy largos. A
lo largo de su obra Morir en Occidente, desde
la Edad Media hasta nuestros días: El hombre
ante la muerte fue entretejiendo el estudio de la
muerte con el concepto de religión popular en
investigaciones que van desde la antigüedad a
la época contemporánea. En sus obras abordó
diversos aspectos como: la sepultura, el tes
3
Alan R. H Baker, “Relections on the relations of historical
geography and the Annales school of history”, en Alan R. H.
Baker and Derek Gregory (eds.), Explorations in Historical
Geography: Interpretative Essays, Cambridge University Press,
Cambridge, 1984, p.3.
4
Philippe Ariès, Morir en Occidente, desde la Edad Media
hasta nuestros días, Adriana Hidalgo Editora, Argentina, 2008;
Michel Vovelle, La Mort et l´Occident de 1300 à nos tours,
Gallimard, París, 1983.
5
María Azpeitia Martín, “Historiografía de la historia de la
muerte”, en Estudios Históricos. Historia Medieval, 26 (2008),
p. 117.
6
Mike Crang, Cultural Geography, Routledge, London, 1998,
p. 15.
7
Norbert Elias, La soledad de los moribundos, Fondo de
Cultura Económica, México, 1989.
8
Elias, La soledad de los moribundos, pp. 36-37.
tamento, la doctrina canónica y la legislación.
Apoyó sus argumentaciones con una diversidad de fuentes como testimonios procedentes
de la literatura, de los documentos de archivo,
de la iconografía funeraria y, para las épocas
más recientes, de los medios audiovisuales.
Para conocer la historia de la muerte en
las mentalidades de la sociedad occidental,
Ariès propone una teoría sobre las edades de
la muerte por etapas históricas. La primera, la
muerte domada o amaestrada de la Alta Edad
Media, se encontraba marcada por la transición de los cementerios romanos a los camposantos cristianos. La segunda, la muerte propia
de la Baja Edad Media y el Renacimiento fue la
etapa en la que se desarrolló una nueva forma
de asumir lo mortuorio, marcada en cierta medida por la individualización de las sepulturas
y la aparición del testamento. Era una muerte
propia pero también del otro, que se manifestó
en distintos ámbitos del ritual funerario, ceremonias y objetos materiales. Un cambio en estas actitudes lo apreció Ariès en los siglos XVIII
y XIX, periodo en el cual existieron momentos
de ruptura, que se manifestaron tanto en el ritual funerario como en los espacios destinados
para el confinamiento del cuerpo. La sociedad
le dio un nuevo sentido a la muerte, fue romántica y en ese sentido comenzó a tornarse un
tanto ajena; era la muerte del otro más que la
propia. Esto dio paso a nuevas manifestaciones materiales. El muerto en algunas ocasiones comenzó a ser representado en su propia
tumba y a tener una inscripción funeraria que
le garantizara vivir en la memoria de los vivos,
además de quedar manifestado el poder adquisitivo y social de la familia.
Para Ariès el siglo XX sería el dueño de la
muerte ajena, pues en las sociedades occiden-
tales el fallecimiento y la percepción de morir
pasaron a ser algo lejano y un tema prohibido.
Su sola presencia fue segregada al hospital o
cementerios fuera de la vida diaria, en donde
no se perturbara la modernidad de los vivos.
Este planteamiento se encontraría ligado al que
hace el geógrafo cultural Mike Crang sobre las
sociedades modernas, en las que todo parece
ser más “light”, el espacio parece estar integrado por extraños y la ciudad es una constante
serie de contactos con personas sobre las que
se sabe muy poco. En este sentido no parecería
nada fuera de lo común que la muerte sea cada
vez más lejana, pero también más temida.6
A lo largo de su investigación Philippe
Ariès muestra cómo se forjaron distintas actitudes ante la muerte, tanto de aceptación como
de rechazo, y las vinculó a sus distintos espacios de actuación y a los conceptos de muerte que se fueron generando para cada una de
as etapas.
En contraposición al trabajo de Ariès sobre todo en el concepto de la muerte domada
se encuentra el trabajo de Nobert Elias, La soledad de los moribundos7. A partir de un estudio sociológico el autor expone la existencia de
una soledad que está ligada al acto de morir,
pues en él se realiza una separación de lo sano
y de lo moribundo, del vivo y del muerto. En
este sentido no existiría una manera de poder
“domar” por completo a la muerte:
el morir puede ser penoso e ir acompañado de dolor. En épocas más tempranas
tenían los hombres menos posibilidades de
aliviar el tormento de la agonía [...] lo cierto
es que en la Edad Media se hablaba con más
frecuencia y más abiertamente de la muerte y
del morir de lo que se hace en la actualidad,
pero ello no quiere decir que se muriese más en paz8.
9
Elias, La soledad de los moribundos, p. 9.
10
Entre los trabajos que han tomado como referencia
metodológica a Philippe Ariès y Nobert Elias, se encuentran,
entre otros: el realizado por Michel Ragon, L´escape de la mort.
Essai sur l architecture, la décoration et l urbanisme funéraires,
Editions Albin Michel, París, 1981; Pablo García Hinojosa,
Simbolismo, religiosidad y ritual barroco. La muerte en Teruel
en el siglo XVII, Universidad de Zaragoza-Depto. de Historia
Moderna y contemporánea, Zaragoza, tesis para la obtención
de grado doctoral, 2010; Marco Antonio León León, Sepultura
sagrada, tumba profana. Los espacios de la muerte en Santiago
de Chile, 1883-1932, Lom ediciones, Santiago de Chile, 1997;
Claudio Lomnitz, Idea de la muerte en México, Fondo de
Cultura Económica, México, 2006; Verónica Zárate Toscano,
Los nobles ante la muerte en México: actitudes, ceremonias y
memoria (1750-1850), El Colegio de México- Instituto Mora,
México, 2000; Alma Victoria Valdés, Itinerario de los muertos,
Plaza y Valdés-Universidad de Coahuila, México, 2009; Fragoso
Perla, “De la calavera domada a la subversión santiicada. La
Santa Muerte un nuevo imaginario religioso en México”, en El
Cotidiano, 169 (2011), pp. 5-16.
11
Alan R. H. Baker y Derek Gregory, “Some terrae incognite
in historical geography: an exploratory discussion”, en Alan R.
H. Baker and Derek Gregory (eds.), Explorations in Historical
Geography: Interpretative Essays, Cambridge University Press,
Cambridge, 1984, p. 182.
12
Crang, Cultural Geography, p. 2.
13
Crang, Cultural Geography, p.14.
14
homas W. Laqueur, “Los lugares de los muertos en la
modernidad”, en Historia y grafía, 10 (1998), pp. 15-35.
Sumado a esto añade el sentimiento de
soledad que presenta el moribundo que se
manifestaba en el momento de morir. Esto conllevó una distinta actitud hacia la muerte tanto
del moribundo como de los familiares. No sería
entonces igual la muerte de un ser querido que
la de un extraño o enemigo.
Para Norbert Elias existen cuatro maneras de mirar a la muerte: la primera consistiría en usar la forma más antigua y pensar que
existe una vida posterior, pensando entonces
en una resurrección o en la vida después de la
muerte; la segunda consiste en reprimir la idea
de perder la vida; la tercera, pensar que otros
mueren pero uno no; y la última, mirar de frente
a la muerte9.
Tanto los trabajos de Philippe Ariès como
los de Norbert Elias han tenido una influencia
importante para la historiografía sobre la muerte, pues sus métodos y teorías aún son vigentes y utilizados en obras importantes dentro de
la historiografía sobre la muerte10.
En años recientes las miradas en torno a
la muerte han dado nuevos giros y nuevas posibilidades como las que se plantea la Geografía Cultural, pues en este sentido el cementerio
es un espacio que puede ser leído desde esta
perspectiva, creando así una geografía de la
muerte.
Sin duda, la Geografía es una de las ciencias que se ha tratado de renovar constantemente, rebasando los preceptos de su propia disciplina, incursionando en temáticas que incluyen
a la cultura y a sus agentes. Ha tenido que sufrir
avances y retrocesos, sin embargo los trabajos
de Vidal de Blanche, Darby, Sauer, y la incursión
de la multidisciplina de la escuela de los Anna-
les, provocaron que el paisaje fuera visto como
resultado del hombre en el espacio11.
En este sentido surgieron nuevas ramas,
como la geografía cultural que, a consideración
de Mike Crang, debe verse como una relación
de todas las formas, manifestaciones culturales
y de las identidades que surgen a partir de ello,
y de esta manera considerar que las ciudades y
los países pueden tener abundancia y pluralidad
de culturas. Por lo tanto pretende ver tanto las
formas de la diferencia, la cultura material de los
grupos, pero también las ideas que los mantienen unidos y que los hacen coherentes12. . Dentro
de esta disciplina de la geografía, las culturas
nos muestran las creencias y los valores que
dan sentido a las formas de vida en sociedad
y las formas simbólicas que ésta produce. Las
representaciones y manifestaciones materiales
se han plasmado directamente en los paisajes,
a los que Mike Crang llama paisajes culturales,
reflejo del paso de una sociedad en el tiempo,
su cultura, creencias, prácticas y tecnologías13.
Y es así como los espacios deben ser mirados
y estudiados.
Es importante mencionar que los geógrafos culturales han echado mano de varias herramientas, entre ellas la literatura, como una
forma distinta que puede ayudar a investigar
el significado de los paisajes. Pues muchas de
ellas, sobre todo la novela, se componen de
lugares, entornos, espacios, límites, perspectivas y horizontes. En este sentido sería importante poner atención a los detalles, contextos e
imágenes que dibujan estas fuentes literarias,
en el entendido de que en muchas ocasiones
la literatura ayudó a inventar en algunos casos
geografías específicas.
Desde esta mirada de la geografía cultural se encuentran los trabajos de Thomas W.
15
homas W. Laqueur, “Spaces of dead”, en Ideas from the
national humanities center, 8 (2001), pp. 3-16.
16
García Hinojosa, Simbolismo, religiosidad y ritual
barroco, p. 59.
17
García Hinojosa, Simbolismo, religiosidad y ritual
Laqueur14. En ellos se forja una metodología para el estudio del espacio, en este caso
los cementerios del siglo XIX vistos como paisajes culturales cargados de significaciones y
representaciones sociales, con estructuras específicas que se transforman de una manera
lenta, en la larga duración. Tomando en cuenta
que en la historia de los cementerios también
han surgido coyunturas importantes que han
determinando que el espacio de los cementerios cambie más rápidamente. Dentro de los
planteamientos centrales del autor está la existencia de una muerte “moderna”.
En sus artículos “Los lugares de los muertos en la modernidad” y “Spaces of dead”15 ,
Thomas Laqueur aborda la problemática de
los cementerios del siglo XIX; en ambos plantea un análisis sobre el origen y el significado
de los espacios destinados para los muertos,
desde su concepción moderna tanto del espacio como del ritual, así como las resistencias
y permanencias. Su trabajo se sustenta en diversas fuentes como: misceláneas británicas,
documentos de archivo sobre cementerios en
el siglo XIX, así como en la literatura de viajes.
Los cementerios a lo largo de la historia
fueron cobrando gran importancia. Es pertinente recordar que a partir del siglo XII, los restos
de prominentes o ilustres miembros de la nobleza local eran depositados en el interior de los
templos. El culto de los santos fue adquiriendo
mayor importancia, y el altar principal o el de
las capillas dedicadas a diversas imágenes religiosas se convirtieron en lugares privilegiados
y de gran demanda por aquellos moribundos
que deseaban pasar su último sueño en un
lugar santo; donde además contarían con las
misas y plegarías de la orden religiosa que los
acogiera, y si éste en vida había sido benefac-
tor, podía contar con el privilegio de llevar el
hábito de la orden al momento de su velación.
Si en los primeros tiempos del cristianismo los
difuntos eran enterrados sin tomar en consideración su condición social o material, a partir
del siglo XII la muerte dejó de ser igualitaria:
la posición social, económica o política constituyeron elementos determinantes a la hora de
establecer el lugar de sepultura16.
Durante el tiempo de la Edad Media y el
Renacimiento los enterramientos eran llevados
a cabo en los camposantos de atrios e interior
de las iglesias, espacios donde se ofertaba un
lugar santo para morir, que generó una continua convivencia entre vivos y muertos. Era
además un proceso colectivo en donde la individualidad aun no cobraba mucha importancia.
Esta costumbre se relacionó en gran medida con las creencias católicas que se tenían
sobre la muerte y el “más allá”. Existió una gran
influencia espiritual que la Iglesia tenía sobre
sus fieles creyentes. La muerte según la concepción católica era un sueño momentáneo
que terminaría con la resurrección en el día del
Juicio Final:
El cristianismo propone un futuro escatológico eterno, basado no en una inmortalidad continuada que permita esquivar indefinidamente la muerte, sino en una milagrosa
resurrección en que el ser resucita en cuerpo
y alma, lo que supone la salvación de toda la
persona17.
De ahí la importancia de ser enterrado
en un lugar sagrado, para lo cual los creyentes
preparaban su camino al Juicio Final. Daban
pues grandes sumas monetarias como donación a cambio de misas y cuidado de su alma
y cuerpo, lo que redituaba en un gran beneficio
económico para la Iglesia. Sin embargo, con el
paso del tiempo se fueron convirtiendo en espacios cada vez más inadecuados pues fueron
presentando diversos problemas. Por un lado
las autoridades civiles no podían normar los
actos funerarios ni resolver los problemas de
higiene pública que se iban presentando cada
vez con mayor frecuencia; sumado a esto estaba el problema de la superpoblación de muertos en los camposantos:
La salud pública estaba comprometida
por las emanaciones pestilentes, los olores
infectos provenientes de las fosas. Por otro
lado, el suelo de las iglesias, la tierra saturada de cadáveres de los cementerios, la
exhibición de los osarios, violaba de manera
permanente la dignidad de los muertos. Se
reprochaba a la Iglesia que hubiera hecho
todo por las almas y nada por el cuerpo, y
que tomara el dinero de las misas y se desinteresara de las tumbas18.
18
19
Ariès, Morir en Occidente, p. 49.
Laqueur, “Los lugares de los muertos en la modernidad”, p. 17.
Durante el siglo XIX, los muertos comenzaron a ser trasladados a lugares más lejanos.
En esta nueva geografía se revelaron percepciones distintas en torno al cadáver que se manifestaron material e ideológicamente, sobre
todo en los nuevos discursos que surgieron,
como el médico, el higiénico y el químico. El
cuerpo pasaba a ser intolerable y repugnante debido a su descomposición material19. Fue
una nueva percepción de los muertos en la modernidad como señala Laqueur, siendo ésta la
primera característica importante del periodo.
La segunda tenía que ver con la comunidad
tanto de los vivos como de los muertos. Una de
las hipótesis que se manejan en sus artículos
es que el cementerio sirvió como espacio para
reunir dos tipos de comunidades diferentes, es
decir, la de los vivos y la de los muertos, ade
FOTOGRAFÍA 2. LÁPIDAS FUNERARIAS DEL CEMENTERIO BRITÁNICO
MONTE, PACHUCA, HIDALGO. FOTO. GABRIELA SERVÍN.
DE
REAL
DEL
20
21
Laqueur, “Spaces of dead”, p. 3.
José Gorostiza, Muerte sin in, Fondo de Cultura Económica,
México, 1983; José Revueltas, El luto humano, Editorial México,
México, 1943; Eduardo Matos Moctezuma, Muerte al ilo de
obsidiana, SEP, México, 1986; Malvido Elsa, “La festividad del
día de muertos y su altar de muertos en México”, en Patrimonio
Cultural y Turismo, 16 (2006), pp. 41-57; Guadalupe Ríos et alii,
De muertitos, cementerios, lloronas y corridos, (1920-1940),
ITACA, México, 2002.
más de ser una manifestación de exclusividad, creándose una nueva geografía que
reforzaba los vínculos entre los vivos.
Dentro de esta relación entre los vivos y
los muertos existieron puntos de quiebre y continuidad. La muerte pierde, a consideración de
Thomas W. Laqueur, parte de la superstición
y linaje que venía arrastrando desde la Edad
Media. Sin embargo, es necesario señalar que
las nuevas percepciones y usos de esta nueva geografía no desplazaron al antiguo pensamiento religioso en torno a la muerte de manera
inmediata ni definitiva; fue un proceso complejo
en el cual existieron también resistencias.
Para observar estos puntos de quiebre y
continuidad Laqueur estudió dos escritos publicados en unas misceláneas británicas de mediados del siglo XIX. El primero de los textos es
del escritor inglés, ensayista y redactor William
Mudford, que fue publicado en la revista mensual Bentley´s Miscellany, y el segundo fue realizado por el escritor inglés Laman Blanchard
en la revista Ainsworth Magazine en el año de
1842. En ambos textos los autores narran su visita por el cementerio de Kensal Green en la
ciudad de Londres.
