#1 Transiciones
Mayo 2020 del siglo XXI
y China
Covid-19:
el nuevo mapa
del poder
mundial y el
lugar de China
Boletín del
Grupo de Trabajo
China y el mapa
del poder mundial PARTICIPAN EN ESTE NÚMERO
Gabriel E. Merino
Andrés Raggio
Carlos Eduardo Martins
Bernardo Salgado Rodrigues
Juan Cruz Margueliche
Idilio Méndez Grimaldi
Elias Jabbour
China y el mapa del poder mundial / Gabriel Esteban Merino ... [et al.] ; editado
por Wagner Iglecias. - 1a ed . - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : CLACSO,
2020.
Libro digital, PDF - (Boletines de grupos de trabajo)
Archivo Digital: descarga y online
ISBN 978-987-722-624-9
1. China. 2. Virus. 3. Pandemias. I. Merino, Gabriel Esteban. II. Iglecias, Wagner,
ed.
CDD 301.0951
Colección Boletines de Grupos de Trabajo Coordinadoras/es
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y Tomás Bontempo.
ISBN 978-987-722-624-9
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Contenido
5 China y el nuevo momento 31 La irrupción del Covid-19, los
geopolítico mundial medios de comunicación y un
Gabriel E. Merino nuevo escenario geopolítico
Juan Cruz Margueliche
14 Cambios en el orden mundial
Entre lo viejo y lo nuevo en el 50 Paraguay cada vez más lejos
marco de la pandemia de China
Andrés Raggio Idilio Méndez Grimaldi
19 China en el torbellino global de la 56 A “Nova Economia do
Covid-19 Projetamento” como uma
Carlos Eduardo Martins variação de nível superior do
socialismo de mercado chinês
25 Las capacidades estatales chinas Elias Jabbour
en la lucha contra el Covid-19
Bernardo Salgado Rodrigues 61 Grupo de Trabajo China y el
mapa del poder mundial
Transiciones del siglo XXI y China
Número 1 • Mayo 2020
La irrupción del
Covid-19, los medios de
comunicación
y un nuevo escenario
geopolítico
Juan Cruz Margueliche*4
Algunas reflexiones iniciales
El Covid-19 irrumpió no solo en las agendas políticas de las naciones sino
también en las agendas mediáticas. Los discursos (geo) políticos si bien
se han alejado (al menos en los formatos tradicionales) de los grandes
debates televisivos que nos tenía acostumbrado la segunda mitad siglo
XX no han desaparecido de la escena internacional. Hoy los mandatarios
de los Estados se expresan habitualmente y son los medios de comunica-
ción masiva los que se encargan de la captación, procesamiento y distri-
bución de sus contenidos a través de diferentes formatos cargándolos de
* Instituto de Investigaciones en Humanidades y Ciéncias Sociales. Facultad de Humanidades y
Ciéncias de la Educación – Universidad Nacional de La Plata, Argentina. Integrante del Grupo de
Trabajo CLACSO China y el mapa del poder mundial.
Transiciones del siglo XXI y China 31
Número 1 • Mayo 2020
instancias subjetivadas (editan, seleccionan, retransmiten, etc). Las ac-
ciones (políticas) generalmente buscan la construcción de legitimidades,
tratando de encontrar ecos de sus objetivos en el apoyo de la comunidad
o al menos de gran parte de ella. En este sentido tenemos dos ejem-
plos narrativos que nos pueden permitir comprender la permanencia,
continuidad y adaptaciones de los dispositivos de comunicación. Para el
primer caso, tenemos que remitirnos a las experiencias de los procesos
coloniales donde las grandes potencias europeas se guarecieron en la
distribución y legitimación de sus ideas y proyectos a través de las nove-
las literarias. Así fue el rol que sostuvo la novela colonial (como el caso
de Joseph Conrad con el Corazón de las tinieblas -Heart of Darkness-)
para construir el exotismo de los territorios conquistados y para hacerlos
partes (junto con las sociedades europeas) de su proyecto “civilizador”.
