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Cuadernos de trabajo Mundos Juveniles 3 Coordinación

2020, Mundos Juveniles

Abstract

Cuaderno d etrabajo que recopila las reflexiones de algunos de los participantes del diplomado en línea "Mundos Juveniles: sujetos, trayectorias y ciudadanías" edición 2020

Key takeaways

  1. Así, la crisis de la COVID-19 afectaría a los jóvenes de forma cada vez más rápida e intensa, lo que provocaría ante tal riesgo, la posible emergencia de una «Generación de confinamiento», tal como la denominó la Organización Internacional del Trabajo (OIT) (2020):Aunado a lo anterior se sumaría a nivel mundial, el alto índice de población joven perteneciente al sector laboral informal:
  2. Los jóvenes son los que más padecen las consecuencias sociales y económicas de la pandemia, y corren el riesgo de tener que seguir haciendo frente a los efectos de la misma a lo largo de toda su vida laboral, y de pasar a constituir una «generación de confinamiento».
  3. [11] De nueva cuenta se hizo presente el mito de que los jóvenes no eran proclives a morir por su contagio, a pesar de la observación del fenómeno de resistencia cultural y generacional por muchos que prefirieron una intensión de festividad colectiva al confinamiento con el riesgo que ello conllevaba en las conocidas fiestas covid en favor de una "Inmunidad de rebaño o colectiva" (Martínez, 15 de mayo de 2020; Contreras,14 de mayo de 2020), o el participar en manifestaciones en contra de la violencia contra jóvenes, pese al riesgo que esto representaba (Reina, E., 9 de junio de 2020), mitos cada vez más descartados, al aumentar la tasa de mortalidad y letalidad en este grupo etario; este acontecimiento se unió a los problemas ya existentes en México, como por ejemplo las distintas violencias estructurales ejemplificadas en juvenicidios (Valenzuela, 2019), el crecimiento de feminicidios y desapariciones forzadas, la presencia de la delincuencia organizada, entre otros, y llegar a modificar, dificultar y complejizar aún más la condición juvenil de millones de mexicanos, especialmente entre los más vulnerables de la Generación del distanciamiento.
  4. En este sentido concuerdo también con Benedicto (2014, p. 76) al momento de reconocer que es indispensable "comprender mejor qué significa hoy la integración para los jóvenes (…) Frente a los modelos más o menos lineales, predominantes en épocas anteriores, en los que las instituciones establecían las pautas de acción a seguir en éstos".
  5. Por lo que a México le será más difícil cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible ods, y para que se cumplan debe aplicar el Estado de bienestar encaminado al apoyo de los jóvenes.
3 Cuadernos de trabajo Mundos Juveniles Coordinación Enrique Pérez Reséndiz Merarit Viera Alcazar Cuadernos de trabajo Mundos Juveniles 3 Coordinación Enrique Pérez Reséndiz Merarit Viera Alcazar Cuadernos de trabajo. Mundos Juveniles 3 UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO Dr. Enrique Graue Wiechers Rector Dr. Leonardo Lomelí Vanegas Secretario General Dr. Alberto Ken Oyama Nakagawa Secretario de Desarrollo Institucional Dr. José Antonio Pérez Islas Coordinador del Seminario de Investigación en Juventud Título: Cuadernos de trabajo. Mundos Juveniles 3 Coordinación: Enrique Pérez Reséndiz Merarit Viera Alcazar Diseño editorial: Enrique Pérez Reséndiz Cuidado de la edición: Araceli Moreno Ortiz Prohibida la reproducción total o parcial por cualquier medio sin autorización escrita de los titulares Contenido 7 Presentación José Antonio Pérez Islas 9 Una década de mundos juveniles Enrique Pérez Reséndiz 13 La pandemia llegó a los mundos juveniles: algunas pistas para la lectura Merarit Viera Alcazar 17 Las redes sociales de citas en la pandemia de la COVID19, una extensión más de la sexualidad juvenil Luis Biniza Cruz López 29 Mujeres jóvenes feministas onlife en contextos de crisis en México por la COVID-19 y la violencia basada en género contra las mujeres Itzel Viviana López García 43 El sentido de la experiencia escolar de las y los jóvenes universitarios. Impacto del confinamiento por la pandemia covid-19 Ana Karen Soto Bernabé 59 De la Generación del confinamiento a la Generación del distanciamiento. Desempleo juvenil en la coyuntura de la COVID-19 en México. Apuntes y reflexiones Amaury Fernández Reyes 85 Acerca de los autores PRESENTACIÓN JOSÉ ANTONIO PÉREZ ISLAS La investigación casi nunca es un proceso lineal ni un continuum, en innumerables veces hay que detenerse, para analizar el bosque; otras más, hay que volver sobre nuestros pasos y tomar otros senderos. En esas vueltas, en ocasiones se quedan textos, que pueden ser reconstruidos y o en definitiva destruidos u olvidados para luego resurgir. Son etapas que posteriormente son revaluadas por el/la propio autor/a o, suele suceder, por algún furtivo u ocasional lector/a que le encuentra valor por sí mismo. A esos textos está dedicada esta colección editorial, ¿el fin? despertar y compartir esas ideas o propuestas que quizá están inacabadas, pero no por eso pierden sus aportes. O pueden ser adelantos de un trabajo más complejo y a largo plazo, que pueden perder actualidad si no se dan a conocer. En fin, las posibilidades son muchas y la apertura de este espacio plural permitirá conocer esos primeros intentos por descubrir hechos o procesos, pero también descubrir a nuevos escritores y analistas. El Seminario de Investigación en Juventud de la UNAM los/as invita a relevar el espacio como lectores o como escritores de los mundos juveniles en permanente construcción y transformación. 7 UN DÉCADA DE MUNDOS JUVENILES ENRIQUE PÉREZ RESÉNDIZ Desde su creación, el Seminario de Investigación en Juventud (SIJ) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) ha tenido como uno de sus ejes centrales de trabajo la formación y la docencia. De esta manera se han diseñado distintos diplomados, y recientemente algunos cursos de actualización, con el objetivo de profundizar en el conocimiento acerca de las condiciones en las cuales se desarrollan y expresan las múltiples realidades juveniles de nuestro país y de la región; así desde 2010 el SIJ ha desarrollado de manera ininterrumpida el diplomado en línea Mundos Juveniles: sujetos, trayectorias y ciudadanías el cual es el resultado de arduos procesos de discusión entre los miembros del seminario y por supuesto de expertos que nos han acompañado a lo largo de esta década de existencia del programa. Como su nombre lo indica el diplomado Mundos Juveniles: sujetos, trayectorias y ciudadanías está orientado hacia la reflexión teórica de las condiciones estructurales, de las imágenes culturales y las representaciones sociales, así como su incidencia en la conformación de lo que hemos llamado condición juvenil de las y los jóvenes, dicho de otra manera el diplomado pone a discusión muchos de nuestros supuestos en torno a las personas jóvenes a partir de la premisa de que existe más de una manera de ser joven. Existen por lo tanto una multiplicidad de mundos juveniles. Durante su primera década el diplomado ha sufrido una serie de cambios, no podía ser de otra manera, pues la realidad obliga a revisar, actualizar, y a veces corregir los supuestos teóricos y metodológicos del programa. 9 El esfuerzo de todas y todos quienes han pasado (de una u otra manera) por el diplomado es invaluable, y como una forma de reconocimiento, y también porque consideramos que es de suma relevancia la difusión de los trabajos del diplomado desde el SIJ-UNAM hemos decidido retomar la publicación de las reflexiones y discusiones de las y los participantes. A partir de lo anterior presentamos la colección Cuadernos de trabajo del SIJ que recoge los trabajos de las y los participantes en los diferentes programas de formación y docencia del seminario. El título de la colección alude a los textos que son resultado de la labor de investigación, trabajo en campo o intervención de primera mano por parte de las y los estudiantes con jóvenes mexicanos. Si bien varios de los trabajos no cuentan con un desarrollo teórico en profundidad, la riqueza de los textos radica en que son reflexiones situadas y surgidas al calor del contacto con las realidades juveniles, quienes se acerquen a estos cuadernos de trabajo se percatarán de lo anterior. Del año 2010 al 2020 Mundos Juveniles así como su programa académico han sido testigos de dos procesos que marcaron un hito para la población joven del país. El primero, el movimiento #YoSoy132 que puso en tela de juicio (nuevamente) la supuesta apatía política de las y los jóvenes mexicanos. En el marco del proceso electoral de 2012 las y los jóvenes mexicanos irrumpieron en el espacio público de una manera sin precedentes (por lo menos en el país) mediante la utilización de Tecnologías de Información y Comunicación (TICs) lograron poner en la agenda mediática y política el tema de la importancia de la democratización de los medios de comunicación. Mucho se ha dicho y se ha escrito sobre #YoSoy132, sin embargo, habrán de reconocerse dos puntos de suma importancia en su legado: la estructura orgánica de su funcionamiento y el hecho de que son un precedente de suma importancia en lo que ahora conocemos como movilización en red. El segundo elemento que marcó al diplomado no podía ser otro, la Covid-19 y el confinamiento; si bien es cierto que ese acontecimiento no afecta simplemente a las personas jóvenes, sus repercusiones en este grupo sí son muy particulares y distintas a las de otros grupos poblacionales como podrían ser los adultos o los niños. ¿Cuáles son los efectos de un encierro de casi un año en las jóvenes y los jóvenes mexicanos?, ¿qué pasa con aquellos jóvenes que por sus condiciones no han podido incorporarse a los procesos de educación en línea?, ¿qué estrategias están desarrollando para poder convivir con amigos y parejas sentimentales? Estas son sólo algunas preguntas que plantea este escenario y que llevará aún mucho tiempo poder responderlas, lo cierto es que los mundos juveniles no son, ni serán los mismos después de este acontecimiento. 10 Es justo en este contexto en donde se desarrolló la décima edición del diplomado. Su inició fue en febrero de 2020 y en ese momento no se tenía idea de la magnitud del problema, sin embargo, la realidad fue imponiéndose poco a poco y los contenidos y actividades del diplomado así como la reflexión de las y los participantes de una u otra manera fue atravesada por esta situación. El primero de los textos de Luis Biniza Cruz López titulado Las redes sociales de citas en la pandemia de la COVID-19, una extensión más de la sexualidad juvenil aborda la complicada situación a la que se enfrentaros las y los jóvenes de un momento a otro ¿cómo mantener sus relaciones sexoafectivas en un contexto donde la norma era justamente la distancia? Para dar respuesta a esta interrogante el autor describe el funcionamiento de algunas aplicaciones de citas como Meetic, Tinder, Grindr y Badoo, y la importancia que cobraron en el marco de la pandemia. De la misma manera el texto describe prácticas como el sexting, que si bien aparecieron y ya contaban con gran popularidad, se tornaron más relevantes durante el confinamiento. Para finalizar este primer trabajo Luis Biniza advierte de los riesgos que conllevan este tipo de prácticas, y que por su relevancia e impactos que tienen en el plano jurídico-legal es necesario seguir debatiendo. Por su parte Itzel Viviana López García expone la reconfiguración de las acciones de los movimientos feministas a partir de la declaratoria de emergencia sanitaria. De acuerdo con la autora, la utilización de plataformas sociodigitales por parte de las mujeres ha contribuido a la consolidación de un ciberfeminismo y de una tecnopolítica feminista. El trabajo que lleva por título Mujeres jóvenes feministas onlife en contextos de crisis en México por la COVID-19 y la violencia basada en género contra las mujeres recoge las experiencias, visiones y realidades de las jóvenes feministas respecto a los casos de violencia de género que se dieron (y aumentaron) durante la cuarentena. Sin duda se trata de un tema de gran relevancia debido al contexto mexicano y la imposibilidad de las autoridades para detener esta parte de la realidad nacional. El tercer texto El sentido de la experiencia escolar de las y los jóvenes universitarios. Impactos del confinamiento por la pandemia Covid-19 de Ana Karen Soto Bernabé analiza los cambios y tensiones señalados por las y los jóvenes estudiantes respecto sus experiencias escolares y sus expectativas a futuro. Los testimonios de las y los jóvenes dan cuenta de la nostalgia por los espacios escolares y de la interacción cara a cara con sus compañeros y profesores, así como de las dificultades a las que se han enfrentado en el tránsito hacia un modelo de educación en línea de manera forzada. Para finalizar este trabajo la autora recoge la preocupación que tienen las y los jóvenes universitarios respecto a su futuro profesional y personal. 11 Para finalizar este trabajo la autora recoge la preocupación que tienen las y los jóvenes universitarios respecto a su futuro profesional y personal. Finalmente Amaury Fernández Reyes con su trabajo titulado De la generación del confinamiento a la generación del distanciamiento. Desempleo juvenil en la coyuntura de la COVID-19 en México: apuntes y reflexiones expone las transformaciones en los mercados de trabajo derivadas de la crisis sanitaria, y de cómo estás han tenido repercusiones particulares en las y los jóvenes. Bajo la categoría de Generación el autor argumenta que la precariedad y la desigualdad que grabaron las formas de empleabilidad juvenil en el contexto de la pandemia han marcado a millones de jóvenes y que esto los impacta grupalmente. Como ya se habrá advertido la temática que atraviesa los trabajos aquí presentados es el del uso de la tecnología por parte de las y los jóvenes, en este sentido no está de más recordar que dichos usos y apropiaciones son diferenciados en función del nivel socioeconómico, cultural y educativo, frente a estas condiciones adversas es imprescindible continuar la reflexión y el trabajo de investigación para profundizar en la complejidad de la relación jóvenes-tecnologías de la información y comunicación que permita una comprensión más integral. Sea pues este número 3 de la colección de los Cuadernos de trabajo del SIJ UNAM un incentivo para iniciar esta discusión. junio, 2021 12 LA PANDEMIA LLEGA A LOS MUNDOS JUVENILES: ALGUNAS PISTAS PARA LA LECTURA MERARIT VIERA ALCAZAR Este escrito es un pequeño arranque y punto de partida que dejan algunas pistas para dar a conocer a quien lee el proceso de reflexión que desataron los textos que componen este Cuaderno de Trabajo. Mi participación en esta edición del Diplomado, como en otras ocasiones, fue la de asesora; por ello, y aunque en el programa de contenidos que preparamos y actualizamos cada edición no contemplaba un problema social tan específico como el de una pandemia mundial, nos vimos en la obligación (tanto las y los participantes como yo) a tomar en cuenta la realidad que nos alcanzaba en la incorporación de las reflexiones que enmarcan el posicionamiento teórico del propio Diplomado. Lo cierto es que en el transcurso del diplomado íbamos asimilando la “nueva normalidad” que daba un giro importante a nuestras vidas, como a la de las personas jóvenes que eran, y siguen siendo, nuestro centro de interés. La pandemia nos alcanzó en el país y su abordaje se volvió obligatorio. El Covid-19, el confinamiento, y sus repercusiones sociales, políticas y económicas catalizaron procesos de desigualdad, si bien estructurales y ya existentes, que se dejaron ver de formas particulares en los mundos juveniles. En ese sentido, vale la pena reconocer que, bajo este contexto, es más que nunca vital comprender los principios teóricos que problematizan la realidad juvenil y la comprensión de la juventud desde un posicionamiento sociocultural que no solo hemos defendido desde el Seminario de Investigación en Juventud (SIJ), sino además abonado en su producción de conocimiento. Así pues, comienzo con la explicitación de tres pistas que permitan transversalmente la lectura de los textos aquí presentados. 13 La primera pista, y en continuidad con lo antes dicho es que la comprensión de los mundos juveniles no es una tarea sencilla, por el contrario, se configura a partir de una serie de articulaciones que dan sentido al ser joven desde una realidad que no es estática, que se transforma y adapta en torno a situaciones históricas, políticas, sociales y económicas que no pueden ser ignoradas, que incluso nos exigen un compromiso ético-epistémico de ser abordados, por ello, la consecuencias de la pandemia nos obligaron a repensar la realidad contemporánea y sus impactos en las prácticas y vidas de las y los jóvenes. La segunda pista está vinculada con el posicionamiento de entender a la juventud como una categoría de análisis sociocultural que justamente nos permite comprender a los mundos juveniles. Es decir, si bien “la juventud alude a una categoría social de edad, que emergió hacia fines del siglo XVIII en Europa. La idea de juventud corresponde a la consciencia de la naturaleza particular de aquellos caracteres que distinguen al joven del niño y del adulto” (Urteaga, 2011, p. 32). De esta manera, y de forma fundamental, entendemos a la juventud, no como una categoría etaria o moratoria reducida a una “etapa de maduración” que bien puede ser entendida como adolescencia, y que desde una perspectiva biológicapsicológica coopta la capacidad de agencia de las y los jóvenes. Por el contrario, entendemos que la significación de la juventud es relacional y significada desde condicionamientos sociales, políticos, históricos y económicos específicos que de manera compleja se enfrentan a imaginarios, estereotipos y representaciones institucionales, casi siempre adultocéntricos. Entonces, cabe la aclaración de que no es lo mismo la juventud, la condición juvenil, los sectores juveniles y las y los jóvenes. Como lo he mencionado en este texto, pensadoras y pensadoras sobre la juventud (Reguillo, 2000; Urteaga, 2011; Pérez Islas, 2008) aseguran que la juventud es una categoría y concepto siempre en disputa, relacional y complejo. La condición juvenil, por su parte nos permite comprender de manera situada la significación contextual que le da sentido a la realidad juvenil; los sectores juveniles por su parte nos permiten comprender acuerpamientos y/o agrupaciones conformadas por personas jóvenes que comparten ciertas prácticas en común, y que por tanto producen identidades o subjetividades específicas. Las y los jóvenes son, entonces, sujetos de acción, lo cual nos lleva a la tercera pista. 14 Las y los jóvenes son sujetos con capacidad de agencia. En ese sentido, analizar y reflexionar sobre sus mundos juveniles nos obliga a reconocerlos con la capacidad de accionar su realidad, de interpelar las normas institucionales, de cuestionar el adultocéntrismo que los condiciona. Esa capacidad de agencia es la que nos permite poner en la mesa de los escritos que integran este cuaderno, sobre todo en el reconocimiento de que, aún en tiempos de pandemia, de confinamiento y de miedo, las y los jóvenes están creado y construyendo sus narrativas, generando estrategias de supervivencia y territorios que, aunque condicionados, nos siguen demostrando que la realidad no tiene garantías. Los cuatro textos que integran este cuaderno de trabajo, nos dejan ver la importancia de los espacios digitales que, aunque ya se venía visibilizando como una característica compleja en la realidad juvenil contemporánea, se ha potencializado en un contexto de pandemia como el que hemos estado atravesando a lo largo de este año. De forma transversal, podemos encontrar las nuevas tecnologías se potencializan como una necesidad preponderante en las estrategias de acción juveniles, lo cual seguramente será un marcador importante y vital en las reflexiones futuras. Referencias Reguillo, R. (2000). Emergencia de Culturas juveniles, Estrategias del desencanto. Buenos Aires, Argentina: Ed. Norma. Pérez Islas, J.A., (2008) “Juventud: Un concepto en disputa” en J. A. Pérez Islas, Mónica Valdez y Ma. Herlinda Suárez Z. (coords.), Teorías sobre la Juventud. Las miradas de los Clásicos, México: UNAM-Miguel Ángel Porrúa, pp. 9-33. Urteaga, M., (2011), La construcción juvenil de la realidad, jóvenes mexicanos contemporáneos, México D.F.: Bibliotecas de alteridades, UAM-Iztapalapa, JP. 15 LAS REDES SOCIALES DE CITAS EN LA PANDEMIA DE LA COVID-19, UNA EXTENSIÓN MÁS DE LA SEXUALIDAD JUVENIL LUIS BINIZIA CRUZ LÓPEZ FCPyS - UNAM lcruz@logos.edu.mx La representación llevada a la pantalla era la prueba más efectiva de que el cuerpo podía convertirse en una superficie plana para proyectar imaginarios mentales y que lo que se creía naturaleza, inmanencia, en realidad sólo era una construcción algorítmica presta a ser innovada. Ojeda, M. (2016). Nefando. La pandemia que se desató de manera más notoria en el año 2020 implicó una serie de cambios significativos a escala global que se vieron reflejados en el cotidiano de los individuos. Una característica primordial de este fenómeno fue el traslado forzoso a los hogares en busca del resguardo y, como consecuencia, una reconfiguración en las formas de comunicarse para mantener la vida social por medio del internet. Por ejemplo, una de las acciones más significativas que impactaron el cotidiano de muchas familias a escala mundial fue la virtualización de la escuela, en donde cientos de miles de estudiantes transicionaron de ciclos escolares por medio de las plataformas electrónicas. 