Ramón Mercader en Salamanca
A propósito del documental
Palabras para un fin del mundo,
de Manuel Menchón
Severiano Delgado Cruz
1
El 31 de diciembre de 1936, a primera hora de la tarde, se encontraban en un café de la
Plaza Mayor de Salamanca el rector de la Universidad y catedrático de Derecho civil,
don Esteban Madruga, y Bartolomé Aragón, joven profesor auxiliar de la Facultad de
Derecho, que estaba preparando la publicación de una memoria sobre economía corpo-
rativa y quería que don Esteban le diera su opinión. Cuando terminaron la conversación,
Aragón dijo que se disponía a ir a casa de don Miguel de Unamuno para hablar con él
de ese mismo tema y charlar un rato. Don Miguel en aquellos días no recibía visitas,
pero Aragón había hablado por teléfono esa mañana con Rafael de Unamuno para que le
concertara una cita con su padre, como así fue.
Aragón y Madruga llegaron a casa de Unamuno (Bordadores, 4) a las cuatro y
media de la tarde, pero don Esteban no entró porque tenía que asistir a un entierro.
Abrió la puerta Aurelia, la criada. Unamuno recibió a Aragón en el frío cuarto de estar
situado en la trasera de la casa, junto al jardín interior. Unamuno estaba sentado a la
camilla, con un brasero a sus pies, e invitó a Aragón a que se sentara frente a él. Por lo
general, la criada preparaba el brasero y cubría las piernas de don Miguel con la falda de
la mesa.
Mientras los hombres charlaban, Aurelia trajinaba en la cocina. Andaba también
por allí María, hija de don Miguel, pero estaba en casa de doña Pilar Cuadrado, vecina
de rellano y amiga íntima de la difunta doña Concha Lizárraga, esposa de Unamuno.
Don Miguel no se encontraba bien. Además de los achaques propios de sus 72
años, desde el episodio del 12 de octubre en el paraninfo no había recibido más que dis-
gustos, comenzando por el cese como rector vitalicio y concejal del Ayuntamiento de
Salamanca, hasta llegar al encubierto arresto domiciliario en el que se hallaba, con un
policía custodiando la puerta. Se le impedía dar a conocer su opinión en la prensa, como
había hecho durante décadas, había tenido que atender de manera casi clandestina las
visitas de varios periodistas extranjeros, Salamanca se había llenado de militares de todo
1
tipo, de alemanes que desfilaban por la ciudad con la bandera de la cruz gamada, de
fascistas italianos y de falangistas, cuyas milicias habían sembrado el terror por toda la
provincia, asesinando a muchas personas inocentes. Por si fuera poco, tenía dos hijos
(Ramón y José) y un yerno (José María Quiroga) en la zona republicana y temía que se
los hubieran matado. En ocasiones, preso de la rabia, daba vueltas por la casa despo-
tricando a voces contra aquella situación que lo tenía en rehén, no sabía de qué.
Unamuno aborrecía el nazismo, el fascismo y el falangismo, pero se veía obligado
a aceptar la compañía de algunos falangistas escritores y periodistas a los que conocía
desde antes del comienzo de la guerra, que iban a su casa a darle conversación o a
acompañarle en breves paseos por la ciudad. En esta ocasión, como vemos, se trataba de
un joven profesor universitario.
Una vez acomodados, Unamuno se apoderó de la palabra, según era habitual en
él. Agradeció a Aragón que no fuera vestido de falangista como otras veces, confun-
diendo al joven andaluz con algún otro falangista, porque Aragón era la primera vez que
entraba en esa casa. Unamuno le dijo que iba a decir cosas duras, que él había dicho que
aquella guerra no era una guerra civil, sino para salvar la civilización cristiana occiden-
tal, y después eso mismo lo había dicho Franco y ahora lo decían todos, y habló durante
largo rato, tal vez una hora, hilvanando como era su estilo una idea con otra en un des-
pliegue infinito, con amargura y dolor, sobre el pasado, el presente y el porvenir de
España. Como solía ocurrir, en ocasiones alzaba la voz, rojo de ira, por lo que la criada
se asomó un par de veces al patio interior por si pasaba algo.
Aragón mostró a Unamuno un ejemplar de La Provincia de F.E., tal vez el de 25
de octubre de 1936, con un reportaje sobre la celebración falangista del 12 de octubre en
La Rábida. Unamuno se negó a ver aquella revista de Falange, porque los falangistas
iban contra la inteligencia. Tal vez fuera aquella una de las ocasiones en que Unamuno
alzó la voz, o quizás cuando Aragón quiso explicarle su memoria sobre economía cor-
porativa, basada en el fascismo italiano.
En un momento de desfallecimiento de Unamuno, Aragón dijo que a veces pen-
saba si no había vuelto Dios la espalda a España, disponiendo de sus mejores hijos.
Unamuno protestó con vehemencia, dando un puñetazo en la mesa, y dijo que no, que
Dios no podía volverle la espalda a España, que España se salvaría porque tenía que
salvarse. En ese momento inclinó la cabeza, se puso intensamente pálido y se le afloja-
ron las piernas, comenzando a salir humo del brasero, circunstancia a la que atribuyó
Aragón el repentino mareo que le había hecho perder el sentido, según pensó, pero al
acercarse a ver qué tal estaba vio que el humo procedía de una babucha de don Miguel
que se estaba quemando en las brasas y que el maestro estaba en apariencia muerto.
Aragón comenzó a dar voces, pálido y desencajado —¡Yo no lo he matado!, gritaba—,
a lo cual acudieron Aurelia, María y doña Pilar. Entre todos lo tumbaron inconsciente en
el diván y poco después llegó un médico, Adolfo Núñez Rodríguez, que procedió a
reconocer al paciente y envió a Aragón a comprar una medicina a una farmacia de la
Plaza Mayor.1 Pero don Miguel falleció y el médico consideró como causa de la muerte
1
Es de suponer que el médico llegó tan pronto porque le avisaron por teléfono. Probablemente le
llamó María. La consulta del doctor Núñez estaba en la calle Doctor Riesco, 35 (actual Toro, esquina con
Brocense, plaza del Liceo), a 300 metros de la casa de Bordadores, 4.
2
“hemorragia bulbar; causa fundamental arterioesclerosis e hipertensión arterial”. Serían
sobre las seis de la tarde. Poco después llegó a casa Felisa, la otra hija de Unamuno, con
Miguelín, hijo de la difunta Salomé y de José María Quiroga, que habían ido a ver los
belenes instalados en las iglesias. Fue avisado también por teléfono el otro hijo, Fernan-
do, arquitecto municipal de Palencia, que viajó a Salamanca en tren esa misma noche.
De inmediato se corrió por toda la ciudad la noticia de que Miguel de Unamuno
había muerto, causando la natural conmoción. Las fuerzas vivas se apresuraron a orga-
nizar las honras fúnebres, empezando por el velatorio, al que asistieron varios intelec-
tuales y escritores falangistas, además de los miembros de la familia y allegados.
Bartolomé Aragón se retiró a su habitación del hotel Novelty, pero apenas pudo
descansar porque fue mucha gente a preguntarle por lo sucedido. Entonces decidió
escribir un informe sobre las circunstancias que habían rodeado el fallecimiento de
Unamuno, que entregó al catedrático José María Ramos Loscertales cuando se acercó
hasta el hotel para interesarse por el suceso. Aragón no asistió al funeral ni al entierro de
Unamuno, pero permaneció en Salamanca.
El 1 de enero de 1937 por la mañana, el juez municipal asentó el fallecimiento de
Miguel de Unamuno en el Registro Civil de Salamanca, en virtud de manifestación
personal y escrita de Luis Sánchez Zúñiga, convecino del finado.2 En el acta de defun-
ción se hizo constar como hora de la muerte las cuatro de la tarde.
A las once de la mañana se celebraron los funerales en la parroquia de la Purí-
sima, oficiando la misa de difuntos el párroco Valentín González asistido de dos sacer-
dotes. La capilla que dirigía el maestro García Bemalt, cantó una solemnne misa de
Requiem. Presidían el duelo los atribulados hijos del finado, Fernando y Rafael, el rec-
tor de la Universidad, Esteban Madruga y el decano de la Facultad de Filosofía y Letras,
José María Ramos Loscertales.
El entierro constituyó una sentida manifestación de duelo. Antes de la hora seña-
lada, las cuatro de la tarde, la calle Bordadores estaba completamente ocupada por cen-
tenares de salmantinos que concurrían, para patentizar en este acto piadoso el dolor pro-
ducido por la desaparición de don Miguel de Unamuno y Jugo.
La cruz parroquial llegó puntualmente, como asimismo una representación del
claustro universitario, y otra muy nutrida de Falange Española, formada por los escrito-
res y periodistas de esta organización y movimiento social. Víctor de la Serna ostentaba
la representación del Jefe nacional de Falange, Manuel Hedilla, que no podía concurrir
sintiéndolo profundamente, por tener que ausentarse de Salamanca por unas horas.
El cortejo fúnebre, que era tan numeroso como en los funerales, desfiló por la
plaza de Monterrey, las Agustinas y el Campo de San Francisco, hasta la Puerta de San
Bernardo. Llevaron el féretro distribuyéndose en dos turnos, los falangistas Miguel
Fleta, Víctor de la Serna, Antonio de Obregón, Emilio Díaz Ferrer, Mariano Rodríguez
de Rivas, Melchor Martín Almagro, Carlos Domínguez Martín y Víctor Alonso.3
2
Libro de registro de fallecimientos n. 183, acta n. 5.
3
Todos ellos escritores y periodistas vinculados al Servicio de Prensa y Propaganda dirigido por el
general Millán Astray, excepto el tenor Miguel Fleta, que se encontraba en Salamanca porque estaba
casado con Carmen Mirat, de la conocida familia de industriales.
3
Las cintas del féretro las llevaban los catedráticos Isidro Beato Sala, decano de la
Facultad de Derecho, Manuel García Blanco y Francisco Maldonado por la Facultad de
Filosofía y Letras, y Nicolás Rodríguez Aniceto, de la de Derecho.
La presidencia del duelo la formaban Fernando y Rafael de Unamuno, Andrés
Pérez Cardenal, vicepresidente de la Diputación provincial, y José María Ramos
Loscertales.
La manifestación de duelo desfiló ante la presidencia, después de rezados los res-
ponsos por el párroco de la Purísima. La mayor parte del acompañamiento marchó al
Cementerio para asistir al último acto de piedad por el finado.
Don Miguel de Unamuno y Jugo recibió cristiano entierro en la galería de la
izquierda, descansando en el nicho número 340, donde reposan los restos de su hija
Salomé.
En el fúnebre acto de colocarse en el nicho el cuerpo de don Miguel de Unamuno,
un jefe de Falange, en medio de un silencio absoluto, dijo: ¡Miguel de Unamuno y Jugo!
¡Presente! ¡Arriba España!
Una vez tabicado el nicho y rezado el responso por el capellán del cementerio, la
comitiva se retiró del camposanto. Serían tal vez las seis de la tarde.
A comienzos de mayo de 1937, la librería “La Facultad” puso a la venta el libro
de Bartolomé Aragón titulado Síntesis de economía corporativa,4 con un prólogo de
José María Ramos Loscertales titulado “Cuando Miguel de Unamuno murió”, fechado
el 16 de enero de 1937, en el que recogía el informe escrito por Aragón horas después
del fallecimiento del rector, con algunas aportaciones propias.5
2
Este es básicamente el relato del fallecimiento y entierro de Miguel de Unamuno que,
con variaciones de detalle, ha sido transmitido desde aquellos momentos y ha sido acep-
tado pacíficamente por los investigadores de toda índole que se han ocupado de este
asunto, que no han sido pocos.6 Sin embargo, en estos días el cineasta Manuel Menchón
ha estrenado un documental titulado Palabras para un fin del mundo en el que afirma
que todo eso es mentira e insinúa que la muerte de Unamuno fue provocada por una
acción criminal de Bartolomé Aragón Gómez.
Menchón dice que su documental7
es una investigación rigurosamente histórica con la que desmonta la “versión oficial”
sobre la muerte de Unamuno. “El relato oficial sobre ese día es falso. Parece un cuento
de Dickens, en la última tarde del año un antiguo alumno, Bartolomé Aragón, va a ver
a su viejo profesor, descubre, al ver cómo le arden las zapatillas, que está muerto, y
4
El Adelanto, 9 de mayo de 1937.