El otro caso, más cercano a nuestro tiempo lo podemos encontrar en la
obra de Peter Fritzche Berlín 1900. Prensa, lectores y vida moderna don-
de el autor explica como los medios de prensa de aquella época a través
de los titulares, notas y crónicas configuraban no solo la ciudad sino la
mirada y las prácticas de los habitantes urbanos. En este sentido, la no-
vela colonial y la prensa en Berlín en los albores del siglo XX oficiaron de
estructuras rectoras construyendo imaginarios geográficos por un lado
y prácticas de vida por el otro. Ambas propuestas colaboraron en com-
prender e incorporar proyectos nuevos: la colonización como horizonte
civilizador y las ciudades como nuevos artefactos culturales para vivir y
consumir. Estos dos ejemplos, nos muestran como el rol narrativo tiene
un gran peso en el inconsciente colectivo como así también en la repre-
sentación que tenemos del mundo que nos rodea.
La propuesta de este trabajo es acercar algunas reflexiones sobre el rol
de los medios de comunicación en la configuración de las representa-
ciones y percepciones de la realidad; y como podría estar generando
una nueva configuración geopolítica pos-pandemia. La idea es pensar
el tema de la pandemia generada por el Covid – 19 en el mundo a partir
de interpelarnos como se está configurando el universo de los relatos y
discursos a través de los medios de comunicación. Lo que algunos es-
pecialistas suelen denominar la “batalla cultural” librada a partir de los
centros de poder y que hoy se están disputando no solo el predomino
32 La irrupción del Covid-19, los medios de comunicación y un nuevo escenario geopolítico
Juan Cruz Margueliche
económico sino también una referencia sociocultural a nivel global. Por
ello, Dupuy (2008) enmarca estas discusiones a través del peso de los dis-
cursos hegemónicos y contrahegemónicos. Ambos significan otra forma
muy particular de establecer las condiciones en que se desarrollan las
acciones políticas y expresan las nuevas tendencias en las expresiones
ideológicas. Los planteos discursivos acompañan la manifestación de las
relaciones de poder, acentúan los posicionamientos políticos e intervie-
nen en los procesos de transformación espacial. Para ello, se valen de
una gran cantidad de armas ideológicas y de estructuras que dominan
de manera sumamente profesional su eficiencia: medios de información
y comunicación, sistemas de divulgación de las actividades académicas
y de las investigaciones científicas, ámbitos y foros de debate político,
control del mercado editorial y cultural en general (Dupuy, 2008).
Hacia una geopolítica de la información
La pregunta sería ¿En qué medida los medios de comunicación influyen
en la geopolítica? ¿Es la información y su control un poder que tiene
como destino configurar escenarios geopolíticos? Quizás sea más visi-
ble sus aportes para la configuración de las geografías de la alteridad.
Podemos ver en los medios de comunicación como se representan a “los
otros” no solo en una escala global sino en diferentes escalas y ámbitos
espaciales periféricos (barrios pobres, guetos, banlieue, etc). En este sen-
tido, las palabras no son simples expresiones verbales o escritas carentes
de referencias materiales. Al contrario, nos conducen a buscar referentes
de la experiencia social y dotarlas de características y comportamientos.