So that I might be converted, and give
up certain notions I entertained touching the
rather cockneyish sentimentalities which we
now hear about pretty, ornamental, nay even
beautiful places for the dead. Death and pettiness! Beauty and the grave! What ill assorted images….What a violation of all those
tender recollections of the departed, whose
well springs are gloom, and silence, and solitude20.
Esta opinión fue publicada por William
Mudford, quien consideraba a estos nuevos es-
pacios como colecciones de moda de tumbas
y lápidas, los cuales no tenían para los vivos
ninguna resonancia emocional, pues sólo las
catacumbas lograban esta intencionalidad. En
contraposición se encuentra el texto de Blanchard, en el que se manifiesta totalmente a favor de estos nuevos espacios. Los consideraba como un espacio de tranquilo aislamiento
lleno de olores suaves, a diferencia de la corrupción del aire y ruidos de los camposantos
de la ciudad.
Así en el aire flotaban estas dos visiones
de los espacios funerarios, por un lado los atrios
de la Iglesia considerados sagrados y que ayudaban al buen morir y por otro los cementerios
ajardinados e higiénicos. Las opiniones lanzadas por estos dos personajes ante la inminente
FOTOGRAFÍA 3. LÁPIDAS FUNERARIAS DEL CEMENTERIO BRITÁNICO DE REAL DEL
MONTE, PACHUCA, HIDALGO. FOTO. GABRIELA SERVÍN.
dan cuenta del pensamiento en torno a la muerte de la sociedad decimonónica. Esta ruptura
se manifestó en dos sentidos en acciones inmediatas pero de repercusiones tardías.
A manera de conclusión me gustaría señalar que la lectura de los cementerios dentro
de estas corrientes historiográficas ha sido un
gran aporte en el remirar a los cementerios
como espacios culturales, así como a la sociedad y sus sentimientos sobre la muerte, que a
lo largo de la historia han plasmado un cambio
en sus simbolismos y percepciones.
Una historia en la que se han plasmado
las continuidades y las rupturas. En este sentido los cementerios a lo largo del tiempo han
cobrado gran importancia, generando al paso
de los años distintas manifestaciones materiales e inmateriales. Tanto los cementerios, las
tumbas, los sepulcros, los epitafios, la literatura
y la pintura sacra o profana así como la fotografía, nos han dado testimonios de las relaciones
que el hombre ha ido estableciendo con el misterios de la muerte y de su tránsito.
En un estudio de larga duración sobre estos espacios, el cambio de camposanto a cementerio sin duda fue un parte aguas importante en la manera de percibir la muerte. Durante
los siglos XV, XVI, XVII y parte del XVIII, era común convivir con los muertos, la población al ir
de visita a la Iglesia tenía una continua relación
con la muerte. El cambio surge con los cementerios del siglo XIX, ahora el muerto pasa a ser
algo lejano y también provoca miedo; la muerte
se empieza a ligar a historias tétricas que asustan, y todo lo anterior se fue reflejando en el
ritual y las prácticas funerarias. Se convierte en
una muerte moderna.
El estudiar los espacios de la muerte desde un enfoque social y cultural, invariablemente
lleva a cuestionarse y buscar nuevas metodologías. En este sentido las propuestas de Vovelle,
Philippe Ariès y Norbert Elias nos permiten mirar nuevas maneras de analizar a los cementerios desde un enfoque más rico, sin desdeñar
las otras formas de acercarse; es pues necesario hacer nuestra propia metodología que se
aplicara según el espacio que se estudie.
En la actualidad están surgiendo nuevos
trabajos que han abordado el tema de los cementerios desde la Geografía Cultural, como
los realizados por Thomas W. Laqueur, que
nos proporcionan el usos de otro tipo de fuentes como las novelas, los libros de viajeros, y
nos enseñan a analizar la importancia de las
conexiones espaciales, así como las formas
simbólicas del espacio.
Para el caso mexicano21 podemos señalar
que la visión de la muerte estuvo muy ligada a
la historia nacional y se utilizó como un símbolo
de identidad, lo que le permitió en cierta medida que la muerte siguiera estando presente en
la vida social. Sin embargo, esto no es extensivo para todas las sociedades. La muerte cada
vez parece más lejana en la vida de las sociedades occidentales, el moribundo es confinado a la soledad y los muertos son incinerados
o enterrados en hermosos jardines privados, o
simplemente abandonados al olvido. Sin duda
son nuevas prácticas y percepciones sobre y
ante la muerte.
BIBLIOGRAFÍA PRINCIPAL
Barros, Carlos, “Historia a Debate, un paradigma global para la
escritura de la historia”, en Tiempo y Sociedad 2 (2009-2010), pp. 9-55
Burke, Peter, Historia y teoría social, Amorrortu, Buenos Aires, 2007
Fontana, Josep, Historia: análisis del pasado y proyecto social,
Crítica, Barcelona, 1999
Iggers, Georg G., La ciencia histórica en el siglo XX: las
tendencias actuales, Idea Books, Barcelona, 2002
Olábarri, J. – Caspistegui, F. (dirs.), La “nueva” historia
cultural: la influencia del postestructuralismo y el auge de la
interdisciplinariedad, Editorial Complutense, Madrid, 1996
Sánchez Marcos, Fernando, “Tendencias historiográficas
actuales”, en http://www.culturahistorica.es Wallerstein,
Immanuel, Abrir las ciencias sociales, Siglo XXI, Madrid, 2004
La educación socialista y
un gobierno anti cardenista.
El caso de Tlaxcala, 1935-1936
Daniel Gibran Castillo Molina
Palabras clave: Educación posrevolucionaria; Política local; Reforma
educativa; Magisterio; Oposición
social.
Resumen: La educación socialista en
México durante el cardenismo indica
la perspectiva de estudiarla dentro de
diferentes enfoques historiográficos debido a la heterogeneidad existente en
el país. Las investigaciones recientes
han demostrado que cada entidad federativa práctico y entendió la corriente
socialista de distinta manera debido a
las circunstancias político-sociales que
las rodeaban. En Tlaxcala sucedió lo
mismo; la participación de un gobierno
local ajeno a la política nacional contribuyó a que la corriente socialista no se
llevará a cabo durante sus dos primeros años en la entidad y que el magisterio contribuyera junto con la sociedad
civil al fracaso socialista en la entidad
federativa.
Abstract: Socialist education in Mexico was taken
differently in practice due to political and social
circumstances surrounding the various states. In
Tlaxcala failed socialist education because of the
involvement of local government, teachers and civil society.
El aporte historiográfico que han hecho las
recientes investigaciones regionales y estatales con respecto a los estudios nacionales ha
aportado distintas maneras de escribir la historia mexicana. Se ha demostrado, por ejemplo,
que la Revolución mexicana está compuesta
de un crisol de historias distintas y que la misma contienda se vivió y percibió de acuerdo al
panorama político, social, cultural y económico
de cada entidad federativa. Esto nos da muestra que la historia de un país nunca es homogénea sino todo lo contrario, siempre hay diversas connotaciones que hacen que el científico
social se sienta atraído por investigar más allá
de los grandes libros de historia nacional.
Los valiosos estudios regionales en México, son piezas únicas para armar el complicado
rompecabezas histórico nacional. Las actuales
investigaciones han optado por analizar estado
por estado y región por región para comprender el pasado mexicano. Prueba de ello son los
recientes estudios nacionales con respecto a la
educación socialista donde se encuentran autores de la talla de Pablo Yankelevich (Jalisco),
Candelaria Valdés (Coahuila), Salvador Camacho (Aguascalientes), Alicia Civera (Estado de
México), María de Lourdes Cueva Tazzer (Sinaloa) y Elsie Rockwell (Tlaxcala), quienes pertenecen a las más importantes universidades y
centros de estudios históricos en México. Los
anteriores investigadores han propuesto nuevas metodologías para abordar la educación
socialista mexicana que pertenece a una etapa histórica tan importante para comprender al
México contemporáneo.
Lázaro Cárdenas fue presidente electo
en 1934 bajo la sombra del “Jefe máximo” de
la Revolución mexicana Plutarco Elías Calles,
quien sería el encargado de institucionalizar la
lucha armada en un partido político dominante
que se iría transformando al pasar los años en
una maquinaria política tan excepcional que
dominaría a México por setenta años.
Prueba del nuevo Estado mexicano fue
la educación; tan importante para la formación
del tipo del ciudadano deseado. La educación posrevolucionaria (como se le conoce en
México) iba a responder a las necesidades y
anhelos de la nueva clase dirigente mexicana,
no sólo iba a contener el discurso de la nueva clase dirigente, también alentaría el México
del desarrollo económico en un país eminentemente rural. Prueba de ello fueron las diversas
pedagogías que buscaban fomentar el desarrollo económico e industrial por medio de la
escuela. La escuela se convirtió en bastión de
los futuros obreros, campesinos y profesionistas todos en miras del desarrollo nacional mexicano. Era la época en que se prefería “enseñar
a trabajar que leer literatura europea”. Dentro
de este marco se ubica la educación socialista
mexicana tan controversial por su propio nombre; durante el Plan Sexenal del partido de la
Revolución en 1934 y una vez que ya se había propuesto al futuro presidente mexicano, la
nueva pedagogía iba a ser bautizada con un
nombre que levantaba mella, tan sólo el terminó socialista levantaba tanta indignación para
la población eminentemente conservadora y
católica que de nuevo se preveían años de incertidumbre y de violencia cómo las sucedidas
durante la administración de Calles.
En el panorama nacional la escuela
socialista tuvo repercusiones distintas, por un
lado desde el inicio de la reforma hubo inconsistencias teóricas y oposición de los diversos
grupos sociales en México. Cada entidad fe-
derativa era dominada por caudillos revolucionarios que ejercían su poder de acuerdo a sus
lineamientos políticos y carisma social y que
sólo tenían al partido revolucionario como su
bandera y soporte político-ideológico.
En Tlaxcala, por ejemplo antes de 1934
dominó un solo partido político enarbolado por
un socialismo mal elaborado. El Partido Socialista de Tlaxcala (PST) fue fundado por un caudillo llamado Ignacio Mendoza que buscaba
bases populares para hacerse del poder en la
entidad y se le ocurrió poner un nombre muy
ad doc para la época sin saber las consecuencias que podía tener el mismo. Pero no sucedió
como se esperaba, la sociedad tlaxcalteca hizo
caso omiso al llamado partido socialista quien
dominó al estado por cerca de diez años. La
palabra socialista para la sociedad tlaxcalteca
no significaba un peligro, aun siendo un estado católico por excelencia. Habría que preguntarse que implicaba el socialismo tlaxcalteca.
Pues el Partido Socialista local no incluyó jamás reformas radicales, inclusive la reforma
agraria era sumamente atrasada en Tlaxcala
hasta el año de 1937 puesto que la clase política local estaba conformada por la élite local
y lideres revolucionarios que nunca lucharon
en la contienda armada. Ante esta situación
el estado de Tlaxcala era un caso peculiar a
nivel nacional porque las reformas federales
eran retomadas pero no puestas en práctica;
o muchas veces retomadas para favorecer a la
clase política local, como fue el caso de la sindicalización de peones de haciendas quienes
iban a servir como apoyo popular a las bases
del partido en el poder local.
Adolfo Bonilla llega al poder como un
personaje incomodo para la política local. Un
personaje único que seguía los lineamientos
de arreglar todo con violencia. Durante las
elecciones de 1933 para la gubernatura tlaxcalteca, el PST ya tenia como candidato a Moisés Huerta y como el virtual ganador, pero no
se esperaban que para Calles el partido antes
dicho ya no era funcional para su hegemonía
política nacional fue de esta manera que optó
por un personaje “fácil de manejar y controlar” quien apenas sabia leer y escribir y todo
lo arreglaba con balazos y persecuciones.
Bonilla salta al panorama político local como
el principal contendiente del PST abanderado
por el Partido Reconstructor Antirreleccionista
de Tlaxcala (PRAT) brazo político de Calles en
el estado. Para este momento el presidente de
la República Abelardo L. Rodríguez imponía
como gobernador a Bonilla quien quitaba de
en medio a los miembros del PST que huían
fuera del estado al no tener mas bases federales que los sostuvieran en el poder local. Este
último, desde que tomó las riendas del gobierno, en lugar de procurar la preservación de la
paz y la gobernabilidad en la entidad, se lanzó
de manera brutal en contra de sus enemigos
políticos principalmente los profesores quienes
habían sido parte del partido político anterior.
La educación socialista en Tlaxcala no
se puede comprender sin la figura del gobernador Bonilla. Este fue quien impidió la reforma educativa de 1934 en Tlaxcala ya que una
vez que Calles era desterrado por el mismo
Cárdenas se quedó sin sostenimiento federal
y asumió su poder de una manera anárquica
y tan violenta sin precedentes en Tlaxcala. Sin
apoyo federal lo único viable para Bonilla era
imponer un tipo de cerco y alejamiento nacional. Este una vez que tenia el poder local, se
había hecho tanta arrogancia que procuró no
tener relaciones con el presidente nacional
electo y no permitir ninguna de las reformas
impulsadas desde la capital mexicana. Fue de
esa manera que la educación socialista iba a
dejarse de lado por la principal figura política
en el estado de Tlaxcala. De hecho una sola
vez hizo mención de la misma.
Para intentar analizar la educación socialista en Tlaxcala durante la gestión de Bonilla que va de 1934 a 1936 el autor hizo una
división en tres partes, la primera trata la etapa
política, la segunda el magisterio y su papel
durante la gubernatura de Bonilla y la tercera
la oposición social. Las tres están entrelazadas
para comprender los dos primeros años de la
escuela socialista en el estado de Tlaxcala.
Comencemos por intentar analizar el panorama político. Como ya se dijo antes, Bonilla
fue un gobernador que en pocas palabras “encerró a Tlaxcala” a su completa disposición.
Puso a su disposición amigos y estableció un
sistema de compadrazgo en el gobierno local
haciendo caso omiso a las reformas nacionales. Para él lo importante era mantener su poder, aunque Tlaxcala se sumiera en la anarquía
y desolación que fueron determinantes para
que no durara en el poder por mucho tiempo.
Tlaxcala vivía constantemente con balazos,
muertos, violencia y amenazas por parte de
los asesinos a sueldo contratados por Bonilla
que sumió al estado en un campo de guerra
sin cuartel. Otro rasgo que caracterizó la parte
política fue que también controló los sindicatos
y confederaciones nacionales formando inclusive sus propios sindicatos blancos. Su manera de gobernar sobrepasaba en mucho al no
obedecer los lineamientos federales y hacer
caso omiso a las prerrogativas cardenistas. Si
no aplicaba una reforma agraria, mucho menos
iba a alentar la educación socialista en el estado. El miedo a la centralización e intervención
nacional ocasionaron disputas entre Bonilla y
los dirigentes nacionales que muchas veces
terminaron en quejas en manos de Cárdenas.
Bonilla tenía miedo a la centralización porque
suponía que de esa manera iba a perder el
control de los campesinos y obreros tlaxcaltecas. Su manera utópica de ver la política le limitaba a ver que Tlaxcala no podía alejarse de la
vida nacional por más que el intentara dominar
y presionar. De cierta manera un año completo
de su gestión se dedicó a impedir todo lo que
viniera de Cárdenas porque lo consideraba su
enemigo. Para Cárdenas un gobernador como
Bonilla era un impedimento para sus reformas
político-sociales; pero especialmente era un
estorbo para la política de masas que este impulsaba en miras de la transformación del Partido Nacional Revolucionario (PNR) al Partido
de la Revolución Mexicana (PRM) que buscaba deshacerse del modelo callista y hacer del
partido dominante un aparato que integrara
bases populares como campesinos, obreros y
amas de casa.
La lucha sindical y política hizo que Bonilla se relacionara con los hacendados para
hacerse de bases que apoyaran su causa. Estos mismos le ofrecieron su respaldo a cambio
de que no los tocara con la reforma agraria de
Cárdenas. Los hacendados fueron personajes
clave para la oposición de la escuela socialista en el país; pero Tlaxcala tiene una peculiaridad muy importante que hay que destacar.
Los principales hacendados con mayor poder
adquisitivo no residían en la entidad, sus propiedades no habían sido trastocadas y con un
gobierno aliado de los mismos no tenían por
qué preocuparse. La escuela socialista hasta
1935 no había sido seguida ni puesta en práctica por el gobierno local, los hijos e hijas de
los principales hacendados de la entidad rara
vez visitaban las propiedades de sus padres
en Tlaxcala al considerarlo aburrido y estado
de “indios”. Con esto, las propiedades de los
hacendados no fueron tocadas y un punto fundamental para comprender la poca oposición
clerical en Tlaxcala fue por lo antes dicho. Al
no tener peligro de que fueran tocados sus
bienes, la alianza hacendado-iglesia que tanto
se daba en el resto del país para contrarrestar
las políticas federales llegando al caso extremo
de la violencia no se dieron en Tlaxcala. Los
hacendados consideraban “algo innecesario”
aliarse con la iglesia católica local cuando todo
estaba bajo control.