17 Este canal del proceso comunicativo está conformado por una cultura digital y una serie de Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) que se internalizan en el día a día de los seres humanos en lo que los estudios llaman la era de la información. En el presente texto se expondrá un estudio exploratorio que aborda el uso de las redes sociales de citas en la pandemia de la Covid-19 entre los jóvenes, desentrañando cada una de las dinámicas más usuales a las que las y los usuarios recurren en dichas plataformas. Por último, se cierra el texto con una propuesta de educación sexual digital que ayude a las personas que conviven en estas redes sociales a navegar de una manera más segura. En este confinamiento pareciera que únicamente se convive con un reducido grupo de personas que habitan la vivienda; sin embargo, las interacciones sociales en las que vivimos se mantienen o incrementan gracias a las redes informáticas. El investigador catalán Manuel Castells (2014) nos ayuda a entender que: la virtualidad en la que vivimos es una de las dimensiones fundamentales de nuestra realidad, vivimos con internet, no en internet o para internet, está presente en nuestra vida, en nuestros espacios de prácticamente todo lo que hacemos. La conexión entre lo virtual y lo presencial la hace el individuo; no es que hay dos sociedades, sino que hay dos formas de relación de actividad social en nosotros (p.7). Más allá de una respuesta ante la crisis, las dinámicas que existían previamente gracias al uso del espacio web se intensificaron, siendo en muchos casos la única forma de continuar con las actividades, incluso las esenciales. Asimismo, estas redes de comunicación de base electrónica y de transmisión digital, tienen efectos en los intercambios subjetivos y la socialización por medio de los dispositivos electrónicos, de ahí que el profesor Scott Lash (2003) las ha nombrado formas tecnológicas de vida. El análisis de Lash está inscrito dentro de la tradición del paradigma fenomenológico en donde la realidad es construida a partir de relaciones de sentido producto de la vida humana misma, por ello, este autor recupera a Husserl (1984) con sus planteamientos enfocados en “la paradoja de la subjetividad humana que es sujeto del mundo y conjuntamente objeto en el mundo, pues es una realidad situada espacial e históricamente; pero simultáneamente se experimenta a sí mismo como un yo que se refiere al mundo mediante actividades subjetivas”(p.50). Un mundo que se expande, externaliza y configura mediante el espacio cibernético, en donde el sujeto está dado en el mundo físico y virtual por igual, de alguna manera construyendo su vida diaria. 18 Por lo tanto, la socialización tecnológica de las y los sujetos aumenta exponencialmente en una situación como es el confinamiento. Las prácticas sociales son mediadas por redes sociales, teléfonos inteligentes y algoritmos; “enfrentamos nuestro medio ambiente en interfaz con los sistemas tecnológicos (…) con una cultura tecnológica que existe, constitutivamente, a distancia, vida y naturaleza a distancia” (Lash, 2005, p. 43). En el caso mexicano, la virtualidad está inmersa en un alto porcentaje de la población, sobre todo en las y los jóvenes. La ENDUTIH[1] 2019 expuso que en el país hay 80.6 millones de usuarios de internet y 76.5 millones de usuarios de teléfonos celulares. De igual forma, la mayor proporción de usuarios de internet es el grupo de 18 a 24 años con una participación del 91.2%, y en tercer lugar el grupo de 25 a 34 años con 86.9%. Los resultados de 2019 mostraron un incremento de cibernautas del 4.3% con respecto al estudio de 2018. Con dicho panorama, podemos observar que la adaptación de las actividades —como el trabajo, la educación y el esparcimiento— a los hogares no fue un choque abrupto, por lo menos en la juventud mexicana. De la misma forma, el esparcimiento web se ha sido exponencial en los últimos diez años, la oferta de entretenimiento y convivencia cada año aumenta gracias a la generación de plataformas digitales. En específico, no podemos encerrar a Facebook, Twiiter e Instagram como las únicas redes sociales activas, sobre todo, el mundo juvenil ha adoptado a muchas más plataformas a su vida cotidiana, entre ellas, los espacios virtuales de citas. El internet de las citas Las redes sociales de citas son sitios y aplicaciones en la que los usuarios buscan conocer a nuevas personas, para que, en la mayoría de los casos, se genere una relación erótico-afectiva entre las y los usuarios. A partir de introducir una serie de especificaciones de búsqueda y teniendo como base un sistema de geolocalización se activa un procesamiento de metadatos que permiten enlazar la información que proporcionan los navegantes: ¿qué ofrezco y qué busco?, para relacionar perfiles. Estas redes sociales nacen muy a la par de la expansión masiva del internet. En un primer momento eran páginas web en donde la interacción se hacía mediante chats, en los cuales muchas veces ni siquiera se permitía enviar fotografías. Hoy en día existe una amplia gama en donde se encuentran hipervínculos especiales dentro [1] Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH) censa información sobre disponibilidad y uso de las tecnologías de información y comunicaciones. Se estudia la población de seis años en adelante. Es una estadística anual que se realiza en todo México desde el año 2001 con el INEGI como coordinador. 19 se encuentran hipervínculos especiales dentro de las redes sociales como es Facebook Parejas; aplicaciones para teléfonos inteligentes, que son las más usadas como: Meetic, Tinder, Grindr, Badoo; o bien, páginas dentro de los navegadores como lo son Élite o Mexicancupid. Desde hace tiempo, la población joven se ha inclinado en el uso de apps para teléfonos inteligentes. Estas existen desde el año 2009 y comenzaron con Grindr y el concepto de espacios digitales para hombres gays que buscan un encuentro sexual de una noche. En el año 2012 entra Tinder al mercado, siendo la más popular a nivel mundial, y con ello empieza el auge de este mundo erótico-digital. Hoy en día se puede decir que hay una aplicación para cada grupo y preferencia sexual; está Scissr y Wapa para mujeres lesbianas; Grindr, Chappy y Scruff dentro de la comunidad gays; Transdr y Transgender para personas trans. Asimismo, observamos que la formación de nuevas relaciones socio-afectivas mediadas por el internet están envueltas en la inmediatez del click. Recuperando una vez más a Lash, podemos entender que es normal que la intimidad de los amantes se comience a la distancia; esto pues “las formas de vida se convierten en formas a distancia. Como mis formas de vida están tan normal y crónicamente a distancia, no puedo navegar ni desarrollar la socialidad al margen de mi interfaz maquinal. No puedo lograr esa socialidad en ausencia de sistemas tecnológicos” (Lash, 2005, p. 42). Dichos sistemas han reestructurado el erotismo juvenil, iniciando los primeros encuentros entre las personas a partir de las plataformas digitales, formando a su vez, un reajuste de las expresiones sexuales que las y los jóvenes experimentan en una relación. En el encierro propiciado por la covid-19 encontramos un crecimiento en el intercambio sexual dentro de las apps de citas. Por ejemplo, Match Group a finales de marzo de 2020 reportó en su portal de internet que se había roto un récord de intercambios entre sus participantes, el cual llegó a 3 mil millones de deslizamientos. Registrando también un aumento del 30% de sus usuarios, en su mayoría personas menores de 30 años. Ante este incremento, se observan dos particularidades muy distintivas en los nuevos usuarios con las cuales podemos proponer subgrupos de análisis: los usuarios tradicionales y los usuarios pasajeros. Siendo los primeros aquellos internautas que usan la aplicación para tener un encuentro sexual desde un primer contacto virtual hasta la posibilidad de construir una relación sentimental a largo 20 plazo. Mientras que los segundos son personas que transitan por estas apps como pasatiempo y para conocer personas nuevas en este encierro, esto podemos observarlo en algunas descripciones de los perfiles. De igual manera, en ambos tipos de usuarios encontramos la necesidad natural de la sociabilidad que se vuelve más segura, en materia de salubridad, por medio de los espacios web. Ya Jorge Linares planteaba que “la tecnología se ha convertido en el entorno necesario e indispensable para los fines pragmáticos de los seres humanos porque han devenido fines primarios, desplazando a los fines teóricos y contemplativos, a los estéticos o religiosos y a cualquier modalidad que no responde directamente a la presión de la necesidad. La razón tecnológica configura ahora las condiciones de la experiencia humana” (Linares, 2018, p. 108). Que a su vez esas condiciones se vuelven en muchos casos la única opción para continuar con una vida sexual. Ahora bien, estas interacciones que tanto hemos mencionado no se limitan únicamente a las conversaciones mediante el chat, sino que hay una serie de expresiones de la sexualidad que se viven por medio de lo virtual. Incluso, en este periodo las aplicaciones han abierto más canales de comunicación que propician acciones que no existían anteriormente o que implicaban un costo extra, por ejemplo, el uso de videollamadas y notas de voz entre los perfiles. Esta vida en las ventanas también ha propiciado el sexting como una forma alternativa de satisfacción del deseo sexual. Este acto ha sido denigrado y confundido con una serie de violencias que abusan la intimidad de las personas, cuestión que abordaremos más adelante, pero que en realidad es la expresión del derecho sexual al ejercicio libre y consensuado para compartir la belleza del cuerpo humano. Una voluntad de las y los sujetos para ejercer, apropiarse y compartir su corporalidad con aquellas personas que están formando un vínculo. De igual forma, estas plataformas han abierto nuevos espacios de convivencia y de autoconocimiento de la identidad y preferencia sexual, pues permite a las y los usuarios unirse a comunidades que pudieran no conocer hasta después de entrar a las aplicaciones. Con el confinamiento en los hogares, el celular y los aparatos electrónicos se quedan únicamente con las y los dueños, por lo que posibilita la navegación más privada. [3] Descripciones como: “vengo a cotorrear”, “me gusta conocer gente y con la pandemia no se puede”, “no busco sexo solo conocer personas”, “yo no quería, pero la cuarentena me llevó abrir esto”, “estoy aquí por aburrimiento”, “abrí esto para despejar un poco mi mente”, “lo que hace la cuarentena pero podemos ser buenos amigos”. Recuperados de perfiles de Tinder en mayo y junio de 2020. [4] Referencia a la novela de Andrés Neuman La vida en las ventanas publicada en 2002 por editorial Alfaguara. [5] El sexting es una actividad, mutuamente consensada, en donde por medio de la mensajería de las redes sociales se envían fotos y videos personales de carácter erótico a una persona. 21 Por último, estas aplicaciones son un primer acercamiento para posibles futuros contactos, debido a la incertidumbre de cuándo se suspenderá el confinamiento la calendarización de los encuentros está en pausa. Emiliano, un usuario tradicional de Bumble, ejemplifica esto de una manera bumblera: “si hago cuentas estaría teniendo sexo durante trece días seguidos con una persona diferente a la vez”. La incertidumbre que genera la llamada “nueva normalidad” día con día impacta no solo los espacios laborales o académicos, también se ven modificadas las situaciones de esparcimiento entre las y los sujetos. Como hemos expuesto anteriormente, es claro que las interacciones de las que las y los jóvenes se han apropiado en el espacio de lo virtual seguirán presentes aún después del confinamiento, pero igualmente, gracias a este mismo hubo un grupo importante de personas que se incluyó a las dinámicas, en este caso las relacionadas con la sexualidad, y que muchos de ellas se apropiaran de las mismas. Tanto aquellos usuarios que antes de este periodo ya estaban inmersos como los que se están y se van a incluir, necesitan conocer las maneras convivir en estos espacios de una manera más segura. Conocer los riesgos para navegar de una manera más segura Hay diversas precauciones que se deben tener en cuenta en una sociedad del riesgo en donde la navegación web ha contextualizado, desarrollado y producido una serie de peligros y situaciones de violencia. Ulrich Beck (1998) ha planteado que la sociedad moderna se encuentra en una fase donde los riesgos escapan del control de las instituciones, esto ocurre de dos maneras: La primera, en se observa a partir de riesgos residuales, donde los efectos y amenazas son producidos de forma sistemática pero no son parte del debate público. La segunda, cuando los peligros de la sociedad industrial comienzan a dominar los debates y conflictos públicos. Las instituciones son productoras de las amenazas que no pueden controlar (p.10). En las aplicaciones de citas, al ser un entorno de formación de relaciones socioafectivas, la intimidad, privacidad y el consentimiento son tres pilares fundamentales para diferenciar entre una situación violenta y una que no lo es. Lo anterior, es una de las problemáticas a estudiar, ya que, por un lado, están las relaciones formadas de manera consensuadas por dos personas que convivieron por medio de las apps pero, por otro lado, existe toda una serie de violencias y delitos cibernéticos que surgen y actúan en estos contextos. [6] Entrevista realizada a Emiliano X el 17 de junio de 2020. 22 Los actos sexuales, tanto en la virtualidad como en lo presencial, deben ser aprobados recíprocamente entre quienes participan en este tipo de encuentros. El disfrute, la empatía y el respeto a los límites se contextualizan en cada relación y dentro de dinámicas construidas en las aplicaciones, que bien se pueden construir o imponer. Dentro de ello, el compartir la intimidad con una persona es justamente un acto no impositivo, por lo tanto, la insistencia en pedir imágenes y videos desnudos ante una previa negación rompe con la contextura de lo íntimo, lo cercano y lo seguro. De la mano con lo anterior, tenemos también las precauciones respecto a la privacidad, la cual es una temática muy discutida dentro de los estudios de las redes sociales, siendo el caso más estudiado en los últimos años el uso indebido de la información de los usuarios Facebook por parte de la compañía Cambridge Analytica para las elecciones presidenciales de 2016 en los Estados Unidos. Sin embargo, aquí nos enfocaremos a la privacidad dentro del encuentro sexual. Acto que es únicamente entre los involucrados y que las mismas aplicaciones, al no tener muro de publicación como Facebook y Twitter sino solo chats, no permite el contacto con terceros. Entonces, ¿cuáles serían los riesgos con respecto a la privacidad? En los últimos diez años la difusión y venta de packs [7] ha trastocado el derecho sexual del sexting, ya que se pasa de lo privado a lo público sin consentimiento. Tal ha sido el crecimiento de esta práctica, no solo dentro de la deep web, que grupos organizados de la sociedad civil [8] han promovido la legislación para sancionar a las personas que difundan contenido sexual privado a partir de medios digitales. Ejemplo de lo anterior, es la Ley Olimpia [9] a nivel nacional con perspectiva de género y que proteja a las personas que sufren de ciberviolencia. Otra violencia muy común dentro de estas aplicaciones y que gira en torno al consentimiento es el envío de dickpics. En donde al no tener autorización previa del destinatario se arrebata el derecho a decidir qué quiero y qué no quiero de la relación que se está formando. Esta acción se ha observado sobre todo en hombres, tanto para mujeres como para con otros hombres, visibilizando una imposición egocéntrica del machismo que se vive día con día dentro de la web. [7] Los packs son un archivo de imágenes sexuales, que en muchos de los casos se usaron para hacer sexting, y que son difundidos sin la aprobación de la persona exhibida. Incluso ante la legislación mexicana este tipo de contenidos está clasificado como pornografía. [8] Por ejemplo, el Frente Nacional para la Sororidad y su equipo de Defensoras Digitales que desde 2019 luchan por la promoción de una cultura digital con perspectiva de género y un derecho a vivir sin violencia en el internet. Son las principales promotoras de la Ley Olimpia en los estados y se dedican a la divulgación y protección de los derechos digitales. [9] La Ley Olimpia son una serie de reformas para reconocer y castigar la ciberviolencia. Esta iniciativa fue expuesta en 2014 por la activista Olimpia Melo Cruz y se “define la violencia digital como actos de acoso, hostigamiento, amenaza, vulneración de datos e información privada, así como la difusión de contenido sexual sin consentimiento y a través de las redes sociales, atentando contra la integridad, la libertad, la vida privada y los derechos, principalmente de las mujeres” (Defensoras Digitales, 2020). [10] También llamado cyberflashing son fotografías de genitales masculinos enviadas sin previo aviso a una persona. 23 Por último, uno de los riesgos que están enfrentando sobre todo la población joven es el robo de identidad y el hackeo. La empresa de ciberseguridad rusa Kaspersky Lab en su Boletín de Seguridad 2019 señaló que en México cerca de 23% de internautas declaran haber sido hackeados en alguna de sus cuentas de redes sociales, siendo los jóvenes de 18 a 24 años el grupo poblacional que más declaró este tipo de ataques. En el caso de las apps de citas se han reportado denuncias en donde un perfil roba las fotos de otra persona para usarlas como propias y hacerse pasar por él. Una ventaja al respecto es que la función de “denunciar perfil” está presente en todas las aplicaciones y es atendida de manera continua para evitar este tipo de situaciones. Esta serie de ciberviolencias y riesgos dentro de la web de citas son una realidad anterior, durante y después de la pandemia. Sin embargo, al encontrar un incremento de usuarios e interacciones en este momento específico debe estar acompañado por una reeducación sexual, enfocada principalmente en los entornos digitales y sustentada por los derechos sexuales y reproductivos de las personas. Hacia una educación sexual-digital Las redes de citas en la coyuntura de la covid-19 se colocan como medio de expresión de la sexualidad, cuestión que seguirá presente y recuperando una vez más a Castells, es parte de la producción cultural que es el internet. Por lo tanto, hay una urgencia de construir una educación sexual en donde se difunda y se dialogue la relación sexualidad-redes sociales. Es necesaria una promoción erotofílica dentro del uso de las aplicaciones, en donde se busque construir espacios de goce, de sentimientos positivos hacia nuestra sexualidad, con relaciones de cariño y respeto mutuo. Espacios educativos en donde no se promocione la prohibición, la victimización ni desacredite a las personas que buscan un contacto sexual virtual y en su lugar se celebre el proceso humano de ser seres sexuados con todas las posibilidades que ello nos da y sabiendo convivir en todos los espacios en los que la relaciones socio-afectivas se generan y conviven, entre ellas la virtual. Un modelo donde se favorezca la aceptación positiva de la propia identidad sexual y el aprendizaje de conocimientos y habilidades que permitan vivir las diferentes posibilidades de la sexualidad en cada edad, conforme las personas implicadas deseen. Por ello, es fundamental trabajar sobre la práctica del consenso. Tanto entender en dónde están mis límites de acción con la relación en la que estoy, como del empoderamiento para poner frenos a los actos que no quiero 24 aceptar. Con ello, se podría buscar fortalecer la autoestima sexual, ayudar a la definición de una identidad sexual fuera de estigmatizaciones y reconstruir los roles de género fuera del campo de las violencias. De igual forma, la lucha de las mujeres en los últimos años ha visibilizado la importancia del consenso y el consentimiento en las relaciones interpersonales, donde gran parte de las violencias cotidiana comienzan cuando las dos acciones anteriores se ven traspasadas. Junto con ello, la búsqueda y construcción de otras formas de ejercer y vivir la masculinidad, que no ejerza violencias y que asimile que los actos sexuales son de mutuo acuerdo entre las y los participantes. De lo anterior, el mundo digital no está exento, pero, sobre todo, aún está muy lejos de la cultura jurídica que proteja y busque