Podemos decir que las estigmatizaciones territoriales (Wacquant, 2007)
se transfieren a las otras escalas generando segregaciones y obstaculi-
zando el diálogo entre culturas. Para entender cómo es la dinámica de
la información en el sentido de su génesis editorial en un periódico, la
novela Número cero de Umberto Eco (2015) nos acerca una experiencia
situada. A través de esta ficción, Eco nos pone dentro de un periódico
donde podemos ver y entender cómo se conjugan la selección y posición
de las palabras en un titular para organizar una noticia como así tam-
bién su contenido. ¿Pero cómo se dan los titulares de algunos medios
Transiciones del siglo XXI y China 33
Número 1 • Mayo 2020
occidentales en relación con los acontecimientos acaecidos en “otros”
territorios? Los tintes “orientalistas” (desde la perspectiva de Said) se re-
instalan desde los medios permanentemente no solo para fortalecer la
“otredad” sino también para propiciar muchas veces “fundamentalismos
culturales” (Stolcke, 1999) generando relaciones de poder de carácter
horizontal reforzando las distancias y poniendo “barreras” para evitar
las interrelaciones. Inclusive el objetivo de muchos medios también se
puede observar en dos cuestiones más. La primera se refiere a la con-
ceptualización de la víctima. La víctima es aquella que reúne ciertas ca-
racterísticas fenotípicas, culturales y socioeconómicas. Se elige siempre
un bando para dar lugar al duelo, mientras para “otros” solo se reserva la
omisión y el olvido.
Por otro lado, también se observa a veces la utilización de un hecho (de-
terminado) para fundamentar un marco en el que el daño padecido au-
torice una agresión sin límites contra blancos que pueden o no estar
relacionados con el origen de nuestro sufrimiento (Butler, 2004).
La segunda referencia la podemos encontrar en la extrapolación de cate-
gorías y conceptos occidentales para leer y comprender (o juzgar) a otras
sociedades. En este sentido, la más clara y permanente transferencia es
la periodización de Cellarius con su línea del tiempo que solo respon-
de a realidades occidentales. Es lo que se conoce como la “cronopolí-
tica”, la administración política del tiempo para establecer una historia
lineal y universal y de esta manera dotar a los diferentes espacios de
características históricas determinadas (Aguer, 2014). Como así también
cuando se quiere discutir sistemas políticos de otras sociedades y solo
se etiquetan bajo denominaciones despóticas o tradicionales. En esta
línea, la democracia se presenta como el emblema dominante de la so-
ciedad contemporánea lo cual lo convierte como un sistema simbólico
intocable (Badiou, 2010 en Agamben, 2010). En un trabajo denominado
Democracia, ¿en qué Estado? (2010) una gran variedad de autores (entre
ellos Agamben) se proponen deconstruir y descomponer esta categoría
política y encontrar su verdadera sustentabilidad funcional y represen-
tatividad del poder. Y llegan a la conclusión que la etimología responde
al poder del pueblo pero que en la praxis eso no se da de manera real.
34 La irrupción del Covid-19, los medios de comunicación y un nuevo escenario geopolítico
Juan Cruz Margueliche
Por su parte Chatterjee (2008) que proviene de los estudios subalternos
también pone en tela de juicios muchos conceptos en sus análisis (Esta-
do – Nación, sociedad civil, poder popular, etc) como así también en su
desenvolvimiento práctico observando fuertes desvinculaciones. En este
sentido, los medios de comunicación no reparan en estos debates.
Si bien ya no estamos divorciados espacio - temporalmente de lo que
pasa en los puntos más lejanos de nuestro planeta, aún perduran gran-
des distancias cognoscitivas para llegar a su comprensión más acabada,
situada y contextualizada. Como así también las diferentes personas nos
encontramos localizadas de manera diferencial en el acceso a estos re-
cursos. En este sentido, Doreen Massey (2012) nos trae el concepto de
geometría del poder para explicar cómo los diferentes grupos sociales
y los diferentes individuos están situados de maneras muy distintas en
esos flujos e interconexiones que propone globalización.
Para Haesbaert (2011) si bien los procesos de globalización “comprimie-
ron” el espacio y el tiempo, erradicando las distancias por la comunica-
ción instantánea y promoviendo la influencia de los lugares más distan-
tes unos sobre los otros, nuestras acciones se encuentran gobernadas
más por las imágenes y representaciones que por la realidad material
que nos rodea, donde nuestra vida está inmersa en una constante mo-
vilidad, concreta y simbólica. Para Balandier (1997) las apariencias, las
ilusiones y las imágenes se transformaron poco a poco en los elementos
constitutivos de una realidad que se percibe y se acepta bajo estos aspec-
tos. Estas propuestas nos acercan miradas que sitúan el rol que tiene la
comunicación en la expresión y representación del mundo de las ideas,
pero en un campo social heterogéneo y que no cuenta con la misma
capacidad de acceso y decodificación del mundo se las ideas (Balandier,
1997 en Haesbaert, 2011).