Fue por este motivo, que los ataques
contra profesores y profesoras por el fanatismo religioso se dieron de manera muy irregular
en el estado de Tlaxcala. Si hubo casos muy
peculiares como fue el del municipio de Huamantla, que se consideraba “escondite” de los
curas que eran perseguidos en otros estados.
Este pueblo se caracterizó durante la escuela
socialista por ser el principal opositor religioso, ya que ahí se encontraba la población más
católica del estado de Tlaxcala. Juntos iglesia
local y autoridades municipales impidieron a
toda costa que la famosa escuela socialista
llegara a sus escuelas. De hecho una de las
tres escuelas particulares de ese momento
en Tlaxcala se ubicaba en Huamantla. Nunca
hubo, ataques directos contra los preceptores
sino fueron de manera esporádica y no pasaron más allá del insulto de palabra. Lo anterior
muestra lo tan peculiar que fue la oposición
clerical en Tlaxcala durante la educación socialista.
La segunda etapa de análisis que se propuso fue la del magisterio y su papel social tan
determinante como principal portavoz del nuevo régimen mexicano. El profesor fue el principal propagador del discurso de la nueva clase
dirigente, además de fungir como protagonista
social y luchador agrario. En Tlaxcala durante
la etapa de Bonilla el magisterio se encontraba
en pésimas condiciones laborales y determinados a la recontratación anual.
El magisterio tlaxcalteca había sido hasta
la etapa revolucionaria un agente social pasivo,
no fue hasta que la lucha armada le dio la oportunidad de convertirse en actor social haciendo papeles determinantes como comunicador
y portavoz de los batallones, guías, secretarios
y consejeros de los generales revolucionarios.
Pero una vez que la contienda finalizó su papel
fue olvidado y se quedaron relegados a las postrimerías en el estado. Durante la mayor parte
de la etapa del PST nunca tuvieron vinculación
gremial u organización sindical. Al parecer estaban atrasados con el panorama nacional y la
naciente fuerza magisterial. Durante la gestión
de Bonilla se pensaba que abría la oportunidad de ampliar su panorama social y gremial,
cosa que nunca sucedió así; Bonilla pensaba
que el magisterio tlaxcalteca era “enemigo” al
estar en consonancia con el partido anterior, y
una de sus primeras acciones fue perseguirlos
y mantenerlos al margen de la política magisterial nacional. Nombró como director estatal de
educación a José Águila uno de sus principales amigos y encargado de perseguir a todo
aquel profesor que se opusiera a su política.
Fue también parte del sistema de control magisterial el director federal de educación en el
estado de Tlaxcala Rafael Pérez de León quien
se puso a la total disposición de Bonilla y como
1
Rockwell, Elsie, “Reforma constitucional y controversias
locales: la educación socialista en Tlaxcala 1935-1936”, en
Susana, Quintanilla y Mary Kay, Vaughan, Escuela y sociedad en
el periodo cardenista, FCE, México, 1997, pp. 202.
desarrolladas, se desintegran.
2
Elsie, Rockwell, Hacer escuela, hacer estado. La educación
posrevolucionaria vista desde Tlaxcala, COLMICH-CIESAS y
CINVESTAV sede sur, México, 2007, pp. 213.
principal tarea se le designó controlar al magisterio federal y que estos mismos no tuvieran
comunicación con el magisterio estatal. Casi el
80 % del magisterio en Tlaxcala era estatal, y
solo el 20 % era federal. El magisterio estatal
apenas se empezaba a conformar como gremio: los maestros aún estaban sujetos a la recontratación cada año, a la vigilancia local y a
las decisiones directas del gobernador1. Y eran
las decisiones del gobernador que ocasionaron una disminución considerable de profesores para la época, muchos de ellos optaron por
irse del estado, o dar clases en sus comunidades de origen. Durante la etapa de Bonilla
también se cerraron muchas escuelas de enseñanza elemental y muchos padres de familia
no mandaban a sus hijos e hijas a la escuela por la situación de violencia de la que eran
testigos; además de que la infancia tlaxcalteca
participaba en las actividades productivas del
campo durante el temporal de lluvia. Lo más
trascendente en el rubro educativo por parte
de Bonilla fue la creación de la escuela secundaria del estado de Tlaxcala en 1935.
El magisterio tlaxcalteca no sólo vivía
la persecución y el poco compromiso educativo que se le daba al estado, también su mala
preparación académica, su arraigo hacia sus
comunidades de origen y su preocupación
gremial fueron las premisas exactas para que
la escuela socialista en Tlaxcala quedara totalmente cortada. La principal escuela proveedora de bases magisteriales en Tlaxcala había
sido clausurada en 1934. Quedaba así un hueco significativo en la formación de profesores
para el estado durante los años de auge de la
educación socialista2. La formación magisterial
justo en el momento de la educación socialista
quedaba relegada, de esta manera no había
bases sólidas para enseñar una pedagogía
que era de por sí desconocida y difícil de comprender a nivel nacional mucho más en un estado con la situación de Tlaxcala. Si hubo por
parte de los inspectores educativos cursos de
orientación socialista, estos fueron desconocidos por Bonilla llegando al extremo de amenazar de muerte a los inspectores federales si no
se iban del estado.
Por otro lado, muchos de los profesores y profesoras tenían un arraigo muy peculiar
en sus comunidades. Cuando había un profesor este prefería la escuela de su pueblo, ya
que estaba muy familiarizado con los habitantes del mismo. Esto que sucedía en Tlaxcala
fue como un círculo de una compleja relación
de poderes familiares y de intereses comunes
entre la comunidad de un pueblo o municipio.
De hecho, preferían las escuelas estatales que
las federales, ya que una escuela federal implicaba perder el control y poder sobre el educador que provenía de otro estado. En pocas
palabras, en una escuela tlaxcalteca durante
el cardenismo se enseñaba lo que “el pueblo
dictará” de acuerdo a sus tradiciones comunales e intereses de los grupos de poder que
dominaban ciertas comunidades. Esta peculiar situación se dio principalmente en la zona
centro-sur del estado de Tlaxcala, esta zona es
indígena y seguían persistiendo las políticas de
sus antepasados y una estructura político-religiosa única para ser estudiaba. Podemos decir
que fue parte determinante para que la escuela socialista no adentrara a las comunidades
indígenas tlaxcaltecas.
Otro aspecto interesante es que el
magisterio sobre todo el urbano de ciudades
tlaxcaltecas como Tlaxcala capital, Apizaco,
Santa Ana Chiautempan, Contla y Tlaxco tuvie-
ran mayor preocupación en la parte gremial y
no en tratar de aplicar los lineamientos de la
escuela socialista en el estado. Fue un rasgo
distintivo que caracterizó a Tlaxcala durante
la etapa de Bonilla, la preocupación gremial y
de organización magisterial. El magisterio local anhelaba tener los mismos derechos que
sus compañeros federales pero sin una organización o sindicato que los representara les
iba a ser muy difícil acceder a sus peticiones.
Durante Bonilla fue común ver manifiestos de
interés por la asociación, la mejora salarial,
vacaciones, derecho de jubilación entre otros
más. De esta manera, el magisterio tlaxcalteca
colaboraba en el estado con el rotundo fracaso
en los dos primeros años de vida de la pedagogía socialista.
La oposición social tuvo ciertos matices
muy propios en el estado de Tlaxcala durante
la gubernatura de Adolfo Bonilla. Una de las
causas de oposición no fue la educación socialista y lo que implicaba la misma; o la palabra “socialista” tan discutida para entonces.
Como ya se mencionó la escuela socialista no
tuvo aplicación en las aulas escolares tlaxcaltecas ya se por el magisterio y el panorama político; de esa manera los padres de familia no
se preocuparon por el radicalismo y el anticlericalismo que patrocinaba la misma pedagogía su verdadera preocupación radicaba en la
educación sexual ya tan discutida desde años
atrás. Aunque este tipo de educación al parecer nunca se aplicó en la entidad. Si hizo oposición fue más la preocupación de los padres
de familia de que profesores federales intervinieran en sus escuelas rurales donde mantenían el control del programa escolar y que pudieran federalizar la escuela. La federalización
escolar en Tlaxcala implicaba que se perdiera
el control del gobierno del estado sobre las escuelas y que los padres de familia perdieran lo
que habían ganado después de la Revolución.
La escuela era para ellos un triunfo revolucionario que no iban a dejar perder. Antes de la
lucha armada sólo los que asistían a la escuela
eran los hijos de profesionistas y caciques locales, los hijos e hijas de los indígenas recibían
clases en las parroquias. La escuela era para
el pueblo sobre todo indígena tlaxcalteca una
herencia de la Revolución mexicana.
De 1934 a 1936 la educación socialista
mexicana no hizo presencia alguna en Tlaxcala debido a las circunstancias político-sociales
que rodeaban a la política local lo anterior ocasionó que el estado de Tlaxcala siguiera los lineamientos educativos del siglo XIX y que la
educación posrevolucionaria no tuviera tanta
importancia en el estado lo que conllevó a que
el magisterio tlaxcalteca tuviera confusión en la
hora de aplicar la corriente educativa.
Para investigar la educación socialista
mexicana se debe estudiar de manera regional
debido a la heterogeneidad que domina al país
de esa manera se reconstruye el gran rompecabezas de la historia mexicana.
BIBLIOGRAFÍA PRINCIPAL
Elsie, Rockwell, Hacer escuela, hacer estado. La educación posrevolucionaria vista desde Tlaxcala, COLMICH-CIESAS y
CINVESTAV sede sur, México, 2007.
Ramírez Rancaño, Mario, “Violencia armada en Tlaxcala bajo el gobierno de Adolfo Bonilla”, en Carlos, Martínez Assad (coord.),
Estadistas, caciques y caudillos, UNAM, México, pp. 313-333.
Rockwell, Elsie, “Reforma constitucional y controversias locales: la educación socialista en Tlaxcala 1935-1936”, en Susana,
Quintanilla y Mary Kay Vaughan, Escuela y sociedad en el periodo cardenista, FCE, México, pp. 196-228.
Susana, Quintanilla y Mary Kay Vaughan, Escuela y sociedad en el periodo cardenista, FCE, México, 1997.
Victoria, Lerner, Historia de la Revolución mexicana 1934-1940. La educación socialista, COLMEX, México, 1979.
Contextualización de la mujer
dentro de la sociedad
vándala y bizantina
en las islas Baleares
José Miguel Rosselló Esteve
Resumen: Estudio sobre las mujeres,
sus hábitos cotidianos y su papel en la
sociedad durante la dominación vándala y bizantina en las islas Baleares
(entre los siglos V-IX). Será expuesto
mediante el análisis y comparación de
las fuentes literarias y arqueológicas.
Palabras clave: Islas Baleares, mujer bizantina,
mujer, vándala, Antigüedad tardía,
Abstract: Study on women, their daily habits and
their role in society during the Vandal and Byzantine rule in the Balearic Islands (Among the V-IX
century). It will be discussed through analysis and
comparison of literary and archaeological sources.
1
2
3
4
5
Hidatius Chronicon, 86.
Hidatius Chronicon, 90.
Victor Vitensis Hist. I,13.
Procopio, Bello Vandalico.
Procopio, Bello Vandalico, II, 5-7.
Introducción
El presente estudio pretende analizar las fuentes arqueológicas y literarias para comprender
la situación de la mujer durante la Antigüedad
tardía en las islas Baleares. Para ello previamente es necesario realizar una contextualización histórica que nos acerque a las Baleares
durante la dominación vándala y bizantina de
las islas. A la vez que presentar las fuentes utilizadas para realizar este estudio.
Contexto histórico
Durante el siglo IV y principios del V (Cerdà,
1994 y CAU, 2004) se inicia una recuperación
y transformación del territorio balear, tras la crisis de finales del siglo III. El espacio urbano
pierde importancia a nivel económico, social y
demográfico, frente al espacio rural, como demuestran las excavaciones arqueológicas de
Sa Mesquida (Vallespir et al. 1988 y Marimon et
al. 2005). Se puede observar cómo aumenta la
importancia de las villas frente a las ciudades
igual que sucede en otras partes del Imperio
Romano, como en la Península Ibérica, y los
diversos estudios arqueológicos realizados
sobre la evolución de las urbes (Gómez Fernandez 2003 y Sears 2007, 17-29) y del mundo rural (López y Benito 2002 y Gurt y Navarro
2005) durante la Antigüedad tardía. Todo ello
muestra una ruralización del Imperio. Dicho
proceso llevará a un cambio en el papel de la
mujer en la sociedad respecto al existente en
el Alto Imperio.
A partir de finales del siglo IV es muy probable que tengamos tanto comunidades cristianas como judías plenamente formadas (Amengual I Batle 2008). Además, en el caso de las
Baleares, podemos observar cómo los obispos
reciben el nombre de la isla en lugar del de la
ciudad, apoyando la hipótesis de la pérdida de
importancia de las ciudades (Amengual I Batle
1991, 324). El asentamiento de estas religiones
conllevará la aparición de nuevos planteamientos sobre el papel de la mujer en la sociedad.
Las Baleares en el año 425 tienen un primer contacto violento con los vándalos al ser
saqueadas por estos1. En el año 429 los vándalos abandonaron la península Ibérica para
pasar a África2. Conquistaron todo el norte de
África hasta capturar Cartago en el año 439 y
desde el año 440 lanzaron expediciones de saqueo a Córcega, Cerdeña y Sicilia, produciéndose enfrentamientos con el Imperio Romano
que llevarían, más adelante, a que las Baleares se incorporaran al reino vándalo a partir
del año 455 tras al saqueo de Roma por parte de estos3. Con la llegada de los vándalos,
que profesaban el arrianismo, la situación de
la sociedad de las islas debió cambiar, como
sucedió en el norte de África, sobre todo a partir del reinado de Hunerico (477-484), cuando
se inició una persecución contra los católicos
(Courtois 1955, 289-310).
En el año 534 el dominio vándalo de las
Baleares llegó a su fin cuando su reino fue conquistado por el Imperio Bizantino. Esta conquista se enmarca dentro de la idea de Justiniano
I (527-565) de recuperatio imperii, intentando
recuperar los territorios perdidos por el Imperio Romano. Por ese motivo se llevó a término
la Guerra vándala (533-534)4. Belisario, el general al mando del ejército bizantino, una vez
conquistada Cartago, capital del reino vándalo, envió a Apolinar para que conquistara las
Baleares y se hiciera cargo de ellas como recompensa por sus servicios5. Desde este mo-
mento y hasta una fecha incierta, las Baleares
pasan a formar parte del orbe bizantino como
demuestran tanto las fuentes, especialmente
las arqueológicas (Palol 1967, Vilella Masana
1988, Orfila et al. 2000, Ulbert y Orfila 2002,
Nadal Cañellas 2006, Riera 2010 y Riera et al.
2010), como las escritas (González Fernández
1995). A partir del 703 se iniciaron las razzias
musulmanas sobre las islas Baleares. Durante
el siglo VIII y el IX las islas aún se mantuvieron bajo control bizantino, como demuestran
las evidencias arqueológicas de unas bulas de
plomo bizantinas encontradas en el castillo de
Santueri (Nadal Cañellas 2006), hasta que finalmente, en el 903, las islas se incorporaron
plenamente al mundo musulmán tras ser conquistadas.
Fuentes Arqueológicas y literarias
En las islas de Mallorca y Menorca desde principios del siglo XIX se han identificado un elevado número de basílicas paleocristianas. Estas basílicas fueron construidas en el siglo V y
permanecieron en uso hasta el siglo VIII o IX.
A mediados del siglo XX, el descubrimiento de
tres basílicas en Menorca en un espacio muy
reducido de tiempo, propició que se iniciaran
estudios más precisos sobre las basílicas menorquinas (Palol 1967, Serra 1967). Estos estudios han continuado de manera intermitente en la mayoría de basílicas en las décadas
finales del siglo XX (Orfila y TUSET 1988). Al
finalizar el siglo se llevó a cabo una obra muy
completa sobre las basílicas realizada por Godoy Fernández que recopilaba toda la información hasta la fecha (GODOY FERNÁNDEZ
1995). Cabe destacar que existe una basílica
que no se encontraba en esta obra debido a
que todavía no había sido excavada. Esta última basílica que apareció es la de Son Fadrinet
(Campos, Mallorca) (ULBERT y ORFILA 2002).
En la actualidad sólo se realizan excavaciones
periódicas en la basílica de Son Peretó (RIERA
et al. 2010). Se debe destacar que todas las
basílicas de las Baleares encontramos enterramientos relacionados, en su mayoría individuales.
Con la llegada de los vándalos y posteriormente los bizantinos a las islas se aceleró el
proceso de transformación y evolución iniciado en el siglo IV. Durante este periodo, el foro
de Pollentia se transformaría en una necrópolis
donde se han hallado una gran cantidad de enterramientos de todas las edades y de ambos
sexos (ARRIBAS y TARRADELL 1987, ORFILA
et al. 1999 y ORFILA 2000).
Tenemos pocas fuentes literarias referentes a las Baleares en este período, destacando las siguientes: La carta de Liciniano a
Vicentium, datada a finales del siglo VI, que
es la respuesta de Liciniano, obispo de Carthago Spartaria, a Vicentium, obispo de Ibiza.