5
Dice el documental: “La versión de la muerte de Unamuno la escribe Loscertales según el testimonio
de Aragón, no el propio testigo”, sin aportar prueba alguna.
6
Me he basado en mis propias investigaciones y en La Gaceta Regional y El Adelanto de 1 y 2 de
enero de 1937, además de Salcedo (1998), Heredia (2000), Blanco (2011) y Rabaté (2018).
7
El País, 23 de octubre de 2020.
4
sale de la habitación al grito de ‘yo no lo he matado’. Hasta ese día, nadie de la familia
le había visto nunca”, relata. Indagando en el perfil del último hombre que ve con vida
al autor de La tía Tula, concluye que no solo no había sido alumno suyo, sino que les
separaba “un abismo ideológico”. “En ninguna de las 25.000 cartas que escribió,
Unamuno habla de él. Aragón pertenecía al aparato de propaganda del Régimen, que
tenía un centro de actividades en Salamanca, y había participado en la quema de
libros. Todos los documentos sobre su muerte son irregulares, desde la hora, a la
causa, hemorragia bulbar, imposible de determinar sin una autopsia”, añade. “No
sabemos qué pasó exactamente ese día, pero todo apunta a otra cosa, y sí podemos
decir que la versión oficial impuesta por el Régimen es falsa”.
Sin embargo, no presenta prueba alguna de sus afirmaciones, cosa inevitable
porque la tesis que sostiene es materialmente falsa. Lo que hace Menchón es lo contra-
rio del método historiográfico: siembra su documental de jucios temerarios, dudas
infundadas, conjeturas, elipsis, elucubraciones y puntos suspensivos que dan pábulo a
una teoría de la conspiración para crédulos, como todas las supuestas investigaciones
históricas que pretenden acabar con lo que denominan “versión oficial” de tal o cual
hecho. Menchón parte de una conclusión, fruto de su fantasía, a la que quiere llegar,
cual es que Bartolomé Aragón mató a Miguel de Unamuno, y cuando los elementos
objetivos que se encuentra por el camino no coinciden con el relato que quiere contar,
los oculta, los tergiversa o los hace coincidir a martillazos.
En este caso, además, se pretende conseguir que la conclusión del lector sobre un
hecho histórico objetivo dependa de la ideología del lector: porque si la “versión ofi-
cial” de la muerte de Unamuno es una imposición del régimen franquista, entonces el
público antifranquista tiene que sentirse moralmente obligado a dar la razón a Menchón
y sostener que Unamuno fue asesinado por un taimado falangista, y que este hecho cri-
minal ha sido ocultado mediante una gigantesca conspiración de silencio y manipula-
ción que solo ha podido desenmascarar Manuel Menchón muchos años después. Sin
embargo, de lo expuesto por Menchón en el documental y en sus múltiples intervencio-
nes promocionales en la prensa escrita y radiada, resulta evidente que el cineasta desco-
noce la historia de Salamanca, tiene graves errores de concepto en lo relativo a la histo-
ria de la Guerra Civil y maneja los datos y documentos con una falta de rigor
espeluznante.
La clave de la investigación de Menchón es un dato secundario, pero que el
cineasta considera de importancia trascendental, como es la hora de fallecimiento: el
acta de defunción del Registro Civil dice literalmente que “falleció en su domicilio el
día treinta y uno de diciembre último a las dieciseis horas a consecuencia de hemorragia
bulbar; causa fundamental arterioesclerosis e hipertensión arterial, según consta en la
certificacion facultativa y reconocimiento practicado” por el doctor Adolfo Núñez. La
muerte tuvo lugar realmente sobre las seis de la tarde, pero se inscribió como hora de
fallecimiento las cuatro para que el entierro pudiera comenzar el día 1 a las cuatro,
porque a las seis ya era de noche y tendrían que haberlo dejado para el 2 de enero.8
8
Enrique Villalobos, hijo de Filiberto Villalobos y amigo de la familia Unamuno, facilitó verbalmente
esta información sobre el cambio de la hora de fallecimiento a Antonio Heredia Soriano. Heredia (2000).
5
Según el procedimiento normativo, el certificado médico de fallecimiento lo
llevaba una persona al Registro Civil, donde a la vista del mismo se asentaba el acta de
defunción. Según la entonces vigente Ley Provisional del Registro Civil,
Art. 75
Ningún cadáver podrá ser enterrado sin que antes se haya hecho el asiento de
defunción en el libro correspondiente del Registro Civil del distrito municipal en que
esta ocurrió o del en que se halle el cadáver, sin que el Juez del mismo distrito muni-
cipal expida la licencia de sepultura, y sin que hayan trascurrido 24 horas desde la
consignada en la certificación facultativa.
Art. 76
El asiento del fallecimiento se hará en virtud de parte verbal o por escrito que
acerca de él deben dar los parientes del difunto o los habitantes de su misma casa, o en
su defecto los vecinos, y de la certificación del Facultativo.
En el caso de Unamuno, la solicitud de inscripción corrió a cargo de Luis Sánchez
Zúñiga, convecino. Esto es explicable si pensamos que los hijos de don Miguel encar-
garon a una persona de confianza que se hiciera cargo del trámite en el juzgado mientras
ellos estaban atareados con el velatorio y la preparación del funeral en la iglesia de la
Purísima. Menchón da relevancia al hecho de que Aragón no firmara el acta del Regis-
tro Civil como testigo del fallecimiento. En realidad, no era necesaria la presencia de los
testigos del fallecimiento en absoluto, porque la Ley Provisional del Registro Civil esta-
blecía que el acta fuera firmada por los testigos de la inscripción, no por testigos del
fallecimiento.
Art. 80.
Serán preferidos como testigos de la inscripción de un fallecimiento los que más
de cerca hayan tratado al difunto o hayan estado presentes en sus últimos momentos.
Es probable que los propios funcionarios del Registro fueran los testigos habitua-
les de la inscripción de las defunciones, como supongo que ocurre en este caso.
El juez municipal, cuando abrió la oficina del Registro Civil el 1 de enero por la
mañana, asentó por orden de hora de defunción las actas de las personas fallecidas el 31
de diciembre de 1936 por la tarde y por la noche y el día 1 de madrugada, pero como ya
era un nuevo año comenzó desde el número 1. Las actas 1 a 11 corresponden a personas
fallecidas por causas naturales. La número 5 corresponde a Miguel de Unamuno (a
quien el juez puso un “Don” antes del nombre). Las actas 12 a 21 corresponden a los
concejales del Ayuntamiento de Béjar que habían sido fusilados el 1 de enero de 1937 a
las 7,30 de la mañana en el cementerio de Salamanca.9
Menchón afirma también que la hemorragia bulbar es “imposible de diagnosticar
sin una autopsia que nunca se hizo y que, ya en los años 30, se debería haber producido,
pues una muerte súbita de este tipo se incluía en el concepto jurídico de sospechosa de
9
Notas tomadas por el autor de estas líneas en el Registro Civil de Salamanca en abril de 2000.
6
criminalidad. Es posible producir esa hemorragia con escasa o ninguna señal externa”.10
Menchón —aparte de sugerir por las buenas que Unamuno murió acogotado— oculta
deliberadamente al espectador el diagnóstico de que la causa fundamental del falleci-
miento fue la arterioesclerosis y la hipertensión arterial, cosa plausible en un hombre de
72 años (cuando en 1931 la esperanza de vida al nacer era de 48 años)11 que había pade-
cido hipertensión toda su vida, y se centra en la hemorragia bulbar, con una contumacia
digna de mejor causa.
Pero no es cierto que fuera obligatorio realizar la autopsia en todos los casos de
hemorragia bulbar, ni que ésta fuera siempre sospechosa de criminalidad. Si examina-
mos la prensa de aquella época,12 vemos que la autopsia se realizaba por orden judicial
siempre en el caso de personas encontradas muertas en su domicilio, en la calle o en el
campo, así como en todos los accidentes, suicidios, asesinatos y homicidios, pero nunca
cuando el fallecimiento iba acompañado por un certificado médico emitido con las for-
malidades legales. Esto tiene su base en lo establecido en la venerable Ley de Enjui-
ciamiento Criminal de 1882, todavía vigente, que establece el procedimiento a seguir
por el juez instructor para la comprobación del delito y averiguación del delincuente,
cuando sea una persona objeto del delito:
Art. 340
Si la instrucción tuviere lugar por causa de muerte violenta o sospechosa de
criminalidad, antes de proceder al enterramiento del cadáver o inmediatamente
después de su exhumación, hecha la descripción ordenada en el artículo 335, se
identificará por medio de testigos que, a la vista del mismo, den razón satisfactoria
de su conocimiento.
Art. 343
En los sumarios a que se refiere el artículo 340, aun cuando por la inspección
exterior pueda presumirse la causa de la muerte, se procederá a la autopsia del
cadáver por los Médicos forenses o, en su caso, por los que el Juez designe, los
cuales, después de describir exactamente dicha operación, informarán sobre el
origen del fallecimiento y sus circunstancias.
En el caso de Unamuno el origen del fallecimiento y sus circunstancias estaban
perfectamente claros por el certificado médico y la presencia de allegados, entre ellos
una hija del finado, en el momento de la muerte, de modo que desde el punto de vista
judicial no era necesario en absoluto ordenar la autopsia.
Pero Manuel Menchón se aferra a su teoría, negando la evidencia, y si la causa de
la muerte fue una hemorragia bulbar sospechosa de criminalidad, habrá que buscar
entonces al presunto culpable. Como siempre, el principal sospechoso es la última per-
sona que vio al finado con vida. Repasemos entonces la biografía de Aragón, a ver si
encontramos el hilo que nos lleve hasta esa fatídica tarde en casa de Unamuno.13
10
La Razón, 23 de octubre de 2020.
11
Datos del INE, “Esperanza de vida al nacimiento”.
12
Término “autopsia” en https://prensahistorica.mcu.es
13
Para la biografía de Aragón es fundamental el estudio de A. Heredia (2000).
7
3
Bartolomé Aragón Gómez nació en 1909 en Huelva, en una familia de comerciantes.
Realizó estudios de intendente mercantil en Sevilla y en Madrid, saliendo luego al
extranjero para trabajar en un banco en París durante una corta temporada. Regresó a
Madrid, donde se licenció en Derecho en la Universidad Central, especializándose en
Derecho mercantil. Al terminar la carrera obtuvo una beca para ampliar estudios en la
Universidad de Pisa, uno de los substratos teóricos del régimen fascista italiano, durante
los cursos 1932 a 1934. Regresó a España entusiasmado con Mussolini y el fascismo, y
no tardó en obtener por oposición, en septiembre de 1935, la cátedra de Legislación
mercantil comparada de la recién creada Escuela de Comercio de Salamanca, que era
una institución ajena a la Universidad. En diciembre del mismo año, con 27 años de
edad, consiguió una plaza de profesor auxiliar de Derecho mercantil y de Economía
política,14 ocupándose de sustituciones y encargos de cátedra, sin dejar por ello la
docencia en la Escuela de Comercio. En ambas instituciones participó activamente a
través de los respectivos claustros de profesores.
A mediados de enero de 1936, Aragón vio a Miguel de Unamuno en el salón de
claustros de la Universidad15 y se apresuró a presentarse al rector, a quien admiraba.
Unamuno le preguntó por su procedencia académica y Aragón le habló de sus estudios
en Italia sobre economía corporativa y de su admiración por el régimen fascista italiano,
pero la conversación terminó pronto porque Unamuno criticó duramente el fascismo y
se enzarzaron en una discusión.
El autor de estas líneas no puede evitar que le venga a la cabeza Tomás Elorrieta y
Artaza, un joven profesor que llegó a la Universidad de Salamanca en 1912, con 28
años, para desempeñar la cátedra de Derecho político. Elorrieta había estudiado en
Inglaterra y traía la novedad del georgismo, la teoría económica elaborada por Henry
George. Las ideas de Elorrieta y el afán evangelizador de Unamuno, con la ayuda de
Francisco Bernis, catedrático de Economía política, y otros compañeros, se plasmaron
en las campañas agrarias de 1913-1914, que supusieron la plenitud de la idea unamu-
niana de llevar la política al pueblo. Unamuno despreciaba la abogacía, pero la econo-
mía política era un tema que siempre le interesó. Por eso tal vez prestó atención a aquel
joven profesor que había estudiado en el extranjero y había comenzado a enseñar en la
Universidad a la misma edad que él. Pero nos estamos alejando del tema.