informar a las y los usuarios de las redes qué situaciones están infringiendo sus derechos. La formación de pensamiento reflexivo y crítico de la sexualidad permitirá a las y los usuarios conocer y exigir espacios y procedimientos que protejan sus derechos. Esta oferta educativa debe ser principalmente dirigida a la juventud, comprendiendo sus contextos relacionados con la virtualidad y complementándose con el trato que tienen de su sexualidad, entendiendo que es un proceso complejo e interdisciplinario, pero ante todo necesario para la generación de una mejor convivencia. Con ello, las y los usuarios conocerán los riesgos que se viven en la red, pero como acción reformadora de tomar decisiones de manera responsable, a su vez, podrán exigir sus derechos sexuales, reproductivos y digitales. Conclusiones La cultura del internet en época de pandemia ha generado una serie de espacios reconfigurados que permiten entender de mejor manera como el ser humano contextualiza la tecnología para satisfacer sus necesidades. La sexualidad es un menester bio-psico-social que cada vez va encontrando maneras de satisfacerse a través de una pantalla. Son formas de vida que como nos ha planteado Lash se han vuelto procesos tecnológicos a la distancia. Una cultura tecnológica que visibiliza a nuestro mundo, en buena parte, dentro de lo virtual. Por ello, estudiar las redes sociales, en este caso las de citas, es adentrarse a una serie de interacción que suceden dentro nuestro cotidiano. Asimismo, en estos espacios habitan una serie de confluencias digitales que pueden entretener, ayudar y facilitar dinámicas a las personas, junto con ellas, 25 como sucede en la realidad no virtual, hay una serie de violencias, inseguridades y peligros que puede vivir cualquier persona. Una diferencia sustancial que permite un uso seguro de la tecnología es conocer los riegos de manera profunda, relacional y con una visión crítica El análisis de estas interacciones es un trabajo continuo, pues el avance tecnológico nos seguirá sorprendiendo y la demanda por conocer nuevas personas seguirá presente dentro de las redes sociales. Para tener un mejor disfrute dentro de la virtualidad se necesita una información precisa/preventiva de riesgos/espacios que promocionen y garanticen la seguridad. Con ello, la importancia de conocer a profundidad las interacciones más populares que las y los jóvenes desarrollan dentro de estas redes, como por ejemplo el sexting. Esto con un objetivo informativo que permita a las personas usuarias saber distinguir cuando es una expresión libre de la sexualidad y cuando una violencia a la intimidad, un proceso en donde las y los sujetos involucrados en el acto sexual puedan ser consientes, lo disfruten y estén en situaciones seguras. Por ello, la propuesta de una repensar una nueva educación sexual con énfasis en las interacciones virtuales es una tarea necesaria en la era de la información. Formar a su vez una ética relacional en donde las prácticas sean consensadas entre las y los usuarios buscando el goce y el cuidado mutuo. Con el encierro propiciado por la Covid-19, las y los jóvenes se han adaptados y profundizado las distintas formas de interacción social, muchas de ellas en un lenguaje y con dinámicas muy propias de la misma comunidad juvenil, que como sucede en gran medida a lo largo de la historia, las generaciones más grandes no comprenden de todo. Mientras la situación sanitaria siga arrogando a las personas dentro de sus casas el mundo juvenil seguirá sorprendiendo día con día con nuevas transformaciones a su cultural digital. Referencias Beck, U. (1998). La sociedad del riesgo global. Barcelona, España: Paidós. Castells, M. (s.f., julio de 2002). La dimensión cultural de Internet [ponencia]. Cultura y Sociedad del Conocimiento: Presente y Perspectivas de Futuro. UOC, Barcelona, España. Recuperado de https://www.uoc.edu/culturaxxi/esp/articles/castells0502/castells0502.html. -------------. (2000). La era de la información: economía, sociedad y cultura. Madrid, España: Alianza Editorial. 26 Defensoras Digitales. (26 de mayo de 2020). Ley Olimpia: nadie tiene derecho a difundir tus nudes sin tu consentimiento. Recuperado de https://defensorasdigitales.org/ley-olimpia-nadie-tiene-derecho-a-difundirtus-nudes-sin-tu-consentimiento/. Instituto Federal de Telecomunicaciones (ift). (2019). En México hay 80.6 millones de usuarios de internet y 76.5 millones de usuarios de teléfonos celulares: endutih 2019. (Comunicado de prensa, núm.103/20) inegi y sct. Recuperado de http://www.ift.org.mx/comunicacion-y-medios/comunicadosift/es/en-mexico-hay-806-millones-de-usuarios-de-internet-y-865-millonesde-usuarios-de-telefonos-celulares. Kaspersky Lab. (2019). Boletín de seguridad. 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Ante este contexto de crisis, las tensiones entre las jóvenes feministas y el gobierno mexicano han continuado debido a las acciones, omisiones, mensajes y medidas implementadas para atender la violencia basada en género contra las mujeres. En este sentido, lo que expongo es la reconfiguración de las acciones del movimiento feminista protagonizado por mujeres jóvenes a partir de la declaratoria de emergencia nacional por la pandemia, así como la transformación de las redes de apoyo; principalmente, con acciones impulsadas desde plataformas digitales que [1] Luciano Floridi en su libro The onlife manifiesto: Being human on the hyperconnected era (2009), plantea repensar los asuntos sociales en una etapa de transición digital en la que la distinción entre online y offline pierde sentido. El presente artículo se centra en analizar el activismo y la movilización de las jóvenes onlife: tanto en la realidad física como en la realidad virtual. 29 han contribuido a prácticas ciberfeministas [2] o una tecnopolítica feminista [3] que ya desde hace unos años se viene gestando en la generación de mujeres jóvenes feministas. En este escrito se incluyen las experiencias, visiones y realidades juveniles de algunas feministas que permiten comprender y entender éstas formas de participación que aún son negadas, cuestionadas, minimizadas e invisibilizadas. Introducción La pandemia por COVID-19, que inició en China a finales del año pasado, llegó oficialmente a México el 27 de febrero de 2020, trayendo consigo una serie de impactos económicos y sociales, causando estragos en los mercados laborales a nivel nacional y mundial. En México se estima una pérdida de miles de vidas, de millones de empleos remunerados y consigo el aumento de diversas problemáticas en torno a la salud y la seguridad pública. Para la comunicación mediática, el tema de salud de la realidad juvenil no ha sido un tema central debido a la alta correlación entre la edad y la comorbilidad del virus mortal, sino que se ha centrado a evidenciar cómo la crisis sanitaria ha aumentado la brecha de desempleo y de oportunidades para las/os jóvenes, escenario con alto potencial para acentuar su condición de exclusión y desigualdad social. También, han centrado su especial atención hacia las discusiones que surgieron por los índices de violencia basada en género contra las mujeres que aumentaron durante el confinamiento. De acuerdo con diversos colectivos, grupos de ayuda mutua y organizaciones civiles de mujeres feministas, como la Red de Salud de las Mujeres Latinoamericanas y del Caribe (RSMLAC), quienes desde sus activismos se han referido a estas expresiones de violencia como la otra pandemia de México. Y no es porque sea una enfermedad en sí, más bien es una analogía porque las violencias son un problema de salud pública de gran magnitud que requieren medidas efectivas para prevenirlas y atenderlas. [2] El Cyborgfeminismo es una corriente inaugurada por Donna Haraway con su Manifiesto Cyborg de 1985. Para Ana de Miguel y Montserrat Boix (2002), el ciberfeminismo se ha vinculado como un puente entre los movimientos feministas con los movimientos por la antiglobalización neoliberal y los derechos humanos, proclamando el uso estratégico de las nuevas tecnologías y el espacio virtual para la transformación social. El ciberfeminismo no se reduce a la acción virtual, sino que entiende que su campo de acción está online y offline. [3] Para Montserrat Boix (2015), la tecnopolítica feminista es una propuesta para recuperar el potencial transformador de las tecnologías y la necesidad de transformar las estructuras patriarcales presentes en los ámbitos tecnológicos. Para Ivette Pedraza y Rodríguez Cano (2019), la tecnopolítica feminista revalora la relación mujerestecnologías en los múltiples espacios en los que ocurre, no solo con las tecnologías digitales sino con otras tecnologías de la reproducción, el cuidado, la alimentación, la creación artística; recuperando la dimensión política de la vida cotidiana. 30 En lo que respecta a los preocupantes índices de violencia feminicida en el país, en los últimos años han sido un problema que para feministas y no-feministas, urge erradicar. En el resumen ejecutivo del informe Las dos pandemias: Violencia contra las mujeres en México en el contexto de COVID-19 publicado en agosto por la Red Nacional de Refugios A.C., Intersecta y EQUIS Justicia para las Mujeres, desde antes de la pandemia la violencia contra las mujeres en México ya era un problema público importante. Algunos datos que maneja este informe es que, de acuerdo con datos de la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) del 2016, en México el 44% de las mujeres mayores de 15 años habían vivido al menos un incidente de violencia a lo largo de su última relación de pareja. En el contexto de la relación de pareja, el 40.1% reportó haber vivido violencia emocional, el 20.9% violencia económica, el 17.9% violencia física y el 6.5% violencia sexual. También, desde el 2007 -antes de la pandemia- los asesinatos de las mujeres comenzaron a aumentar dramáticamente en el país, pasando de ser 1,089 en el 2007 (una tasa de 2 mujeres por cada 100,000) a 3,824 en el 2019 (una tasa de 5.9 mujeres por cada 100,000). Y según estimaciones de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, México es de los países con las tasas más altas de asesinatos de mujeres en el mundo. Para abril de 2020-durante la pandemia-, hubo un total de 337 mujeres asesinadas, según el análisis de Intersecta de los datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SENSP). Esta proporción significó, en promedio, 11.2 mujeres asesinadas por día y es la cifra mensual más alta registrada en lo que va del año. Según el informe, el hecho de que aún con la implementación de las medidas de distanciamiento social y confinamiento en casa los asesinatos de mujeres hayan aumentado, demuestra la persistencia de la crisis de violencia en México, además que tanto la declaratoria de emergencia nacional como la instauración de la Jornada de sana distancia en el país por la COVID-19, no son la raíz del problema. En resumen, las condiciones de pobreza, exclusión y violencia en que vive comúnmente la población joven en México generan que tengan que enfrentarse a entornos personales, familiares, culturales y estructurales que dificultan tanto su desarrollo como su participación ciudadana en la sociedad. 31 Entonces, ante éstas condiciones ¿cómo han reaccionado las/os/es jóvenes desde su agencia para afrontar los escenarios de la pandemia por COVID-19?, ¿Por qué es importante comprender y analizar las participaciones y expresiones juveniles desde la condición sexo-genérica? Y ¿por qué abordarlo desde una perspectiva de género feminista? Esto es lo que se pretende responder con el presente artículo. Participación ciudadana de las mujeres jóvenes Para comprender cómo se ha transformado la participación de las jóvenes, me remontaré a contextualizar brevemente cómo han sido sus formas de participación y organización en colectiva, sin dedicarme a desmenuzar toda su historia y trayectoria, sino en el mero ejercicio de su ciudadanía juvenil y su aparición en los estudios juveniles. Para Elizalde (2006) los estudios de juventud nacieron con una visión en donde categorías como la de género, etnia y clase social no cobraron relevancia. Lo común durante varias décadas fue encontrar investigaciones y estudios sobre los jóvenes, como sujetos de estudio, para comprender su realidad desde enfoques, perspectivas y visiones androcéntricas. De acuerdo con Reguillo (2000) fue en las décadas de los sesenta y setentas cuando se comenzó a hablar del joven y la joven como actores políticos reconocidos. Y, si nos remontamos históricamente a la mitad de esta década en nuestro país, nos encontramos con la participación de jóvenes en el movimiento estudiantil mexicano impulsado principalmente por universidades públicas del centro del país. Sin embargo, esto no quiere decir que antes no hayan participado. El escenario del movimiento estudiantil del ´68 sin duda impulsó la participación y la organización de mujeres jóvenes dentro de la movilización, lo que también contribuyó a que años después aproximadamente a mediados de los años setenta, estallará la primera ola feminista en México que estaba por estallar años después. De esta manera, el movimiento feminista en México tuvo un auge de participación y movilización influenciado por las propias movilizaciones estudiantiles nacionales y las de otras mujeres del feminismo norteamericano y europeo. Planteándose una agenda, retomada por feministas, activistas y académicas de la época. En efecto, el movimiento ha traído consigo avances para la reducción de la brecha de desigualdad de género en un sentido amplio. Y a la luz de que, en las últimas décadas la igualdad de género ha estado vigente en la agenda política 32 nacional e internacional, hoy nos encontramos frente a un panorama diferente al de hace algunos años, puesto que el Estado mexicano ha firmado y ratificado diferentes convenios y tratados internacionales para promover la igualdad de género y erradicar la violencia basada en género contra las niñas, jóvenes y mujeres, lo cual contrajo una serie de obligaciones y responsabilidades para poder garantizar los derechos humanos, específicamente, de las mujeres. Entonces, en la medida en que más mujeres han ido ocupando cargos en el espacio público, y que desde esa primera ola de feministas comenzaron a abrir camino dentro de las instituciones públicas, privadas y en la sociedad civil, se logró impulsar un activismo en pro de los derechos de las mujeres, ya no sólo en forma de peticiones y exigencias al Estado sino, en la formulación de legislación y mecanismos que garantizaran la igualdad jurídica entre hombres y mujeres; impulsando de esta manera un ejercicio constante de gobernanza. y reconocimiento de su ciudadanía. Sin embargo, este impulso no necesariamente puede ser considerado una garantía. Mujeres jóvenes feministas onlife El caso de las jóvenes feministas, el camino ha sido diferente incluso a través de las generaciones. Una de las características de la actual generación de los feminismos protagonizados por mujeres jóvenes es la protesta en los espacios públicos; sin embargo por su condición de edad y de género, las acciones que en colectividad han organizado para incidir social y políticamente en los espacios públicos aún continúa siendo criticado –con discursos y acciones basadas en el deseo de tener un control sobre de ellas y sus cuerpas-. Ejemplo de ello han sido las diversas respuestas discursivas de las instituciones, usualmente con visiones desde el privilegio y el adultocentrismo, sobre las actuales manifestaciones, las protestas y las expresiones de hartazgo de las jóvenes feministas, siendo el espacio público el lugar propicio para visibilizarse y hacerse escuchar. Para Viera y Salas (2020), el movimiento feminista actual ha usado el espacio público, desplegándose entre los símbolos y las representaciones masculinas, en donde las mujeres lo invaden y lo hacen suyo. Puesto que desde hace varias décadas el movimiento feminista ha buscado reapropiarse de los espacios públicos que eran, y todavía son, negados a las mujeres, donde se les excluía y que habían sido diseñados mayoritariamente por los hombres y para los hombres de cierta condición. 33 La opinión pública respecto a lo que las jóvenes feministas hacen con los performances y las intervenciones en el espacio público, van desde la defensa hasta el señalamiento con frases como: “no son las formas”, “vandalismo”, “violencia no se resuelve con violencia”, “daño al patrimonio” (Andrade, 2020). Es decir, en las representaciones y los discursos normativos se ha tendido a castigar, criminalizar o penalizar discursiva y “moralmente” a las jóvenes, quienes desde el acuerpamiento y su agencia en el espacio público, se han organizado y movilizado para manifestar abiertamente su hartazgo de diversas maneras –como son las marchas, los performances, las pintas y las protestas– porque para algunos éstas resultan ser expresiones y representaciones juveniles violentas y transgresoras. Entonces, ¿cuál es el espacio y cuáles son “las formas” para que las jóvenes y sus necesidades realmente sean escuchadas y tomadas en cuenta? Pues más allá de deslegitimizar o señalar las protestas como actos violentos, exigimos que se comprenda el por qué y para qué surgen. Para Reguillo (2003, p.23) La posibilidad de instalar este debate en la sociedad (cambiar la mirada sobre las personas jóvenes), será muy difícil si no se logra documentar y visibilizar la violencia institucionalizada contra las juventudes. Reguillo (2000) también cuestiona que “si el ciudadano se define en el quehacer, son las prácticas el territorio privilegiado para explorar la participación juvenil”. Y aquí nos estaríamos enfrentando al encuadramiento de la participación juvenil, pues se espera que su participación cumpla con ciertas características –al todavía ser comparadas con otras– para poder ser ejercidas y validadas, porque el mensaje es que siendo de otra generación y siendo jóvenes merecen la aprobación de personas adultas con más experiencia de quienes necesitan aprender. Siguiendo con esta autora, las nuevas formas de participación juvenil han cambiado y sus manifestaciones suelen ser a través de los usos de medios electrónicos, los consumos culturales y las expresiones artísticas contemporáneas. Para el caso de las mujeres jóvenes feministas, activistas, defensoras de derechos humanos y acompañantes psicosociales, los medios electrónicos y en general las tecnologías de la información ha sido los medios idóneos para resistir ante la presión y opresión del sistema machista/patriarcal presente, incluso en la sociedad red. De acuerdo con Varela y Santolaya (2019), actualmente nos encontramos en la cuarta ola del feminismo que se caracteriza por ser un movimiento global influen- 34 ciado por el desarrollo tecnológico y científico, el cual ha permitido el impulso de un activismo eficaz, en donde las jóvenes onlife sin duda lo han protagonizado. Un claro ejemplo de esto es el activismo digital o ciberactivismo, que dentro del movimiento feminista ha sido denominado ciberfeminismo debido a que su condición de globalidad ha permitido expandir el movimiento a través del uso de las tecnologías, así como cuestionar y reformular la figura de las mujeres en estos espacios, también públicos. También se hace referencia a la tecnopolítica feminista como una propuesta para generar conexiones entre mujeres, tecnologías y otros agentes que transformen las relaciones de poder implícitas en el orden de género (Boix, 2015). Adriana Pérez (2020) menciona que: “muchos de los rasgos que caracterizan a esta nueva ola se relacionan con lo propiamente juvenil, o, dicho de otra manera, son características atribuibles a la participación de las personas jóvenes en la movilización global por la igualdad de género… que plantearon una unidad de acción desde la diversidad y la inclusividad, desde las lógicas de liderazgo horizontal y desde una organización en red”. Por lo que, el impulso de la participación política de mujeres jóvenes en espacios públicos y digitales –jóvenes onlife– cobra relevancia a través de prácticas como el ciberfeminismo o la tecnopolítica feminista, al hacer uso de herramientas, aplicaciones, hashtags, contenidos digitales y diversas formas de expresión digitales, no sólo por su contenido sino por el discurso y las acciones colectivas impulsadas en forma de redes de apoyo. Por otro lado, Chemaly (2019) asegura que gran parte de lo que las jóvenes proyectan en sus redes sociales desafía los estereotipos. Para ella, la creación de memes y el uso de selfies, les permite confrontar y criticar con creatividad, humor y rabia las representaciones dañinas e inservibles de los medios de comunicación, construyendo sus propios canales de comunicación. Y para Luisa Vázquez (2015): Las mujeres feministas en el ciberespacio están, además, haciendo esa transgresión de manera consciente, utilizando esas herramientas para posicionar discursos contrahegemónicos, y para buscar y encontrar alianzas políticas más allá de las fronteras y de las imposibilidades materiales de encontrarse con otras feministas de otras regiones. Cuestionan el orden de lo establecido, cuestionan certezas y zonas de confort, y cuestionan el poder y esto pocas veces es bien recibido (s/p). 