En este contexto Flint (2001), sostiene que vivimos bajo una “nueva con-
dición geopolítica”, que debe ser concebida como el proceso de declina-
ción de la soberanía estatal en el dominio específico de su poca capaci-
dad de lidiar con los flujos de mercancías, informaciones y personas a
través del espacio (Flint, 2001 en Haesbaert, 2011). Para Campbel (1996),
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Número 1 • Mayo 2020
la problemática de la soberanía, con el foco puesto en la “segmentaridad
geopolítica” se debe a la existencia de sujetos estabilizados y con poder
económico, que logran dominar y comprender la significación de los flu-
jos, de las redes, tejidos y formaciones identitarias allí insertas. En este
contexto la geopolítica de la información se convierte en espacios diná-
micos controlados por los centros de poder (Campbel, 1996 en Haesbaert,
2011).
Para Smith (1986) el recabar, publicar y distribuir la información consti-
tuye hoy un elemento clave, en todas las economías. Cada vez más pro-
cesos gubernamentales, económicos y culturales han llegado a depender
de un conjunto de compañías, instituciones y sistemas que integran el
sector informativo, y así la tensión sobre el fluir internacional de las no-
ticias se ha difundido a lo largo de una vasta gama de intereses que antes
no se consideraban como parte de este sector.
Por su parte para Di Ricco (2017) la “Geopolítica de las noticias” nos go-
biernan a todos/as pero de diferente manera y destaca que si bien los
procesos de globalización han incrementado las conexiones a nivel glo-
bal, el Estado nación sigue siendo un punto de referencia fundamental
en la circulación y recepción de noticias, haciendo que estas sufran un
primer filtro que es la domesticación o nacionalización. Además, advier-
te que no todos los países consiguen aparecer en las noticias internacio-
nales (de la misma manera), y que representan solo una mínima parte de
la realidad. En este sentido la geopolítica de la información es también
una disputa de poder territorial y que se podría pensar en indagar los
territorios de las editoriales y medios de comunicación, en su capacidad
extensiva, extraterritorial y distributiva.
Estas complejidades antes mencionadas que conectan productores de la
información y a un grupo mayoritario de recepción de contenidos en el
contexto de una escala internacional nos dificulta proponer mecanismos
y estrategias críticas para su abordaje. Entonces ¿Vivimos rehenes de
aceptar la unidireccionalidad de los medios hegemónicos?
36 La irrupción del Covid-19, los medios de comunicación y un nuevo escenario geopolítico
Juan Cruz Margueliche
La propuesta de Lughod (1996) con su trabajo La interpretación de la (s)
cultura (s) después de la TV nos permite (al menos en una pequeña es-
cala) comprender la secuencia de la producción, difusión y apropiación
de los contenidos por parte de los sujetos en el contexto de la televisión.
Pero está deconstrucción discursiva de toda la trayectoria es un trabajo
ajeno a la mayoría de los consumidores de contenidos. Esas estrategias
solo se alcanzan con trabajos antroposociológicos que utilicen metodo-
logías cualitativas como la etnografía y se realicen sobre unidades de
análisis más discretas. En este caso la autora opta por trabajar con una
“etnografía multisitio” que nos permita seguir el objeto de análisis desde
la génesis de producción del contenido o idea que se quiere transmitir (el
contexto editorial del canal, productores y guionistas) hasta la difusión,
recepción y reapropiación por parte de las personas. Solo en propuestas
de este formato podemos acceder a los sentidos que se le quieren con-
ferir desde los medios de comunicación a los contenidos que nos llegan.