Poco tiempo después de aquel primer encuentro, la Escuela de Comercio encargó
a Aragón que hiciera gestiones para ver si era posible que la Universidad cediera a la
Escuela unos locales más grandes que los que venía ocupando. Aragón habló de este
asunto con Unamuno nuevamente en el salón de claustros y el rector no solo atendió
con interés el mensaje, sino que pidió a Aragón que le acompañara de camino a casa. Y
desde entonces Unamuno y Aragón compartieron repetidas veces el trayecto desde la
14
Infante (2012) para los avatares de Aragón como profesor en la Universidad de Salamanca.
15
En aquella época las facultades de Derecho y de Filosofía y Letras compartían el edificio que hoy
llamamos Histórico, con entrada por la plaza de Anaya. En ese mismo edificio se reunía el claustro.
8
Universidad a la calle Bordadores, pues al rector le gustaba el carácter vehemente y
discutidor, pero respetuoso, del joven profesor andaluz. No hubo amistad, pero sí una
relación cordial y afectuosa.16
En el verano de 1936 Aragón se encontraba en Huelva de vacaciones. Después de
que el 29 de julio la capital provincial cayera en poder de las fuerzas sublevadas proce-
dentes de Sevilla y se formaran improvisadas unidades milicianas, se unió al Tercio de
Requetés “Vírgen del Rocío”, encuadrado en la columna Pérez de Guzmán y luego en la
columna Redondo, que participó en la ocupación de las cuencas mineras de Tharsis, Río
Tinto y Nerva entre el 20 y el 26 de agosto sin apenas resistencia,17 debido a los
bombardeos de aviación que castigaron la comarca en esos días, provocando la huida de
la población aterrorizada, pero Francisco Espinosa, en su exhaustiva investigación sobre
la guerra civil en Huelva,18 no lo menciona en este contexto, lo que lleva a pensar que su
papel no debió ser destacado.
Sin embargo, Aragón simpatizaba con el fascismo, no con el tradicionalismo, por
lo que se integró en Falange Española, partido que antes de la guerra tenía una presencia
marginal en Huelva y desde el alzamiento militar se había convertido en la principal
fuerza represiva en la retaguardia de la zona sublevada, sobre todo en las batidas por el
monte en persecución de los huidos, sembrando el terror en la provincia.19 La formación
política de los mandos falangistas de Huelva era muy baja, pero el jefe local de la capi-
tal provincial, Celestino Minguela, era inspector de Primera Enseñanza. Es posible que
Minguela cooptara para la jefatura a Aragón, que el 1 de octubre de 1936 ya era jefe
provincial de Prensa y Propaganda de la Falange onubense y no volvió al frente de
combate.
Durante el acto de apertura del curso académico el 1 de octubre, celebrado en el
Instituto Provincial de Segunda Enseñanza, el “culto catedrático de la Universidad de
Salamanca” dio un discurso en el que20
Saluda a la juventud animosa de Falange que llena totalmente el salón felicitán-
doles por el hecho de haber sabido alternar el fusil con el libro y con la palabra para
ofrendarlo en holocausto de España.
Recoge las tres notas fundamentales de la disertacion pronunciada por el secre-
tario señor Pulido Rubio: cristiandad, nacionalismo y el espíritu universalista del
movimiento salvador de Espana.
La cristiandad —dice— está en el seno de Falange y en todos sus actos, como
está también el nacionalismo, pues su lema fundamental es Dios y Patria.
Al hablar del espíritu nacionalista de las juventudes europeas, relata las impre-
siones recogidas en las Universidades italianas y alemanas en las que los estudiantes
16
Menchón dice que la familia de Unamuno no conocía a Aragón ni lo había visto nunca, pero lo
cierto es que al menos Rafael lo conocía, ya que Aragón habló por teléfono con el hijo de Unamuno para
concertar la visita del 31 de diciembre y Rafael dijo que su padre no quería que lo visitara nadie, pero
que, tratándose de él, haría una excepción. Heredia (2000).
17
La Provincia, 27 de agosto de 1936.
18
Espinosa (1996).
19
Collado (2018), p. 500.
20
La Provincia, 1 de octubre de 1936.
9
sirven a la Patria a través del fusil y el libro, igual que Falange, que tiene por lema del
S. E. U. “ Libro y fusil, falangista en perfil” .
Respecto al internacionalismo, se remonta a la inspiracion filosófica de la eco-
nomia liberal inglesa, fundamentalmente a la obra de Adam Smith y Ricardo encon-
trándole en Hume. A esta economía liberal cumplen normas políticas también liberales
que avanzando en 1789 en Francia recoge todo el bagage de democracia, de derecho
del hombre, fraternidad etc., que inspirara a la revolución francesa
Habla a continuación del carácter liberal internacionalista que dominaba en el
siglo XVIII y XIX y examina la aparición de las dictaduras marxistas con índice mar-
cado de una superación liberal.
Critica al marxismo fundamentándose en el movimiento internacional que en el
campo ideológico suponen las realidades italianas, alemanas, austriacas y portuguesas,
latente en el ideario de Falange identificado con el pensamiento universalista
renovador.
El movimiento falangista ha de tratar por todos los medios de salvar a España
aprovechando todo el contenido ético aprovechable del liberalismo y del socialismo.
Se extiende en otras consideraciones y dice que ni socialismo ni liberalismo
sino autocracia en un Estado jerárquico totalitario.
El orador terminó con un ¡Arriba España!
El 8 de octubre lo vemos, junto con el resto de mandos de Falange, en la recep-
ción de honor a tres caballeros defensores del Alcázar de Toledo, procedentes de Sevi-
lla. El 12 de octubre participa en la imponente concentración de las milicias de Falange
Española en La Rábida con motivo de la celebración del Día de la Raza.
Falange Española requisó el diario local La Provincia, y el 25 de octubre lo sacó a
la calle como La Provincia de F.E., bajo la dirección de Bartolomé Aragón. En el
número inaugural de la nueva época del diario se publicó una crónica de dos páginas,
con textos firmados por Aragón y numerosas fotografías del acto falangista del 12 de
octubre en La Rábida. Poco después, el 29, se celebró el Día de Falange, con una misa
por los caídos y un acto de afirmación nacional en el Gran Teatro, donde Aragón pro-
nunció un largo discurso, similar al pronunciado en la apertura de curso, en el que justi-
ficó la quema de libros21 como un acto de raigambre española, y para ello leyó el capí-
tulo en el que el cura y el barbero expurgan la biblioteca de Don Quijote, pero con unos
incisos ciertamente extraños para aquellos días: 22
…y así como el Amadis de Gaula se salvó de la quema del Cura, quizás pueda salvar-
se Nietzsche; pero el “Estado cerrado” de Fichte y el espíritu panteísta de la filosofía
de Hegel, como inspiradores del marxismo, han de quemarse necesariamente y correr
la suerte que le cupiera al hijo del Amadis “Las sergas del Esplandian”.
Cuando apenas quedaban libros en la biblioteca de Don Quijote, preguntó el Bar-
bero: ¿Qué haremos con esos pequeños? Estos no deben ser de caballería, sino de poe-
sía, y abriendo uno vio que era “La Diana de Montemayor” y dijo: “Estos no merecen
21
Un rótulo del documental dice: “Bartolomé Aragón organiza una gran quema de libros.”
22
Se publicó íntegro en La Provincia de F. E. el 1 de noviembre. Este acto es la única mención de
Espinosa a Aragón en su libro. Espinosa (1996), p. 503.
10
ser quemados como los demás, porque no hacen ni harán el daño que los de caballería
han hecho...”
Yo me acuerdo de la poesía de nuestro tiempo, del “Romancero Gitano” (…y yo
me la llevé al río, creyendo que era mozuela, pero tenía marido...), de “Bodas de san-
gre”, de García Lorca, del “Torillo fiero” (...alas en las zapatillas, cógeme torillo
fiero...), del “Hombre deshabitado”, de Alberti, del monumental “Platero” de nuestro
eximio paisano Juan Ramón Jiménez… Y digo con el Cura del Quijote: “Estos no
merecen ser quemados, a pesar de que algunos, como Alberti, bebiera en Rusia”.23 En
cambio habremos de quemar toda la literatura de una triple significación: inmorales,
de masonería y marxistas.
[Tras extenderse en la caracterización de esos tres tipos de literatura, se detiene
en la defensa del nacionalismo y termina:]
El sindicalismo de Falange, no es ni de Sorel ni el sindicalismo anarquista que
ya está quemado, es el deseo como necesidad sentida de una Justicia social que reco-
giendo lo bueno del liberalismo y la substancia ética del socialismo traducido en
forma de Estado totalitario autocrático forme el vértice de la especulación filosófica
que basándose en el social-cristianismo de Le Play y Von Keterle salve al individuo
como substancia para integrarlo en el Estado autoritario
¡Camisas azules!, en este grandioso acto que termina hemos de afirmar que si
hace falta, cuando nuevos enemigos se ciernan sobre Falange que representa el sentido
universalista y moderno de la Historia, y cuando estos mismos enemigos estén perfec-
tamente seleccionados porque la Historia así lo hará, es fácil que tengamos que hacer
un nuevo Auto de Fe, mientras tanto gritemos por España una, grande y libre.
¡Arriba España!
A continuación del acto del Gran Teatro se realizó en la plaza del Doce de Octu-
bre un Auto de Fe con la quema de libros socialistas, marxistas, anarquistas, masónicos
e inmorales en una gran hoguera, al tiempo que se apagaba el alumbrado público y des-
filaban dos mil falangistas con antorchas.24
A comienzos de noviembre todavía vemos a Aragón despidiendo en la estación de
tren a los combatientes que partían para el frente,25 pero en ese mes tuvo que regresar a
Salamanca,26 pues al ser funcionario docente, hubo de cumplir las órdenes de 26 de
octubre y de 4 de noviembre que regulaban la vida académica de los Institutos Naciona-
les de Segunda Enseñanza y asimilados, entre ellos las Escuelas de Comercio, y conmi-
naban a los profesores y funcionarios del Estado a reintegrarse a sus destinos. El 23 de
noviembre lo vemos asistiendo al claustro de la Escuela de Comercio, al igual que a los
de los días 8 y 15 de diciembre.27
23
En el documental de Menchón se muestra una hoguera donde arden libros de García Lorca,
Machado y Unamuno, e incluso, sutilmente, una zapatilla.
24
La Provincia de F.E., 30 de octubre de 1936.
25
La Provincia de F.E., 3 de noviembre de 1936.
26
“Aragón llega a Salamanca cinco semanas después del enfrentamiento de Unamuno con Millán
Astray”, dice el documental, como si estos hechos tuvieran alguna relación.
27
Heredia (2000).
11
Es de resaltar que a su regreso a Salamanca, Aragón no se integró en la Falange
salmantina ni tuvo contacto con el Servicio de Prensa y Propaganda de Millán Astray.28
A comienzos de diciembre, Aragón, en su calidad de catedrático de la Escuela de
Comercio y claramente adicto al Movimiento Nacional, fue nombrado para Salamanca
vocal de la Comisión “C” para la depuración del profesorado, encargada de recabar los
informes, instruir los expedientes y proponer las resoluciones sobre todo el personal
adscrito a los Institutos de Segunda Enseñanza y Escuelas de Maestros, de Comercio y
de Artes y Oficios.29 Esta Comisión tenía que actuar con urgencia, pues sus trabajos
debían estar concluidos en el plazo de un mes, a contar de la fecha de su constitución.
Aragón estaba ocupado también con la redacción de su libro sobre economía cor-
porativa, un compendio de los apuntes tomados durante su estancia en Pisa que sus
compañeros de la Facultad de Derecho le habían pedido que publicara. De hecho, el 31
de diciembre quedó para tomar café con el decano de Derecho y mostrarle sus notas,
pasando luego por casa de su apreciado exrector Miguel de Unamuno para charlar un
rato, con el resultado de todos conocido.