35 Precisamente, al analizar las violencias del mundo físico que son llevadas al ciberespacio nos encontramos que, de acuerdo al Informe “La violencia en línea contra las mujeres en México” publicado en 2017 con la coordinación de Luchadoras, las jóvenes de entre 18 a 30 años son las más vulnerables en los espacios digitales y de acuerdo a la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de las tic en Hogares (ENDUTIH) del 2016, las mujeres más vulnerables a sufrir algún tipo de acoso fueron las mujeres de entre 20 y 29 años, seguidas por el grupo de 12 a 19 años. En definitiva, la ciberviolencia o violencia digital ejercida mediante redes sociales contra las mujeres y niñas –feministas y no-feministas– representa un obstáculo para su acceso seguro a las comunicaciones e información digital, genera consecuencias psicológicas, emocionales y sociales para las víctimas y limita el pleno uso, goce y disfrute de sus derechos humanos (Secretaría de las Mujeres, s/f). Sin embargo, desde el propio movimiento feminista se problematiza la violencia digital contra feministas y defensoras, puesto que se plantea el no acostumbrarse a vivir con éstas modalidades de violencia ya que, escribir desde los feminismos, son también actos políticos de resistencia. Debido a que el ciberespacio, ante al confinamiento por COVID-19 se ha delimitado como el único espacio en el cual la información y las redes de apoyo se han mantenido y expandido para afrontar colectivamente la violencia de género contra las mujeres y contra población LGBTI+. Entonces ¿qué tan novedosas son estas formas de participación en el movimiento feminista?, ¿A qué me refiero cuando de hablo de la reconfiguración del movimiento? Y ¿Qué tanto han migrado las acciones del movimiento influenciadas por el escenario de la pandemia por COVID-19? De manera constante, las jóvenes feministas hablamos de los obstáculos que enfrentamos, de las normas sociales/los sistemas de jerarquía que nos oprimen y de las maneras en que constantemente buscamos adaptarnos, aún en tiempos inciertos. Sin embargo, éste artículo pretende abordar la visión de las jóvenes feministas desde nuestras propias voces, no sólo por los ataques sistemáticos que reciben sino sobre sus historias de resistencia, resiliencia y empoderamiento durante el confinamiento y el distanciamiento social por COVID-19. 36 Reflexiones de mujeres jóvenes feministas onlife: entre la reconfiguración de las acciones del movimiento, la transformación de las redes de apoyo y las tensiones con el gobierno mexicano, en el contexto de crisis por la COVID-19 y la violencia basada en género contra las mujeres A continuación, presento algunas de las reflexiones y experiencias de jóvenes feministas y acompañantes, con quienes tuve la oportunidad de compartir diálogo y experiencias mediante la realización de entrevistas breves en modalidad on-line realizadas en el mes de julio del presente año, sacando provecho de las tecnologías de la información para conectarnos y reconocernos a la distancia. Todas ellas, nosotras, ante la actual contingencia por COVID-19, han fortalecido redes de apoyo y han reconfigurado las protestas y otras acciones del movimiento, para acompañar a otras mujeres y comunidades. Mujeres de la NO FCPyS [4] UAQ son un colectivo de mujeres jóvenes en Querétaro, quienes, desde antes de la pandemia, han realizado diversas acciones para visibilizar y acompañar casos de violencia institucional contra estudiantes de la UAQ, principalmente a mujeres. Para ellas, las jóvenes ya se movían en el ciberespacio y piensan que ante la pandemia sólo retomaron las redes y las tic para adaptar las propias actividades del movimiento. Además, piensan que la participación de las jóvenes feministas ha sido muy activa al impulsar foros y conversatorios sobre los temas de la actual agenda, incluso antes que las organizaciones gubernamentales y las universidades. Y esto se debe a que las jóvenes no se dejan vencer tan fácil por el impulso rebelde, por continuar, puesto que la violencia por motivos de género no se detiene por la pandemia de la COVID19. Sin embargo, para ellas las principales dificultades son que, al acompañar casos de violencia digital, han identificado que el espectro digital ante la justicia aún no se maneja bien, porque los efectos tienden a minimizarse al no contar con pruebas que fundamenten las denuncias, incluso cuando los daños son evidentes. La activista Mónica T. [5], quien participa en diversos colectivos en Puebla y la Ciudad de México, considera que el contexto actual ha forzado a las mujeres del movimiento a cambiar las formas de interacción en modalidades virtuales. De acuerdo con su experiencia, los acompañamientos incluso han sido más constantes, porque ahora las fronteras estatales se han perdido de vista y ahora los casos incluso son de mujeres y población LGBTI+ provenientes de otros estados, realizándose a la distancia porque éstos no pueden ser presenciales. [4] La entrevista con Mujeres de la NO fcpys uaq se efectuó el 22 de julio de 2020. [5] La entrevista con Mónica T. se efectuó el 22 de julio de 2020. 37 También considera que es un buen momento para reflexionar sobre el intercambio de saberes entre generaciones de mujeres del movimiento feminista, puesto que las demandas y los contextos son diferentes entre el feminismo histórico e institucionalizado y los feminismos actuales. Sobre todo, considera necesario repensar las críticas que se generan desde la academia por denunciar públicamente a agresores en ámbitos educativos e institucionales, ya que las nuevas generaciones se encuentran más informadas y sensibilizadas, esto les permite asignar/nombrar los distintos tipos y modalidades de violencias. Siendo fundamental para el movimiento que se reconozca la participación, los conocimientos y aportes que como mujeres jóvenes pueden tener. Para Mónica, es importante ver y analizar la problemática desde una intersección porque no sólo el riesgo es por ser mujer, sino también por ser joven. Además de que su preocupación ante las declaraciones de las autoridades es que en lugar de facilitar el acceso a justicia lo complican al revictimizar, al usar datos falsos y al referir que quienes dicen que la violencia ha aumentado son miembros de la oposición. De igual manera, la activista Karla R. [6], quien ha colaborado en diversas organizaciones de Aguascalientes, asegura que existe un grupo poblacional que niega la existencia del problema porque piensan que el movimiento feminista representa una minoría y que, por lo tanto, la problemática denunciada no merece atención; sin embargo, esto se debe principalmente por el desconocimiento y la falta de empatía. A su vez, piensa que los protocolos de atención a la violencia están limitados y se pregunta qué pasará con los refugios de la ciudad que habían cerrado el año pasado y ahora que reabrieron, éstos se encuentran saturados. Para ella, no hay tiempo suficiente porque la violencia no se detendrá a esperar que el presidente del país se deconstruya de su machismo, ya que se requieren acciones inmediatas. Anabel H.[7] , activista y defensora de derechos humanos en Puebla, refiere que las jóvenes feministas en su ciudad están muy involucradas, aunque para muchas personas jóvenes el tema es ajeno porque todavía no están inmersos los estudios de género y la perspectiva de género en el ámbito educativo. La misma Anabel manifestó su preocupación ante el tema es que no sólo es de urgencia nacional sino hasta internacional, recordando que existen compromisos [6] La entrevista con Karla R. se efectuó el 24 de julio de 2020. [7] La entrevista con Anabel H. se efectuó el 25 de julio de 2020. 38 la violencia contra las mujeres y que le parece una falta de respeto que el propio presidente no lo reconozca como algo preocupante, porque si no se nombra no existe. Además, de que afecta a las acciones de instituciones lideradas por mujeres sensibilizadas y formadas bajo perspectiva de género, quienes se están esforzando; reconociendo la importancia de la representación política de mujeres en estos espacios. La Red de Mujeres Jóvenes por la Democracia Partidaria [8] es una organización en Jalisco que se fundó a raíz de que identificaron una doble discriminación en espacios de participación y representación política, al ser mujeres y al ser jóvenes. Nancy C., Elanie T. y otras activistas, integrantes de esta Red, han impulsado diversas acciones para potencializar los liderazgos juveniles mediante escuelas de liderazgo con perspectiva de género para que las jóvenes ejerzan sus derechos civiles y políticos, puesto que se dieron cuenta que la formación en estos temas no es accesible para las juventudes. Ante el actual escenario, se han ocupado por hacer llegar la información a otros municipios al interior de su estado —Jalisco—, al impulsar una gran diversidad de actividades relacionadas a la prevención de la violencia de género contra mujeres, principalmente la digital porque identificaron mayores índices de esta. Todas las experiencias compartidas con las activistas y compañeras feministas reflejan la tensión existente entre el movimiento feminista protagonizado por mujeres jóvenes e instituciones del país debido a las demandas generadas por el movimiento por el aumento de índices de violencia de género en México, los cuales se han intensificado ante el escenario por la COVID-19. Reflexiones finales Luego de que las acciones, estrategias implementadas y mensajes discursivos de las autoridades y las instituciones han tendido a proyectar los estereotipos de género paternalistas, los discursos simulados y prácticas machistas latentes al negar la existencia de la violencia de género y al mismo tiempo referir que “nunca se había protegido tanto a las mujeres”. Gran parte de la negación, que enfrentamos en diversos espacios públicos, está construida para proteger los privilegios e ideales masculinos, basados en el dominio patriarcal en donde se norma y se controla la vida de otras/os/es a través de la sujeción y la organización social de género. [8] La entrevista con integrantes de la Red de Mujeres Jóvenes por la Democracia Partidaria se efectuó el 27 de julio de 2020. 39 Pero esto no es algo nuevo ya que, a lo largo de la historia de la humanidad, se ha justificado y propiciado el ejercicio del poder, del control y de la violencia patriarcal y adultócentrica; acciones condicionadas por la clase, el género, la raza o la etnicidad. Las demandas y reclamos feministas, en este sentido son un reflejo urgente por adoptar medidas eficientes para prevenir y atender las violencias contra las mujeres durante la Jornada de sana distancia y el regreso a la Nueva normalidad, ya que la propensión a ejercer y experimentar violencias se delimita al espacio doméstico, familiar, laboral y digital. Mediante el uso de hashtags y consignas como #NosotrasTenemosOtrosDatos #CuarentenaSinViolencia #PañuelazoVirtual, así como la firma de peticiones y pronunciamientos, las jóvenes y mujeres feministas se han unido para continuar con las demandas y denuncias –tanto en la realidad física como la realidad virtual– por garantizar a las mujeres el acceso a la justicia y a una vida libre de violencia, durante la pandemia. Escribir e historizar –a las mujeres– ha sido un acto político para el movimiento, ya sea en paredes o en las redes sociales, buscamos reapropiarnos de los espacios públicos urbanos o digitales, para alzar la voz por nosotras y por las demás. Nos reconocemos, nos nombramos y nos acompañamos. Agradezco profundamente a las compañeras que accedieron a compartir sus historias y experiencias para la redacción de este artículo, el cual puede ser profundizado y retomado desde otras trincheras y otros feminismos. Referencias Boix, M. (2015). 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IMPACTO DEL CONFINAMIENTO POR LA PANDEMIA COVID-19 ANA KAREN SOTO BERNABÉ Universidad Autónoma de Querétaro ana.karen.soto@uaq.mx Este trabajo presenta algunos cambios y tensiones expresados por jóvenes estudiantes universitarios con relación a su experiencia escolar y las expectativas a futuro, de manera peculiar, se han visto trastocadas por la exposición al riesgo que la contingencia sanitaria por covid-19 representa; tanto para sostener los procesos formativos desde el espacio doméstico como por los constantes cambios y crisis que se observan en el mundo que les rodea. La comunidad joven estudiantil ha asumido la incertidumbre como una característica propia de su vida y han mostrado que a pesar de las dificultades para acceder a recursos tecnológicos o de conexión para continuar con su formación profesional, tienen amplias capacidades para aprender a adaptarse a las nuevas condiciones de vida. Sus testimonios ponen en evidencia la añoranza del espacio escolar y del encuentro cara a cara con sus pares y otros miembros del espacio universitario, así como las dificultades que surgen en el seno de lo doméstico en cuanto a arreglos de tiempos y tareas por cumplir. También hay expresiones de preocupación sobre qué pasará con su futuro y la pregunta por el sentido tiene (ahora) seguir estudiando. Dichos asuntos constituyen el espectro subjetivo que configura la experiencia escolar y social de las juventudes en el tiempo que acontece. 43 En marzo de 2020 el sistema educativo mexicano, como otros en el mundo, enfrentó una de las situaciones más complejas hasta ahora registradas en la historia contemporánea de la humanidad: continuar los procesos de escolarización a distancia asistidos por herramientas virtuales y digitales debido a la pandemia por Covid-19. Quienes enseñan y quienes estudian los distintos niveles educativos han tenido que disponer de nuevas rutinas y recurrir a sus propios recursos (desde tecnológicos hasta personales) para sostener su aprendizaje y su enseñanza. En este novedoso escenario en el que la escolarización busca continuidad entre las tareas domésticas; la disponibilidad de conectividad a internet, las diversas pantallas y los tiempos de la administración educativa, la experiencia escolar se ha puesto a debate tanto por sus actores sustantivos como por la sociedad en general. Una pregunta que surgió en los albores del confinamiento sanitario fue sobre el sentido de la escuela y la educación escolarizada. El campo de la pedagogía, al cual pertenezco, salió a defender el lugar irremplazable de la escuela como un escenario que propicia encuentros entre generaciones, conocimientos, experiencias y formas de construir el mundo; y al mismo tiempo se sitúa como uno de los escenarios vitales –que no es el único– para la integración social de infantes y jóvenes, quienes transitan por ella como aprendices [1]. No obstante considero importante sostener, más allá del confinamiento sanitario de este año que corre, el debate en torno al sentido de la escuela y de la educación –escolarizada–, tal debate escapa al propósito de estas líneas. Sin embargo, sí interesa dar cuenta de algunos cambios y tensiones con relación a la experiencia escolar y las expectativas a futuro que expresaron las/os jóvenes universitarios, a partir de que se llevaron la escuela a sus casas. La situación de llevar la escuela al ámbito doméstico trae consigo complicaciones propias de imbricar en un mismo espacio-tiempo mundos de vida otrora distintos por su constitución, fines y reglas; además, de la heterogeneidad de condiciones de vida de las y los jóvenes universitarios que potencian o limitan las acciones para hacer frente a los retos de tener la escuela dentro de sus casas. En algunos casos, tales condiciones de vida se complejizaron por la economía familiar o personal, la situación de convivencia en casa, la conjugación o asunción de tareas de cuidado, de acompañamiento escolar a otros, de suministro de víveres, entre otras; de tal suerte que la pregunta en torno a si debían (era posible o tenía sentido) seguir estu[1] Diversas organizaciones han organizado conferencias en línea con expertos del campo para dialogar en torno a la situación que enfrenta la escuela actualmente en el mundo, ejemplo de ello son: el Consejo Mexicano de Investigación Educativa (Comie), los Institutos Nacionales de Formación Docente (InFoD) de Argentina o Fundación Santilla en España. Las conferencias están disponibles en sus respectivos canales de YouTube. 44 diando, apareció frente a la vista de algunos jóvenes. El camino elegido que antes les dio certidumbre frente al futuro de la vida adulta –que incluye estudiar para luego trabajar y tener satisfacción en sentido amplio – se tiñó de desesperanza y dudas. De esta manera, en la siguientes líneas presento una breve descripción sobre el escenario en el que tuvo lugar la recuperación de las voces de las personas jóvenes que inspiran este texto, así como los referentes teóricos con los que diálogo las ideas que, enseguida, presento sobre los cambios y las tensiones en torno al sentido de la experiencia escolar en el marco de la contingencia. Si bien es cierto, este sentido es materia moldeable a lo largo de la trayectoria vital de cualquier persona debido tanto a lo que el ambiente de escuela propicia, así como otros ambientes de vida; la contingencia sanitaria permeó de manera peculiar la experiencia escolar, y sobre todo las expectativas a futuro de las y los jóvenes. Esto último más acentuado en quienes cursaron su último semestre universitario en modalidad virtual. Las expectativas a futuro se colocaron en la encrucijada que, por un lado, reivindica la valía de la formación profesional como un medio para acceder a condiciones de vida más estables en un contexto en el que la precarización laboral aumenta día con día que, por un lado, devela la fragilidad y la porosidad de tal promesa ante la pronta caducidad de saberes, los vertiginosos cambios sociotécnicos, y por el otro las crecientes demandas entorno a la formación profesional. Las y los jóvenes universitarios asumen que la sociedad del riesgo, esa de la que Ulrich Beck escribió como una predicción a inicios del siglo xxi, es hoy parte constitutiva de sus vidas. El riesgo, la incertidumbre y la inseguridad se encarnan en sus experiencias vitales y, por supuesto, escolares. Tales características también les demandan, los orillan, a trabajar en (por y para) sí mismos, por lo que no están determinados sino que algunas posibilidades se abren paso. Puntos de partida Sigo a Dubet (2007) quien señala que la experiencia es un trabajo, una actividad cognitiva, normativa y social que realiza el actor para articular tres lógicas de acción (integración, estrategia y subjetivación) y para reflexionar, individual o colectivamente, en torno a ellas. Dichas lógicas nutren y habilitan a los actores con con recursos para su acción, lo que les permite mantener, ampliar, negociar las posibilidades y restricciones en sus mundos de vida. Por ejemplo, la lógica de integración ofrece recursos que configuran la imagen sobre sí mismo para integrarse 45 en diversos sistemas sociales –grupos o instituciones–; por su parte la lógica de estrategia consiste en reconocer cómo tales recursos son dispuestos por los actores en circunstancias específicas para ganar o sostener su margen de acción, es decir su autonomía. Esta lógica de estrategia pone en evidencia una de las premisas básicas de la teoría de François Dubet (2007) la tensión entre el actor y la estructura que, en la lógica de subjetivación, posibilita la configuración del propio proyecto personal (como lo nominan Dubet y Martuccelli, 1998); es decir, “un distanciamiento de sí, una capacidad crítica y un esfuerzo de subjetivación” (p. 15). Así, desde esta perspectiva sociológica, las y los jóvenes [2] tienen capacidad de acción, misma que se circunscribe a las características del contexto en el que se encuentran. Hay reglas, normas, costumbres o creencias que instituyen lo que es posible y no. La escuela es uno de esos contextos, pero también hay otros mundos de vida para las personas jóvenes: la familia, el mercado de trabajo, los amigos, las redes sociales, los grupos religiosos o de afinidad, la vida social en general; cada uno con reglas o normas que demandan formas de acción específicas, que posibilitan mayor o menor margen de decisión, que sirven a los intereses de las y los jóvenes o bien, que los obstaculizan. Dubet y Martuccelli (1998) señalan que la escuela es uno de los espacios sociales en los que “se fabrica el sujeto social” (p. 83). Ya que, desarrolla al mismo tiempo la dimensión personal para lograr la autonomía, y la socialización progresiva que posibilita gestionar las relaciones e interacciones sociales para hacer frente a la incertidumbre; ahí la importancia de retomarla. Por supuesto, la escuela y, en este caso, la universidad como institución, tiene una impronta que permea la experiencia escolar, esto es las acciones y decisiones de la población juvenil que asiste a ella para recibir una formación profesional que certifique sus saberes y que les habilite para el mercado de trabajo, como parte de las aspiraciones legadas intergeneracionalmente para transitar a la vida adulta (Benedicto, 2014). En la actualidad, el mercado de trabajo es un escenario caracterizado por la flexibilización de la norma clásica del trabajo (contratos temporales, mínimo acceso a prestaciones sociales y salarios muy bajos), así como por el incremento de la incertidumbre y el riesgo social que ha proliferado en la vida contemporánea (Beck, 2000). Las posibilidades de estudiar y de incorporarse de forma satisfactoria en el mercado de trabajo son cada vez más escasas para la [2] Para la autora de estas líneas, los actores en condición juvenil lo son debido al propio reconocimiento de ellos y ellas como jóvenes, con características socioeconómicas y culturales heterogéneas cuyo punto en común es su tránsito por la universidad como estudiantes, la región geográfica en la que actualmente habitan (zona metropolitana que alberga la ciudad capital de la entidad federativa en el centro del país con altos niveles de crecimiento económico y demográfico), y algunas marcas de época como el riesgo social, la incertidumbre laboral y la expansión del mundo digital en la cultura. 