En ella Liciniano reprende duramente al obispo
de Ibiza por motivos teológicos. En dicha carta se puede observar cierto comentario sobre
las mujeres y su lugar en la sociedad que más
adelante analizaremos. Otra fuente literaria importante para conocer esta etapa de la historia
de las islas Baleares es la Crónica de Hidatius,
gracias a la cual podemos conocer en qué fechas llegaron los vándalos a las Baleares. No
debemos olvidar la Historia de Victor Vitensis
que, aunque no mencionen las islas Baleares,
nos acerca a la situación en que se encontraba
el norte de África bajo la dominación vándala,
teniendo siempre en cuenta las exageraciones
que encontramos en su obra (ÁLVAREZ 2008,
6
Victor Vitensis, Historia persecutionis africanae provinciae.
I,49.
7
Liciniano, Epistula ad Vicentium, III,2,8-13.
Victor Vitensis Historia persecutionis africanae provinciae.
II,8.
116). Destacar también la obra de Procopio
para conocer el enfrentamiento entre vándalos
y bizantinos que propició la llegada de estos
a las Baleares. Por último, la carta Circular de
Seuerus que fue escrita en el año 418 por el
obispo Seuerus de Menorca. A pesar de no estar enmarcada en nuestro ámbito de estudio, si
nos ofrece una visión cercana de la sociedad
balear y de la mujer en dicho período.
En las fuentes literarias de los siglos V al
VII podemos observar como las mujeres siempre son vistas como un ser débil y con poca
capacidad de raciocinio. Los adjetivos más utilizados en los textos jurídicos, en las crónicas e
historias para describir o relacionarlos con las
mujeres son infirmitas, imbecillitas y fragillitas
(BEAUCAMP 1976, 11). También podemos observar el uso de estos adjetivos en los textos
teológicos (MARCOS 1987). Vemos como estas supuestas debilidades son vistas como inherentes a su naturaleza femenina que las hace
inferiores a los hombres6. Las pocas veces en
que las mujeres aparecen en las fuentes realizando actos que van en contra de estas debilidades naturales no es por su propia entereza
o fuerza de voluntad, sino que es por voluntad
divina que les da fuerzas para sobreponerse a
ellas y actuar de esa manera.
Las mujeres y la vida cotidiana entre el siglo V y VII
Gracias a los estudios antropológicos realizados a los individuos de la necrópolis de Pollentia (GARCÍA y SUBIRÀ 2002, CARDONA 2009)
se ha obtenido gran cantidad de información
valiosa para conocer mejor la sociedad balear
en dicho periodo, que nos acerca mejor al día
a día y a la vida cotidiana de las mujeres. Mediante estos datos sobre las mujeres podemos
conocer el lugar que ocupan dentro de la sociedad.
La alimentación de la sociedad tardoantigua balear según el análisis de los individuos
enterrados en la necrópolis del foro de Pollentia
se basaba principalmente en aportes de plantas verdes con una cantidad menor de productos cárnicos. En las mujeres se puede observar
un consumo menor de productos cárnicos y un
mayor aporte alimenticio de los vegetales, esta
diferencia se da normalmente entre hombres
y mujeres (GARCÍA y SUBIRÀ 2002). Es interesante destacar que el aporte cárnico en la
dieta de los habitantes de Pollentia no tendría
su origen en productos marítimos.
Los trabajos de Cardona (CARDONA
2009) se basan en los estudios antropológicos
realizados sobre 67 individuos, 26 varones y 27
mujeres, juntamente con 15 individuos de sexo
indeterminado. El análisis de los restos óseos
realizado por Cardona sobre los individuos demuestra que los de sexo masculino tienen una
gran robustez y una fuerte musculatura posiblemente debido a una gran actividad física
mientras que en los de sexo femenino estas
características no suelen aparecer tan marcadas, demostrando una menor carga de trabajo
físico (CARDONA 2009).
Estos datos referentes al esfuerzo físico, parecen tener relación con el comentario
de Liciniano en su carta a Vicentium de Ibiza:
Meliusque erat viro hortum facere, iter agere,
mulieri colum tenere...7 (Mejor sería al varón
distraerse en su huerto y caminar, y a la mujer cuidar la casa [...]). Podemos ver como las
fuentes tanto arqueológicas como las literarias
coinciden al relacionar a las mujeres con el tra-
8
Seuerus Minoricensis Epistula, 24, 2.
bajo relacionado al ámbito doméstico y a los
hombres con el trabajo en el campo de mayor
carga física.
La esperanza de vida de las mujeres durante la Antigüedad tardía era un poco menor a
la de los hombres, esto es debido a los riesgos
que entraña el parto para las mujeres, produciéndose en el periodo reproductivo la menor
esperanza de vida (CARDONA 2009). Este
dato es igual en muchas de las sociedades
preindustriales donde la posibilidad de fallecer
durante el embarazo o el parto es una de las
causas de muerte más comunes en las mujeres. Otra prueba que confirma el parto como
causa de la muerte de muchas mujeres es que
de las inscripciones funerarias de las mujeres
tardoantiguas de Hispania el 40% de ellas son
de mujeres de entre 20 y 25 años de edad (GALLEGO FRANCO 2007, 87).
Podemos observar la relación entre la
maternidad y la muerte en los enterramientos
hallados en las basílicas paleocristianas. En
tres casos documentados se tienen muestras
de cómo una mujer ha sido enterrada juntamente con individuos infantiles (ORFILA y TUSET 1988, NAVARRO 1988 y RIERA 2009), que
podrían ser sus hijos, representando la unión
maternofilial tanto en la vida como en la muerte. Hay que contar que este tipo de enterramientos es la única variante dentro de los enterramientos individuales paleocristianos de las
Baleares. No debemos olvidar que el papel de
las mujeres como madres es tradicionalmente
el más importante en la mayoría de sociedades, incluso dentro del cristianismo, la mujer
más importante es la virgen María y lo es por
su figura como la madre de Dios.
Uno de estos enterramientos dobles de
individuos de sexo femenino e individuos infan-
tiles es el perteneciente a Baleria. Observando
su impresionante lauda sepulcral podemos ver
como Baleria pertenecía con toda seguridad a
la élite de la sociedad Balear, siendo un miembro importante de esta. A pesar de ello, no conocemos, ni tenemos indicios de que alguna
mujer ocupara cargos civiles o eclesiásticos
durante los siglos V al VII, ni en el reino vándalo, ni en el Imperio bizantino.
Los pocos enterramientos relacionados
con la Antigüedad tardía que han aparecido
con ajuar funerario en las Baleares suelen pertenecer a mujeres. En el yacimiento de Son
Peretó han aparecido pendientes en el enterramiento 2006-5 y una aguja de coser de bronce
en el enterramiento 2006-3 (RIERA 2009). Una
aguja de bronce es un elemento que posiblemente nos vuelve a llevar al espacio doméstico, aunque ella en si sola no sea conclusiva,
donde la mujer generalmente se dedicaría a
tareas como coser u otras actividades domésticas mientras el hombre se encontraría en el
exterior de la casa realizando tareas agrícolas.
Para finalizar, es muy poco lo que conocemos sobre las mujeres vándalas. Gracias a
la obra de Victor Vitensis sabemos que existían
diferencias visibles entre la forma de vestir entre las mujeres vándalas y las que no lo eran8,
dato confirmado también por las fuentes arqueológicas mediante el estudio de las fíbulas
norte africanas (EGER 2006). Podemos intuir,
por tanto, que los diversos grupos que conformaban la sociedad tardoantigua utilizaban un
atavío diferente.
Conclusiones
Podemos concluir que durante la dominación
vándala y bizantina las mujeres se encontraban
bajo el dominio de una sociedad patriarcal que
las mantenía adscritas al ámbito doméstico,
encargadas de las labores del hogar, sin descartar que en momentos puntuales de las labores agrícolas colaboraran en estas. Esta acotación de la mujer a dicho espacio se demuestra
tanto en las fuentes arqueológicas como en las
literarias. La mujer debía estar al cargo de las
tareas domésticas y del cuidado de los hijos e
hijas. Este hecho lo indican tanto los estudios
antropológicos de los individuos de la necrópolis de Pollentia (CARDONA 2009), donde se
constata que realizan una cantidad menor de
esfuerzo físico, como en el comentario de Liciniano referente a las actividades a las que deben dedicarse las mujeres. Este análisis no se
había planteado con anterioridad, a pesar de
haberse estudiado ambas fuentes por separado. Se puede señalar, por tanto, que en este
estudio es la primera vez que se han unido las
fuentes para acercarnos la vida cotidiana de
la mujer en las Baleares durante la Antigüedad
tardía.
Íntimamente relacionado con el punto anterior podemos destacar la figura de la mujer
como madre y la relación con sus descendientes. Esta relación, de hecho, es muchas veces
la única manera de poder influir en los niveles
más altos de la sociedad tardoantigua. Además, para las religiones coetáneas es el papel
más importante que deben tomar las mujeres
dentro de la sociedad. Se puede observar que
una de las pocas variaciones en los enterramientos individuales tardoantiguos son los enterramientos múltiples en los que aparece un
individuo femenino con uno infantil (ORFILA y
TUSET 1988, NAVARRO 1988 y RIERA 2009).
Por otra parte, se confirma como se utilizan las mismas fórmulas para designar a la
mujer en las Baleares que en otros lugares
del Mediterráneo. La infirmitas es utilizada por
Seuerus en la Circular para describir la actitud
de las mujeres . Ello nos permite pensar que
las particularidades vistas en las islas Baleares
pueden extenderse al Mediterráneo.
Finalmente gracias a este trabajo conocemos mejor el papel de las mujeres entre los
siglos VI y VIII, y como vivían. A la vez, nos hemos acercado a la sociedad de las Baleares en
dicho periodo obteniendo una mejor perspectiva sobre su situación a través del estudio de
las mujeres, así como el resaltar la importancia
de interrelacionar las fuentes arqueológicas y
literarias para tener una perspectiva más amplia desde la que analizar la situación.
Bibliograía
David Álvarez, "Vándalos y Vandalismo", en Revista de Historiograía, 8 (2008), pp. 112-122.
Josep Amengual i Batle, Els orígens del crisianisme a les Balears i el seu desenvolupament ins a l`època musulmana, Editorial Moll, Palma de Mallorca, 1991.
Josep Amengual i Batle, Judíos, católicos y herejes: el microcosmos balear y tarraconense de Seuerus de Menorca, Consenius y Orosius (413-421), Universitat Illes
Balears, Palma de Mallorca, 2008.
Antonio Arribas y Miguel Tarradell, "El foro de Pollenia. Noicia de las primeras invesigaciones", en A.A.V.V., Los foros romanos de las Provincias Occidentales,
Ministerio de Cultura – Gobierno de España, Madrid, 1987, pp. 121-136.
Joëlle Beaucamp, Le statut de la femme à Byzance (4-7 siècle). I. Le droit imperial, De Boccard, París, 1976.
Francisca Cardona López, "Resultados del estudio antropológico de la necrópolis del foro de Pollenia (Alcudia, Mallorca). Campañas 2004-2008", en Cuadernos
de Prehistoria y Arqueología, 19 (2009), pp. 429-447.
Miguel Ángel Cau Oniveros, "La ciutat romana de Palma: hipòtesis sobre el seu traçat urbà i restes arqueològiques", en Margarita Orila Pons y Miguel Ángel Cau
Oniveros (coord.), Les ciutats romanes del llevant peninsular i les Illes Balears, Pòric, Barcelona, 2004, pp. 191-237.
Chrisian Courtois, Les Vandales et l'Afrique, Gouvernement Général de l’Algerie – Service des Aniquités, París, 1955.
Christoph Eger, "Existait-il des accessoires vesimentaires proprement vandales?", en L'Africa romana, 16 (2006), pp. 899-910.
Henar Gallego Franco, Mujeres en Hispania Tardoanigua: Las fuentes epigráicas (Siglos V-VII d.c.), Universidad de Valladolid, Valladolid, 2007.
E. García y María Eulalia Subirà, "La población de Can Reinés (600 d.C.) a parir del análisis de elementos traza", en Mª Pilar Aluja, Asunción Malgosa y Ramón Mª
Nogués (eds.), Antropología y Biodiversidad. Actas del XII Congreso de la Sociedad Española de Antoropología Biológica, Vol. 1, Bellaterra, Barcelona, 2002, pp.
176-184.
Crisina Godoy Fernández, Arqueología y liturgia. Iglesias hispánicas (siglos IV al VIII), Universitat de Barcelona, Barcelona, 1995.
Francisco José Gómez Fernández, "Augusta Emerita en el transcurso del siglo V. morfología y vitalidad urbana", en Hispania Aniqua, 27 (2003), pp. 263-279.
Rafael González Fernández, "Cultura e ideología del siglo VI en las cartas de Liciniano de Cartagena", en Anigüedad y Crisianismo, 12 (1995), pp. 279-374.
José Mª Gurt y Rosario Navarro, "Les transformacions en els assentaments i en el territori durant l'aniguitat tardana", en Cota Zero, 20 (2005), pp. 87-98.
Jorge López Quiroga y Laura Benito Díez, "Entre la villa y la ‘aldea’: arqueología del hábitat rural en Hispania (siglos V-VI)", en Zona Arqueológica, 11 (2002), pp.
273-309.
Mª del Mar Marcos Sánchez, "Mulier Sancta et uenerabilis, mulier ancilla diaboli, en la correspondencia de San Jeronimo", en Studia historica. Historia anigua,
4-5 (1986-1987), pp. 235-244.
Mª del Mar Marcos Sánchez, "Ortodossia ed eresia nel crisianesimo ispano del IV secolo: il caso delle donne", en Studia Ephemeridis Augusinia num, 46 (1994),
pp. 417-435.
Pau Marimon, Mateu Riera, Margarita Orila Pons y Miguel Ángel Cau Oniveros, "Ánforas de la Anigüedad tardía de la cisterna de Sa Mesquida (Calvià,
Mallorca)" Mª Luisa Sánchez y Mª Barceló (coords.), L’Aniguitat clásica i la seva pervivència a les illes Balears. XIII Jornades d’estudis Històrics Locals, Insitu
d’Estudis Balears, Palma de Mallorca, 2005, pp. 409-421,
Juan Nadal Cañellas, "Las bulas de plomo bizaninas del Casillo de Santueri", en Bolleí de la Societat Arqueològica Lul•liana, 62 (2006), pp. 325-340.
Rosario Navarro Sáez, "Necrópolis y formas de enterramiento de época crisiana en las Baleares. El mundo funerario", en Pere de Palol (ed.), Les Illes Balears en
temps Crisians ins als Àrabs, I. M. E., Maó, 1988, pp. 25-40.
Margarita Orila Pons y Francesc Tuset, "La basílica crisiana de Son Bou", en Pere de Palol (ed.), Les Illes Balears en temps Crisians ins als Àrabs, I. M. E., Maó,
1988, pp. 21-24.
Margarita Orila Pons, Antonio Arribas y Miguel Ángel Cau Oniveros, "El foro romano de Pollenia", en Archivo Español de Arqueología, 72 (1999), pp. 99-118.
Margarita Orila Pons, Mateu Riera, Miguel Ángel Cau Oniveros y Antonio Arribas, "Aproximación a la topograía urbana tardía de Pollenia (Mallorca):
Construcciones Defensivas", en AA. VV., V Reunió d'Arqueologia Crisiana Hispànica: Cartagena, 16-19 d’abril de 1998, Insitut d’Estudis Catalans, 2000, pp. 229235.
Pere de Palol, Arqueologia crisiana de la España Romana, siglos IV-VI, Consejo Superior de Invesigaciones Cieníicas, Valladolid, 1967.
Magdalena Riera i Frau, Evolució urbana i topográica de Madina Mayûrqa, Quaderns de la Gerencia d’Urbanisme, Palma de Mallorca, 1993.
Mateu Riera Rullan, "Enterramientos de la anigüedad tardía en las islas de Cabrera y Mallorca", en Jorge López Quiroga y Artemio Manuel Marínez Tejera
(coords.), Morir en el Mediterráneo Medieval, John and Erica Hedges, Madrid, 2009, pp. 99-151.
Mateu Riera, Margarita Orila Pons y Miguel Ángel Cau Oniveros, "Els úlims segles de Pollenia", en Bolleí de la Societat Arqueològica Lul•liana, 55 (1999), pp.
335-346.
Mateu Riera, Miguel Ángel Cau Oniveros, Silvia Alcaide, M. Sales y M. Munar, "Son Peretó (Mallorca, Baleares)", en Zona Arqueológica, 11 (2010), pp. 597-599.
Guillermo Rosselló Bordoy, "Nueva luz sobre los siglos oscuros de Baleares y Piiusas”, en Bolleí de la Societat Arqueològica Lul•liana, 62 (2006), pp. 307-324.
Ludwig Schmidt, Geschichte der Wandalen, C. H. Beck, München, 1942.