El documental dice que, tras la muerte de Unamuno, Aragón “abandona Sala-
manca para luchar en el frente de Bilbao”, pero esto no es cierto, o al menos no es cierto
tal como se insinúa.
El 11 de enero de 1937, Aragón asistió al claustro de la Escuela de Comercio. Los
días 26 y 29 de enero escribió sendas cartas al Secretario de la Facultad de Derecho
sobre temas administrativos y después se trasladó a Burgos para asistir a un cursillo de
alféreces provisionales de Intendencia convocado en el BOE del 4 de enero. El 1 de
marzo obtuvo el empleo de alférez provisional de Intendencia y el día 3 fue destinado al
6º Grupo Divisionario de Intendencia. Seguramente la realización de este curso y la
incorporación a filas retrasó la publicación de Síntesis de economía corporativa hasta
comienzos de mayo.30
28
Luis Castro acaba de publicar un pormenorizado estudio sobre la creación y los primeros tiempos
del Servicio de Prensa y Propaganda. A preguntas del autor de estas líneas, manifiesta que el nombre de
Bartolomé Aragón no le ha aparecido por ningún lado. Castro (2020).
29
Al margen de que Aragón participara gustosamente en las tareas de depuración, ha de señalarse que
la participación en estas comisiones era obligatoria. El propio Unamuno cuando todavía era rector tuvo
que presidir la comisión de depuración del magisterio del distrito universitario, creada por la Junta de
Defensa Nacional el 19 de septiembre de 1936. El 9 de octubre firmó la suspensión de empleo y sueldo de
9 maestras y 2 maestros. Delgado (2019), p. 181.
30
El Adelanto, 9 de mayo de 1937. El documental dice que “sorprende la rapidez con que se publica
el texto”, situando la publicación en enero, la noticia de El Adelanto nos informa de la fecha exacta.
“El distinguido catedrático de la Escuela profesional de Comercio, y profesor auxiliar de la Fa-
cultad de Derecho de nuestra Universidad, don Bartolomé Aragón Gómez, ha dado a la publicidad,
no hace muchos días, su interesante libro “Síntesis de Economía Corporativa”.
La obra —según su propio autor declara— no pretende ser ni más ni menos que lo que es:
Unas notas y reflexiones escritas con motivo de una pensión obtenida en la Facultad de Derecho
de la Universidad de Madrid, el año 1932, para ampliar estudios en la Escuela de Ciencias Corpo-
rativas de la Universidad de Pisa. Orientación señalada por el Profesor de la Central, don Joaquín
Garrigues, lecciones de doctrina y realidad logradas bajo la dirección de los profesores S. E. G.
Bottai, Spirito, Mossa, Volpicelli y Sforza.
Lo interesante del tema —hoy que se empieza a hablar en España de estas cuestiones— y el
claro talento del señor Aragón Gómez, hacen de “Síntesis de Economia Corporativa” un libro útilí-
simo en las circunstancias actuales. En él, tras unas notas preliminares sobre el concepto de la
Economía Política, desarrolla el autor las tres directrices económicas —la Filosofía de Hume y el
12
Aragón ha contado con detalle sus actividades en las Brigadas Navarras del ejér-
cito franquista, entre el 31 de marzo y el 21 de octubre de 1937, en su libro Con Inten-
dencia Militar de las Gloriosas Brigadas Navarras.31 Se incorporó a las Brigadas días
antes del comienzo de la ofensiva sobre Vizcaya y realizó toda la campaña del Norte,
hasta la ocupación de Gijón, sin participar nunca en acciones de combate, sino ocupado
en tareas de intendencia.
El 21 de abril de 1938 fue ascendido al empleo de teniente provisional de Inten-
dencia. En julio de ese año fue nombrado vocal del Consejo Superior de Beneficencia y
Obras Sociales en calidad de militante de FET y de las JONS. Durante el año 1941, en
enero volvió a la docencia, pero esta vez en la Escuela Social de Madrid, donde fue
nombrado profesor auxiliar de Mutualidad y cooperación; en marzo fue nombrado ofi-
cial primero del Cuerpo Técnico-Administrativo del Ministerio de Trabajo, en julio pasó
a ser Jefe de Servicio de la Obra Nacional Cooperativa del Ministerio de Trabajo, y en
diciembre fue nombrado vocal del Consejo General del Instituto Social de la Marina, en
representación de la Delegación Nacional de Sindicatos. En marzo de 1943 ya era vice-
presidente del Banco Rural. En marzo de 1960 fue designado vocal de la Junta de
Gobierno del Consorcio de Compensación de Seguros, en representación del Ministerio
de Trabajo, en octubre de 1961 fue promovido a la categoría de Jefe Superior de Admi-
nistración Civil del Cuerpo Técnico Administrativo del Ministerio de Trabajo y en
diciembre de 1968 se le concedió la Medalla al Mérito en el Trabajo, en su categoría de
Plata.32 Falleció en Madrid en 1999.33
Como podemos apreciar, hizo una gran carrera en el régimen franquista, que tuvo
como principal palanca su temprana y acérrima militancia en el partido único del fran-
quismo, FET y de las JONS.
El 9 de junio de 1959 la investigadora norteamericana Margaret T. Rudd, autora
de la primera biografía académica de Unamuno,34 visitó a Aragón en su casa de Madrid
(Zorrilla, 19). Rudd se había informado sobre la muerte de Unamuno hablando con per-
sonas de su entorno, como Pilar Cuadrado y Felisa de Unamuno, entre otros. Aragón
acababa de regresar de un congreso de economía en Italia y manifestó a Rudd su admi-
ración por ese país y por Mussolini. A preguntas de Rudd, dijo que el Movimiento era
lo mejor que le había ocurrido nunca a España, y que él había contribuido a la España
liberalismo económico, la filosofía de Fíchte y el Socialismo y los fundamentos filosóficos del
corporativismo—, logrando de todo ello un estudio completo, que acredita al señor Aragón Gómez
como economista de gran envergadura.”
31
Este libro es en parte un diario de operaciones, pero sobre todo es un tratado de intendencia militar,
con profusión de mapas y tablas de datos de suministros. Publicado en 1940.
32
El documental termina con un rótulo, sobre una foto del entierro de Unamuno, que dice: “Barto-
lomé Aragón será Jefe Nacional de Prensa y Propaganda de un Ministerio franquista.” A continuación,
sobre la imagen de la estatua de Unamuno por Pablo Serrano, inaugurada el 31 de enero de 1968, otro
rótulo dice: “1968. Se conmemora con retraso el 30 aniversario de la muerte de Unamuno. Ese mismo
año, Bartolomé Aragón recibe la Medalla al Mérito en el Trabajo.” ¿Acaso Menchón está estableciendo
alguna relación entre una cosa y otra? ¿A esto le llama Menchón rigor histórico?
33
Todos estos nombramientos se pueden localizar consultando la base de datos en línea del Boletín
Oficial del Estado.
34
Rudd (1963). Rudd, que era bilíngüe español-inglés, era profesora de la University of Richmond.
13
de Franco trabajando en la organización de la economía y en la gestión del Banco Rural.
En cuanto al fallecimiento de Unamuno, dijo que35
A su regreso de Italia había escrito un informe sobre sus estudios en aquel país,
y algunos profesores le estaban urgiendo a que lo publicara. De hecho, ese fue el tema
de la conversación que tuvo con don Esteban Madruga a primeras horas de la tarde del
31 de diciembre de 1936 mientras tomaban un café en la Plaza Mayor; Aragón había
tomado temporalmente una habitación en el Hotel Novelty. Precisamente quería
hablar con don Miguel acerca de la publicación de su informe, y aunque Unamuno no
recibía visitas en aquella época, Rafael le concertó la cita cuando telefoneó al hijo de
Unamuno por la mañana.36
Era un día muy frío, y el joven Aragón se levantó las solapas del abrigo y hun-
dió las manos en los bolsillos cuando se acercaba a su destino. Era la primera vez que
estaba en casa del Rector y sintió un ligero escalofrío de aprensión al recordar sus
pasados encuentros con don Miguel. La criada, Aurelia, le abrió la puerta y le condujo
al lugar donde Unamuno estaba sentado a la camilla, en la habitación trasera delante
de la ventana que dejaba ver el jardín. El anciano profesor se calentaba los pies con
una estufa eléctrica [sic]37 que había en el suelo tras la falda de la camilla. Invitó a
Aragón a ocupar la silla frente a él. Comenzó la conversación y entre otras cosas la
charla derivó hacia Ortega y Gasset. Por alguna razón el anciano caballero se enojó
mucho, por lo cual Aragón trató de calmarle. En un momento dado el joven notó un
olor a humo, cuando de repente don Miguel se desmayó y se desplomó sobre la mesa.
Aragón le sujetó. De alguna forma logró llevarlo hasta el sofá y fue entonces cuando
se dio cuenta de que una de las zapatillas de don Miguel estaba humeando. Saltando la
rápida y confusa secuencia de hechos que tuvo que seguir a continuación, Aragón
contó solo que cuando el médico llegó, envió a un atemorizado Bartolomé a comprar
medicinas.
Esa noche fue mucha gente a su habitación del hotel a preguntarle por lo suce-
dido. Eran tantos que al final rechazó ver a nadie más. Uno de sus visitantes trajo la
alarmante noticia de que la radio roja había dicho que Unamuno había sido envene-
nado. Movido por el miedo, mecanografió un informe de las circunstancias de la
muerte de Unamuno y se lo dio a alguien. ¿Al profesor Ramos Loscertales? Aragón no
mencionó ningún nombre. Durante la noche insomne que siguió, Aragón leyó el
poema de Unamuno que comienza: Es de noche, en mi estudio.38
En el testimonio de Aragón ante Rudd se menciona que la radio de la zona repu-
blicana había dicho esa misma noche que Unamuno había sido envenenado. Llama la
atención tal rapidez, pero tampoco hay que darle mucha importancia. En aquellos tiem-
pos circulaban todo tipo de rumores. Sin ir más lejos, en la misma Salamanca se difun-
dió como algo cierto que el diputado socialista José Andrés y Manso, asesinado por los
sublevados el 28 de julio, había sido toreado en la Plaza de Toros y le habían puesto
35
Rudd (1963), p. 310. Original en inglés.
36
En la crónica de ABC de 1986 dice que llamó a casa de Unamuno y atendió el teléfono su hijo
Rafael.
37
Es probable que Rudd no conociera la existencia de los braseros.
38
Ese mismo poema figura al comienzo de Síntesis de economía corporativa, antes del prólogo.
14
banderillas, cuando en realidad fue muerto a tiros en la carretera de Valladolid, junto
con el alcalde Casto Prieto Carrasco.
También dice que había estado hablando con Madruga de su memoria sobre la
economía corporativa y que quería hablar también de ese tema con Unamuno. Sin
embargo, en el prólogo de Ramos Loscertales se dice expresamente que Aragón ofreció
a don Miguel un ejemplar de La Provincia de F.E. Es fácil que Aragón llevara consigo
ambos documentos en una carpeta o similar. En enero de 1936, Aragón y Unamuno
habían comenzado su relación universitaria discutiendo a cuenta del régimen fascista
italiano. Acaso Aragón hiciera aquella fría tarde de diciembre algún elogio del fascismo
o del falangismo y esa fuera la razón por la que Unamuno se enojó tanto, las voces que
oyó Aurelia desde la cocina.
Aragón no menciona la presencia de María de Unamuno, Pilar Cuadrado y Aure-
lia en los últimos momentos, lo cual puede deberse a que con los nervios ni siquiera se
dio cuenta cabal de que estaban allí, o a que en la mentalidad machista de la época las
mujeres no contaban. Téngase en cuenta, por ejemplo, que en el funeral y entierro de
don Miguel sus hijas Felisa y María no participaron en absoluto. En la presidencia del
entierro solo estaban los dos hijos varones, Fernando y Rafael.