46 población juvenil, en parte por los cambios acaecidos por la globalización neoliberal, y por el creciente/vertiginoso desarrollo de tecnologías digitales y la automatización de procesos de trabajo que contribuyen en la sustitución del humano por las máquinas (Beck, 2009). Es un escenario con “la falta de certeza sobre el futuro” (Mancini, 2017, p. 12), un futuro que además, se presenta poco provisorio y que acentúa la individuación (Beck, 2000), en donde cada actor se hace cargo de su biografía. Son las y los jóvenes, quienes dan sentido a sus trayectos vitales combinando sus lógicas de acción y sorteando las oportunidades y limitaciones del contexto en un tiempo que corre siempre en presente, pues las reglas del juego cambian cada tanto. Ajustarse, es parte esencial para mantenerse dentro del juego: el movimiento es imprescindible para integrarse en el mundo que toca vivir (Benedicto, 2014, p. 14). Ejemplo reciente de lo anterior es la contingencia sanitaria por covid-19, misma que obligó a jóvenes universitarios a sostener sus procesos de formación desde sus casas y con un esfuerzo por combinar satisfactoriamente sus distintos mundos de vida [3]. Tales esfuerzos, acciones y decisiones tiñen su experiencia escolar. Como profesora de una universidad pública estatal en varios programas educativos de grado y posgrado, tuve cercanía a la experiencia escolar de jóvenes a través de expresiones que compartieron a lo largo de cuatro meses (de marzo a junio, es decir, dos terceras partes del semestre). Cuatro meses que significaron seguir formándose y, en algunos casos, concluir el paso por la universidad en confinamiento sanitario. Tales expresiones oscilaron entre el descontento y la búsqueda de las bondades al estar en casa, entre la incertidumbre en torno a cuándo volverían a encontrarse en el aula y las interrogantes sobre qué harían con sus vidas –profesionales– en un escenario tan adverso como el actual. En estas líneas me centraré únicamente en la experiencia de quienes estudiaban la licenciatura en 2º, 4º, 6º y 8º semestres. Las expresiones de las y los jóvenes son variadas en términos de qué las generó: las circunstancias que vivían, las tareas, contenidos de clase o la espontaneidad; así como variados fueron los medios de obtención: las clases sostenidas a través de encuentros en vivo, conversaciones en grupos de mensajería instantánea, trabajos escritos o en formato audiovisual y cuestionarios de coevaluación en el cierre de clases. Cuando surgió la propuesta de escribir este texto, solicité a las y los jóvenes su consentimiento para emplear sus testimonios; en adelante los refiero entreco[3] Si bien esta no ha sido la única población que migró de un contexto presencial a uno virtual en sus actividades cotidianas, en este texto interesa conocer cómo la comunidad joven universitaria afrontó el confinamiento sanitario y el impacto de éste en sus experiencias escolares. 47 millados y con la clave Jo para varones y Ja para féminas, seguido del semestre que cursan. De tal manera que me acerco a las experiencias de estos jóvenes desde una perspectiva fenomenológica en la que interesa cómo ellos viven y expresan su mundo, particularmente, su experiencia escolar en el marco de la contingencia sanitaria; situación que detallo enseguida. Cambios y tensiones en torno a la experiencia escolar (en casa) Antes de entrar en materia, es preciso señalar cómo se encontraban las y los jóvenes universitarios de licenciatura previo a la contingencia; en ese sentido, grosso modo señalo que había al menos tres caracterizaciones posibles: 1. Mujeres u hombres con dedicación exclusiva a los estudios, con una economía familiar estable. 2. Mujeres u hombres que estudian en el turno matutino y con empleos algunos días a la semana después de clases (o fines de semana). Esto debido a que la economía familiar demandaba un ingreso adicional para sufragar los gastos educativos propios u otros del hogar. 3. Mujeres con dedicación exclusiva a los estudios, madres de infantes entre uno y seis años, y con apoyo de sus familias nucleares para la manutención o cuidado de sus infantes. Estas tres caracterizaciones ponen en evidencia, de entrada, al menos tres experiencias escolares distintas –sin incluir la variante de género en los dos primeros casos– pues algunos/as jóvenes además de ser universitarios/as, también tenían un rol como trabajadores/as o como madres que, si bien ejercían fuera del espacio universitario, les demandaba hacer arreglos en cuanto al tiempo, los lugares y los recursos de los que disponen o que requieren para sostenerse en sus actividades como estudiantes. Además de que continuamente, casi todas/os expresaban cumplir ocasionalmente con tareas en sus hogares, tales como: hacer pagos de servicios, realizar las compras de enseres domésticos, actividades de limpieza o de cuidado de terceros, entre otros propios de su condición juvenil (recreación en soledad o con pares, asistencia a grupos religiosos o de afinidad cultural, uso de redes sociales). Por ejemplo, quienes solo se dedicaban a estudiar tenían una experiencia escolar que les permitía pasar mucho tiempo en diversas actividades universitarias, además de sus clases, y con ello, socializar con otros actores universitarios –docentes o estudiantes– de forma más plena. Por su parte, las y los jóvenes universitarios que trabajan, en pocas ocasiones permanecían más tiempo de la jornada escolar en la universidad pues debían de trasladarse hacia sus 48 empleos al término de aquélla o mostraban excesivo cansancio en las primeras clases del día debido a que, luego de trabajar, llegaban a sus casas a realizar sus tareas escolares hasta la madrugada. Las jóvenes estudiantes madres, ocasionalmente, se ausentaban de clases o actividades extracurriculares para cumplir con su rol de madres o, cuando el docente a cargo de la clase lo permitía, llevaban a sus pequeños a la universidad. Como se intuye, algunos mundos de vida superpuestos a la experiencia escolar de estos jóvenes son la familia –nuclear y quienes tienen hijos/as propios/as–, el trabajo, los círculos de pares, por mencionar algunos. También hay otros aspectos de la propia trayectoria vital como quienes realizan voluntariado o pertenecen a grupos artísticos, religiosos o feministas, quienes a veces cuidan de otros – familiares o no– debido al ambiente familiar o como una fuente de ingreso, adicional a la condición de estudiantes: trabajos en equipo, investigaciones de campo, prácticas profesionales, servicio social, prácticas escolares, traslados entre espacios, obtención de materiales diversos, alimentación o cuidado de sí, etcétera. Es decir, antes de la contingencia sanitaria la vida de las y los jóvenes universitarios era muy variada en cuanto a sus experiencias. Empero, durante el confinamiento sanitario estos mundos de vida superpuestos agudizaron o relajaron algunas tensiones e, incluso, sufrieron algunas mutaciones en la experiencia vital. Uno de los aspectos que se relajó, por ejemplo, fue el tiempo como se muestra enseguida: “he podido dormir más, dedicar más tiempo a estudiar en lugar de estar cansada siempre por levantarme a las 4 [de la mañana] para llegar a la uni” (Ja4º); “puedo desayunar antes de conectarme a las primeras clases” (Ja2º); “las dos horas que usaba para ir de la escuela al trabajo, ahora las uso para comer o terminar mis tareas” (Jo8º); las y los jóvenes expresaron tener “más tiempo” para cuidar de sí. Pero también, esta tensión mutó pues nuevas responsabilidades aparecieron en el seno del hogar: “antes de conectarme [a las clases] tengo que hacer algunas cosas en casa y me ha pasado que no termino nunca” (Ja2º), “cuido también de mis sobrinos porque mi hermana sale a trabajar… interrumpen mis clases y casi siempre dejo para la noche lo mío” (Ja4º); “dos hermanos y yo estamos en casa estudiando… la organización del tiempo es difícil porque se cruzan sus clases y las mías, hay ruido, hay cosas que pide mi mamá para hacer en casa” (Ja6º). La estadía en casa supuso mayor disponibilidad para las tareas domésticas por parte de las y los jóvenes, situación que, a decir de ellas/os, complicó su rol como estudiantes pues carecen del espacio-tiempo exclusivo para [4] Había, al menos, un par de jóvenes por semestre (de la licenciatura considerada en este texto) que trabajaba en cadenas de cines o de comida rápida, por lo que los horarios laborales concluían entre las once o doce de la noche; aunado al tiempo de traslado del espacio de trabajo al hogar. 49 Por su parte, jóvenes madres que cursaban el último semestre de la licenciatura, aunque tuvieron dificultades con el empalme de roles y responsabilidades, el anhelo de una meta cercana se sobrepuso: “ha sido bien complicado, hago dos o tres cosas al mismo tiempo de la casa y la escuela, pero ya casi termino y esto no me va a detener” (Ja8º). Las líneas previas muestran una mayoría de testimonios de estudiantes mujeres, pues así está compuesta la licenciatura en la que ellas estudian. De esta manera, el rol de género es una de las tensiones que se agudizó durante el confinamiento, aun cuando las jóvenes estudiantes señalaban atender algún aspecto del hogar de manera sistemática, antes o después de sus horarios de clase. No obstante, durante el confinamiento las tareas domésticas o el cuidado de infantes se volvieron una obligación prioritaria, más que la experiencia escolar. En el caso de los varones, apareció con mayor frecuencia el tema del empleo como un asunto de su preocupación, ya fuera para no perderlo o en la búsqueda de uno para apoyar en la economía familiar. ¿Qué cambios hubo en las experiencias escolares de estos/as jóvenes universitarios/as? La mayoría expresó hacia la parte final del semestre cansancio por las pantallas o de estar conectados/as tanto tiempo durante el día, estrés para cumplir con todas las demandas, hartazgo o desesperación por el encierro y la poca convivencia con sus pares, angustia por la falta de certezas o por no saber qué o cómo hacer, preocupación por la situación económica o de enfermedad en la familia: Me gustaba ir a la [universidad], porque de alguna forma me sacaba de la dinámica de todos los días, eso ya no sucede porque estoy en mi casa con las preocupaciones de aquí y además debo cumplir con todo para no reprobar (Jo4º), 50 Otros jóvenes dijeron: para mí la [universidad] era un espacio para disfrutar de aprender, ahora se ha convertido un poco cansado porque tienes que conectarte, rogar que no falle el internet o que no hagan ruido y no es lo mismo que estar con tus compañeras en el salón, ver lo que otros hacen, hablar o no hacerlo, pero saber que están ahí (Ja6º); “no me gusta estudiar en lo virtual, ha sido difícil porque se descompuso mi computadora, fallaba el internet y casi no hablas con nadie” (Ja4º). De las expresiones realizadas por las y los jóvenes, llama la atención, por ejemplo, cómo enuncian su experiencia escolar en pasado “me gustaba, era” con lo que refieren a un escenario que, en el presente que viven se ha escapado de sí mismos. Cuando comenté esto con las y los jóvenes que así lo expresaron, una de ellas señaló: es que sí, era un lugar al que me gustaba ir [la universidad], o sea me quejaba de levantarme temprano y todas las tareas por hacer, pero… siempre ir a la escuela había sido parte de quien soy. Al inicio, seguir el ritmo de estudiar en el comedor, mientras pienso qué otras cosas hay que hacer, no me permite concentrarme, no me siento estudiante, además no veo a mis amigas (Ja6°). Para estos/as jóvenes, la escuela es el espacio en el que se encuentran, conviven, dialogan y coexisten otros jóvenes con quienes comparten intereses pero, sobre todo, que destinan un espacio-tiempo específico a la actividad de aprender y formarse en compañía de otros/as, hacen un alto a su cotidianeidad y “se viven como aprendices”, a diferencia de estar en casa, que no les permite distanciarse de las dinámicas que, si bien son parte de la experiencia vital, obedecen a lógicas distintas. En la escuela se es estudiante y ahí se hace lo que supone un “estudiante universitario”, en la casa, se acercan más al umbral del mundo adulto: tienen responsabilidades y éstas se convierten en la prioridad a atender. La lógica de estrategia operó en las y los jóvenes en el esfuerzo de conectar mundos de vida que, antes del confinamiento, consistía en desconectarlos para dar lugar a una subjetivación propia de cada espacio-tiempo. Además, la experiencia escolar en casa tuvo la ausencia de las y los otros que, aunque no hablen, están ahí y forman parte de los referentes para integrarse, para construir la imagen de sí en el mundo y el proyecto de ser joven estudiante. 51 Asimismo, la pandemia y sus efectos en toda la vida social colocaron sobre la mesa una discusión adelantada, quizá, para algunos jóvenes universitarios: ¿para qué estudiar, con qué sentido para el propio proyecto vital?, ¿cuáles son las posibilidades de acción –en términos de trabajo y condiciones de vida– en este escenario incierto y cambiante? Estas interrogantes fueron más frecuentes en quienes cursaban sexto u octavo semestre, pues están “más cerca de la línea final” (Ja8º) como señaló una joven. En este asunto me detengo a continuación. En la encrucijada: ¿y qué con el futuro? Preguntarse en torno al futuro es una constante para la población en condición juvenil, pues socialmente, la juventud es una etapa de moratoria y de integración paulatina hacia la vida adulta; el tránsito por la universidad es una apuesta por la construcción de un futuro mejor o diferente al de la generación que le antecedió. No obstante, los cambios estructurales de los últimos años, como señalan Benedicto (2014) y Mancini (2017), han configurado fuertemente algunos aspectos de la condición juvenil. Uno de ellos refiere a las promesas incumplidas (Benedicto, 2014) en términos de la educación universitaria en relación con el acceso al mercado de trabajo: antaño, estudiar la universidad significaba la posibilidad de ascenso en la escala social por la vía del pleno empleo y, con ello, condiciones de vida estables. En los últimos años, esa ecuación lineal se ha puesto en entredicho frente a un mercado de trabajo con altos niveles de flexibilización y con el incremento de los riesgos sociales y la incertidumbre. Un joven universitario expresa “con la pandemia me he preguntado si lo que estoy estudiando podrá garantizarme un salario que me permita vivir mejor que mis padres, con menos dificultades económicas… lo que observo me dice que no” (Jo6º). Las y los jóvenes descubren que el panorama frente a sí es más complejo a raíz de la contingencia sanitaria: altas tasas de desempleo; demanda de nuevos saberes, habilidades o cualificaciones, así como de recursos tecnológicos y de conectividad; ofertas de trabajo con pocas o nulas prestaciones sociales; situación social de violencia o inseguridad creciente; entre otros aspectos. “Estaba emocionada por terminar la carrera, pero ahora me da un poco de temor, no sé qué esperar, solo sé que tengo que seguir aprendiendo porque todo cambia muy rápido” (Ja8°), “sin duda el futuro es uno que cambia constantemente y no quedará más que aprender a adaptarse a él” (Jo8°). Las líneas anteriores expresan la percepción en torno al [5] Algunas notas periodísticas dan cuenta de situaciones que se han agudizado con la pandemia, por ejemplo https://www.eluniversal.com.mx/mundo/coronavirus-uno-de-cada-seis-jovenes-sin-empleo-por-covid-19-oit? fbclid=IwAR3n26PvQ40G-dahFAB5SHYpXr5csXHUBOW3w_vvMn0bDzvjMRNxlLgguIE o https://economia.nexos.com.mx/?p=3104&fbclid=IwAR1mPAVjOJIlNO9ipKZ9-Vy3Ajh0vV4OyXygkuQLf8LarPyOBtxf7vKuvA 52 cambio permanente que deben asumir las y los jóvenes, no tienen mucha certeza pero intuyen que deberán estar atentos a las demandas que surjan en su recorrido vital para hacerles frente; en ese sentido, la mayoría de las y los jóvenes universitarios coincide al señalar que la universidad les ha dotado de herramientas que serán “útiles para esa tarea” (Jo8°), “no nos ha dado todo, pero sí lo más indispensable: un camino para aprender siempre” (Ja6°). En palabras de Dubet y Martuccelli (1998), la lógica de subjetivación se activa cuando ellos/as toman distancia del “deber ser” y construyen sobre lo que es en su vivencia: la universidad no les agota, les abre otros caminos. Detrás de cada biografía, de cada trayecto vital hay multiplicidad de formas en las que la población joven hace frente a la incertidumbre y, al mismo tiempo, cómo aceptan el riesgo como una condición inherente a sus vidas. Por ejemplo, jóvenes que trabajan señalan que gracias a la existencia de contratos temporales y horarios flexibles han podido sostenerse en el desarrollo de ambos roles: como estudiantes y trabajadores/as, sin ellas hubieran tenido que elegir o postergar la decisión de ingresar a la universidad, “preferí estudiar y trabajar, aunque ha sido muy pesado, que dejar otro año sin estudiar” (Jo6°). Además, las y los jóvenes reconocen en sus familias un soporte importante que les incentiva a seguir con el proyecto universitario, que ofrece recursos de cuidado y de manutención a pesar de las dificultades que se viven (antes y durante la contingencia sanitaria). Aunque tuve que regresar a trabajar, por la cuestión económica en casa, mi papá me dijo que debía continuar con mis clases, que no lo dejara porque la situación ahora con el covid (sic) va a estar más complicada, ‘la gente que no tiene estudios está más expuesta a quedar desempleada que quienes tienen algo de conocimiento’ eso me dijo mi papá y creo que tiene razón (Ja6°). Sin el apoyo de mi familia después de que me embaracé hubiera sido difícil seguir estudiando… hubo un momento en que yo creí que ya no seguiría, pero mi mamá me apoyó a seguir. Ahora que mi hijo ya creció más, que estoy por terminar y aunque sé que está difícil lo de encontrar trabajo, sé que me he estado formando para eso y no debo rendirme porque debo seguir construyendo mi proyecto y salir adelante por mí y mi hijo. Quizá al principio no sea mi trabajo ideal, pero será una base importante para seguir con lo que yo quiero (Ja8°). 