Gareth Sears, Late Roman African Urbanism, Oxbow Books, Oxford, 2007.
Mª Luisa Serra, "La basílica crisiana de la Isla del Rey (Mahón)", en Boleín de la Insitución Sancho de Victoria, 10 (1967), pp. 27-42.
Thilo Ulbert y Margarita Orila Pons, "Die frühchristliche Anlge von Son Fadrinet (Campos, Mallorca)", en Madrider Miteilungen, 43 (2002), pp. 239-275.
A. Vallespir, José Mª Prohens, Margarita Orila Pons y J. Merino, "Yacimientos Arqueológicos de Santa Ponça (Calvia)", en Mayurqa, 21 (1987), pp. 1-30.
J. Vilella, "Relacions comercials de les Balears des del Baix Imperi ins als Àrabs", en Pere de Palol (ed.), Les Illes Balears en temps Crisians ins als Àrabs, I. M. E.,
Maó, 1988, pp. 51-58.
Las joyas de las coronas ibéricas.
Nueva España y Brasil, 1789-1808
Carlos Emerson Rivas Cabezas
Resumen: Los años finales del siglo XVIII e iniciales del XIX se han caracterizado por ser períodos de movimientos diplomáticos, levantiscos y de conflictos a lo largo del Nuevo Mundo
y, entre los principales territorios imperiales que controlaban Iberoamérica contra las demás
potencias europeas; no obstante, a finales del siglo XVIII se observa con mayor claridad este
tipo de descontentos y crisis, tanto en las colonias iberoamericanas como en sus respectivas
metrópolis. Sin embargo, es necesario plantearse ¿qué sucedió en Brasil y Nueva España
entre 1789 y 1808 que no permitió una independencia temprana al igual que el resto de Iberoamérica? Al respecto, en este ensayo se intentará dilucidar algunos aspectos diferenciales
y semejantes entre estas dos colonias que permitan identificar ciertos elementos causales de
validez general y así comprender cómo estos espacios experimentaron los procesos pre independentistas del momento. Para tal ejercicio, recurriré al método de comparación histórica, el
cual “(…) se caracteriza por examinar sistemáticamente, a partir del planteamiento de preguntas directrices, las semejanzas y diferencias de dos o más fenómenos históricos”,1 buscando
generar ciertas reflexiones y llenar algunos vacíos que los estudios estructurales han dejado.
Palabras claves: Historia moderna, Brasil, Nueva
España, comparación histórica.
Introducción
1
KOCKA, Jürgen. “La comparación histórica.”
En: Enciclopedia delle scienze social. Roma, 1998. p. 43.
2
K. LISS, Peggy. En: Los imperios transatlánticos,
Las redes del comercio y de las revoluciones de
Independencia. Fondo de Cultura Económica, México
D.F., 1995. p. 236.
3
BETHELL, Leslie (ed.). “La España de los
Borbones y su imperio americano”. En: Historia de
América Latina. Tomo 2. Crítica, Barcelona, 1998. pp.
122-123.
4
K. LISS, Peggy. Op Cit. pp. 235-301.
5
BETHELL, Leslie (Ed.). Op Cit. pp. 150-182.
48
Distintos trabajos historiográficos coinciden en
que, el siglo XVIII y principios del XIX se han
caracterizado por ser períodos de movimientos diplomáticos, levantiscos y de conflictos
a lo largo del Nuevo Mundo y entre los principales territorios imperiales que controlaban
Iberoamérica contra las demás potencias europeas, no obstante, a finales del siglo XVIII es
que se observan con mayor agudización este
tipo de descontentos y crisis, tanto en las colonias iberoamericanas, como en sus respectivas metrópolis. Según Peggy Liss, entre 1789
y 1797 se adelantaban en España intensos debates sobre una política que lograra el desarrollo del comercio español y su América, no
obstante, en la realidad, España aparecía más
como un centro de intercambio comercial de
productos de otros territorios con las Indias, sin
dejar un mayor provecho para la metrópoli. Imbuidos por las ideas liberales, los principales
ministros del gobierno español emprendieron
unas medidas para lograr “la unidad e igualdad de España y las Indias.”2 Así, algunas modificaciones al sistema económico surgidas de
las reformas borbónicas tuvieron que hacerse;
en el plano económico se destacó la implementación del “libre comercio” y una mayor
extracción de metálico de América a favor de
la metrópoli; después de 1792 y 1796 se implementarán nuevas medidas e instituciones, y debido a los conflictos intraimperiales, una mayor
defensa de las colonias, tanto de amenazas internas como externas, sobre todo de las ideas
difundidas por las revoluciones en América y
Europa. Las consecuencias de estos fenómenos entre 1797 y 1808 van a mostrar, primero,
una diplomacia pendular de parte de España,
incapaz de garantizar una estabilidad política
y económica para sostener sus colonias3 -aunque esto se venía gestando de tiempo atrás-;
segundo, una mayor desconexión entre la metrópoli y los territorios americanos en 1805 y,
tercero, un vacío monárquico con la abdicación y encarcelamiento de los reyes por Napoleón en 1808, escenario propicio para la emancipación de los americanos.4 Por otra parte, en
Portugal la situación va tomar otro rumbo; el
imperio portugués había emprendido, al igual
que los españoles, unas reformas a su sistema
imperial y colonial que, a finales del siglo XVIII,
buscaban equiparar su situación imperial con
la de las otras grandes potencias del momento,
tanto económica como intelectualmente; sus
principales políticas estuvieron dirigidas a la
reorganización político-administrativa y económica de su principal colonia, Brasil, así como a
una reorganización imperial basada en los preceptos del ideario liberal del momento; en esta
medida, surgieron nuevas instituciones, mayor
control al flujo comercial y políticas encaminadas a extraer más fisco a favor de la metrópoli,
mostrando a un Portugal, menos dependiente
de Gran Bretaña y con mayor control del comercio directo con sus colonias, mejorando en
cierta forma su estado económico, aunque, al
final del siglo XVIII Portugal dependía por completo de Brasil.5 Sin embargo, el gobierno portugués, ajeno a los conflictos bélicos de finales
del siglo XVIII, en 1807, va a verse amenazado
por Napoleón y sus campañas conquistadoras, una vez se celebró el Tratado de Fontainebleau, donde Francia y España se repartían
los territorios portugueses, precipitando la huida de la Corte hacia Brasil, estableciéndose y
convirtiendo a Río de Janeiro en la capital imperial con todo un cuerpo diplomático y una
6
ARBOLEDA R., Gustavo. “Aspiraciones a la
emancipación.” En: El Brasil: A través de su historia.
Arboleda y Valencia Editores, Bogotá, 1914. pp. 33-45.
7
LYNCH, Jhon. “Las raíces coloniales de la
Independencia latinoamericana.” En: América Latina,
entre Colonia y Nación. Crítica, Barcelona, 2001. p. 117.
8
PÉREZ BRIGNOLI, Héctor. En: Breve historia de
Centroamérica. Alianza América, Madrid, 1988. p. 67.
9
IGLESIAS, Francisco. En: Historia política de
Brasil: 1500-1964. Editorial Mapfre España, 1992. p. 83
10
LUCENA SALMORAL, Manuel y otros. “La
Independencia.” En: Historia de Iberoamérica. Tomo III.
Cátedra, Barcelona, 1988. pp. 23-47.
11
KOCKA, Jürgen. Op. Cit. p. 43.
49
unidad central en 1808.6 Así encontramos que,
la invasión napoleónica de España y Portugal
de 1807 a 1808, acabó con la unidad del mundo ibérico dispersando a sus soberanos,7 encontrándose una península sin monarcas. De
igual forma, en cuanto al contexto americano,
se puede decir que “la recuperación económica, el cambio social y la transformación política
fueron la tónica del siglo XVIII”,8 por otro lado,
en Brasil, como en el resto de América, este
mismo siglo va a mostrar una constante, “(…)
la colonia existe para producir para la metrópoli”.9 Sin embargo, sumado al crecimiento de
la población y a la economía, según Manuel
Lucena Salmoral, también los descontentos se
acrecentaron con las políticas metropolitanas,
así como también, debido a las ideas liberales provenientes de Europa y Norteamérica,
se incubaron unos ideales proclives a la crítica
del sistema imperial-monárquico, a los levantamientos, y en últimas, al cuestionamiento de la
situación colonial10 y, en los primeros años del
siglo XIX, como ya se advirtió, van a darse diferentes gestas que van a ser el telón de fondo
de las futuras guerras de independencia, aunque no sus causales directas.
Sin embargo, como en todo proceso histórico existen matices y este no es la excepción; mientras lo ocurrido entre 1789 a 1808
va a generar unos acontecimientos que se
pueden relacionar con los procesos de independencia en las distintas colonias iberoamericanas en 1810, Brasil y Nueva España -y en
cierta forma Perú- van a tener que esperar
hasta la década siguiente para comenzar sus
independencias definitivas; es por esta razón,
teniendo en cuenta el período de tiempo suscitado como el de mayor agitación previa a las
independencias, que debemos preguntarnos,
¿qué sucedió en Brasil y Nueva España entre
1789 y 1808 que no permitió una independencia temprana al igual que el resto de Iberoamérica?. Al respecto, en este ensayo se intentará
dilucidar algunos aspectos diferenciales y semejantes entre estas dos colonias que permitan identificar ciertos elementos causales de
validez general y así comprender cómo estos
espacios experimentaron los procesos pre independentistas del momento; principalmente,
se observarán algunos aspectos que atañen
al componente económico -tipo de economía,
sectores productivos, etc.- y de la sociedad
-estructura social, demografía, tensiones sociales, etc.-, y estos, a su vez, aterrizarlos en
ciertas coyunturas y aspectos de la mentalidad
política e intelectual con el propósito de darle
mayor amplitud a la propuesta de investigación
histórica ya expuesta líneas atrás. Para tal ejercicio, recurriré al método de comparación histórica, el cual “(…) se caracteriza por examinar
sistemáticamente, a partir del planteamiento de
preguntas directrices, las semejanzas y diferencias de dos o más fenómenos históricos”,11
buscando generar ciertas reflexiones y llenar
algunos vacíos que los estudios estructurales
han dejado.
Brasil y Nueva España: Estructuras económicosociales, demografía y política
Ya a finales del siglo XVIII, Brasil se mostraba
como una de las colonias más prósperas de
Iberoamérica; en primer lugar, después de la
Revolución haitiana, la producción azucarera
del nordeste va a generar a Brasil los mayores
rubros económicos; este producto dio mayor
peso en la sociedad a la unidad económica
brasileña por excelencia, la plantación, la cual,
12
PIQUERAS, José (Comp.). “Introducción”. En:
Azúcar y esclavitud en el inal del trabajo forzado. Fondo
de Cultura Económica, Madrid, 2002. p. 12.
13
KONETZKE, Richard. En: Historia Universal.
Vol. 22. Siglo XXI Editores, México D.F., 1976. p. 301
14
IGLESIAS, Francisco. Op Cit. pp. 95-99.
15
LOCKHART, James y B. SCHWARTZ, Stuart.
“Brasil en la Edad de Oro del Absolutismo.” En: América
Latina en la Edad Moderna. Una historia de la América
Española y el Brasil coloniales. AKAL Ediciones, Madrid,
1992. pp. 341-342.
16
KONETZKE, Richard. Op Cit. p. 269-288
17
LOCKHART, James y B. SCHWARTZ, Stuart.
Op Cit. pp. 369-371.
18
Ibíd. p. 370.
19
MURGUEITIO MANRIQUE, Carlos Alberto.
“La Revolución negra en Saint-Domingue y sus efectos en
la guerra racial de las Antillas y Tierra Firme, 1789-1797.”
En: Historia y Espacio, No. 33, Julio-Diciembre, 2009.
Facultad de Humanidades, Departamento de Historia.
pp. 185-193.
50
según José Piqueras “(…) era una unidad productiva que se caracterizaba por la especialización en un artículo y su eventual procesamiento, (…) precisaba el empleo de capitales
y el aprovechamiento intensivo de la fuerza de
trabajo cautiva”;12 así el trinomio monocultivo,
latifundio y esclavitud, se reforzaba en este período; en segundo lugar, estaba la ganadería
y la agricultura, que van a estar muy ligados a
la producción azucarera y minera; esta se va a
dar en el sur y en el interior del nordeste brasileño, no obstante, la ganadería va a ocupar
un papel secundario en la economía de Brasil;13 en tercer lugar, la minería, si bien no tenía
la importancia de principios de siglo y, por el
contrario va a estar en crisis, va a ser importante en la medida que va a permitir el desarrollo de otros sectores productivos, en especial
agrícola y ganadero; en cuarto lugar, el sector
comercial va a experimentar un crecimiento importante gracias a los cambios económicos y
poblacionales a finales del XVIII, además del
aprovechamiento de las instituciones creadas,
el comercio ocupaba un renglón primario en la
economía de Brasil; finalmente, el sector con
menos desarrollo era el industrial, el cual estaba más orientado a la labor artesanal urbana,
aunque sólo abastecía un pequeño mercado
local.14 En definitiva, si bien algunas reformas
fueron importantes para el crecimiento económico de Brasil, al parecer para este período
este despegue se hacía paulatinamente y, a
diferencia de las reformas españolas, la consonancia entre las reformas portuguesas y el
crecimiento económico brasileño no están tan
ligados para este período.15 Este crecimiento
económico va a estar relacionado con un crecimiento demográfico que, a su vez, van a configurar un tipo de sociedad brasileña donde
existía una distancia grande entre los grupos
dominantes y los demás estratos sociales, además, las tensiones raciales, si bien existían, no
van a ser tan pronunciadas como en otros contextos iberoamericanos.
En Brasil, en un primer momento, la jerarquía social no va a variar mucho luego de la llegada de la Corte, sólo según las regiones existían unos grupos dominantes; así, dominaban
el gobierno local y un control rural los plantadores, hacenderos o explotadores mineros -este
sector fue por mucho tiempo el más vigilado
y controlado por los portugueses-,16 completaban el cuadro los comerciantes, quienes en su
mayoría eran extranjeros y llegaron a ocupar
cargos importantes y a escalar socialmente,
gracias a las alianzas matrimoniales establecidas con la aristocracia terrateniente, proceso
también experimentado en Nueva España; en
el mismo renglón social se encontraban jueces reales, militares de carrera y eclesiásticos,
constituyendo todos estos grupos la élite brasileña, ya que la participación entre brasileños y
portugueses era compartida. En un sector medio estaban artesanos, funcionarios, tenderos
y otros compuestos por distintas razas. En el
fondo de la estructura social se encontraban
los negros libres y esclavos, así como mulatos,
pardos y una minoría indígena, quienes, excepto los últimos, van a ocupar mayoritariamente
los cargos de artesanos urbanos y los puestos
inferiores, y a veces medios, de la milicia, sin
embargo, van a ser los más oprimidos de la sociedad.17 Así, la sociedad brasileña va a mostrar una distribución de la composición racial
muy característica; “por lo que la polarización
se daba entre blancos y negros, quedando los
indios al margen”,18 siendo similar a la población haitiana en cuanto a la distribución racial19
20
VON GRAFENSTEIN, Johanna. “El proceso
de Independencia haitiano: 1789-1804.” En: GALEANA,
Patricia (Coord.). Historia comparada de las Américas.
Sus procesos de independentistas. Siglo XXI Editores,
México D.F., 2010. p. 93.
21
VILLORO, Luis. “La revolución de
Independencia.” En: Historia General de México. Versión
2000. El Colegio de México, México D.F., 2000. p. 491
22
JIMÉNEZ, Wigberto. “La vida de México
durante tres siglos de coloniaje.” En: Historia de México.
Editorial E.C.L.A.L.S.A, México D.F., 1971. p. 252.
23
VILLORO, Luis. Op Cit. pp. 491-494.
24
JIMÉNEZ, Wigberto. Op Cit. p. 252.