No fue la única vez que Aragón rememoró el gran momento de su biografía. El 27
de diciembre de 1986, el diario ABC dedicó unas páginas al cincuentenario de la muerte
de Unamuno. El periodista Pérez Mateos recogió las impresiones de Aragón:
“Yo vi morir a Unamuno”
Conocí a don Miguel un buen día en que asistí al claustro de profesores. Yo im-
partía clases como auxiliar de la Facultad de Derecho y tardé unos días en presentarme
al rector. En esa reunión me encontré, pues, con Unamuno. Por decirlo llanamente: le
caí muy bien a don Miguel. Era un personaje difícil, a quien le gustaba que le llevasen
la contraria. Ese día que nos vimos por primera vez, discutimos mucho. Acababa yo
de regresar de Italia, donde había estado becado, y don Miguel tenía opiniones muy
distintas respecto a las mías de ese país. Recuerdo que echó pestes de Mussolini.
Durante el mes de diciembre de 1936 me encontraba en Jaca, de teniente,39 y a
causa de unos exámenes, volví a Salamanca. Conocía el incidente de Unamuno con
Millán Astray y pensé que estaría muy solo. Y quise verle. Le llamé por teléfono, y su
hijo Rafael, que atendió la llamada, me dijo que no quería que le visitara nadie, pero
que, tratándose de mí, haría una excepción.
Serían las cuatro y media de la tarde, cuando entraba en la casa de don Miguel.
Hacía mucho frío ese último día del año de 1936. Unamuno decaía físicamente. Yo
moriré como mi mujer —decía— pero más deprisa, más deprisa. Recuerdo que, antes
de sentamos, me dijo: Me encuentro mejor que nunca. Yo le llevaba un ejemplar de La
Provincia de F. E. que había refundado en Huelva. Don Miguel me dijo: No quiero
verlo, no quiero ver esas revistas de ustedes, porque, ¿cómo se puede ir contra la inte-
ligencia? Entonces le contesté: Don Miguel, ¡Falange ha hecho un llamamiento a los
trabajadores de ella! Y él preguntó: ¿Cómo? Sí, sí —añadí— lo ha hecho y le presta-
rán su apoyo, no lo dude usted.
39
Esto no es cierto. Aragón volvió a Salamanca desde Huelva, donde era jefe provincial de Prensa y
Propaganda de Falange Española. Fue promovido a teniente en 1938.
15
Me habló de Ortega y de su marcha, y apenas verme me dijo: Amigo Aragón: le
agradezco que no venga usted con la camisa azul, como lo hizo el último día, aunque
veo que trae el yugo y las flechas. Tengo que decirle a usted cosas muy duras y le
suplico que no me interrumpa. Yo había dicho que la guerra de España no es una
guerra civil más, se trata de salvar la civilización occidental; después dijo esto mismo
el general Franco y ya lo dicen todos.
Yo encontraba en las palabras de don Miguel más amargura y dolor que acri-
tud.40 En un momento de la charla le dije: La verdad es que a veces pienso si no habrá
vuelto Dios la espalda a España disponiendo de sus mejores hijos. Entonces, don
Miguel dio un puñetazo sobre la camilla y exclamó: ¡Eso no puede ser, Aragón! Dios
no puede volverle la espalda a España. España se salvará porque tiene que salvarse.
Hacía una hora que el joven Aragón había llegado a su casa; hacía una hora que
estaban conversando y, durante ese tiempo, Unamuno parecía encontrarse bien. Sin
embargo, observé, en un determinado momento, que don Miguel palidecía, vacilaba.
Todo ocurrió en un segundo. Percibí que del brasero emanaba un extraño humo; y creí
que, en un principio, el tufo le estaba mareando. Estaba en un error. Sus piernas se
aflojaron y las introdujo en el brasero. Todo sucedió muy rápidamente. En ese instante
me levanté y pedí auxilio. Vino la criada y con su ayuda le cogimos y dejamos su
cuerpo sobre un diván. Yo estaba estremecido ante la escena. Inmediatamente llegó un
médico, quien me indicó que le trajera una medicina; medicina que adquirí en una
farmacia de la plaza Mayor. (El médico pudo ser don Filiberto Villalobos, ex ministro,
que vivía muy cerca de la casa de Unamuno).41 El doctor, en vista de mi nerviosismo,
me recomendó que me marchara a descansar, lo que hice, con prontitud. Esa noche, en
una cama del hotel Novelty, sin poder conciliar el sueño, cayó en mis manos un
poema que había escrito Unamuno el 31 de diciembre de 1906, treinta años antes de su
muerte, y a la misma hora. Toda una premonición.
Todavía una vez más, en 1997, Aragón repitió su testimonio ante Antonio Heredia
Soriano, catedrático de Filosofía de la Universidad de Salamanca, que fue a visitarle a
su casa, en el marco de la investigación que estaba realizando sobre nuestro personaje, y
que es a fecha de hoy la más completa y fehaciente. Dice Heredia: 42
El prólogo de Ramos Loscertales, por su proximidad a los hechos y por la per-
sonalidad de su autor, ha gozado siempre de la máxima autoridad. Así lo ha recono-
40
Se advierte que Aragón ha leído tantas veces el prólogo de Ramos Loscertales que lo ha interiori-
zado como recuerdo propio, aunque la expresión no sea suya.
El prólogo dice:
“había más amargura y más dolor en los comentarios que acritud o dureza.
Aragón ofreció a Unamuno un ejemplar de La Provincia de F.E., de Huelva. —No quiero
verlo. No quiero ver esas revistas de ustedes, porque… ¿cómo puede irse contra la inteligencia? —
Don Miguel, Falange ha hecho un llamamiento a los trabajadores de ella. —¡Cómo! —Sí, sí, lo ha
hecho y le prestarán su apoyo, no lo dude usted.
Cuando un momentáneo desfallecimiento de su interlocutor hizo decir a Aragón: «La verdad
es, que a veces pienso si no habrá vuelto Dios la espalda a España disponiendo de sus mejores
hijos», don Miguel descargó un recio puñetazo sobre la camilla y exclamó: —¡Eso no puede ser,
Aragón! Dios no puede volverle la espalda a España. España se salvará porque tiene que salvarse.”
41
Se trata del doctor Núñez. El doctor Villalobos estuvo detenido en la prisión provincial del 10 de
agosto de 1936 a julio de 1938.
42
Heredia (2000), p. 847-848.
16
cido un unamonólogo tan acreditado como Manuel García Blanco. Y a su contenido
esencial apeló de por vida el propio Aragón, reafirmándolo en toda ocasión. La última
vez que yo sepa, dos años y un mes antes de morir, cuando lo visité en su casa madri-
leña el 28 de enero de 1997. Me entregó entonces un inédito suyo escrito a máquina
para mi uso particular, donde consta la reafirmación de aquel documento.
4
La película de Alejandro Amenábar Mientras dure la guerra se definió desde el princi-
pio como una obra de ficción. En virtud de la libertad de expresión y de creación, el
autor de ficciones puede permitirse licencias que el historiador no debe reprochar,
puesto que son dos campos intelectuales distintos. Pero Palabras para un fin del mundo
se presenta como una investigación histórica, y por tanto ahí el historiador sí puede
intervenir.
No hay nada en la biografía de Bartolomé Aragón Gómez que nos permita pensar
que tuviera alguna participación dolosa en la muerte de Miguel de Unamuno. El docu-
mental de Manuel Menchón deja sin contestar dos preguntas clave: si Aragón mató a
Unamuno, ¿por qué lo hizo? ¿Cómo lo hizo? Nada se nos dice, ni como hipótesis. El
silencio ante semejantes preguntas no es admisible en un documental que se anuncia
como “rigurosamente histórico”.43
Menchón ha conseguido en Palabras para un fin del mundo reunir una meritoria
colección de imágenes fijas y en movimiento sobre Unamuno y su época. Uno de los
mejores momentos es una bonita evocación del acto del 12 de octubre en el Paraninfo
de la Universidad de Salamanca, donde desarrolla unos efectos visuales poéticos y ele-
gantes sobre los muros del Edificio Histórico. En general, la fotografía y los efectos
visuales están muy cuidados, al igual que la música y el sonido. Da un resultado esplén-
dido el recurso de colorear solo las banderas y el fuego.
El documental se desarrolla sin sorpresas, siguiendo el tópico de las dos Españas
encaminadas hacia el abismo mientras Unamuno profetiza el desastre, aunque sorprende
la atención prestada a Millán Astray y la Legión. Una vez comenzada la guerra, es de
agradecer la mención que se hace a algunas figuras locales, como Casto Prieto o José
Andrés y Manso. Se explica con claridad que Unamuno, en principio, se unió al
movimiento en la creencia de que era simplemente un pronunciamiento militar para
restablecer el orden, que terminaría con la celebración de elecciones, pero que la
represión de retaguardia le llevó a distanciarse de los sublevados, lo cual se materializó
en el enfrentamiento con Millán Astray en el acto del 12 de octubre en el Paraninfo.
Sin embargo, el uso de fotografías y fragmentos de películas, unas veces locali-
zándolas mediante rótulos en pantalla, y otras veces sin ello, hace que el espectador no
sepa qué lugar está viendo ni a qué fecha corresponde, lo cual da lugar a equívocos. Por
ejemplo, las imágenes que se proyectan como correspondientes a la proclamación de
43
En el programa radiofónico de Carlos Alsina Más de uno de 3 de noviembre de 2020 en Onda Cero,
la entrevista a Manuel Menchón viene precedida por la puesta en escena de un fingido juicio militar a
Bartolomé Aragón en 1937 por el “asesinato” (sic) de Unamuno. Pero en el documental nunca se afirma
con claridad que Aragón fuera el autor de la muerte de Unamuno.
17
Franco como Jefe del Estado el 1 de octubre de 1936, corresponden en realidad a la pre-
sentación de credenciales del embajador alemán, Von Faupel, el 3 de marzo de 1937.44
O las imágenes que sirven de fondo a la narración de la ocupación de la cuenca minera
de Río Tinto y Nerva, a pesar de que un rótulo dice “Nerva, agosto de 1936”, clara-
mente no corresponden a estos pueblos, primero por la tipología del paisaje y del
caserío, y segundo porque dan la impresión de que se produjeron fuertes combates,
incluso con artillería, cuando en realidad los pueblos mineros fueron ocupados por los
facciosos sin apenas resistencia. También, las imágenes rotuladas como “Llegada de
Millán Astray a Salamanca” corresponden a la boda del consejero y jefe nacional de
Milicias de Falange Española, Agustín Aznar, en la iglesia del convento de San Esteban
el 20 de octubre de 1937,45 y lo que se anuncia con un rótulo como “Discurso de Millán
Astray en el cuartel de Requetés de Salamanca” son en realidad imágenes de la entrada
del cuartel del Ejército “Julián Sánchez el Charro” y del desarrollo de un acto falangista,
no tradicionalista, con toda la parafernalia de yugos y flechas. Hay más, pero lo dejare-
mos ahí.
Palabras para un fin del mundo podría haber sido un apreciable documental histó-
rico, pero todo se tuerce al final, cuando el cineasta comienza a exponer su teoría sobre
Bartolomé Aragón y su relación con la muerte de Unamuno.
Esto es lo que dice el documental, por voz de la narradora, sobre la visita de
Aragón a Unamuno:
Intentemos reconstruir qué sucedió aquel 31 de diciembre, a través de datos y
declaraciones contrastadas, junto a los documentos oficiales. Bartolomé Aragón y el
rector de la Universidad, Esteban Madruga, quedan a tomar un café previo a la visita
que van a realizar a Unamuno. Madruga es amigo íntimo de don Miguel. El joven
Aragón le va a acompañar. No ha estado en la casa del escritor. No hay constancia,
como sugiere el relato oficial, de que Aragón fuese asiduamente a visitar a Unamuno.