53 En los testimonios anteriores, hay una valoración en torno al saber qué ofrece la universidad como un aspecto que permitirá hacer frente a la incertidumbre del mercado de trabajo que, quizá, no siempre ofrezca lo que se quiere, pero servirá como sostén de vida. También que es una parte importante de las aspiraciones de las y los jóvenes respecto a qué expectativas tienen de sí en el futuro. Asimismo, las figuras parentales son fuentes que inspiran a las y los jóvenes a seguir construyendo en sí mismos los recursos que les permitan hacer frente a lo que está por venir, ellos son su mejor inversión. Si bien en esta expectativa está la idea de que él o la joven transite al mundo adulto, porque es lo que se espera que todos/as hagan, la apuesta es que dicho tránsito sea más terso o con más dotes que los que tuvieron los padres o madres de familia. Y las y los jóvenes se cuestionan si efectivamente es así: “se supone que estoy más preparada que mi papá que sólo terminó la prepa, pero yo pienso que todo ha cambiado para ser más difícil que antes” (Ja8°), “me estresa un poco que mis hermanos me preguntan qué haré ahora que terminé y no sé bien qué haré… ellos esperan que yo tenga todo resuelto, y no es así” (Ja8°). Mancini (2017) señala: La precariedad –vital y laboral– se ha convertido en la nueva regla: los y las jóvenes internalizan la incertidumbre como elemento constitutivo de su curso de vida y normalizan la exposición al riesgo social. La tensión entre lo tradicional (el pacto intergeneracional, por ejemplo) y lo moderno (o las promesas incumplidas) se sostienen como parte configurante de la condición juvenil (Benedicto, 2014). *** Reflexiones finales La situación de confinamiento sanitario que obligó a estos jóvenes universitarios a seguir formándose desde sus casas también sirvió como un periodo intenso de reflexión en torno a la complejidad del mundo social y de los avatares que supone la adultez. En algunas ocasiones, al cierre de encuentros en vivo o a través de mensajería instantánea en el marco de las clases, las y los jóvenes compartían que extenderían lo más posible su condición de jóvenes estudiantes, ya sea por la vía de 54 becas para estudiar posgrados, movilidad académica o pasantías, o elaborar tesis. Las declaraciones parecían una broma que emergía después de caer en cuenta que el hogar o “ser adulto significa interminables responsabilidades” (Ja4°), “es apabullante todo lo que hay prever” (Ja6°). Desde otra lectura, estas expresiones también podrían sugerir el temor que causa la incertidumbre de un mundo que no se detiene y cuyas promesas se vislumbran cada vez más lejanas. Asimismo, en algunos casos, la experiencia escolar sostenida en la distancia física y a través de medios digitales resultó sorpresiva para ellas y ellos en el sentido de que, en la mayoría de los casos, dejó de parecerles tan atractivo el mundo virtual: “no entiendo por qué antes siempre quería estar mirando el Instagram, ahora solo quiero estar con mis amigas” (Ja2°), “he valorado más la importancia y necesidad del encuentro en físico, extraño sentarme a conversar con mis amigos y no solo por el WhatsApp” (Jo2°). Si bien estos jóvenes universitarios, que oscilan entre los 19 y 23 años, han crecido con mayor cercanía a las tecnologías digitales, luego de tener que usarlas como un medio para su experiencia escolar expresan que es preciso tomar distancia de ellas e incluso usarlas en su justa medida. Con la escuela en casa, descubrieron que tenían habilidades para tomar fotografías y generar etiquetas, para crear memes y compartir información con gran rapidez, pero no para afrontar todos los retos de sostener su propio aprendizaje fuera del espacio-tiempo de la escuela. También hay quienes expresaron que su experiencia escolar se enriqueció ante esta migración de la escuela a la casa pues, antes del confinamiento sanitario, algunas/os jóvenes no habían pensado en todas las posibilidades que ofrecen aplicaciones para la creación o edición de contenido y búsqueda de información especializada. Incluso, estas/os jóvenes señalan que el saber digital cobrará mayor relevancia en la universidad y en el mercado de trabajo en el futuro próximo, “es probable que sin querer nos hayamos preparado para el trabajo del futuro” (Jo4°). Como se observa, la valoración sobre la propia experiencia escolar es diversa, los matices surgen como parte de la diversidad de las biografías y, por tanto, de las condiciones de vida de las y los jóvenes, así como de sus intereses y expectativas sobre el proyecto vital. En ambos casos, con más o menos gusto por la experiencia escolar en confinamiento, las y los jóvenes universitarios tuvieron que adaptarse ante el escenario emergente que los orilló a construir otras formas de ser y habitarse como estudiantes. “En parte, la adaptación a las plataformas y a la nueva forma de clases fue digerible porque las profes nos acompañaron” (Ja2°), "siempre estuvieron pen- 55 dientes de cómo íbamos e hicimos modificaciones al programa entre todos, la maestra y el grupo” (Jo4°), “cuando me sentía confundida, el grupo de WhatsApp con la maestra ayudaba a despejar las dudas” (Ja6°), como evidencian estos testimonios el diálogo intergeneracional, el acompañamiento y la escucha mutua, la toma de decisiones conjunta entre jóvenes estudiantes y docentes fueron estrategias que contribuyeron en el sostenimiento de los procesos remotos de formación. Hay aprendizajes y experiencias gratas a pesar de las dificultades para terminar el semestre. También hay una asunción, casi generalizada por parte de las y los jóvenes, de que las características del futuro inmediato con poca probabilidad cambiarán si no se emprenden acciones colectivas que apuesten por el bien común y el abatimiento de la desigualdad, “si no trabajamos juntos difícilmente tendremos una vida distinta, menos desigual, menos insegura, menos fragmentada… quizá no sea un camino corto a recorrer, pero pienso que vale la pena que lo hagamos nosotros, y quienes quieran que se unan” (Ja6°). Un atisbo de esperanza, de otro mundo posible se asoma en sus voces juveniles que hoy en día se encuentran en profunda vulnerabilidad social, durante mucho tiempo les hemos dicho qué hacer, quizá sea tiempo de abrir caminos para su acción. La escuela y la universidad, sin duda, son espacios en los que algunas de estas acciones comienzan a tomar forma, pero no se limitan a ella. Referencias Beck, U. (2000). La sociedad del riesgo. Hacia una nueva modernidad. Buenos Aires: Paidós. ----------. (2009). Un nuevo mundo feliz. La precariedad del trabajo en la era de la globalización. México: Paidós. Benedicto, J. (2014). La integración sociopolítica de los jóvenes en tiempos inciertos. Societàmutamentopolitica. 5 (10), 55-74. Díaz, A. (4 de junio de 2020). Desempleo, informalidad y precariedad: la pandemia de los jóvenes en tiempos de COVID-19. Economía y Sociedad. Nexos. Recuperado de https://economia.nexos.com.mx/? p=3104&fbclid=IwAR1mPAVjOJIlNO9ipKZ9-Vy3Ajh0vV4OyXygkuQLf8LarPyOBtxf7vKuvA Dubet, F. (2007). La experiencia sociológica. España: Gedisa. ----------. y Martuccelli, D. (1998). En la escuela. Sociología de la experiencia escolar. Buenos Aires: Editorial Losada. 56 Mancini, F. (2017). Asir incertidumbres. Riesgo y subjetividad en el mundo del trabajo. México: El Colegio de México-unam. Universal, El (27 de mayo de 2020). oit: uno de cada seis jóvenes sin empleo por Covid. Mundo. Periódico El Universal. Recuperado de https://www.eluniversal.com.mx/mundo/coronavirus-uno-de-cada-seisjovenes-sin-empleo-por-covid-19-oit?fbclid=IwAR3n26PvQ40GdahFAB5SHYpXr5csXHUBOW3w_vvMn0bDzvjMRNxlLgguIE 57 DE LA GENERACIÓN DEL CONFINAMIENTO A LA GENERACIÓN DEL DISTANCIAMIENTO. DESEMPLEO JUVENIL EN LA COYUNTURA DE LA COVID-19 EN MÉXICO. APUNTES Y REFLEXIONES AMAURY FERNÁNDEZ REYES Universidad de Colima amfer11@yahoo.com.mx El siguiente trabajo versa sobre la situación del mundo laboral en tiempos de la COVID-19, con la finalidad de evidenciar su transformación, a partir de las condiciones en las cuales se vivió de manera diferenciada durante los primeros meses de su presencia entre las y los jóvenes mexicanos, e integra una reflexión acerca de la categoría de generación, con el propósito de explorar de qué manera se han transformado las condiciones de vida de millones de sujetos jóvenes en edad de trabajar, a partir de la irrupción de la pandemia en el espacio del trabajo. El objetivo central será lograr una aproximación al panorama de las condiciones de precariedad y desigualdad en este sector social acentuadas a partir de la aparición de la COVID-19 y la crisis que ha potenciado, al proponer epistémicamente la noción y emergencia de la Generación del distanciamiento. El arribo de la pandemia a México y su impacto en la población joven A partir de la aparición oficial en el año 2019 en Wuhan, China del virus denominado Coronavirus SARS-CoV-2 también conocido como causante de la 59 COVID-19, y con el primer caso confirmado y registrado oficialmente en México el día 27 de febrero del 2020. Esta pandemia comenzó a modificar la vida social, económica, política y cultural del país y el mundo; pocos días después la Organización Mundial de la Salud (OMS) le declararía el 11 de marzo como pandemia debido a su propagación a nivel mundial y el día 30 del mismo mes México le reconoce como emergencia sanitaria. La coyuntura de este acontecimiento de alcance global relacionado con la COVID-19 y señalada como pandemia mundial, generó una gigantesca disrupción en varios ámbitos de la vida humana, y una grave crisis tanto sanitaria como económica de alcance global para la que el mundo en pleno siglo XXI no estaba preparado. Como respuesta, distintos gobiernos de varios países del mundo comenzaron a aplicar medidas restrictivas para evitar una acelerada propagación del virus, entre ellas el confinamiento y distanciamiento físico y social, y el cierre de los diversos sectores productivos de la economía. Al momento de la declaratoria de la inactividad a nivel nacional, se comenzó con el cierre de empresas incluidas las micro, pequeñas y medianas; miles de lugares de trabajo comenzaron a detener sus actividades como medidas de políticas adaptadas por México en materia de cierre de espacios y lugares de trabajo, incluido el sector gubernamental y las escuelas en todos sus niveles educativos, orillando a una educación a distancia para continuar con los ciclos lectivos de manera virtual. Desde la aplicación del programa del Gobierno Federal denominado “Jornada Nacional de Sana Distancia” y a través del programa “Quédate en casa” en un periodo de cuarentena [2], comenzó una considerable y creciente pérdida de puestos de trabajo y de horas laborales (OECD, 7 de julio de 2020). Lo anterior limitaría entonces como efecto, las oportunidades u opciones de trabajo para millones de jóvenes. [3] De esta manera, con la coyuntura de la crisis y tal como lo [1] En este caso, pocos fueron los sectores que continuaron funcionando en México, especialmente los considerados para trabajadores de sectores esenciales. Sin embargo, la propia realidad de la economía mexicana no permitiría sobrevivir más de unas cuantas semanas sin trabajar a millones de trabajadores, debido a que de acuerdo con inegi (2020) en México más de la mitad de la Población Económicamente Activa (pea) desarrolla sus actividades en el contexto de la informalidad (p. e. trabajo doméstico remunerado, trabajo agropecuario o ganadero no protegido, y trabajadores subordinados que aunque trabajan en modalidad formal, lo hagan sin seguridad social); o en condición de autoempleo, de subocupación (trabajadores con necesidad y disponibilidad de ofertar su fuerza y tiempo de trabajo además de ocupación actual) o en áreas que obligan a trabajar presencialmente, ya que son espacios laborales y negocios que no podrían resistir varias semanas de inactividad económica. [2] Al respecto Cfr. el sitio https://coronavirus.gob.mx/ [3] Sin embargo, el gobierno federal continuó con los apoyos a los jóvenes y a los adultos mayores así como a diversos sectores poblacionales como los pescadores, los agricultores o los dueños de las micro, pequeñas y medianas empresas a partir de apoyos económicos de asistencia social. Además de ciertos apoyos y créditos a pequeñas y medianas empresas a través del programas de la Secretaría de Bienestar del Gobierno Federal, con la finalidad de paliar dicho impacto, aunque fuera momentáneamente y evitar una mayor crisis económica y laboral en el país. 60 refirió la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, entre los sectores sociales más afectados a partir de esta pandemia en el mundo laboral se encontrarían los jóvenes, las mujeres y las personas con menores ingresos (OECD, 7 de julio de 2020). Así, la crisis de la COVID-19 afectaría a los jóvenes de forma cada vez más rápida e intensa, lo que provocaría ante tal riesgo, la posible emergencia de una «Generación de confinamiento», tal como la denominó la Organización Internacional del Trabajo (OIT) (2020): Además de los retos que plantea a largo plazo, la crisis de la COVID‐19 afecta a los jóvenes de todo el mundo de tres maneras principales: 1) la interrupción de sus actividades educativas y de formación, que podría mermar sus oportunidades e ingresos profesionales en el futuro; 2) la actual ola de pérdida de empleos y cierre de empresas, incluidas las de reciente creación, que reduce los ingresos y el empleo (y pone en riesgo los derechos laborales); y 3) el surgimiento de mayores dificultades para encontrar trabajo, reincorporarse al mercado laboral y tratar de encontrar un mejor empleo. (oit, 2020, p.7). Esto evidenció a manera de apertura de una Caja de Pandora, las ya existentes desigualdades sociales (ONU Noticias, 21 de mayo de 2020) e intergeneracionales, y haría más evidente la compleja realidad económica y social del país, incluso entre clases sociales y los propios países, por ejemplo entre las naciones europeas frente a las latinoamericanas (Villanueva, 10 de julio de 2020), y entre ellas México: La exclusión de los jóvenes del mercado laboral, habida cuenta de sus efectos a largo plazo, es uno de los mayores riesgos para la sociedad en la situación actual. A largo plazo, los efectos de la crisis en los planos educativo y profesional no solo afectan adversamente a la calidad y la cantidad de los empleos, y exacerbar (sic) las desigualdades existentes tanto entre países como a escala nacional. (OIT, 2020, p.7). En este contexto, las oportunidades laborales en México para millones de jóvenes disminuyeron en un escenario sin precedentes. Incluso se habló de la peor recesión en décadas luego de la Segunda Guerra Mundial, de acuerdo con el comunicado de prensa del Banco Mundial (BM): La recesión ocasionada por la COVID-19 es singular en varios aspectos, y es probable que sea la más profunda para las economías avanzadas desde la Segunda Guerra Mundial y la primera contracción del producto en las economías emergentes y en desarrollo en al menos los últimos seis decenios. (Banco Mundial, 8 de junio de 2020). 61 Aunado a lo anterior se sumaría a nivel mundial, el alto índice de población joven perteneciente al sector laboral informal: Casi el 77 por ciento de jóvenes trabajadores en todo el mundo (328 millones) tenían un empleo en el sector informal, frente a alrededor del 60 por ciento de los adultos trabajadores (de 25 años, o más). El índice de informalidad laboral de los jóvenes oscila entre el 32,9 por ciento en Europa y Asia Central, y el 93,4 por ciento en África. Incluso antes de que surgiera la crisis de la COVID-19, más de 267 millones de jóvenes no tenían empleo, ni participaban en ningún programa educativo o de formación (jóvenes «nini»), incluidos casi 68 millones de jóvenes desempleados. (OIT, 2020, p. 2). A lo anterior, en esta encuesta a escala mundial realizada por la oit sobre Empleo Decente para los jóvenes, se puso de manifiesto la presencia de diversos problemas laborales que en muchas ocasiones se suman a otro tipo de vulnerabilidades, como las sicológicas o escolares: más de uno de cada seis jóvenes encuestados ha dejado de trabajar desde que surgió la crisis de la COVID‐19. Con respecto a los jóvenes que han mantenido su empleo, sus horas de trabajo han disminuido un 23 por ciento. Por otro lado, alrededor de la mitad de los jóvenes alumnos han manifestado que probablemente concluirán sus estudios con retraso, y el 10 por ciento prevé que no podrán terminarlos. Con arreglo a un baremo normalizado para la evaluación del bienestar mental, más de la mitad de los jóvenes encuestados han pasado a encontrarse en situación de vulnerabilidad frente a episodios de ansiedad o depresión desde que comenzó la pandemia. (oit, 2020, p. 13). Sin embargo, es indispensable considerar la preexistencia de dicha precariedad laboral, incluso en la etapa Precovid: “Por lo general, los jóvenes (de edad comprendida entre 15 a 24 años) son más proclives a estar desempleados o a tener un empleo de peor calidad que los adultos (de 25 años, o más)” (OIT, 2020, p. 7). De esta manera, muchos desempleados ya no fueron recontratados. Lo que ejemplifica cómo uno de los sectores sociales más vulnerables en dicha coyuntura fue el de los jóvenes mexicanos en edad de trabajar. En este sentido la oit reconoce que: Antes del comienzo de la pandemia de la COVID‐19, 178 millones de jóvenes de todo el mundo, a saber, más de cuatro de cada diez trabajadores jóvenes, trabajaban en los cuatro sectores más afectados por la crisis (…) Los sectores más afectados cuentan con más trabajadores jóvenes que adultos de 25 años, o más, en particular en los servicios de 62 de hotelería, alimentación y comercio al por mayor o por menor. La alteración de las cadenas de suministro tendrá consecuencias laborales devastadoras en el sector productivo, lo que afectará asimismo a los jóvenes, (p. 9) En México por ejemplo, durante la etapa inicial de la COVID-19, simplemente para el mes de abril del año 2020 y de acuerdo con datos registrados por el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI, 2020) se presentó una pérdida de 555, 247 empleos formales, una cifra nunca antes vista en tan corto periodo de tiempo, además para mayo serían 344, 526, y para junio 83, 310, sumando casi un millón de plazas laborales perdidas en ese trimestre, de acuerdo con el desempleo formal registrado ante el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS); una cifra realmente reveladora y delicada. Sin nombrar el subempleo, el autoempleo u otros formatos laborales como el outsoursing o de informalidad, que integran diversas formas de trabajo que realizan miles de mexicanos y los cuales representan todavía mayor precariedad, sectores en su mayoría conformados por la población de jóvenes entre 15 y 29 años. [4] Además el inegi (30 de mayo de 2020) a partir de la Encuesta Nacional de Ocupación Económica (ENOE) reportó que durante el primer trimestre del 2020, estaban registradas cerca de 2 millones de personas desempleadas, de un total de la fuerza laboral nacional conformada por 57.3 millones de personas, de ellas, 55.4 millones que estaban ocupadas, es decir, quienes contaban en su mayoría con un Trabajo Decente, tal como lo define la oit. De acuerdo con la Encuesta Telefónica de Ocupación y Empleo (ETOE) del INEGI (30 de junio de 2020), al cierre de mayo había en México 19 millones 583 mil 170 trabajadores registrados en el sector formal. Si nos centramos en más datos, para el mes de mayo la Población Económicamente Activa (pea) respectiva a la población de 15 años y más que se encontró frente a un estado de suspensión laboral temporal ocasionado por la cuarentena, fue de 1.2 millones de personas disponibles para trabajar que perdieron o renunciaron a su empleo o cerraron su negocio. Además al menos 12 millones de [4] Al respecto, David Kaplan especialista en Mercados Laborales y Seguridad Social del Banco Interamericano del Desarrollo (bid), mencionó sobre la situación que prevalecía en México durante la etapa covid, que “El riesgo que existe es que haya casi una generación de trabajadores jóvenes que puedan tener malos resultados en el mercado laboral por muchos años (…) los instrumentos que tiene el Estado son políticas contra cíclicas o medidas activas de empleo” (Albarrán, 1 de mayo de 2020), es decir, fomento al empleo público, tanto en disminución de horas como en incentivación de jubilaciones anticipadas; de formación e inserción o reducción de la oferta de trabajo. Para ello reconoció que posterior a la crisis mundial del 2008, las empresas tardaron varios años en recuperar las tasas de contratación “En 2009, la tasa de desempleo no volvió a su nivel pre-crisis hasta 2017 (…) El peor mes de abril fue en 1995 cuando se perdieron alrededor de 185,000 empleos. Entonces, todo parece indicar, que esta crisis será peor” (Albarrán, 1 de mayo de 2020). [5] El trabajo decente sintetiza las aspiraciones de las personas durante su vida laboral. Significa la oportunidad de acceder a un empleo productivo que genere un ingreso justo, la seguridad en el lugar de trabajo y la protección social para las familias, mejores perspectivas de desarrollo personal e integración social, libertad para que los individuos expresen sus opiniones, se organicen y participen en las decisiones que afectan sus vidas, y la igualdad de oportunidades y trato para todos, mujeres y hombres. (oit, s/f) y (Horowits, 7 de mayo de 2020). 63 de personas en el país dejaron de trabajar y perdieron su fuente de ingresos en el mes de abril debido a la pandemia de coronavirus (INEGI, 30 de junio de 2020) [6] Los jóvenes además, durante la pandemia fueron generalmente los primeros en ser despedidos (Mendoza, 17 de junio de 2020), y algunos ejemplos de los sectores juveniles que fueron afectados por este acontecimiento se distribuyeron en: Los futuros universitarios recién egresados (Burgarin, 6 de junio de 2020). Los trabajadores del outsoursing, y la proliferación del trabajo a partir de aplicaciones de entrega de reparto, principalmente de comida, incentivado por el confinamiento de los consumidores, como por ejemplo: Uber Eats, Rappi, Diddi Foods o Sin Delantal, entre otras. En su mayoría conformados por jóvenes que trabajan como “colaboradores” y subempleados, e incluso en ocasiones como autoempleados, que se enfrentan constantemente a situaciones riesgosas y de precariedad. [7] Los trabajadores que por su escasa temporalidad en antigüedad fueron los primeros en ser despedidos. Los jóvenes en situación de pobreza y pobreza extrema (Coneval, 2020). Por lo anterior y dadas las circunstancias y efectos que tuvo en diversas aristas esta pandemia, se propone ahora y de forma modesta, pensar de manera alterna a la conceptualización de la Generación del confinamiento por la oit, la emergencia de una Generación del distanciamiento más amplia, descriptiva y multidimensional. De la Generación del confinamiento a la Generación del distanciamiento en el mundo del trabajo A partir de la cuarta edición del Informe “El Covid y el mundo del trabajo” elaborado por el Observatorio de la Organización Internacional del Trabajo (oit, 2020), se propuso una nueva e interesante conceptualización de la generación joven contemporánea. Así como se ha marcado en otras etapas de la historia a distintas generaciones, por ejemplo: Generación del 68; Generación de entreguerras (1918-1939), Generación de la posguerra también conocida como Generación Baby Boomer, e incluso a partir de épocas y los avances tecnológicos y [6] Véase también: Notimex (2 de junio de 2020). Coronavirus deja sin empleo a 12 millones de mexicanos: Inegi. Forbes México. [7] Por ejemplo en América Latina han comenzado a formarse grupos de trabajadores en resistencia, para reivindicar y defenderse ante las distintas situaciones de peligro y precariedad a las que se enfrentan en este tipo de trabajos de reparto por aplicaciones, tales como: la Asociación de trabajadores de reparto en Argentina, o en Brasil los denominados Riders, quienes han comenzado a realizar huelgas masivas. 