51
-por razones parecidas-; para finales del XVIII
la población de Saint-Domingue era de 40.000
blancos, 28.000 libertos y 452.000 esclavos.20
En Nueva España, por otro lado, la última década del siglo XVIII y comienzos del XIX,
se muestran como la época de oro del sector
que exportaba hacia la metrópoli, gracias a la
estructura de dependencia reforzada con las
políticas de la Corona Española. Este sector
exportador estaba sustentado en la explotación minera y en el sector financiero y comercial que financiaban la actividad minera, según Luis Villoro, para el siglo XIX el valor de
la producción de la minería era “(…) de 23 a
28 millones, una cantidad casi equivalente al
valor de toda la producción agrícola y ganadera”,21 esta se producía mayormente en las
provincias norteñas, como Guanajuato y Potosí, siendo la explotación minera de la plata
la mayor en toda América,22 por otra parte, los
puertos de México y Veracruz, también van a
tener una gran importancia, una vez se rompe
el monopolio de Cádiz con el “libre comercio”,
así, estos dos sectores era los más importantes de la época. Otros sectores de importancia, pero más ligadas a la tierra van a ser, por
un lado, la agricultura y, por el otro, la ganadería cuya producción va ser importante para
el mercado interno, así, la unidad productiva
característica va a ser la hacienda latifundista, la cual poseía la mayor cantidad de tierras
en pocas manos y ocupaba una gran cantidad
de mano de obra indígena; el último renglón
de la economía novohispana la constituían la
industria, entre las más importantes estaba la
tabacalera, la vinícola y la de textiles, que si
bien, debido a las políticas metropolitanas, no
era un sector muy fuerte, después de 1805 con
la destrucción de la flota franco-española, se
va a generar un crecimiento industrial importante dominado tanto por criollos como por
peninsulares.23 Este rápido panorama de la
economía en Nueva España va a generar unas
dinámicas características en la población; en
primer lugar, los dos grupos más poderosos
del período lo van a constituir los comerciantes y los mineros exportadores, en su mayoría
criollos y peninsulares; por otra parte, estaban
los grandes terratenientes e industriales; al respecto, vale la pena resaltar tres cosas: Primero,
el papel fundamental de la Iglesia como una
institución ligada a la actividad financiera y hacendística; de esta manera, hombres del clero gozaron de importancia económica y social
en Nueva España; en segundo lugar, entre los
hombres que obtenían los mejores beneficios
no había una división muy clara entre criollos y
peninsulares y; tercero, los grandes beneficios
de la colonia van a reposar en pocas manos,
orquestándose un fuerte monopolio.24 Otro grupo social de gran importancia lo van a constituir la burocracia política; importantes cargos
administrativos, altos mandos militares y el
alto clero van a ser los puestos más apetecidos, sin embargo, aquí el predominio peninsular fue mayor, debido a que la Corona prefería
otorgar los puestos superiores a los europeos,
los cuales no vacilaron en entablar relaciones
con la oligarquía colonial, sobre todo con los
dos primeros grupos. La base de la pirámide
social la constituían los indios y las “castas”,
pero también, eran el grupo menos favorecido,
al punto que compartían la extrema miseria o
se les empleaba en los cargos más bajos de
la sociedad, por otro lado, estaba una minoría
negra que se ocupaba en algunas plantaciones de azúcar en el sur, pero ni esta población,
ni la producción azucarera era muy significan-
25
MIGDEN SOCOLOW, Susan. “La población de
la América Colonial.” En: BERNARD, Carmen (Comp.).
Descubrimiento, conquista y colonización de América a
quinientos años. Fondo de Cultura Económica, México
D.F., 1998. p. 233.
26
JIMÉNEZ, Wigberto. Op Cit. p. 252
27
BETHELL, Leslie (Ed.). “La independencia de
Brasil.” En: Historia de América Latina. Vol.5. Crítica,
Barcelona, 1991. p. 172.
te. En este sentido, la población novohispana
va a mostrar unas semejanzas con la del Alto
Perú y el Perú, en cuanto a que la mayor parte
de la población estaba constituida por indígenas y castas, frente a los blancos y a la casi
inexistente población negra; según Susan M.
Socolow, para 1794 el porcentaje poblacional
entre indios y mestizos era de 68.96%, frente a
un 26.76% de blancos y un 4.14% de negros;25
de esta forma, la mezcla racial y la polarización
se daba más entre indios y blancos.
Elementos cohesionadores y relaciones de poder
Por otro lado, se puede decir que en términos
político-administrativos, Brasil y Nueva España
en este período, van a mostrar una tendencia
clara a la centralización, aunque esta no era
absoluta pero, exceptuando algunas regiones,
era mayor que en otros espacios de Tierra Firme. Por un lado, el pueblo novohispano contaba con la tradición indígena del poder imperial
centralizado, así como también, va a existir una
mayor aceptación de las instituciones ibéricas,
siendo la Iglesia un elemento cohesionador
fundamental, sin embargo, para el siglo XVIII y
XIX, esta centralización se había visto minada
y la división territorial venía cobrando importancia, ya fuera por la especialización de algunas
áreas, la composición de la población o por
otros factores políticos y económicos; de esta
forma, el afán de los españoles va a ser el de
reorganizar la colonia a su favor, a través de
unas instituciones político-administrativas que
le permitieran ejercer un mayor control sobre
sus dominios y sectores que antes gozaban de
ciertas libertades; por otro lado, se van a suprimir ciertos corregimientos y alcaldías y se van
52
a crear entidades políticas de más alto rango a
cargo de los peninsulares, con el fin de reforzar
el centralismo.26 Por su parte, el caso brasileño
no gozaba de una tradición centralista, ya que
los pueblos indígenas no eran del tipo sedentario y su cultura no los había llevado a crear
un imperio, así como tampoco la Iglesia tuvo
un gran peso como unidad cohesionadora de
la sociedad; no obstante, en Brasil se van a implementar unas medidas en la segunda mitad
del siglo XVIII, que va a poner a la Capitanía
General de Río de Janeiro como la capital de
la colonia, desde 1763, bajo el mando de un virrey con unos poderes limitados; con la llegada
de la Corte, y el propio regente Don Joao VI, ya
no hubo necesidad del virrey y el centralismo
se vio fortalecido.27
Para el caso de Nueva España más que
el de Brasil, la Iglesia y la Universidad, van ser
determinantes para mantener dicha unidad,
que si bien presentan unos valores distintos, al
menos mantuvieron una idea en los sectores
populares, por un lado, y de los sectores medio
y altos (incluyendo un puñado de intelectuales)
por el otro, de igualdad, participación, justicia y
libertad; por otra parte, para Brasil hasta 1807,
este elemento de cohesión va a existir fuera
de su territorio; la Universidad de Coímbra va
a ser la cuna de los pocos hombres letrados y
con conocimientos útiles; esta universidad va
a permitir que la relación entre brasileños de
la élite y portugueses se estrechara aun más,
y en muchos casos, junto a unas reformas a
veces favorables, que se sintieran como parte
de un todo; curiosamente, con la llegada de la
Corte Portuguesa en 1808 y la implementación
en Brasil de instituciones como la universidad
y los centros científicos, las relaciones entre
portugueses y brasileños se irán distanciando
28
El primero sostiene que los Borbones en
su intento de centralizar con la creación de varias
instituciones, terminaron descentralizando, mientras
los Braganza si lograron este cometido; el segundo, nos
dice que el centralismo brasileño era aparente, y hasta la
Independencia, la división entre el centro-sur con Rio a
la cabeza y el norte y nordeste con Bahía comandando va
ser evidente.
29
GARRIDO, Margarita. En: Reclamos y
representaciones. Banco de la República. Bogotá, 1993. pp.
26-27.
poco a poco. Lo anterior nos viene a mostrar
que, si bien existía la idea de un poder central con sus matices, tal como lo muestran Manuel Lucena Salmoral y Leslie Bethell,28 hubo,
sumado a la difusión de las ideas revolucionarias, algunas posibilidades de generar un campo de acción autónomo por parte de la élite
de la Nueva España y Brasil, lo cual se hace
más evidente en lo social y lo económico, al
menos en los últimos años del siglo XVIII y los
primeros del XIX. Ambas colonias mostraban
una minoría dominante y una mayoría oprimida,
sin embargo, dentro de los grupos dominantes, hubo unos que sintieron más la opresión
de sus metrópoli, tal es el caso de los mineros
y de los terratenientes en Brasil, y el medio clero y los industriales en Nueva España; por lo
tanto, van a existir varios sectores descontentos durante este período, donde el papel de los
elementos cohesionadores va a ser importante
en cualquier tipo de unidad de acción de la sociedad colonial.
Conclusiones
La descripción de estos aspectos no nos llevarán a comprender, por sí solos, por qué el
fenómeno de emancipación entre 1789 y 1808
en Nueva España y Brasil va a tardar hasta la
década siguiente, es más, durante el período
estudiado pareciera que el poder monárquico
aun tuviera una injerencia importante y esto
tiene unas explicaciones, tanto sociales, como
económicas y políticas. Por un lado, haciendo
un examen de los grupos dominantes en Brasil y en Nueva España, se puede decir que un
puñado de estos van a ser quienes van a perpetrar la legitimidad del poder absoluto de la
monarquía. Si bien algunos grupos buscaron la
53
emancipación, estos no van a prosperar entre
1789 y 1808, ni en Nueva España ni en Brasil,
porque como vimos, una élite dominante, aliada con los ibéricos, van a perpetrar la hegemonía monárquica de acuerdo a unos intereses,
pero también, van frustrar los ideales de otros
sectores. En primer lugar, tanto los intelectuales
como los terratenientes e industriales en Nueva
España, van a ver frustrados sus intentos de
lograr una emancipación formal de la colonia,
los primeros, como en toda Hispanoamérica,
van a ser perseguidos por las autoridades por
considerárseles como traidores o detentores
del orden establecido, algunos van a ser asesinados y otros exiliados, y sus intenciones van
a aparecer como pequeños brotes carentes
de una resonancia en los demás sectores que
apoyaran sus deseo de libertad. Por otro lado,
los sectores populares mostraban un tipo de
levantamiento que, más que emancipadores
eran costumbristas, propugnando más por la
igualdad y la justicia social que por la ruptura con la colonia, en suma, pedían el respeto
del Pacto Colonial, por lo que, además de la
falta de organización y cohesión de estos movimientos, las autoridades a base del miedo lograrán apaciguar estos brotes, y más aún, van
a impedir que lograran conectarse con otros.
En segundo lugar, en Brasil la amenaza de las
ideas liberales va a ser efímera en cuanto a
que estas se encaminaran a buscar una independencia; por una parte, si bien como ya se
dijo líneas atrás, hubo algunos hombres que
lograron tener contacto con las ideas revolucionarias, tanto en Brasil como en Portugal, el
papel de esta élite no era tan fuerte como en
Hispanoamérica, debido en gran parte a que
esa minoría intelectualizada no tenía un peso
político y careció, hasta la llegada de la Corte
en 1808, de elementos como una universidad
o la imprenta, como sí lo tenía Nueva España
por ejemplo. Por otra parte, al igual que en
Nueva España, los miedos y los intereses van
a frenar todo intento de levantamiento por parte
de los sectores sociales inferiores de la sociedad, cuyos ideales estaban más orientados a
una emancipación limitada al ámbito de lo local, procurando la igualdad y la justicia social,
mientras que en otros sólo la libertad. En tercer
lugar, para demostrar lo que se plantea aquí,
basta con mirar que, tanto en Nueva España
como en Brasil, durante el período que va de
1789 a 1808, sólo se van a dar, entre ambos
espacios, dos conspiraciones y dos levantamientos cuyos alcances van a ser menores.
En síntesis, las conspiraciones se descubrieron pronto y fueron disueltas sin lograr mayor
cometido, los levantamientos, aunque un poco
más relevantes, fueron reprimidos con dureza
por lo que su alcance tampoco fue mayor; así
encontramos como los elementos expuestos
atrás terminaron por frenar cualquier intento de
cambio social, político y económico. De esta
forma, en líneas generales podemos ver que
a pesar de las ideas radicales de emancipación entre 1789 y 1808 estas eran las de una
minoría, que si bien generaron unos movimientos no deben suponerse como la “Independencia”, está claro que en Brasil y Nueva España,
los miedos a la ruptura del orden establecido
que obstaculizaran la cristalización de los intereses económicos de una élite dominante, la
represión a las ideas revolucionarias, la falta de
relación entre movimientos levantiscos e ideario liberal, van a terminar con que la acción de
una minoría, oscureciera el descontento de la
mayoría, al punto que se puede decir que, en
Nueva España y Brasil, más que pensar en que
54
no se buscó de forma temprana la “independencia”, se logró mantener por más tiempo la
legitimidad del poder monárquico, en un juego
de autonomía/dependencia que favorecía, no
sólo los intereses económicos, sino también
algunas ideas tradicionales y coloniales que
habían existido por mucho tiempo en la sociedad. Finalmente, se concluye que, un mayor
ejercicio de comparación permitiría establecer
otros elementos para comprender los destinos
de estas dos colonias a lo largo del siglo XIX,
que no se entiendan culminados en un proceso
como la Independencia,29 pero sobre todo, que
el conjunto de las Ciencias Sociales y Humanas analicemos, sin perder de vista las revoluciones atlánticas, las particularidades de los
contextos y de los actores sociales, así como
la forma en que actuaron frente al llamado vacío de poder generado en 1808, puesto que
el caso brasileño y novohispano demuestran
que la recepción de los sucesos y las ideas
europeas no fueron tomadas de forma pasiva,
de ser así, en estas colonias también hubiese
habido en este período movimientos emancipatorios, por el contrario, frente a los hechos,
los grupos sociales tomaron determinaciones
propias según sus realidades e imaginarios.
Bibliografía
ARBOLEDA R., Gustavo. “Aspiraciones a la
emancipación.” En: El Brasil: A través de su historia.
Arboleda y Valencia Editores, Bogotá, 1914.
BETHELL, Leslie (ed.). “La España de los Borbones
y su imperio americano”. En: Historia de América
Laina. Tomo 2. Críica, Barcelona, 1998.
BETHELL, Leslie (Ed.). “La independencia de Brasil.”
En: Historia de América Laina. Tomo 5. Críica,
Barcelona, 1991.
Descubrimiento, conquista y colonización de
América a quinientos años. Fondo de Cultura
Económica, México D.F., 1998.
GARRIDO, Margarita. En: Reclamos y
representaciones. Banco de la República. Bogotá,
1993.
MURGUEITIO MANRIQUE, Carlos Alberto. “La
Revolución negra en Saint-Domingue y sus
efectos en la guerra racial de las Anillas y Tierra
Firme, 1789-1797.” En: Historia y Espacio, No.
33, Julio-Diciembre, Facultad de Humanidades,
Departamento de Historia, 2009.
IGLESIAS, Francisco. En: Historia políica de Brasil:
1500-1964. Editorial Mapfre España, 1992.
JIMÉNEZ, Wigberto. “La vida de México durante
tres siglos de coloniaje.” En: Historia de México.
Editorial E.C.L.A.L.S.A, México D.F., 1971
K. LISS, Peggy. En: Los imperios transatlánicos,
Las redes del comercio y de las revoluciones de
Independencia. Fondo de Cultura Económica,
México D.F., 1995.
KOCKA, Jürgen. “La comparación histórica.” En:
Enciclopedia delle scienze social. Roma, 1998.
KONETZKE, Richard. En: Historia Universal. Vol. 22.
Siglo XXI Editores, México D.F., 1976.
LOCKHART, James y B. SCHWARTZ, Stuart. “Brasil
en la Edad de Oro del Absoluismo.” En: América
Laina en la Edad Moderna. Una historia de la
América Española y el Brasil coloniales. AKAL
Ediciones, Madrid, 1992.
LUCENA SALMORAL, Manuel y otros. “La
Independencia.” En: Historia de Iberoamérica.
Tomo III. Cátedra, Barcelona, 1988.
LYNCH, Jhon. “Las raíces coloniales de la
Independencia lainoamericana.” En: América
Laina, entre Colonia y Nación. Críica, Barcelona,
2001.
MIGDEN SOCOLOW, Susan. “La población de la
América Colonial.” En: BERNARD, Carmen (Comp.).
55
PÉREZ BRIGNOLI, Héctor. En: Breve historia de
Centroamérica. Alianza América, Madrid, 1988.
PIQUERAS, José (Comp.). “Introducción”. En: Azúcar
y esclavitud en el inal del trabajo forzado. Fondo
de Cultura Económica, Madrid, 2002.
VILLORO, Luis. “La revolución de Independencia.”
En: Historia General de México. Versión 2000. El
Colegio de México, México D.F., 2000.
VON GRAFENSTEIN, Johanna. “El proceso de
Independencia haiiano: 1789-1804.” En: GALEANA,
Patricia (Coord.). Historia comparada de las
Américas. Sus procesos de independenistas. Siglo
XXI Editores, México D.F., 2010.
Civilización y barbarie:
el ideal de progreso en Domingo
Faustino Sarmiento
Agustín Haro
Palabras clave: Historia Argentina, Filosofía de
la Historia, Ilustración, Romanticismo
56
Resumen: El artículo Civilización y barbarie:
el ideal de progreso en Domingo Faustino Sarmiento toma como base las ideas vertidas en el
libro Facundo acerca de la dicotomía civilización
y barbarie y como, a partir de ella, se va gestando
sobre ella un ideal del progreso en el pensador
argentino. Para realizar el artículo se procedió a
analizar los conceptos fundamentales de ilosofía
de la historia, como así también las nociones de
progreso en pensadores como Vico, Herder, Kant
y Benjamin, arribando a conclusiones que muestran a Sarmiento como un ilustrado romántico
que busca que la sociedad argentina alcance un
grado de civilización que permita dejar atrás la
barbarizada y atrasada sociedad rosista.
I. La ilosofía de la historia y conceptos fundamentales
Introducción
1
La historia como acontecimiento se denomina
clásicamente como res gestae; mientras que aquella
conformada en un relato a partir de las personas que
vivieron el proceso, es conocida como memoria rerum
gestarum.