Según Aragón, la tarde del último día del año quiere mostrar a Unamuno un ejemplar
del periódico que dirigía en Huelva. En otra versión, afirma que quiere entregarle un
estudio sobre el fascismo italiano. En el último momento, Esteban Madruga no acude
con Aragón a su cita. Tiene que asistir a un entierro. Aurelia, la sirvienta, recibe a
Bartolomé. En ese momento, María está en casa de la vecina. Felisa y Miguelín están
viendo los belenes navideños de la ciudad. Aurelia conduce a Bartolomé al estudio de
Unamuno. Les deja a solas. Aurelia tiene que preparar la cena de nochevieja. Pasado
un tiempo, Aurelia oye desde la cocina gritar a Unamuno. Sale para ver qué sucede,
pero vuelve la tranquilidad y regresa a su trabajo. Un grito repentino alerta de nuevo a
Aurelia. Bartolomé Aragón, fuera de quicio, grita: “Yo no lo he matado”. Aurelia y
María, la hija de Unamuno, llegan al estudio. Los tres, mueven el cuerpo de Unamuno
el cuerpo inerte de don Miguel a un sofá. Felisa regresa a casa. Oye gritos. Sube apre-
surada. Un joven al que no conoce, grita. Aragón cuenta que Unamuno reclinó con
suavidad la cabeza, como si durmiese, y que se dio cuenta de su muerte por el olor a
quemado de la zapatilla. Al poco, llega un médico que certifica su muerte. Según los
familiares y testigos, se produce entre las seis y seis y media. Esa misma tarde, se
44
https://www.youtube.com/watch?v=1-yrd19dgo8
45
https://www.rtve.es/alacarta/videos/archivo-historico/noticiario-falange-02/2925457/
18
expide un certificado de sepultura en la parroquia. En el documento, cambia la hora de
fallecimiento que dan los testigos: las cinco. Este documento no se puede obtener sin
tener previamente el acta de defunción del Registro Civil. El doctor Núñez era amigo
de Unamuno y Casto Prieto, el alcalde asesinado. El doctor había sido concejal repu-
blicano. El 5 de diciembre recibe una elevada multa. Es un hombre bajo el yugo de los
sublevados. El doctor Núñez es un prestigioso cirujano. El dictamen que ofrece del
fallecimiento de Unamuno es imposible darlo sin practicar una autopsia. Jamás se
realizó ninguna autopsia. Una hemorragia bulbar es un tipo de hemorragia intracra-
neal. Hoy en día, y ya en los años 30, cuando una hemorragia intracraneal produce
muerte súbita, se incluye en el concepto jurídico de muerte sospechosa de criminali-
dad, por lo que se tiene que realizar una autopsia judicial. Es posible producir esa
hemorragia con escasa o ninguna señal externa. Dado el estado de ansiedad en que se
encuentra Bartolomé Aragón, el médico le recomienda que salga. Aragón se encierra
en su habitación del hotel. Esa misma noche, según su versión, mecanografía las cir-
cunstancias de la muerte de Unamuno y entrega el documento a Ramos Loscertales,
que se ha acercado hasta el hotel para ver al joven. Es la información que aparecerá
publicada el día 16 de enero de 1937, dieciséis días después de la muerte de Unamuno.
Al día siguiente, por la mañana, el día 1 de enero, se redacta en el juzgado el acta de
defunción. Bartolomé Aragón no acude al juzgado ni firma como testigo. Tampoco
ninguno de sus familiares. El testigo del acta es un desconocido para la familia. Figura
como hora del fallecimiento las cuatro de la tarde, antes de que Bartolomé Aragón
hubiese llegado al domicilio de Unamuno. El acta de defunción está firmada por el
juez a las diez cincuenta de la mañana del 1 de enero, diez minutos antes de que se
realicen los urgentes actos en honor al difunto. Según la legalidad de la época, tenían
que transcurir un mínimo de 24 horas desde el fallecimiento a la sepultura. ¿Por qué
esas prisas en nochevieja y primer día del año? “
Menchón va y viene con el asunto de la hemorragia bulbar, de la autopsia que no
se hizo, de que los falangistas tenían mucho interés en que no se practicara la autopsia…
Amaga, pero no golpea. Insinúa, pero no concreta. Sugiere, pero no afirma. Y a veces
las afirmaciones que hace son pasmosas, tanto por lo que dice como por lo que no dice.
Para empezar, Menchón oculta deliberadamente al espectador que la causa fundamental
del fallecimiento de Unamuno, de acuerdo con al acta del Registro Civil, fue “arterioes-
clerosis e hipertensión arterial”, de las cuales la hemorragia bulbar sería una consecuen-
cia. En el documental se reproduce fotográficamente el acta del Registro Civil y el
cineasta se las arregla para mostrar como causa de la muerte “hemorragia bulbar” y no
mostrar la segunda parte del diagnóstico: “causa fundamental arterioesclerosis e
hipertensión arterial”, dato que no se menciona nunca en este riguroso documental
histórico. Lo cual ya es motivo suficiente, en mi opinión, para una enmienda a la
totalidad.
Se dice también en el documental que los falangistas del Servicio de Prensa y
Propaganda, en concreto De la Serna, Fleta, Obregón y Díaz Ferrer, “todos colaborado-
res de Millán Astray en Prensa y Propaganda”, fueron a casa de Unamuno y se llevaron
el cadáver del velatorio a la fuerza para enterrarlo sin la espera obligada de las 24 horas
pertinentes según la ley. Pero esto es falso y bien fácil de desmentir. Como consta en
19
toda la documentación que se maneje, el entierro de Unamuno fue el 1 de enero por la
tarde, no por la mañana. Es increíble.
En sus entrevistas con Carlos Alsina (Onda Cero) y Javier Gallego (Carne Cruda),
Menchón afirma que ha “descubierto” que Bartolomé Aragón y el general Millán Astray
se conocieron en Huelva, cuando el general desembarcó en el puerto onubense en su
regreso a España desde Buenos Aires. Las afirmaciones de Menchón incurren en serios
errores. Millán Astray regresó de Argentina el 8 de agosto de 1936 en barco al puerto de
Lisboa. Allí se puso en contacto con Francisco Franco a través de su hermano Nicolás y
su amigo y camarada le pidió que se uniera a él en Sevilla. El 13 de agosto, Millán
Astray no entró en España por el puerto de Huelva, sino por Ayamonte, procedente de
Lisboa, cruzando el río Guadiana en el trasbordador, porque hizo la ruta en automóvil.
De Ayamonte se dirigió a Huelva por carretera, deteniéndose en la ciudad una hora y
media.46 “Durante su breve estancia de ayer en Huelva, el glorioso y bravo general
Millan Astray, quiso expresar su entusiasmo y admiracion por las milicias de Falange
Española de Huelva, y después de hacer un cálido elogio de los servicios que vienen
prestando en la causa de España en estos momentos, accedió a firmar su ficha de
ingreso en las filas de los bizarros falangistas onubenses.”47 Después continuó el viaje
hacia Sevilla, donde el día 15 presidió con el general Franco el acto de izado de la ban-
dera bicolor como bandera oficial de la zona sublevada. Fue allí y entonces cuando
Franco le encargó que se dedicara a labores de propaganda.48
Menchón afirma que Millán Astray y Bartolomé Aragón, como jefe provincial de
Prensa y Propaganda de Falange, se conocieron durante esa breve estancia del general
en Huelva el 13 de agosto, pero el propio Menchón afirma que en esos días Aragón
estaba enrolado en las filas del Requeté, participando en la ocupación de la cuenca
minera de Río Tinto y en la matanza de Nerva, el 26 de agosto. “Aragón es de los prota-
gonistas de la mayor matanza que se genera en Huelva, en Nerva en particular”.49 Dice
el documental: “En agosto de 1936, Aragón se alista voluntario en los Requetés ‘Vírgen
del Rocío’. Quiere ir a la lucha. También pertenece a Falange.”
Es imposible de todo punto que Bartolomé Aragón fuera, al mismo tiempo, jefe
provincial de Prensa y Propaganda de la Falange de Huelva y requeté del Tercio
“Vírgen del Rocío” combatiente en las comarcas mineras. Una contradicción de esta
naturaleza daría al traste con la credibilidad de una investigación académica. Palabras
para un fin del mundo es un documental comercial, pero también es exigible un mínimo
de seriedad y coherencia.
Otro descubrimiento de Manuel Menchón es que Bartolomé Aragón no fue
alumno de Miguel de Unamuno, sino que estudió en la Universidad Central de Madrid y
en Pisa.50 Estos datos se conocen desde 1935, cuando Aragón comenzó a trabajar en la
46
La Provincia, 13 de agosto de 1936.
47
La Provincia, 14 de agosto de 1936.
48
Castro (2020), p. 130.
49
Entrevista en “Carne Cruda”, 50:45.
50
Dice el documental: “Bartolomé Aragón, al contrario de lo que nos han contado durante 85 años,
jamás fue alumno ni discípulo de Unamuno. No existe su expediente académico como alumno en los
archivos de la Universidad de Salamanca.”
20
Escuela de Comercio de Salamanca, pero Menchón los anuncia como si hubiera descu-
bierto un nuevo elemento de la tabla periódica. De todas formas, Aragón no podría
haber sido alumno de Unamuno incluso aunque hubiera estudiado en Salamanca, porque
estudió Derecho, y Unamuno explicaba Historia de la Lengua Española. Realmente
produce sonrojo que alguien presente como fruto de una sesuda investigación de
muchos años unos datos que, primero, ya se conocían, y segundo, para averiguarlos
basta con hacer una consulta por correo a los respectivos Archivos universitarios o leer
la bibliografía existente.
Otro asunto que a Menchón le parece significativo es la ausencia de Aragón en la
correspondencia unamuniana.51 Deberíamos tener en cuenta varios aspectos. Primero, en
la Casa Museo Unamuno se conservan sobre todo las cartas que Unamuno recibió, no
las que escribió y mandó por correo a sus corresponsales. Segundo, Unamuno no man-
tenía relación epistolar con los amigos y compañeros que residían en Salamanca y con
los que se encontraba a diario en la Universidad o en las calles y cafés, salvo cuando,
por la razón que fuera, no podía o no quería verlos personalmente.52 Tercero, Aragón
solo entró en contacto con Unamuno en enero de 1936, y su relación era social, no de
amistad. ¿Para qué tendrían que escribirse?
Pero no termina aquí nuestro pasmo. Menchón ha descubierto cómo empezó la
guerra civil en Salamanca:53
Unamuno vive en Salamanca, una de las primeras ciudades ocupadas, y aquí
está la clave de todo. Nada más llegar a Salamanca los golpistas hacen una masacre en
la Plaza Mayor, matan a doce o catorce personas, y secuestran, y se llevan a los con-
cejales y a su amigo el alcalde de Salamanca Casto Prieto. Unamuno, que era paci-
fista, que odiaba la violencia, se dirige al día siguiente al ayuntamiento para intentar
frenar el baño de sangre y él da un discurso que hemos rescatado, que es muy ilumi-
nador, en el cual dice “El pueblo me trajo acá con la República” y él está allí para
evitar que haya un derramamiento de sangre.
El riguroso cineasta nos cuenta el Tiro de la Plaza de una forma peculiar, pero
añade que “hemos rescatado” el discurso pronunciado por Unamuno el 25 de julio de
1936 en el pleno del Ayuntamiento de Salamanca, discurso ya publicado y comentado
mil veces, al igual que el pronunciado por Millán Astray en el cuartel del Requeté de
Salamanca el 18 de octubre de 1936, también “recuperado” por Menchón. ¿Dónde está
la novedad?
Otra aportación de Manuel Menchón al conocimiento de la historia de la Guerra
Civil es que ha descubierto que “cuando los golpistas ocupaban una ciudad hacían lo
51
Dice el documental: “Unamuno cultivó con fruición el género epistolar. Entre sus más de 25.000
cartas conservadas, no ha aparecido cita o mención a Bartolomé Aragón. Tampoco se ha encontrado
correspondencia del joven a Unamuno.”
52
El estudio de la vida y obra de Unamuno tomando como fuente primordial de información la
correspondencia ha tenido como consecuencia que sean mucho más conocidos algunos corresponsales de
Unamuno con los que apenas tuvo relación presencial que los amigos salmantinos con los que hacía la
vida diaria, puesto que con ellos no se carteaba, lo cual con el tiempo ha dado lugar a una imagen
deformada de Unamuno.
53
Entrevista en “Carne Cruda”, 22:55.
21
mismo que ETA, enviaban cartas a las familias exigiendo dinero, y hemos encontrado
una filmación de cómo se hacían estas donaciones, yo nunca había oído hablar de nada
de esto”54. Acabáramos. Menchón ha descubierto las suscripciones patrióticas, confisca-
ciones de bienes y donaciones forzadas que organizaron los golpistas y culminaron en la
Suscripción Nacional creada por la Junta de Defensa Nacional el 13 de agosto de 1936,
un tema sobre el que se han publicado numerosas investigaciones académicas desde
hace años. ¿Dónde está la novedad?