64 el mundo digital en sus diversas categorizaciones, desde las distintas generaciones y grupos etarios, sea la Generación x; Generación Millenial, Generación@ entre otras, Feixa (2014). [8] Al respecto la oit planteó la emergencia de una generación que responde a circunstancias particulares relacionadas con el impacto social y económico desde la presencia de dicha crisis sanitaria: Los jóvenes son los que más padecen las consecuencias sociales y económicas de la pandemia, y corren el riesgo de tener que seguir haciendo frente a los efectos de la misma a lo largo de toda su vida laboral, y de pasar a constituir una «generación de confinamiento». (oit, 2020, p. 3). Para ello la generación del confinamiento (OIT, 2020) según estos parámetros correspondería a: los jóvenes [que] se ven afectados de forma desproporcionada por la crisis de la COVID‐19 y padecen sus consecuencias adversas en varios ámbitos, en particular, interrupción de sus programas educativos o de formación, pérdida de empleo y de ingresos, y mayores dificultades para encontrar trabajo. (OIT, 2020, p. 3). De acuerdo con los ámbitos descritos acerca de la propuesta conceptual de la Generación del confinamiento por parte de la OIT, centrados particularmente en aspectos del mundo laboral, integraría diversos elementos a tratar, tales como: 1. Interrupción de sus programas educativos o de formación 2. Pérdida de empleo 3. Disminución de ingresos 4. Mayores dificultades para encontrar trabajo 5. Disminución de horas de trabajo Pero también podríamos añadir a la presencia de una crisis sanitaria, una crisis económica, una crisis laboral e incluso en una crisis social; en este sentido sería más atinado nombrarla desde una perspectiva más integral y en términos sociales, como la Generación del distanciamiento, debido a que nos encontramos de acuerdo con la propuesta que se plantea aquí, con una nueva generación determinada por ciertas características específicas e históricas compartidas, mar[8] Para una consulta más especializada acerca de las generaciones y sus características desde inicios del siglo xx hasta inicios del siglo xxi, Cfr. Feixa (2014). 65 cada por un fenómeno natural y con diversos efectos que también integra el ámbito cultural y que incluiría entre otros aspectos, los siguientes 10 componentes principales de esta generación social: 1. Intensificación del mundo virtual en la era hiperdigital y mayor dependencia del uso tecnológico 2. Una nueva forma de vida cotidiana (online y offline), tanto en el ocio, entretenimiento, teletrabajo -home office-, educación virtual, compras en línea y nuevos consumos culturales y formas de relaciones amorosas, nuevas interacciones cara a cara, entre otros. 3. Cambios sociales que impactan a nivel individual y colectivo 4. Mayor control por parte del gobierno y las empresas sobre la movilidad física y el manejo de datos personales 5. La necesidad de una nueva relación ser humano-naturaleza 6. Una nueva revalorización y pensamiento acerca de la vida y la muerte 7. Una viraje en la consideración de una buena salud pública 8. Mayor precarización laboral 9. Un reacomodo de la economía mundial 10. Un nuevo Zeitgeist juvenil [9] Esta generación de carácter global también ha sido denominada por algunos como generación Covid, o “Nativos Covid” como en el caso de Arnoldo Kraus quien menciona que: A partir de nuestro coronavirus será necesario consensuar el nombre de la generación que ha crecido bajo la égida viral. Incluirá, propongo, a los niños y jóvenes cuyos patrones de vida se han modificado debido a las reglas dictadas por el virus, generadas y consensuadas a cabo por salubristas/políticos…” (El Universal, 10 de mayo de 2020) Al respecto, el antropólogo y juvenólogo Carles Feixa le reconoce como la “Generación Viral”, [10] misma en la que confluyen diversos aspectos que conectan y complementan a la Generación del distanciamiento que se presenta ahora, como por ejemplo la necesidad de un nuevo pacto intergeneracional y de un Estado de [9] Concepto proveniente de la filosofía alemana y principalmente utilizado por los románticos alemanes, cuya expresión significa: El espíritu (geist) del tiempo (zeit). Dicho término se refiere a la experiencia de un clima sociocultural e intelectual dominante, incluido el político; es decir, el espíritu de una nación en términos hegelianos (Volksgeist) en una relación dialéctica con el proceso total del espíritu mundial (Weltgeist). (Fernández, 2016: 114). [10] Véase: Conferencia magistral de Carles Feixa (21 de octubre de 2020). Quien ubica a la Generación Hashtag; Generación Viral y Generación Blockchain. Su propuesta contempla varias ideas que coinciden con la Generación del distanciamiento que se propone ahora; evento académico en el que también tuve oportunidad de presentar mi propuesta, de la que se desprende el presente texto académico. Véase al respecto: Amaury Fernández (21 de octubre de 2020) y Fernández, A. [amfereyes]. (2020, septiembre 10). 66 bienestar más accesible para la juventud; la presencia de una hiperconectividad y cambios en la escolaridad. Pero también reconoce el impacto de diversas crisis y respuestas por parte de las generaciones que las experimentan y a las que analiza en distintas temporalidades (pre-pandemia, pandemia y post-pandemia); y algo muy importante y en la que también coincide la presente propuesta, es que resalta la importancia de reconocer la Pandemia de la COVID-19 como “marca generacional”, que en este caso estaría marcada por la experiencia del confinamiento (y el distanciamiento añadiría yo), y que la caracteriza por una conciencia de la cibercultura; un emblema del uso de la mascarilla y un estigma del “botellón” (en España serían reuniones sociales y fiestas en medio de la pandemia, en México las “fiestas covid”)[11], aunque finalmente su propuesta va más enfocada a la realidad europea, es muy completa, novedosa y útil para la comprensión de la generación actual. La denominación que se propone aquí, estaría más bien representada por el término de la “Generación del distanciamiento”, y que representa a la juventud que vuelve a vivir un acontecimiento de alcance global. Quizás estaríamos hablando de un cambio de época e incluso a nivel de una nueva Zeitgeist, es decir, un nuevo espíritu del tiempo y sensibilidad de la juventud en términos nacionales (México) y regionales (América Latina), pero a la vez de carácter mundial. En síntesis un cambio de época ideológica y social, que conecta una visión global con diversos efectos como: el desempleo, las desigualdades socioculturales, la incertidumbre, la adaptabilidad, la enfermedad, o en caso extremo, la mortalidad. Espacio temporal donde la identidad estaría relacionada con el cambio social como rasgo universal de la sociedad actual, y que presenta modificaciones en los mayores sistemas de la organización de la estructura social, entendiendo por cambio social según Luciano Gallino (2005): variación o diferencia, o alteración, relativamente amplia y no transitoria, aunque no necesariamente irreversible, en las propiedades, el estado o la estructura de la organización social de una determinada sociedad, o bien en las relaciones entre los mayores sistemas sociales que la componen -ya se ubiquen fuera de [11] De nueva cuenta se hizo presente el mito de que los jóvenes no eran proclives a morir por su contagio, a pesar de la observación del fenómeno de resistencia cultural y generacional por muchos que prefirieron una intensión de festividad colectiva al confinamiento con el riesgo que ello conllevaba en las conocidas fiestas covid en favor de una “Inmunidad de rebaño o colectiva” (Martínez, 15 de mayo de 2020; Contreras,14 de mayo de 2020), o el participar en manifestaciones en contra de la violencia contra jóvenes, pese al riesgo que esto representaba (Reina, E., 9 de junio de 2020), mitos cada vez más descartados, al aumentar la tasa de mortalidad y letalidad en este grupo etario; este acontecimiento se unió a los problemas ya existentes en México, como por ejemplo las distintas violencias estructurales ejemplificadas en juvenicidios (Valenzuela, 2019), el crecimiento de feminicidios y desapariciones forzadas, la presencia de la delincuencia organizada, entre otros, y llegar a modificar, dificultar y complejizar aún más la condición juvenil de millones de mexicanos, especialmente entre los más vulnerables de la Generación del distanciamiento. 67 la economía, de la política, del Estado, de la religión, de la familia — o bien en uno de esos sistemas o en una o más instituciones de las vinculadas a ellos, observable en un momento respecto a otro anterior, subsistiendo la identidad de la unidad de referencia y de las variables que se consideran para identificar la variación. Como muchos cambios sociales, tienen relación con cambios de los sistemas culturales; en el lenguaje sociológico contemporáneo es común hablar de cambio social o cambio cultural, o de cambio sociocultural (p. 86). En este orden de ideas, parto de la teoría sociológica de las generaciones al vincularla a la noción de cambio social, especialmente desde la propuesta Karl Mannheim (1927) y de su aportación conceptual en términos cualitativos, “entre los ritmos de la historia y los ritmos de las generaciones. A la vista de ello, lo que importa es la calidad de los componentes de una generación” (en Laccardi y Feixa, 2014, p.50). De acuerdo con Mannheim “Puede decirse que los jóvenes que experimentan los mismos problemas históricos concretos forman parte de la misma generación” (cit. en Leccardi y Feixa, 2014, p. 48). Asimismo, y a partir de Wilhelm Dilthey, tal como reflexionan Leccardi y Feixa (2014), acerca de la propuesta de este último filósofo y sociólogo quien: Mantenía que las generaciones eran definibles en términos de relaciones de contemporaneidad y consistía en grupos de gente que en sus años de mayor maleabilidad eran proclives a influencias históricas (intelectuales, sociales y políticas) comunes. En otras palabras, consistían en gente que compartían el mismo conjunto de experiencias, la misma “calidad del tiempo”. La formación de generaciones se basaba, por lo tanto, en una temporalidad concreta constituida de acontecimientos y experiencias compartidos (…) las experiencias situadas históricamente determinarán la pertenencia a una generación, ya que constituyen la experiencia humana. (p. 50). Pero más allá del marco cronológico que recapitulan estos juvenólogos acerca del relevo generacional consistente de la suma del paso de tres lustros que propuso Ortega y Gasset (1984) o la perspectiva positivista de Augusto Comte sobre las generaciones, que serían perspectivas ya superadas pero no por ellas ineficaces, la generación actual es participe de un acontecimiento de alcance mundialrepresentada por una intensificación del mundo virtual en la era hiperdigital y caracterizada por “el marco sociotecnológico que acompaña la tran68 sición a la sociedad de la información madura, con la consolidación de la web 2.0, la llegada de internet de segunda generación, la emergencia de las redes sociales, el uso de la multipantalla y la consolidación de la multitarea o multitasking por parte de los jóvenes” (Feixa, Fernández-Planells y Figueras, 2014, p. 323). Además estaría acompañada de un contexto socioeconómico crítico debido al impacto global mucho mayor incluso a la crisis financiera del 2008 y como ya se dijo, de la Segunda Guerra Mundial o la Recesión del 29. En este sentido, comulgo con la idea de Mannheim respecto a que esta generación se encuentra o puede definirse “sobre las bases sociales y existenciales del conocimiento en relación con los procesos del cambio histórico-social” (Laccardi y Feixa, 2014, p.51), representada por una visible discontinuidad histórica. Es decir, para Karl Mannheim es útil el considerar la categoría de generación, como instrumento epistémico para el análisis del cambio social: las generaciones como dimensiones analíticas útiles para el estudio tanto de las dinámicas del cambio social (…) como para los “estilos de pensamiento” y la actitud de la época (…) aspectos específicos capaces de producir el cambio social, de la colisión entre el tiempo biográfico y el tiempo histórico. Al mismo tiempo, las generaciones podían considerarse el resultado de las discontinuidades históricas, y por lo tanto del cambio (Leccardi y Feixa, 2014, p. 51). Aquí lo que se considera relevante es lo que Mannheim propone como “situación de la generación” que jóvenes de edades similares comparten y producen un “vínculo generacional”, conformado por un acontecimiento de ruptura histórica: por una parte la presencia de acontecimientos que rompen la continuidad histórica y marcan un “antes” y un “después” en la vida colectiva; por otra, el que estas discontinuidades sean experimentadas por miembros de un grupo de edad en un punto formativo en el que el proceso de socialización no ha concluido, por lo menos en su fase más crucial, y los esquemas utilizados para interpretar la realidad todavía no son rígidos por completo o, tal como dice Mannheim, cuando esas experiencias históricas son “primeras impresiones” o “experiencias juveniles” (Leccardi y Feixa, 2014, pp. 51-52). En este sentido nos recuerdan Leccardi y Feixa (2014), que la propuesta de Philip Abrams (1982) iría más allá, pero retomando ciertas ideas de Mannheim, al relacionar el concepto de generación con el de identidad, en una relación dual del individuo y la sociedad, que implicaría considerar tanto el tiempo lineal como el 69 social, pero siempre dentro de un marco referencial histórico. Para este autor: una generación en el sentido sociológico es el periodo de tiempo durante el cual una identidad se construye sobre la base de los recursos y significados que social e históricamente se encuentran disponibles. De la misma forma, las nuevas generaciones crean nuevas identidades y nuevas posibilidades de acción (Leccardi y Feixa, 2014, p. 52). Asimismo el historiador Marc Bloch reconocerá dos factores generacionales claves, la experiencia y la conciencia, como bien remarca Feixa (12 de octubre de 2020), y señala además la relevancia del “acontecimiento generacional”, que puede ser representado ya sea por: una guerra, revoluciones, movimientos, catástrofes naturales entre otras. En esta tesitura, para José Ortega y Gasset (1984) es necesario pensar en el término “generación”, debido a la necesidad de establecer un vínculo entre el pensamiento y la vida, que permita reflexionar y otorgar sentido al mundo, y dotar de ese sentido a la época de acuerdo con una temporalidad específica, para determinar la sensibilidad de las circunstancias, de ello se derivaría la definición del “tema de nuestro tiempo”. En este sentido los autores mencionados desde sus perspectivas ayudan a conformar el corpus teórico que da base a la propuesta de la Generación del distanciamiento. Así también, la generación e identidad social responderán entonces a los procesos de cambio de acuerdo con Abrams, “las generaciones son el medio a través del cual los calendarios distintos, el del curso de la vida y el de la experiencia histórica, se sincronizan. El tiempo biográfico y el histórico se fundan y transforman mutuamente, creando una generación social” (Leccardi y Feixa, 2014, p. 53). De esta manera, es necesario apuntar algunos datos para observar la radiografía de dichas experiencias juveniles de la generación social del distanciamiento, que en esta ocasión y por los fines y espacio del presente capítulo, solo se hará su reflexión frente al ámbito del mundo laboral en México, pudiéndose emplear a nivel global de acuerdo con las especificidades de cada país y en otros ámbitos del mundo social. 70 La crisis ocasionada por la COVID-19 y la precariedad laboral en la Generación del distanciamiento en México [12] Luego de este planteamiento acerca de la importancia de la noción generacional, la Generación del distanciamiento estaría marcada por el contexto coyuntural de la pandemia de la COVID-19 (AFP, 27 de mayo, 2020), que ha sido vivida o experimentada en un momento de incertidumbre mundial, no solo en la salud pública, sino también en lo político, lo cultural, lo social y lo cotidiano, y representaría un momento de disrupción histórica, incluso reflejado por datos no vistos en décadas pasadas, como en el caso del ámbito económico, uno de sus componentes principales a través de una contracción en el mercado del trabajo. Respecto al desempleo juvenil en la Generación del distanciamiento,en México, y debido en esencia al contexto mundial en que surge, los rasgos característicos que integran y definen la adscripción a dicha noción, más que de confinamiento propuesta por la oit, se debe a que de inicio el confinamiento o resguardo no fue permitido para todos los jóvenes que se relacionan con el mundo laboral, ya que muchos por sus condiciones socieconómicas, geográficas o políticas deberían trabajar fuera de casa y de manera obligatoria, incluso ante la propia defensa de las políticas laborales implantadas como emergencia por los gobiernos; además debían trabajar obligatoriamente tanto por orden de los propios patrones, como por la necesidad de comer y no perder un trabajo y salario. Es decir las condiciones económicas y sociales de la generación juvenil contemporánea no son las mismas, ni en ingresos, ni en accesos, ni en circunstancias ni en oportunidades, hablamos entonces de desigualdades incluso al interior de las líneas generacionales. Por lo que la idea de distanciamiento refleja más claramente esta condición de alejamiento, no solamente entre personas y el metro y medio de distancia física o más para evitar contagios, sino en las actividades sociales, culturales, políticas y económicas. Incluso algunos analistas le llegaron a denominar a esta desigualdad juvenil como una “Cuarentena de clase” o “Confinamiento de privilegio de clase” (CLACSO TV, 20 de mayo 2020), debido a la pertenencia de clase social y el prevalecimiento de un situación socioeconómica tan desigual en México y América Latina, donde incluso el 10 por ciento de la población mexicana concentra aproximadamente las dos terceras partes de la riqueza nacional. Además este distanciamiento se relaciona con el alejamiento cada vez mayor entre los jóvenes y el Estado de bienestar (Esping-Andersen, 2004). Así también [12] En este apartado, se retoman ciertos fragmentos de una nota periodística publicada por el autor en el periódico El Comentario de la Universidad de Colima. Cfr. Fernández, A. (30 de mayo de 2020). 71 Benedicto (2014) reconoce el gran impacto que tuvo la crisis económica de 2008 y que cabe bien de ejemplo a la crisis actual ocasionada por el virus SARS-CoV-2: La crisis nos permite visibilizar las inconsistencias y contradicciones del diseño institucional encargado de la integración juvenil, pero sin por ello olvidar el contexto más amplio de las transformaciones estructurales experimentadas por las sociedades occidentales en las últimas décadas (globalización, erosión de los pilares básicos del sistema de bienestar, nueva posición relativa del Estado) y el predominio de los planteamientos ideológicos y las políticas neoliberales (p. 57). En este escenario, se hace doblemente impactante la incertidumbre y fragmentación derivadas de las políticas neoliberales resultado de procesos socioestructurales de alcance mundial, lo que hará aún más visible los beneficios prometidos y la fragilidad en que se encuentran, al no poder lograr su integración de las nuevas generaciones en el capitalismo del bienestar, por la gravedad de la crisis, ahora no solo económica, sino también social, de sanidad y laboral. A partir de la propuesta de Benedicto (2014), sobre su noción de precariedad vital, y que toca varias esferas de mundo social, entre ellas la precariedad laboral, de entrada impactaría en sus experiencias vitales, efecto de esta posible “ruptura del contrato intergeneracional” y de desencanto, derivadas de políticas neoliberales aplicadas ya por casi cuatro décadas que ha promulgado el Laissez faire, debilitando la participación del Estado-nación en la economía del mundo, misma que abogaba por la premisa de una justicia social y bienestar colectivo, es decir, el Estado de bienestar keynesiano, que ahora cae ante una globalización neoliberal, basada en el desarrollo de un mercado global, provocando así “la promesa incumplida” en las jóvenes generaciones que bien plantea Benedicto (2014). Esto puede convertirse en un riesgo, y es que pueda acrecentarse ese sentimiento de exclusión de la vida social y económica de un país a causa de la gran crisis para los sujetos jóvenes mexicanos que representaría una gran pérdida de potencial humano y creativo. Es el costo de esta grave crisis y sus posibles efectos ya iniciados, y que México pagará a mediano o largo plazo en caso de no poder mejorar la condiciones reales de bienestar de las nuevas generaciones, en particular en la Generación del distanciamiento. Por ejemplo, la situaciones de despidos [13], el incremento de trabajos sin segu[13] Como ejemplo respecto a los despedidos en México, miles de patrones dieron de baja del Seguro Social aproximadamente a un millón de trabajadores durante la pandemia. (Raziel, Z., 6 de julio de 2020); lo que incluso corresponde un 70 por ciento de los despidos a jóvenes de 29 años o menos (Mendoza, 17 de junio de 2020). 