2
Constituida en el siglo XVIII, por Voltaire en
contraposición a la hasta entonces presente “teología de la
historia” representada por Bossuet
57
El artículo buscará dar cuenta del ideal del
progreso presente en la obra Domingo Faustino Sarmiento, a partir de una de sus grandes
obras: Facundo. Desde la lectura de esta fuente y bibliografía complementaria se intentará
explicar de manera filosófico-histórica cuál fue
su visión de civilización y barbarie y cómo se
va conformando la idea del progreso en él.
En el primer apartado se desarrollarán
los conceptos fundamentales de la filosofía de
la historia, como son las claves de la historia y
la relación entre lenguaje e historia, la ambivalencia filosófica y la ambigüedad histórica.
Se buscará abordar de manera escueta aunque precisa las nociones de progreso
en cuatro filósofos: Giambattista Vico, Johann
Gottfried Herder, Immanuel Kant y Walter Benjamín. Por medio de literatura pertinente: Karl
Löwith, Isaiah Berlin, Gonçal Mayos Solsona,
Michael Löwy. A continuación se buscará confrontar las concepciones de progreso de estos
filósofos con la de Domingo Faustino Sarmiento, intentando mostrar el aspecto ilustrado y la
veta romántica de Facundo indicando el contexto político de época.
Además, a partir de inquietudes de orden personal se buscarán resolver un par de
problemáticas correspondientes a: ¿Puede la
fórmula “civilización y barbarie” ser relacionada al proceso de los corsi e ricorsi del filósofo
italiano Vico? ¿Tiene Sarmiento una noción romántica del progreso?
Creo conveniente aclarar a que me refiero con
la noción de “filosofía de la historia” y cuáles
son los conceptos fundamentales que ella articula:
La ambivalencia filosófica se constituye
como una disciplina que busca hallar aquello
que es verdadero, perfecto, necesario, universal y eterno. Se pregunta Sócrates ¿Cómo hay
que vivir?, a lo que contesta, se debe buscar
vivir bien y sabiamente; en la concepción judeo -cristiana se suma a esto la necesidad de
convivir fraternalmente, comprometidos por
alcanzar la verdad y el bien común. Esa búsqueda de la “perfección del alma” se encuentra apresada dentro de un mundo imperfecto
y debe luchar un cuerpo que lo es también y
que puede ser corrompido. Aquí se presenta la
ambivalencia: para tratar de alcanzar esa perfección, el hombre debe luchar con aquel ser
imperfecto que habita en su persona.
Otro de los conceptos fundamentales
a analizar es el de la ambigüedad histórica,
que se basa en una dualidad de conceptos
que conforman la historia como aquello que
sucedió o como los relatos de aquellas personas que vivieron en el momento.1 Es así que la
historia se encuadra dentro de una discusión
de tipo epistemológica en donde se busca
establecer si puede hablarse de verdad en la
historia, y si esta puede ser conocida. Aquí se
encuentra inserta la aludida ambigüedad.
Así la filosofía de la historia 2 se pregunta
acerca de la existencia de cierta conciencia,
de que se puede ser parte de un proceso de
creación formándose una paradoja porque se
parte de un punto que al parecer no es contra-
3
Kart, Löwith, Historia del mundo y salvación. Los
presupuestos teológicos de la ilosofía de la historia, Buenos
Aires, Katz, 2007, p. 13.
58
dictorio, llegando a conclusiones que acabarán
siéndolo. Este nexo construye una relación imbricada entre filosofía e historia, ya que no existe historia sin una filosofía que la complemente
y pueda contemplarla como así tampoco existe
una filosofía que esté exenta de historicidad.
Para Karl Löwith la filosofía de la historia “designará la interpretación sistemática de la historia del mundo según un principio rector por
el que se ponen en relación acontecimientos
y consecuencias históricos, refiriéndolos a un
sentido último”.3
La historia a su vez comprende cuatro
claves fundamentales para poder ser analizada:
a)
La clave del sujeto [¿a quien le
sucedió o quien lo realizó?]: busca dar cuenta
de quién es el sujeto en la historia. Intenta caracterizarlo abordándolo desde una dimensión
que colectiva: no representa lo mismo realizar
una biografía de San Martín que la historia de
un pueblo determinado. La dificultad recae en
determinar la identidad del sujeto, si es individual o colectivo. Cuando oscila el péndulo
hacia el romanticismo aparece la categoría de
pueblo o de nación como un sujeto colectivo
en historia.
b)
La clave de la verdad [¿Qué es
lo que sucedió?]: ¿Existe la verdad en la historia?, Edward Hallet Carr en ¿Qué es la historia? expresa que historiar es narrar cosas que
acontecieron, siendo la historia una novela verídica porque nos presenta el aporte de lo que
son las fuentes sobre las cuales el historiador
debe trabajar y mantener una distancia considerable para no contaminarla con su presente. Esta verdad se busca al intentar realizar un
acercamiento a la veracidad de un hecho.
c)
La clave de la libertad [¿Por qué
sucedió lo que sucedió?]: sin esta clave no
existe la historia. Es su corazón. En ella pueden diferenciarse dos aristas contrapuestas,
en donde todo lo que acontece es por puro
azar o accidente, o bien por exceso, siendo el
acontecimiento producido por necesidad (Hegel, Marx), por leyes inexorables de la historia,
inalterables, por una legaliformidad en donde
la historia avanza hacia un fin. Ese carácter
teleológico que posee es afirmar que haga lo
que haga, no voy a interferir en el curso de la
historia. En el otro polo se postula la “explicación” histórica por el azar.
d)
La clave del tiempo [¿Cuándo
sucedió?]: es la clave más importante, ya que
en ella entra en juego la cuestión de la ruptura
del modelo de ciencia y conciencia que viene
rodando desde los tiempos griegos a hoy. El
tiempo griego es una especie de caída respecto de la eternidad, lo perfecto es lo universal,
necesario y eterno. Es por ello que para Platón,
el tiempo se construye como la imagen móvil
de la eternidad. Y para Aristóteles el tiempo es
también defectuoso, entendido como el punto
del movimiento según el antes y el después.
El tiempo, en cambio, se presenta como algo
positivo para el judeo-cristianismo, en donde
Dios se hace tiempo…todos los otros dioses
son dioses del espacio.
La relación entre historia y lenguaje comienza con la aparición de la escritura. Entra
en juego el lenguaje, el hombre desde que es
hombre lo posee pero con significaciones distintas de acuerdo a la filosofía que asuma. He
aquí que toda filosofía esta estructurada a partir de tres antropologías, el Homo Sapiens que
dio importancia a la inteligencia, a la mente, el
Homo Amans quien dio mayor importancia a la
voluntad y al amor, mientras que el Homo Pa-
4
Filósofo italiano, nacido en Nápoles; hijo de
un librero de escasos recursos. Estudió derecho en la
universidad de su ciudad natal, donde fue profesor de
retórica desde 1699 hasta 1741. Desde 1735, y hasta su
muerte, fue historiógrafo del rey Carlos VII de Nápoles
(desde 1759 rey de España con el nombre de Carlos III).
En 1725 publicó en Nápoles su obra más conocida, La
Ciencia nueva. En este libro exponía una teoría espiralada
de los distintos periodos históricos, según la cual las
sociedades humanas se suceden a través de una serie de
etapas cíclicas (divina, heroica y humana). Disponible en:
http://www.epdlp.com/escritor.php?id=3081
5
Karl, Löwith, Op Cit, p. 143.
6
Isaiah, Berlin, Vico y Herder. Dos estudios en la
historia de las ideas, Madrid, Cátedra, , 2000, p. 49.
7
Isaiah, Berlin, Ibidem, p. 117.
8
Karl Löwith, menciona que Vico no sustituye
“la providencia por un progreso previsto por el hombre,
ni introduce (…) la ortodoxia en la historia.” La idea
primordial que posee es el curso natural del curso y
recurso histórico, ciclo que de por si tiene un carácter
providencial ya que como lo explica, es “…el ultimo
medio de salvación de la naturaleza corrompida por el
hombre”. Ver, Löwith, Karl,Op Cit, p. 167.
9
Immanuel Kant (Königsberg, Prusia, 22 de abril
de 1724 –12 de febrero de 1804) fue el más importante
ilósofo de la Ilustración. Es el primero y más importante
representante del idealismo alemán y está considerado
como uno de los pensadores más inluyentes de la Europa
moderna y de la ilosofía universal. Entre sus escritos
más destacados se encuentra la Crítica de la razón pura,
en ella se investiga la estructura misma de la razón. Kant
adelantó importantes trabajos en los campos de la ciencia,
el derecho, la moral, la religión y la historia, inclusive
creía haber logrado un compromiso entre el empirismo y
el racionalismo.
10
Johann Gottfried Herder (1744 – 1803) nacido
en Mohrungen (Prusia Oriental), fue predicador de
Bückeburg y Superintendente general en Weimar.
Discípulo de Kant en su periodo pre-critico, se opuso
muy terminantemente a la ilosofía trascendental
intentando mostrar, en su Metacritica sobre los purismos
59
tiens se centró en las pasiones.
Todo esto, a su vez, se encuentra tensionado por la dupla existente entre lo Uno y
lo Múltiple, conocida como la cuestión de los
universales en historia que consta de tres posiciones, el Idealismo (en donde la idea es lo
fundamental), el Realismo (es la idea en el individuo la que toma fuerza) y el Pragmatismo
(solo existe el individuo). Lo cual incide en tres
variantes de la Historia: el historicismo idealista, la historicidad realista y el historicidio pragmático.
II. El progreso en Vico, Herder, Kant y Benjamin
En la búsqueda de la idea de progreso, primeramente vale mencionar al italiano Giambattista
Vico (1668-1744),4 cuya Scienza Nuova se erige en “un sistema armado con fragmentos (…)
grandioso proyecto para una historia universal
de los orígenes, en el que cada parte comienza nuevamente con los principios del todo”.5
En vida, su posición fue contraria al cartesianismo propugnado por Rene Descartes en el
siglo XVII, ya que para el filosofo napolitano la
historia era la ciencia que permitía comprender
mejor al hombre, y no las matemáticas, con su
irrefutabilidad y rigurosidad; fue la ciencia que
procede de “la libre creación de nuestras propias mentes”,6 somos nosotros los creadores
de la ciencia. De aquí se desprende el famoso
axioma de Vico: “Verum et factum reciprocantur seu convertuntur”, en donde Verum (la verdad) y Factum (lo realizado) pueden convertirse, postulando de esta forma una posición
contraria al paradigma cartesiano imperante.
Esta “teología civil razonada de la providencia”, coloca a Vico entre Bossuet y Voltaire. El
lugar que Giambattista le da a la Providencia
es introducida, de acuerdo a Löwith, como “el
camino obligado por el que la historia gana su
orientación y su orden”. Quizás la idea de progreso en Vico, pueda notarse de manera clara
en la tesis principal de la Scienza Nuova con
el “curso y recurso de la historia”, el corsi y
ricorsi. Este curso regular de las cosas no se
concreta en un progreso hacia estados civilizados, en donde actuaba el recurso de la historia
que llevaba indefectiblemente hacia una nueva
barbarie, como por ejemplo, lo que sucedió a
partir de la caída de Roma, en donde el ingreso de los “bárbaros” provocó un retroceso que
fue convirtiendo su curso en un progreso que
finalizó con la constitución de la civilización
medieval. De acuerdo a Berlin, es la Providencia la que dispone ya que puede convertir las
pasiones de los hombres en verdaderas virtudes, siendo determinado por “el designio cósmico de surgimiento y caída, los corsi e ricorsi
que no puede controlar”7 Es decir el hombre
no es libre en sentido absoluto; se encuentra
a disposición de lo que la Providencia pueda
disponer.8
Durante el siglo XVIII hacen su aparición
dos filósofos que conformarán polémicas de
gran importancia, Immanuel Kant9 y Johann
Gottfried Herder.10 Una de las polémicas gira
en torno a la concepción de progreso que tenía cada uno. Ellos convierten al progreso en
el ángulo fundamental de toda discusión que
girara en torno a la historia y su sentido. La
idea romántica de progreso que Herder defendía, se mostraba contraria a la de la Aufklärung
(Ilustración), más difundida en estos tiempos.
Se encarga de enaltecer el llamado “espíritu
de los pueblos” (Volksgeist) con todo lo que
ello implica: el lenguaje, la literatura y la cultura
referente de cada nación. En su concepción,
de la razón pura, que el origen del conocimiento radica
en las sensaciones del alma y en las analogías que esta
establece a base de las experiencias de sí misma. Ver, José,
Ferrater Mora, Diccionario de Filosofía, 5ta Edición,
Buenos Aires, Editorial Sudamericana, T1, 1965, p. 835
11
Gonçal, Mayos Solsona, Ilustración y
romanticismo. Introducción a la polémica entre Kant y
Herder, Barcelona, Herder, 2003, p. 88.
12
Gonçal, Mayos Solsona, Ibidem, p. 181.
13
Gonçal, Mayos Solsona Ibidem, p. 194.
14
Escritor, teórico marxista y ilósofo estético
alemán. Nació en Berlín en el seno de una familia
judía-burguesa y estudió ilosofía en Berlín, Friburgo,
Munich y Berna. En 1920 se estableció en Berlín y trabajó
como crítico literario y traductor. Sus esperanzas de
realizar una carrera académica quedaron frustradas al
rechazar la Universidad de Frankfurt su tesis doctoral,
un estudio brillante aunque esotérico del drama barroco
alemán titulado El origen de la tragedia alemana (1928).
Durante la década de 1920, Benjamin asumió postulados
marxistas bajo la inluencia del ilósofo Ernst Bloch
y del crítico marxista György Lukács. En 1933, como
consecuencia de la llegada de los nazis al poder, Benjamin
se refugió en Francia.Con la ocupación de Francia por
los nazis en 1940 Benjamin intentó dirigirse a Estados
Unidos atravesando España, pero al ser detenido en la
frontera franco-española se suicidó. Disponible en: http://
www.epdlp.com/escritor.php?id=1461
15
Michael, Ver Löwy, Walter Bejamin: Aviso de
incendio. Una lectura de las tesis “Sobre el concepto de
historia”, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica,
2003, Pp. 100-101.
16
Michael, Löwy, Op. Cit, p. 104.
17
Michael, Löwy, Ibidem, p. 111.
60
todo pueblo tiene su razón de ser, por ende,
más que un progreso, “lo que hay en historia es
cambio y sucesión de culturas, una evolución
(…) sin posibilidad de definir una ganancia o
una pérdida en términos absolutos”11 Ataca así
la idea ilustrada de progreso ya que no puede
existir un criterio de valor único para decir qué
cultura adquirió un mayor avance o no. Al criticar la sociedad de su tiempo, Herder aplica la
idea de un progreso negativo, que de acuerdo
con Mayos Solsona, conlleva a la conformación de un progreso desde un punto de vista
regeneracionista.
Citando a Kant, Solsona escribe que “El
destino de la especie [humana] no consiste en
otra cosa sino en progresar hacia la perfección”,12 y en su posición ilustrada comenta que
el progreso debe construirse como un proceso
lento y extenso, ya que al no dar crédito de la
posibilidad del hombre de controlar sus impulsos, cree que el progreso debe marchar indefectiblemente hacia algo mejor y mas racional.
Para Kant era “el resultado necesario del mecanismo natural que definía para la especie un
único proceso de aprendizaje (…)”13 y que si
éste se parara el mecanismo lo volvería a poner en su curso. Pero este plan natural no puede ser considerado un conocimiento científico
y por ello no puede ser resuelto por medio de
la experiencia, de ahí que el individuo únicamente tenga felicidad. Solamente el progreso
puede ser visto en una amplia perspectiva.
Ya en el siglo XX, Walter Benjamín14 le
dará un vuelco a todo esto en su obra Tesis
sobre la filosofía de la historia. Viviendo en un
contexto político donde la escalada del fascismo y nazismo no permitían avizorar un futuro promisorio, el progreso se convierte en un
“estado de excepción”, el progreso científico
de aquellos tiempos llevaba a la gente a una
ceguera que era “incompatible con la barbarie
social y política” de esos tiempos. En la Tesis
IX, probablemente la más importante de todas,
Walter Benjamín delinea su idea del progreso a
través la alegoría15 del Angelus Novas, pintura
de Paul Klee. Es el progreso el gran destructor, en su nombre se han cometido las mayores
atrocidades de la historia por ello “es preciso
fundar el concepto de progreso sobre la idea
de catástrofe. Que las cosas sigan así, eso es
la catástrofe (…)”16 es así que Benjamín desmitifica el progreso, éste se llena de tragedia
y dolor ante la destrucción provocada en nombre de él, una especie de tempestad bíblica
que azota el presente y que imposibilita vislumbrar un futuro. Pero la fatalidad del progreso
puede ser detenida de dos maneras, de acuerdo Löwy, religiosa y profana: con la llegada del
Mesías o bien con una revolución.