Tampoco se ajusta a la realidad Menchón cuando afirma que, en las entrevistas
concedidas por Unamuno a los periodistas extranjeros siempre estaban presentes los
censores militares, en particular el capitán Aguilera, quienes se encargaban de amoldar
las palabras de Unamuno a las necesidades propagandísticas de los sublevados. Como
se demuestra en Arqueología de un mito,55 Aguilera solo estuvo presente en las entrevis-
tas concedidas por Unamuno a H. R. Knickerbocker y a A. Salmon el 13 de agosto de
1936. Días antes había concedido una entrevista al portugués A. Portela, y después a los
periodistas y escritores extranjeros J. Brouwer, N. Kazantzakis, M. Tock, G. Steer,56 N.
Lopes, R. Fajans, J. Tharaud y A. Boaventura y al catalán J. M. Tarragó, todas ellas a
solas en su casa, sin intervención de la censura ni del Servicio de Prensa y Propaganda.
En cuanto al campo de concentración “Miguel de Unamuno” de Madrid, que
Menchón pone como ejemplo del aprovechamiento y la manipulación de Unamuno por
parte del franquismo, lo cierto es que el nombre es casual. En 1940, el régimen de
Franco creó una serie de “depósitos de concentración de prisioneros” para recluir a los
soldados desmovilizados del ejército de la República hasta depurar la responsabilidad y
sustanciar el destino de cada uno. Estos depósitos se ubicaron en instalaciones públicas
con capacidad suficiente y características adecuadas. En Salamanca se habilitó el Grupo
Escolar “Francisco de Vitoria”, terminado pero sin uso todavía, y en Madrid el Grupo
Escolar “Miguel de Unamuno”, inaugurado en 1933. Por ese depósito pasaron entre
1940 y 1942, que fue cerrado, varios miles de prisioneros republicanos, pero el nombre
de la instalación ya venía de antes.
Podríamos seguir, pero tampoco es cuestión de cansar al amable lector. Sin
embargo, no puedo dejar de mencionar el asunto del Premio Nobel de Literatura.
Uno de los principales ganchos del documental de Menchón es la exhibición, aun-
ciada como primicia, de un documento del Ministerio de Asuntos Exteriores alemán,
según el cual el gobierno nazi presionó a la Fundación Nobel (en realidad ese premio lo
decide la Academia Sueca) para que no le fuera concedido el Nobel de Literatura a
Unamuno en 1935, razón por la cual dicho galardón quedó desierto ese año. Menchón
no nos explica por qué la Academia Sueca no concedió el premio a cualquier otro de los
52 candidatos, pero eso no parece importar al riguroso cineasta.
54
Entrevista en “Carne Cruda”, 50:45.
55
Delgado (2019).
56
En Arqueología de un mito (p. 227) se muestran dudas sobre la autoría de una breve entrevista con
Unamuno publicada en The Times el 29 de octubre de 1936, pero podemos afirmar que el autor es George
Steer, quien al terminar su contrato como corresponsal en septiembre de 1936, permaneció en Castilla
viajando por su cuenta. En octubre estuvo en Salamanca. — Nicholas Rankin (2005), Crónica desde
Guernica : George Steer, corresponsal de guerra, p. 93-94. Madrid: Siglo XXI.
22
Según el documental, 57
fue la Embajada Alemana en Madrid quien realizó un seguimiento de las actividades
de Unamuno desde el año 1933 y quien eleva sus informaciones al Ministerio de Exte-
riores del III Reich.
Desde este Ministerio, la información se traslada posteriormente al Ministerio
para la Formación y Propaganda, que será finalmente el encargado de hacer saber que
Alemania “debe negarse a apoyar la solicitud del Premio Nobel de Unamuno por
motivos nacionales y político-culturales”.
Las contundentes críticas que Unamuno dedica al militarismo, las vertidas hacia
el nazismo y, aún más concreta y severamente, al propio Adolf Hitler, convierten al
filósofo español según la Alemania nazi en “el portavoz espiritual contra Alemania en
los círculos intelectuales de España”.
La firma de Unamuno junto a otros intelectuales como Marañón u Ortega y
Gasset del Manifiesto contra la Alemania Nazi, publicado el 10 de junio de 1933 por
el diario El Sol, es también recogido como aspecto clave en este mismo documento.
“Tras la agitación política en Alemania en 1933, se fundó en España un comité
antifascista, aunque nunca tuvo un significado especial. Unamuno fue uno de los que,
al firmar el manifiesto de la fundación, despertó su simpatía por las intenciones anti-
alemanas de este comité”.
En 1935, tras la solicitud formal de la Universidad de Salamanca y la considera-
ción de la Academia Sueca, el premio Nobel quedaría finalmente desierto en el último
momento, solo en la categoría de Literatura, y en un hecho que hasta entonces solo se
había producido con motivo de la Primera Guerra Mundial.
Sin embargo, el documento exhibido por Menchón ya fue publicado en 2002,58 y
es un informe del director de la sucursal de Madrid del Servicio Alemán de Intercambio
Académico (Deutscher Akademischer Austauschdienst, DAAD), no de la Embajada, al
Ministerio de Asuntos Exteriores (Auswärtiges Amt), fechado el 2 de mayo de 1935.
Como se puede apreciar en las fografías facilitadas para la promoción de Palabras para
un fin del mundo, el documento alemán pertenece al Archivo Político del Ministerio de
Asuntos Exteriores (Politisches Archiv des Auswärtiges Amt). Es cierto que concluye
diciendo que “tanto por motivos de interés nacional como de política cultural, se ha de
rechazar la candidatura de la Universidad de Salamanca”, pero es un informe del DAAD
de Madrid al Auswärtiges Amt en Berlín, no del Ministerio Imperial para la Educación
Popular y la Propaganda59 a la Academia Sueca contra la candidatura de Unamuno.
De hecho, no hubo ninguna intervención alemana en el Premio Nobel de Literatu-
ra de 1935, de acuerdo con las actas del comité, según informó en 2001 Carmen Villar
Mir, corresponsal de ABC en Estocolmo: 60
57
Nota de la Agencia Efe publicada en muchos periódicos el 3 de noviembre de 2020.
58
Hera (2002), p. 269-270.
59
Los fondos del Reichsministerium für Volksaufklärung und Propaganda se conservan en el
Bundesarchiv, no en el Archiv des Auswärtiges Amt.
60
ABC, 10 de diciembre de 2001.
23
Acaba de salir a la calle la esperada obra editada por la Academia Sueca sobre
los primeros cincuenta años del premio Nobel de Literatura. El libro, en dos volúme-
nes, desvela cómo razonaron a lo largo de un lustro [sic] los miembros de la Academia
en el proceso de elección y su voto final al elegir o rechazar a los autores nominados.
En varias ocasiones, el premio Nobel se declaró “desierto” (1914, 1935, 1940,
1941, 1942, 1943), aunque no precisamente, como se creía hasta ahora, por falta de
candidatos o por la situación mundial, sino por discusiones internas entre los académi-
cos y su diferente forma de pensar. Al no lograr ponerse de acuerdo, declaraban
desierto el premio. Ése fue el caso que privó a nuestro Miguel de Unamuno, el autor
más veces nominado (y por el mayor número de Universidades europeas y personali-
dades de todo el mundo) de la mitad del siglo pasado. La Academia escribe largo y
tendido sobre la obra de este “poeta, lírico y pensador, el mayor escritor contemporá-
neo de su tiempo, cuya lectura, a veces abstracta, está llena de vigor”. Alaba su “since-
ridad y belleza de lenguaje y su sabiduría práctica” y admira su obra “a pesar del
abismo que existe entre la cultura nórdica y la española”. Pero después de tanto super-
lativo, el comité concluye: “Hay que leer sus obras despacio por su extrema profundi-
dad y difícil comprensión. Además dificulta ese entendimiento las diferencias entre la
cultura nórdica y la mediterránea, por lo que no recomendamos al candidato”, quien
debe recibir un baño de humildad por “estar demasiado seguro de sí mísmo”. Esas cir-
cunstancias fueron vigorosamente debatidas por uno de sus miembros, Herr
Hamarskjöld, quien califica de “incompetente” al comité, y de paso a toda la Acade-
mia, y declara que “no elegir a Unamuno es no cumplir con lo dictado por Alfred
Nobel en su testamento”.
Por otro lado, el documental sugiere algún tipo actuación irregular del doctor
Núñez a la hora de cumplimentar el certificado de defunción, algo relacionado con la
hemorragia bulbar, como siempre, aunque insisto en que el diagnóstico del doctor
Núñez fue “Hemorragia bulbar; causa fundamental arterioesclerosis e hipertensión
arterial”. Veamos quién era el doctor Núñez.
Adolfo Núñez Rodríguez (Salamanca, 1889-1943) formó parte del grupo de médi-
cos, abogados y pequeños empresarios liberales que desde la segunda década del siglo
XX, siguiendo el camino abierto por Filiberto Villalobos, formaron el núcleo básico del
republicanismo salmantino: Casimiro Población, los hermanos Santos Mirat, los herma-
nos Ruipérez, Casto Prieto, Godeardo Peralta, Julio Sánchez Salcedo, José Sotés,
Antolín Núñez Bravo… Varios de ellos eran profesores de la Facultad de Medicina.
Adolfo Núñez tenía su domicilio y consulta en la calle Doctor Riesco, 35, y además era
médico de la Beneficencia Municipal, cargo mal pagado pero que permitía dar satisfac-
ción personal y profesional a los médicos con vocación de servicio público.
El 14 abril de 1931 fue elegido concejal del Ayuntamiento de Salamanca, en la
candidatura de la Conjunción Republicano-Socialista. En noviembre de 1931 fue elegi-
do presidente de la agrupación local del nuevo partido Acción Republicana, cuyo líder
indiscutible en Salamanca era el alcalde Casto Prieto Carrasco. No obstante, parece ser
que prefería el ejercicio de la profesión, porque presentó varias veces su renuncia al
cargo de concejal alegando incompatibilidad con el servicio en la Beneficencia Munici-
pal, renuncia que le fue aceptada en abril de 1933. Ya no regresó al Ayuntamiento, de
modo que no era concejal el 18 de julio de 1936.
24
Con el alzamiento militar, fue militarizado con el grado de teniente como ciru-
jano jefe de un grupo médico al servicio de las nuevas autoridades.61 El 8 de agosto
realizó una donación de 3.000 pesetas para las fuerzas salmantinas (seguramente
forzado, como era habitual). No obstante, el 2 de diciembre de 1936 el gobernador civil
le impuso una multa de 75.000 pesetas, junto a Casimiro Población (150.000) y Luis
Clavijo Cano (200.000).62
Luis Clavijo era un abogado y juez en excedencia, de una rica familia de Alba de
Tormes. Era conocido por formar parte de la tertulia de juristas liberales del café Las
Torres. A pesar de que sirvió a las fuerzas sublevadas con su propio automóvil (y a su
costa) desde agosto, en noviembre de 1936 fue detenido unos días en la cárcel y multa-
do por “simpatizar con el Frente Popular”.
Casimiro Población era un afamado médico, propietario de una clínica cerca de
la Puerta de Zamora. No consta que fuera detenido, pero se le impuso una tremenda
multa. El doctor Población era un notorio liberal republicano de toda la vida.
En el caso de Adolfo Núñez, me inclino por pensar que, como en el caso de sus
dos compañeros de expediente, lo que buscaban las autoridades sublevadas era recaudar
dinero en efectivo cuanto antes, y para ello seleccionaron a tres conocidos liberales y les
impusieron cuantiosas multas, seguramente calculadas en función de la riqueza supuesta
a cada uno, alegando motivos insustanciales. También la familia Ruipérez, de Peña-
randa de Bracamonte, sufrió un severo acoso a base de fuertes multas y la expropiación
por Falange de su fábrica de zapatillas.