72 ridad social y de incertidumbre creciente ante el virus y la enfermedad, agravó todavía más la situación. Por ello sería conveniente pensar, que el nivel de precariedad vital viene a incrementar diversas vulnerabilidades, y entonces la familia pudo funcionar también como una opción de apoyo fundamental que otorgó mayor certidumbre para resistir los efectos y embates durante la crisis en caso de contar con ella, por lo menos durante la etapa covid, previa a la esperada normalización de la vida social. Estas realidades socioeconómicas para la Generación del distanciamiento mexicana, implicaron una importante pérdida de poder social y político dentro del sistema de relaciones intergeneracionales, incluidos los bajos salarios, [14] aunado a la gran desocupación juvenil, que casi siempre es efecto del incremento de la desocupación en la población general y abierta en edad de trabajar, como ya se señaló líneas arriba. Benedicto refiere que prevalece entonces una incertidumbre, es decir, “nada está dado” debido a estos tipos de escenarios inciertos, como en el caso de la crisis del 2008 que suman tasas elevadas de desempleo juvenil. Una juventud que ha dejado de ser concebida como una etapa de preparación para la vida adulta para adquirir nuevas significaciones vinculadas en su mayoría a la construcción por parte de los individuos de biografías que permitan dar sentido a una realidad cambiante y fragmentada, desprovista en buena medida de pautas de acción institucionalmente definidas. Biografización, responsabilidad individual y consumismo constituyen los rasgos fundamentales de una nueva condición juvenil en la que las certidumbres de antaño, ancladas en la reproducción de valores, normas y estatus se ven progresivamente sustituidas por las incertidumbres y los riesgos. La juventud en el nuevo capitalismo global es una etapa de experimentación y provisionalidad en la que la integración se revela como un proceso incierto e inestable. (Benedicto, 2014, p. 64) Además nos encontramos con una Generación del distanciamiento, más educada que sus predecesores, pero con menor posibilidad de acceso al trabajo decente o formal. En este sentido concuerdo también con Benedicto (2014, p. 76) al momento [14] El propio Consejo Nacional de Evaluación de la Política del Desarrollo Social (Coneval, 2020), señalaba incluso en la etapa precovid, que la evolución del índice de tendencia laboral de la pobreza al cierre del primer trimestre de 2020, representaba en los trabajadores menores de 29 años, ingresos promedios mensuales de 3,686.48 pesos (153.60 dólares), con una canasta básica cada vez más encarecida e inalcanzable (Villanueva, 17 de junio de 2020), y aun así se excluía a los trabajadores del sector informal, los que representaban casi la mitad de trabajadores en México. 73 de reconocer que es indispensable “comprender mejor qué significa hoy la integración para los jóvenes (…) Frente a los modelos más o menos lineales, predominantes en épocas anteriores, en los que las instituciones establecían las pautas de acción a seguir en éstos”. Ahora solamente el presente inmediato es el que está disponible, lo que dificulta la “promesa futura de movilidad ascendente misma que ha dejado de funcionar como ideal de integración” (Benedicto, 2014, p. 67). De esta manera la situación actual se complejiza debido a procesos de transición a la vida adulta difíciles y poco programables, aún más con la mencionada pandemia, por lo que ellos buscarán estrategias de vida entre la tradición y lo nuevo: para poder entender el nuevo panorama que surge tras la quiebra de las promesas hechas por las generaciones adultas y resolver las contradicciones entre lo esperado y lo percibido, los jóvenes necesitan redefinir sus estrategias de acción, utilizando para ello algunas de las herramientas tradicionales, desechando otras que ya no sirven y sobre todo recurriendo a otras nuevas (Machado Pais 2008, en Benedicto, 2019, p. 68). Debido a lo anterior, es necesario considerar la noción de clase social para comprender la desigualdad social existente (CEPAL, 2020; ONU, 21 de mayo de 2020), y desde una mirada actual, en México la clase social media, en opinión de algunos, está disminuyendo y la pobreza ha estado presente para la mayoría la población mexicana durante décadas, representada por más de la mitad de su población; esto nos lleva a la necesidad de repensar la situación real de millones de habitantes en peligro de descender socialmente. Habría que considerar por ejemplo cómo el índice de pobreza crecerá en la etapa poscovid (Criales, 16 de junio de 2020) o en su caso disminuirá si las predicciones fallan. Entonces ¿dónde quedará la clase media y la clase baja? ¿Por qué se habla de millones de nuevos pobres por el coronavirus? ¿Tienen alguna relación las clases sociales a la que pertenecen los jóvenes con la desigualdad frente a la COVID-19? ¿Quiénes se permitirían cerrar sus negocios o confinarse como empleados durante los distintos tiempos en que se presentan niveles altos de contagios o de rebrotes? ¿Qué economías y sectores pudieron regresar y permanecer económicamente estables? Esto marca claramente cómo las clases sociales representan un indicador clave para comprender mejor cómo se viven y experimentarán las desigualdades juveniles en la etapa de la Covid-19 y Poscovid. Finalmente esta Generación del distanciamiento en México, se traduce en experiencias históricas a través de “primeras impresiones” o “experiencias juveniles”. Empíricamente podríamos hablar de ella en el caso particular de México 74 que ha vivido estas etapas disruptivas, como en el caso de las crisis económicas de 1982 con la caída del precio del petróleo y el valor del peso; la de 1994, también marcada por una estrepitosa depreciación del peso y una crisis económica severa; la de 2008 por la crisis mundial derivada de los falsos activos de bienes raíces en EUA y con efectos en México y ahora una crisis ocasionada en 2020, por una pandemia sanitaria, a la que la Generación del distanciamiento tendrá que hacerle frente. Reflexiones finales Los jóvenes siempre han sido un sector que encuentra determinadas dificultades y retos para poder insertarse al mundo laboral, (Pérez, y Urteaga, 2001), ya sea por su nivel de experiencia, por la tradicional lucha intergeneracional y relaciones históricas de poder, o por la cada vez mayor escasez de espacios y lugares de trabajo ante el aumento poblacional y las crisis económicas y políticas públicas de juventud desfocalizadas. Se ha dicho por parte de Coneval que se esfumarán 20 años de lucha antipobreza por la Covid-19 y la emergencia sanitaria en México (Rodríguez, J.C., 12 de mayo de 2020), lo que estaría por verse; además se habla de un gran número de retiro de Afores (Administradora de Fondos para el Retiro) por parte de trabajadores debido a la pandemia (Reuters,16 de julio de 2020). Por lo que a México le será más difícil cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible ods, y para que se cumplan debe aplicar el Estado de bienestar encaminado al apoyo de los jóvenes. La pandemia impactó a los sectores más vulnerables, en este caso las mujeres, las personas de la tercera edad, y también a los jóvenes, aunque sus efectos reales todavía no se pudieran llegar a visualizar y dilucidar, sino hasta pasado cierto tiempo. [15] La denominada Generación del distanciamiento, marca un cambio social de grandes dimensiones en varios ámbitos como la tecnología, la diversión, el entretenimiento, las relaciones sociales, la concepción de la vida y la muerte, de las familias, de la economía, de los verdaderos intereses de las empresas y los políticos, del funcionamiento del orden económico mundial, de los racismos, de las desigualdades sociales e intergeneracionales, de la disparidad de la clases sociales, de los medios de comunicación, entre otros. En este caso el mundo laboral fue solo uno de los anteriores ámbitos a los cuales impactó este fenómeno de alcance mundial. 75 Deberían realizarse intervenciones a nivel político dirigidas específicamente a los jóvenes, con arreglo a marcos de política laboral exhaustivos, inclusivos y orientados al futuro, incluida la implantación eficaz de garantías de empleo o competencias, complementadas con paquetes de medidas más amplias que fomenten los incentivos y la recuperación (oit, 2020, p.2). Para complementar lo anterior se retoman cuatro pilares del Marco general de políticas de la oit para hacer frente a la crisis laboral de la COVID-19. Pilar 1. Estimular la economía y el empleo. Una política fiscal activa. Una política monetaria flexible. Préstamos y ayuda financiera a sectores específicos, incluido el sector de la salud. Pilar 2. Apoyar a las empresas, los empleos y los ingresos. Extender la protección social a toda la sociedad. Aplicar medidas de mantenimiento del empleo. Ofrecer a las empresas ayuda financiera/fiscal y otros medios de alivio. Pilar 3. Proteger a los trabajadores en el lugar de trabajo. Adaptar las modalidades de trabajo (por ejemplo, el teletrabajo). Prevenir la discriminación y la exclusión. Permitir el acceso a la sanidad para todos. Ampliar el recurso a una licencia remunerada. Pilar 4. Buscar soluciones mediante el diálogo social. Fortalecer la capacidad y la resiliencia de las organizaciones de empleadores y de trabajadores. Fortalecer la capacidad de los gobiernos. Fortalecer el diálogo social, la negociación colectiva y las instituciones y mecanismos de las relaciones laborales (oit, 2020, p.25). Por otra parte, la propuesta que se hace ahora de la Generación del distanciamiento más que del confinamiento, responde a que su denominación no se debe solo a un alejamiento de las condiciones del Estado de bienestar deseable, es decir, de mayores inversiones hacia este sector social y una calidad de vida, sino también del alcance a un Trabajo decente, de condiciones más seguras, libre de riesgos y vulnerabilidades. Generación social del distanciamiento que integrará impactos económicos desiguales por las condiciones sociales presentes durante el inicio de la pandemia, pero también de salud mental, de nuevas actitudes e interacciones sociales, de confinamientos, de circunstancias diversas de acuerdo con parámetros sociodemográficos, geográficos y económicos; de sobreinformación e infodemia, de situaciones de crisis, de cambios intra e interfamiliares, de modificaciones importantes en los sistemas educativos y en el uso intensivo de internet por ejemplo. 76 La noción de generación ha sido para esta propuesta muy útil si queremos complementar elementos como la clase social y la identidad en el análisis del mundo contemporáneo de las juventudes. De esta manera, el término distanciamiento también ha sido útil porque la condición juvenil está cada vez más alejada de los parámetros ideales de bienestar. Dicho sea de paso, se ubica en un cruce entre la precarización laboral y las desigualdades generacionales, y en una degradación de las condiciones laborales derivada de una precarización laboral de manera multidimensional, tanto en el caso de trabajos formales (con contratos de trabajo, prestaciones u horarios determinados) como en los no formales como lo refiere el juvenólogo Pablo Vommaro (CLACSO TV, 2020, mayo, 20). Como se ha argumentado ya, los efectos económicos de la pandemia en México fueron brutales y hasta ese momento incierto su alcance y duración, ya que los rebrotes que se presentaron en las semanas posteriores a la disminución de la pandemia en algunas ciudades de España, Italia e Inglaterra; además en América Latina y Estados Unidos se debieron a la flexibilización prematura relacionadas con las medidas preventivas débiles ante las presiones del capital y los intereses financieros. Finalmente, esta Generación del distanciamiento será caracterizada por los componentes mencionados anteriormente, como resultado de la presencia de importantes y relevantes cambios sociales que impactaron a nivel individual y colectivo. Ya la pandemia dejó ver hasta el momento algunos de estos cambios, incluso de manera extrema definibles como apocalípticos: ciudades solas, regreso de animales a zonas habitadas por seres humanos, misas en auto cinemas, conciertos desde balcones, fiestas virtuales, escuelas desiertas, infodemia, robos virtuales, entierros solitarios, etcétera. No se trata entonces de que las y los jóvenes sobrevivan solamente a la crisis económica actual, ni de habituarse a las condiciones de precariedad vital, sino por el contrario, de formalizar sus trayectorias de vida, de trabajar de manera digna y finalizar con dicha precarización. La pandemia de la Covid-19 y su efectos en la salud mundial y la economía pone en la mesa de discusión el ethos de una economía utilitarista sobre el valor de la vida. Ya organismos internacionales como CEPAL y la OIT (mayo de 2020) han recomendado un cambio en el modelo de desarrollo para América Latina que evite la pobreza y desigualdad, es decir, habrá que cambiar el sistema estructural de la economía por el alto índice de pobreza que ahora la pandemia evidenció aún más en la región, incluido México, (Villanueva, 22 de mayo de 2020) e incluso se habló de la consideración o disminución de los inte- 77 reses y deudas contraídas por parte de los países del tercer mundo ante el BM y el FMI, como en el caso de la región de América Latina y el Caribe que comenzó a contabilizar oficialmente el mayor número de contagios y muertes en el mundo, y México para el mes de noviembre sumaba ya cerca del millón de casos confirmados acumulados y rebasaba las 100 mil muertes debido al Coronavirus SARS-CoV-2. Por ello se requieren de políticas públicas de inserción laboral que permitan empoderar al sector juvenil para lograr su emancipación, su acción, su autonomía, su desarrollo y libertad, todo encaminado hacia el despliegue de una ciudadanía juvenil (Reguillo, 2003).Requerirán para ello nuevas destrezas laborales (Ordaz, A., 1 de mayo de 2020), pero también nuevas oportunidades e inversiones desplegadas tanto por la iniciativa privada como por el Estado. Las crisis si de algo ha servido, han sido para llevarnos a repensar el mundo y cómo vivimos. Crisis humanitarias, económicas, políticas, sociales, naturales quizás seguirán. Se ha escrito mucho sobre este fenómeno mundial y seguirá quizás esta tendencia en los siguientes años, ya que según algunas voces, seguiremos viviendo con este virus durante los próximos años, y que hasta el momento de redactar el presente texto, apenas se vislumbraban ciertos avances de vacunas en países como Rusia, Inglaterra, Francia o Estados Unidos de América, y las grandes farmacéuticas trabajaban a marchas forzadas por encontrar la cura. Pero mientras esto ocurría, el mundo padece sus grandes efectos, y ahora en lo que debiera enfocar más sus ojos, sería hacia los sectores más vulnerables, como los jóvenes. Como hemos analizado, este escenario ha provocado una de las mayores crisis económicas y sociales de la región en las últimas décadas, que ha afectado negativamente el empleo, la lucha contra la pobreza y la reducción de la desigualdad, compromisos asumidos en la Agenda 2030 de los ODS, según estimaciones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), además de profundizar las brechas de desigualdad. Lecciones que nos deben llevar a replantear nuestro mundo y el de las nuevas generaciones que están ahora otras por venir. Es evidente entonces, que la Generación del distanciamiento deberá formar parte del cambio de dicho paradigma económico prevaleciente y enfrentar los diversos problemas prevalecientes en América Latina, de acuerdo con Mayer, et al. (2020), y convertirse en participe de ese cambio social para transformarse en una Generación del acercamiento hacia el alcance de un Estado de bienestar que le ha sido negado o por lo menos dificultado; ello a partir de que los gobiernos de los distintos países de manera urgente, abonen a la recuperación económica, después 78 de privilegiar en primer lugar la vida, y a la construcción de una nueva agenda de juventud latinoamericana. Referencias Agence France-Presse (AFP). (27 de mayo, 2020). ‘La generación del confinamiento’: COVID dejó a uno de cada seis jóvenes en el mundo sin trabajo: OIT. Recuperado de https://www.animalpolitico.com/2020/05/covidjovenes-desempleo-mundo-oit/ Aguilar, J. (4 de mayo de 2020). México: efectos del COVID-19 en el mercado del trabajo. Recuperado de https://www.iis.unam.mx/blog/mexico-efectosdel-covid-19-en-el-mercado-del-trabajo/ Albarrán, E. (1 de mayo de 2020). Informalidad laboral crecerá después del Covid-19; afectará a trabajadores más jóvenes: bid. 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Ha publicado recientemente, como coordinador, los libros: Diálogos interdisciplinarios desde las ciencias sociales (2018) y Cine mexicano y realidad social. Distintas miradas (2020). Como autor publicó: Identidades creativas frente al Volcán de Fuego. Jóvenes y trabajo creativo en Colima (2017) y Jóvenes de arena. Pesca artesanal, esquemas culturales e identidades en Armería, Colima, México (2018), así como diversos artículos académicos relacionados con temas sobre la juventud, identidad, cultura y comunicación. Ana Karen Soto Bernabé Es Licenciada en Pedagogía por la Universidad Veracruzana; Maestra y Doctora en Ciencias en la Especialidad en Investigaciones Educativas por el Departamento de Investigaciones Educativas del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (DIE-CINVESTAV) del Instituto Politécnico Nacional. Ha sido profesora de nivel medio superior y superior desde 2009; trabajó en la Coordinación de Planes y Programas de la Universidad Veracruzana. Es profesora de programas de grado y posgrado en la Universidad Autónoma de Querétaro, así como coordinadora de la Licenciatura en Innovación y Gestión Educativa de la Facultad de Psicología-UAQ; miembro de la Red Mexicana de Pedagogía Social (REMPES) y de la Comisión Estatal para la Planeación de la Educación Superior del Estado de Querétaro. Ganadora al Premio ANUIES 2020 a la Mejor tesis de doctorado en Educación Superior. Colabora con el Seminario de Políticas y Organizaciones de Educación Media Superior y Superior del DIE-CINVESTAV. Sus intereses de investigación son: a) formación y trabajo docente; y b) educación superior pública y privada. 85 Itzel Viviana López García Es Licenciada en Psicología por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Ha estudiado diversos cursos como: “Masculinidades” por la Universidad del Claustro de Sor Juana de la Ciudad de México; “Prevención de adicciones y violencia en educación media superior y superior” impartido por Centros de Integración Juvenil A.C., “Mundos Juveniles: Sujetos, Trayectorias y Ciudadanías” del Seminario de Investigación en Juventud de la UNAM. También fue ganadora del Premio “Juventud-es Incluyentes” en la categoría Combate a la Violencia contra las Mujeres, otorgado como parte de las actividades del Mes de la Juventud del Instituto de la Juventud del Municipio de Puebla, con reconocimiento. Actualmente es Coordinadora de Proyectos SERAJ Servicios a la Juventud, así como consejera de COPACINA Consejo de Participación Ciudadana para la Niñez y Adolescencia del implan Puebla, e Integrante de la Colectiva Hablemos de Género. Luis Biniza Cruz López Es Sociólogo por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UANM). Cuenta con los diplomados de “Sexualidad Humana” por el Instituto de Estudios sobre Sexualidad y Pareja y “Mundos Juveniles: Sujetos, Trayectorias y Ciudadanías” del Seminario de Investigación en Juventud (SIJ) de la UNAM. Es docente en Montessori a nivel primaria y docente de secundaria y preparatoria. Ha participado en distintos coloquios organizados por la UNAM, El CIPI de Cuba, el Congreso Bianual ALAS. También es becario del Proyecto PAPIT UNAM IN307318 “El Gran Caribe: Geopolítica, Procesos de Integración y Proyectos Alternativos” Coordinado por el Dr. Nayar López Castellanos. 86 Cuadernos de trabajo Mundos Juveniles 3 Seminario de Investigación en Juventud Cerro del Agua 120 Col. Romero de Terreros Coayoacán https://sij.unam.mx sijuventud@unam.mx RRSS @sijunam