III. Sarmiento, civilización, progreso y barbarie
“(…) El punto de partida
de nuestra relexión es que la adhesión de esos políticos al mito del progreso (…) no fueron sino tres
aspectos de la realidad”
Walter Benjamin 17
“On ne tue point les idées”
Hippolyte Fortoul
Hacia mediados del siglo XIX, Argentina vivía
en una floreciente producción filosófica y cultural, durante la llamada “Confederación Argentina” gobernada por Juan Manuel de Rosas,
gracias a los aportes de la llamada “Generación del ‘37” que apareció como “relevo de la
18
Oscar, Terán, Para leer el Facundo. Civilización
y barbarie: Cultura de fricción, Buenos Aires, Claves para
todos, Capital Intelectual, 2007, p. 13.
19
Nicolas, Shumway, La invención de la Argentina.
Historia de una idea, Buenos Aires, Emecé, 1993, p. 131.
Cursiva añadida
20
Domingo Faustino Sarmiento nació en San
Juan en 1811 y murió en Paraguay en 1888, fue uno de
los pensadores más importantes de la política Argentina
de mediados y ines del siglo XIX. Integrante de la
generación del 37 llego a la Presidencia de la Nación
durante el periodo de 1868 – 1874. Su igura hoy en día
sigue levantando polémica por parte de diversas escuelas.
21
Notas sobre el “costumbrismo” en Sarmiento
pueden verse en Verdevoye, Paul, “Costumbrismo
y americanismo en la obra de Domingo Faustino
Sarmiento” en A.A.V.V, Sarmiento. Aproximaciones, Sur,
Revista Semestral, Buenos Aires, 1977.
22
Luis Juan, Guerrero, Tres temas de ilosofía en las
entrañas del Facundo, Buenos Aires, Editorial Docencia,
1998, p. 58.
23
Palcos, Alberto, El Facundo. Rasgos de
Sarmiento, Buenos Aires, Editorial Elevación, 1945, p. 36.
generación rivadaviana o unitaria (…), considerada el primer movimiento intelectual en busca
de una identidad nacional”.18 Sus integrantes
persiguieron objetivos claros, buscaron “identificar (…) los problemas que enfrentaba el país,
y trazar un programa que hiciera de la Argentina una nación moderna”,19 intentando describir
estos problemas y consiguieron dar una explicación del fracaso de la construcción nacional,
ya que el negativismo que los antecedía principalmente era la anarquía de 1820 en donde las
provincias no habían logrado conformar una
unidad sólida.
En un contexto dominado por el gobierno del “Restaurador de las leyes”, Juan Manuel de Rosas, hace su aparición el sanjuanino
Domingo Faustino Sarmiento,20 un pensador
que recibió aportes tanto de la Ilustración alemana (Aufklärung) como del prerromanticismo
viquiano y el romanticismo herderiano.21 Su
misión al igual que la de los miembros (en su
mayoría exiliados) de la Generación del ‘37 era
contradictoria, ya que debían poner en orden
la bárbara sociedad rosista, logrando también
con ello una verdadera democracia.
En su obra Facundo o civilización y barbarie en las Pampas Argentinas puede descifrarse el contexto ya antes mencionado, la presión rosista, y las ideas de Sarmiento para dar
un vuelco a la sociedad argentina, a través de
su “plegaria” al fallecido “Tigre de los Llanos”,
el riojano Juan Facundo Quiroga, quizás el
máximo exponente del caudillismo argentino:
“Sombra terrible del Facundo, voy a
evocarte para que, sacudiendo el ensangrentado polvo que cubre tus cenizas, te levantes a explicarnos la vida
secreta y las convulsiones internas que
desgarran las entrañas de un noble
61
pueblo. Tú posees el secreto, ¡revélanoslo!
(Sarmiento, Buenos Aires, 2007; Pág. 9)
Es el poeta, a la manera de Vico y Herder,
el que lleva al pueblo hacia adelante y busca
que una nación pueda conformar su proceso de organización identitario. Así Sarmiento,
como un poeta “quiere darnos, con la historia
de su héroe, la clave del futuro.”22 También
puede leerse la descripción de la Pampa que
nos realiza en la obra, espacio que no conoce,
y al cual dibuja (de forma romántica) como un
lugar en donde el hombre puede dar cuenta de
la pequeñez que posee, y como esa sensación
es la “que se adentra en el alma y le comunica la suave melancolía de sus crepúsculos
y mueve a ahuyentarla”23 Se vale para todo
esto del llamado historicismo romántico, que
como lo expresa Terán lleva a la construcción
de un “héroe”, un “gran hombre” que no puede
encontrarse de manera clara en Facundo. Al
realizar un análisis sobre las ideas relacionadas con el progreso y su axioma “civilización y
barbarie” puede leerse una correlación con las
ideas de Vico del corsi e ricorsi de la historia,
ya que a mi entender la “civilización” que Sarmiento plantea, puede ser concebida en términos viquianos como un “recursar” de la historia,
un proceso social que evoluciona a partir de un
“curso” que la historia había tomado a partir de
la crisis de 1820 y que se había acentuado con
la llegada de Juan Manuel de Rosas al poder,
“curso” que durante su gobierno produjo una
ruptura introduciendo la necesidad de presentar un vuelco a la situación, siendo la Generación del 37, o más precisamente de acuerdo
a él mismo, Sarmiento, el único capacitado en
brindar un estado más civilizado a la arcaica y
24
Natalio, Botana, La tradición republicana.
Alberdi, Sarmiento y las ideas políticas de su tiempo,
Buenos Aires, Ed. Sudamericana, 1997, p. 277.
25
Nicolas, Shumway, Op Cit, Pp. 156.
26
Domingo Faustino, Sarmiento, Facundo o
Civilización y Barbarie en las pampas argentinas, Buenos
Aires, Gradifco, 2007 (1845). p. 69.
27
Rosas es caliicado por Sarmiento como un
“hijo de la culta Buenos Aires sin serlo él; (…) falso,
corazón helado, espíritu calculador, que hace el mal sin
pasión y organiza lentamente el despotismo con toda la
inteligencia de un Maquiavelo. Tirano sin rival hoy en la
tierra (…)” Ver Domingo Faustino, Sarmiento, Ibidem,
Pp. 9-10.
28
Alma civilizada y alma romántica, corresponden
a una clasiicación realizada por Oscar Terán
29
Vale realizar la aclaración que Walter Benjamín,
hijo del siglo XX, guarda una distancia temporal con
Domingo Faustino Sarmiento, la relación que se efectúa
en el artículo estriba en el hecho de que el punto crítico
en la obra de Benjamín consiste en la idea del progreso,
que es el tema pertinente de éste.
62
atrasada sociedad argentina. Es esta bárbara
tiranía rosista la que infunda el miedo y aleja del
curso natural del aprendizaje a aquella “republica virtuosa”24 posible que podría constituirse dentro de un marco de modernidad, libertad, razón, espíritu, con un progreso material y
económico basado en la conformación de una
fuerte red comercial que articule una importante relación con otras naciones, un liberalismo
económico que posibilitaría no solamente civilizar las pampas sino también dar fin a la barbarie con la noción de que “la dominación de la
tierra era esencial para el progreso”.25 A la manera de Kant, es la civilización la que plantea la
felicidad de la sociedad y por la cual Sarmiento habla y dice “Buenos Aires puede volver a
ser lo que fue, porque la civilización europea
es tan fuerte allí, que a despecho de las brutalidades del gobierno se ha de sostener”26 La
ciudad civilizada, contra el campo bárbaro, es
una lucha que de acuerdo a Terán comenzó a
gestarse al mismo tiempo que la Revolución de
independencia y que culminó con la victoria de
la barbarie de la cual se busca salir en esos
tiempos.
Es un progreso material, político y económico contrario a lo que el escritor explica al
definir en el Facundo al caudillismo a partir de
una descripción del espacio rural rioplatense,
representación viva de la barbarie y cuyo principal “exponente” resulta ser Juan Manuel de
Rosas, barbarie que se acentúa luego de que
éste les negara a los miembros de la Generación del 37 la posibilidad de ayudarlo en su tarea del progreso de la Nación.27 Me parece que
en muchas ocasiones la influencia ilustrada romántica lleva en ocasiones a que Sarmiento
pueda parecer contradictorio, ya que si bien
critica al gobernador de Buenos Aires, ensalza
el cálculo y la frialdad con la que se maneja
(alma civilizada), también ésta siente atracción
por la dualidad espontaneidad y pasión con la
que Facundo Quiroga lleva a cabo sus acciones (alma romántica28). Sin embargo y a pesar
de esas contradicciones, el progreso en Sarmiento no deja de acentuar la necesidad sobre
que la civilización debe ser alcanzada, a mi entender y de acuerdo con las lecturas, una civilización con tintes ilustrados pero ejecutada por
una persona que convive con las influencias de
dos filosofías: la ilustración y el romanticismo,
es decir Domingo Faustino Sarmiento
Por último, me gustaría analizar una posible relación entre Sarmiento y Walter Benjamín, sobre todo con lo que éste propugna en
la Tesis VII y Tesis IX en Sobre el concepto de
historia29 y aquí quiero remarca la necesidad
de realizar la importante aclaración acerca que
Walter Benjamín, hijo del siglo XX, guarda una
distancia temporal obvia con Domingo Faustino Sarmiento. Para comenzar me resulta adecuado tomar la relación en el hecho de que el
punto crítico de la obra de Benjamín consiste
en la idea de progreso. En la primera de las
Tesis de las mencionadas se habla de que no
hay ningún documento de cultura que sea a
su vez documento de barbarie y que además
los afecte, incluso con la transmisión de mano
en mano. Así en relación con Sarmiento, en el
libro Facundo busca mostrar la existencia de
la dicotomía civilización y barbarie que azota
Argentina y quizás con un aire fatalista al respecto pueda recapacitarse que su lema de
“provinciano en Buenos Aires y porteño en las
provincias” también tiñe su pensamiento de un
sesgo “bárbaro”, ya que dentro de un sentido
marcadamente “civilizatorio” busca imponer
formas que para las provincias mismas pueden
llegar a resultar bárbaras. Respecto a la Tesis
IX, la del Angelus Novus, ¿el progreso podría
presentársenos realmente como algo catastrófico en la obra de Sarmiento? A mi entender y
de acuerdo a lo que fue desarrollado a lo largo del artículo, es algo que probablemente no
pueda ser respondido históricamente, debiendo ser contestada quizás desde un punto de
vista subjetivo del individuo que quiera abordar
más profundamente acerca del tema.
Conclusión
Como conclusión del trabajo se puede afirmar
que la posición filosófica sobre la que Sarmiento se encuentra inserto corresponde a ideas
ilustradas de Kant e ideas protorromanticas
de Vico y Herder, pudiendo ser considerado
Sarmiento como un “ilustrado-romántico”. Respecto a Benjamín, pudo realizarse un análisis a
partir de un par de sus Tesis, y al final del artículo se buscó dar una relación precisa entre
este filósofo alemán y el sanjuanino Domingo
Faustino Sarmiento.
Esto puede ser visto en la idea del progreso desde la perspectiva civilizatoria que
nos presenta Sarmiento en el Facundo. Una
civilización adherida al progreso político, material y económico de la “Confederación” frente
a la “barbarie” arcaica y retrasada que impone
Juan Manuel de Rosas desde su gobierno.
A pesar de la identificación vulgar de
la “civilización” con el progreso ilustrado y la
“barbarie” con lo pasional, más romántico, el
propio Sarmiento no escapa de las contradicciones inherentes a las influencias que ha recibido, ya que se maravilla del espacio geográfico, de la Pampa, como así también de las
63
vestimentas y se siente atraído por la espontaneidad y pasión con la que Quiroga manejaba
sus asuntos. Pero también impulsa su idea de
progreso bajo postulados de carácter ilustrado, en donde Europa, la modernidad, la razón,
la libertad, son características claves que permitirían dejar atrás la “barbarie” rosista que no
llevaría a nada y que imposibilitaría a Argentina
poder ser parte de un mundo bajo una bandera
civilizada. Un par de inquietudes que surgieron
con las lecturas preeliminares y que buscaron
ser resueltas a lo largo del trabajo monográfico
fueron ¿Puede la máxima “civilización y barbarie” ser relacionada al proceso de los corsi e ricorsi del filosofo italiano Vico? ¿Tiene Sarmiento una noción romántica del progreso? Y de
acuerdo con las lecturas realizadas, me siento
capacitado de observar una posible relación,
tomando el contexto como punto de referencia,
con el ascenso de Rosas y como la Generación
del ‘37 comenzó a visualizarlo como un curso
(corsi) progresivo buscando ayudar al nuevo
gobierno, y cómo ante la negativa del gobernador de Buenos Aires se produjo una ruptura
que derivó en un recurso (ricorsi) en donde la
“barbarie” comenzó a jugar un importante papel. Finalmente, respecto al segundo interrogante, si bien se le puede achacar a Sarmiento
un americanismo de tintes románticos, su idea
de progreso dista de ello porque se inserta en
los postulados ilustrados, mencionados anteriormente.
Bibliografía
A.A.V.V, Sarmiento. Aproximaciones, Sur, Revista Semestral, Buenos Aires, 1977.
Berlin, Isaiah, Vico y Herder. Dos estudios en la historia de las ideas, Cátedra, Madrid, 2000.
Botana, Natalio, La tradición republicana. Alberdi, Sarmiento y las ideas políicas de su iempo, Ed. Sudamericana, Buenos Aires, 1997.
Ferrater Mora, José, Diccionario de Filosoía, 2 Tomos, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 5° Edición, 1965.
Guerrero, Luís Juan, Tres temas de ilosoía en las entrañas del Facundo, Editorial Docencia, Buenos Aires, 1988.
Löwith, Karl, Historia del Mundo y Salvación. Los presupuestos teológicos de la Filosoía de la Historia, Katz, Buenos Aires, 2007.
Löwy, Michael, Walter Benjamin: Aviso de Incendio. Una lectura de las tesis “Sobre el concepto de historia”, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2003.
Mayos Solsona, Gonçal, Ilustración y Romanicismo. Introducción a la polémica entre Kant y Herder, Herder, Barcelona, 2003.
Palcos, Alberto, El Facundo. Rasgos de Sarmiento, Editorial Elevación, Buenos Aires, 1945.
Sarmiento, Domingo Fausino, Facundo o Civilización y Barbarie en las pampas argeninas, Buenos Aires, Gradifco, 2007. (1845).
Shumway, Nicolas, La invención de la Argenina. Historia de una idea, Emecé, Buenos Aires, 1993.
Terán, Oscar, Para leer el Facundo. Civilización y barbarie: Cultura de fricción, Claves para todos, Capital Intelectual, Buenos Aires, 2007.
64
PUBLICACIONES
De Ita Rubio, Lourdes (Coordinadora), Organización del Espacio en el México Colonial: Puertos, ciudades y caminos, Instituto de Investigaciones Históricas, Universidad Michoacana de
San Nicolás de Hidalgo/CONACYT, México, 2012, 425 pp.
El espacio geográfico y el tiempo histórico son los dos ejes en los que se desarrolla la
existencia humana. La unidad orgánica de la geografía y de la historia se evidencian en la necesidad de situarse a la vez en el espacio y en el tiempo, tal como lo afirmaba Pierre George.
El espacio geográfico se va conformando a lo largo del tiempo, con la participación mayor o menor de su población y bajo el influjo de políticas y otras decisiones y circunstancias
que le imprimen características particulares y de las que pueden resultar estructuras que se
prolongan en la larga duración.
La organización del espacio es un término usado habitualmente por los geógrafos, pero
es poco frecuente el análisis geo-histórico de su conformación. En el presente volumen se
reúnen los trabajos de varios académicos, geógrafos e historiadores, que desde su perspectiva particular, procuraron responder a la pregunta de cómo se conformó el espacio novohispano en función de tres posibles variables de análisis: los puertos y asentamientos costeros,
la gran ciudad central y algunos caminos.
Este libro resultó del proyecto: "Puertos ciudades y caminos en la organización del espacio novohispano" auspiciado por CONACyT (Ref. 47-705) bajo la responsabilidad de Lourdes
de Ita.
Política agaria y reparto de tierras en Colima, 1915-1935. El México de principios
del siglo XX se enfrentó a distintos retos. El primero de ellos era el reordenamiento
político para romper con la práctica antidemocrática del régimen porfiriano, caracterizado por la mala la calidad de vida de las clases populares que perdieron o
que no tenía acceso a la tierra. Con su participación los campesinos convirtieron
la revolución mexicana en múltiples movimientos sociales donde respondían de
distinta manera al momento en el que solicitaron la tierra. Este atrevimiento fue
el que mayores retos les trajo, pues en primera instancia debían enfrentar a las
guardias armadas de los propietarios que tenían como propósito desarticular la
organización campesina.
Otro factor determinante fue el hecho de que los propietarios de la tierra
figuraran también como políticos locales, aprovechando su poder e investidura
para bloquear el reparto de tierras por la vía legal, institucional y extraconstitucional; aunque en ocasiones decidían afectar las propiedades de sus enemigos políticos para resolver los problemas inmediatos a través de la dotación de pequeñas
extensiones de tierra de mala calidad.
65
66