Es de señalar que el 9 de julio de 1938 Adolfo Núñez fue repuesto en su cargo
de médico de la Beneficencia Municipal, cosa harto infrecuente, y cuando falleció en
1943 fue permitido que se publicara una nota necrológica elogiosa en la prensa local.63
El doctor Núñez conocía a Miguel de Unamuno de toda la vida, conocía su
historial médico y su situación anímica. Era un experimentado cirujano y como médico
de la Beneficencia Municipal había visto de todo. El 31 de diciembre de 1936 fue reque-
rido para que se presentara con urgencia en casa de Miguel de Unamuno, que se encon-
traba muy mal. El doctor Núñez se encontró a Unamuno tendido en el diván, incons-
ciente y pálido, auxiliado por Pilar Cuadrado, María de Unamuno y Aurelia, que no
sabían qué hacer, y con Bartolomé Aragón dando vueltas por la habitación con el rostro
desencajado. Tal vez viera alguna posibilidad de rescatar a don Miguel y mandó a
Aragón a que comprara cierta medicina en una farmacia de la Plaza Mayor, pero
Unamuno murió. Es de suponer que luego el doctor Núñez regresó a su consulta y
emitió allí el certificado médico. Sugerir que el doctor Núñez escribió en el certificado
algo distinto a lo que le dictaran su ciencia y su conciencia, no se sabe por qué ni para
qué, no es más que un ejercicio inútil de malabarismo para dar una vuelta más a una
teoría carente de apoyatura fáctica, documental e incluso lógica.
61
El Adelanto, 28 de julio de 1936.
62
El Adelanto, 4 de diciembre de 1936.
63
El Adelanto, 25 de noviembre de 1943.
25
5
Durante la parte final del documental, el principal interés de Manuel Menchón es formar
la imagen de Bartolomé Aragón como un siniestro falangista, sanguinario y traicionero,
que consiguió dar muerte alevosa a Miguel de Unamuno con tal habilidad que el crimen
pasó inadvertido. Y no solamente eso, sino que el régimen franquista se las arregló para
falsificar los documentos relacionados con esa muerte y urdió una conspiración para que
nadie pudiera ni siquiera sospechar que se había cometido tal crimen, construyendo una
“versión oficial” que solamente Manuel Menchón ha podido desvelar 84 años después,
aunque tampoco nos dice cuál fue la realidad de los hechos, sino que se limita a sugerir
y a insinuar, como Miguel Gila, que alguien ha matado a alguien.
La muerte de un anciano de 72 años por hipertensión y arterioesclerosis tiene poca
materia épica. Si nos centramos en la hemorragia bulbar, entonces sí que podemos
meter una buena intriga criminal. Pero el historiador debe atenerse a los documentos. El
acta del Registro Civil dice que Unamuno murió por “hemorragia bulbar; causa
fundamental arterioesclerosis e hipertensión arterial”, y no podemos ajustar los datos a
martillazos para que cuadren con nuestras suposiciones.
Es cierto que Bartolomé Aragón Gómez fue franquista hasta la médula, una per-
sona con buena formación intelectual que medró en los entresijos del Estado franquista
aprovechándose de la violencia fundacional y estructural del “Estado nacido el 18 de
Julio de 1936” sin necesidad de ejercer esa violencia personalmente, como tantas otras
personas “en todos los órdenes de la vida nacional”,64 pero no hay nada en Palabras
para un fin del mundo que nos permita creer en la existencia de este Ramón Mercader
de pacotilla en que Menchón pretende convertirlo. No hay nada tampoco que nos haga
dudar del certificado de fallecimiento expedido por el doctor Núñez, ni del acta de
defunción inscrita en el Registro Civil de Salamanca, ni del desarrollo del funeral y
entierro. No hay nada, en suma, en este documental tramposo, que erosione la versión
de la muerte de Unamuno consolidada en los libros de historia, que no es la “versión
oficial impuesta por el régimen franquista”, sino simplemente el relato de los hechos
objetivos.
El franquismo asesinó sin misericordia a más de mil personas en Salamanca,
pero no a Miguel de Unamuno.
Flaco favor hace este fallido documental a la causa de la memoria histórica y
democrática de las víctimas del franquismo, pues debilita la exigencia de verdad dando
crédito a un relato fantasioso que busca la complicidad del espectador con trucos
baratos. Sigamos trabajando por la Verdad, Justicia y Reparación de las víctimas del
franquismo, pero no a cualquier precio, no a este precio.
Salamanca, 16 de noviembre de 2020
64
“A lo largo de seis lustros, el Estado nacido el 18 de julio de 1936 ha realizado una honda labor de
reconstrucción en todos los órdenes de la vida nacional.” — Primera frase de la Ley Orgánica del Estado
de 1967.
26
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Librería La Facultad.
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27
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Boletín Oficial del Estado:
https://boe.es/
El diario El Adelanto se puede consultar en la Biblioteca Virtual de Prensa Histórica
del Ministerio de Cultura y Deporte:
https://prensahistorica.mcu.es/
En esa Biblioteca Virtual no hay ninguna publicación de Huelva. No obstante, el
diario La Provincia se puede consultar en la hemeroteca histórica digitalizada del
Ayuntamiento de Huelva:
http://www.huelva.es/portal/es/la-provincia-1880-1937
Entrevista de Carlos Alsina a Manuel Menchón, “Más de uno” en Onda Cero, 3 de
noviembre de 2020.
https://www.ondacero.es/programas/mas-de-uno/audios-podcast/historia/manuel-
menchon-miguel-unamuno-fue-primero-que-denuncio-fake-
news_202011035fa141ac9a1c4e0001697542.html
Entrevista de Javier Gallego a Manuel Menchón, “Carne Cruda”, 9 de noviembre de
2020.
https://www.eldiario.es/carnecruda/programas/unamuno-asesinado-
franquismo_132_6397730.html
Ramón Mercader en Salamanca, by Severiano Delgado Cruz.
Published in Academia.edu, 16 Nov. 2020
28
Nota de la Agencia Efe, 23 de octubre de 2020, reproducida total o
parcialmente por muchos medios informativos.
https://www.efe.com/efe/espana/cultura/un-documental-cuestiona-la-version-oficial-de-
muerte-unamuno/10005-4375681
El documental “Palabras para un fin del mundo”, de Manuel Menchón, que se
presentará el próximo domingo en la Seminci de Valladolid, desvela una serie de irre-
gularidades cometidas tras la muerte de Miguel de Unamuno y cuestiona la versión ofi-
cial del fallecimiento admitida hasta ahora.
Ese relato oficial, del historiador José María Ramos Loscertales, se basa en el tes-
timonio de Bartolomé Aragón Gómez, un joven falangista, supuesto exalumno y amigo
de Unamuno que fue a visitarlo la tarde del 31 de diciembre de 1936 y único presente en
la habitación en el momento de su muerte.
La película es el resultado de más de una década de investigación y ha contado
con la colaboración de los herederos de Unamuno y de sus biógrafos y máximos estu-
diosos de su figura, Colette y Jean-Claude Rabaté, entre una veintena de expertos y otra
treintena de instituciones que se recopilan en el dossier del filme.
Basándose “en datos y declaraciones contrastadas y en documentos oficiales”,
Menchón reconstruye lo sucedido desde las horas previas de la visita de Bartolomé
hasta el entierro precipitado de Unamuno la mañana siguiente, sin esperar las 24 horas
que debían transcurrir como mínimo, según la legalidad vigente.
La disparidad más llamativa es el registro de la hora del fallecimiento. Aunque los
familiares y testigos aseguraron que se produjo entre las 18 y las 18.30 horas, el certifi-
cado de sepultura expedido esa misma tarde en la parroquia la adelanta a las 17 horas.
Este documento teóricamente no se podía obtener sin el acta de defunción, pero
este acta se redactó al día siguiente en el juzgado a primera hora y fijaba la hora de la
muerte a las 16 horas, es decir, cuando Aragón aun no había llegado a la casa.
Aragón no asistió como testigo a la firma del acta, el testigo que aparece en el
documento “es un desconocido para la familia”.
Menchón también pone bajo la lupa el hecho de que no se realizara una autopsia.
Una hemorragia bulbar, la causa certificada de su muerte, es un tipo de hemorragia
intracraneal y ya en aquella época cuando éstas producían una muerte súbita se conside-
raba “muerte sospechosa de criminalidad” lo que obligaba a hacer una autopsia judicial,
ya que es posible provocarla “con escasa o ninguna señal externa”.
El médico que certificó la muerte de Unamuno, el doctor Adolfo Núñez, reco-
mendó a Aragón que saliera de la habitación “dado su estado de ansiedad”. Éste se
encerró en su habitación de hotel y esa misma noche mecanografió lo sucedido y
entregó el documento a Ramos Loscertales que se había acercado al hotel a verle.
La información aparece publicada en un libro el 16 de enero de 1937, tan solo 16
días más tarde y es la que recoge las que han trascendido como últimas palabras de
Unamuno antes de desvanecerse: “¡Dios no puede volverle la espalda a España! ¡España
se salvará porque tiene que salvarse!”
Menchón también cuestiona la relación de Aragón con Unamuno. No ha logrado
contrastar el dato de que fuera exalumno suyo, tampoco hay constancia de que hubiera
estado antes en la casa. Ese día iba a ir acompañando al rector de la Universidad, Este-
ban Madruga, no está claro el pretexto, pero éste no acude en el último momento porque
tiene que asistir a un entierro.
Aragón fue recibido por la asistenta Aurelia, que oyó gritos en dos ocasiones y a
la segunda subió y se encontró con el cuerpo inerte y a Aragón fuera de sí.
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Sobre la identidad de Aragón, se desvela que participó en el sanguinario levanta-
miento en Huelva, que organizó quemas de libros al frente de la Falange en la ciudad y
que fue director del periódico La Provincia, antes de trasladarse a la Universidad de
Salamanca en noviembre del 36, a dar clases y “depurar maestros”.
Todo el documental es una recreación a partir de fuentes históricas con actores
que ponen voz a los protagonistas, desde José Sacristán (Unamuno) a Antonio de la
Torre, Marian Álvarez, Víctor Clavijo o Andrés Gertrudix.
El único testimonio a cámara es el de Miguel de Unamuno Adarraga, nieto del
autor de “La tía Tula” o “Niebla”, que cuenta cómo los falangistas se presentaron en la
casa al día siguiente de la muerte de su abuelo, sin previo aviso y se llevaron el cuerpo
para enterrarlo.
“Se apoderaron de él hasta el final, no solo del cuerpo, sino con el uso propagan-
dístico, intentando presentarlo como un fascista”, dice.
El documental revisa la vida de Unamuno desde que regresó del exilio en 1930 y
se convirtió en una de las piedras fundacionales de la Segunda República hasta su
muerte seis años después.
Incide y da una nueva dimensión al famoso episodio del enfrentamiento con
Millán Astray en el acto oficial del 12 de octubre de 1936 en la Universidad salmantina,
con el testimonio de Ignacio Serrano, inédito hasta hace menos de un año, cuando sus
biógrafos lo incorporaron en una revisión actualizada de “El resentimiento trágico de la
vida”.
Serrano era catedrático de Derecho Civil, presenció aquel desencuentro y lo trans-
cribió en el momento en que se produjo. “Vencer no es convencer, conquistar no es
convertir, y eso que algunos llaman sin ningún fundamento la Anti-España es tan
España como la otra”, atribuye a Unamuno. Y la respuesta del general: “Muera la inte-
lectualidad traidora, viva la muerte, viva Franco, viva España”.
Según las notas de Serrano, lo que más irritó a Millán Astray es la mención que
hizo Unamuno de José Rizal, escritor y héroe de la independencia de Filipinas fusilado
por los españoles.
Aunque mucho se ha debatido en los últimos años sobre la literalidad de las pala-
bras pronunciadas aquel 12 de octubre, lo que el documental pone negro sobre blanco
son las graves consecuencias que tuvieron para Unamuno.
Hay dos cartas significativas, una enviada por Francisco Bravo, jefe de Falange de
Salamanca al hijo de Unamuno reprochándole su discurso: “sería doloroso que a tu
padre, cuya contribución al Movimiento Nacional ha sido tan magnífica, pudiera suce-
derle algún incidente desagradable”.
En una carta posterior, fechada sólo diez días antes de su muerte, es el propio
Unamuno el que dice estar “encarcelado disfrazadamente” y añade: “Me retienen como
rehén, no sé de qué ni para qué, pero si me han de asesinar, como a otros, será aquí en
mi casa”.
Magdalena Tsanis
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