Como no contamos con esa reconstrucción de las trayectorias de las
ideas y noticias que se difunden, toleramos un contexto de recepción
fragmentados y difuso que termina de alguna manera (des) vinculándose
a estructuras contenedoras prexistentes. La geopolítica de la informa-
ción a fin de cuentas sería una disputa de signos y significados a través
de una geografía de las editoriales consignadas por diferentes corpora-
ciones mediáticas (canales, editoriales, radios, etc) en el ámbito del co-
nocimiento e información que no siempre coinciden con los intereses de
los Estados, pero si persiguen y representan lógicas de poder.
La Pandemia, la cultura y los medios
Esta pandemia se ha presentado a través de diferentes medios de comu-
nicación (Televisión, radio y prensa) con titulares que tienden a llevar a
los/as lectores a una propuesta que carece de un recorrido crítico y fun-
damentado. Cada palabra esta concatenada a una trayectoria configura-
tiva que nos lleva no solo a sentenciar el origen del virus (por ejemplo)
sino también a contraponer modelos y categorías culturales. El tamiz
occidental por el cual los medios se expresan pareciera que persigue la
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Número 1 • Mayo 2020
perpetuidad de discursos (geo) políticos que juegan como una suerte de
ecúmene civilizatorio. En estos días hemos estado viendo y escuchando
en los medios televisivos y prensa palabras como: “El secreto chino”, “el
caso cero”, el “virus chino”, “el virus de laboratorio”, entre otros. Cada
una de estas palabras nos lleva a una secuencia descriptiva que se van
ensamblando a otras cuestiones que van más allá de la noticia. Se inicia
hablando del origen del virus en China y se termina desplegando múlti-
ples críticas a la vida política, social y cultural del país.
La desregulación neoliberal de los sistemas audiovisuales y de telecomu-
nicaciones ha convertido el “mundo de la cultura” es una apuesta crucial
para las políticas hegemónicas impulsada por los universales de la co-
municación. Se están tomando formas totalizadoras de la reorganización
del mundo. Para Appadurai (1996) los medios electrónicos dan un nuevo
giro al ambiente social y cultural dentro del cual lo moderno y lo glo-
bal suelen presentarse como dos caras de una misma moneda. Aunque
siempre cargados de un sentido de la distancia que separa al espectador
del evento, estos medios de comunicación, de todos modos, ocasionan
la transformación del discurso cotidiano. Debido a la pura multiplicidad
de las formas que adoptan (el cine, la televisión, los teléfonos, las com-
putadoras) y a la velocidad con que avanzan y se instalan en las rutinas
de la vida cotidiana, los medios de comunicación electrónicos proveen
recursos y materia prima para hacer de la construcción de la imagen del
yo, un proyecto social cotidiano.
Las temáticas culturales tanto en la escala local como internacional han
estado relegadas por la primacía hacia temáticas del ámbito económico
– mercantil. Pero en los últimos tiempos la problemática del estatuto
de la cultura se fue acercando a los proyectos políticos de manera local
como en la diplomacia cultural.
No abundan las referencias sobre la relación de la cultura y la geopolítica
en los medios. Porque desde los medios hegemónicos se parte de la exis-
tencia de una sola cultura dominante que desplaza a otras maneras de
pensar y vivir. Este dispositivo discursivo opera tanto en la escala global
38 La irrupción del Covid-19, los medios de comunicación y un nuevo escenario geopolítico
Juan Cruz Margueliche
como en las escalas locales con la estructura del Estado – Nación como
proyecto universal.
Entre ellas podemos mencionar la polémica teoría del choque de civili-
zaciones de Samuel Huntington (1997) desde una vertiente “cultural-te-
rritorialista”. Para Haesbaert (2011) la propuesta central de Huntington es
que “la cultura y las identidades culturales (así como sus bases territoria-
les en términos de grandes espacios civilizatorios) están moldeando los
patrones de cohesión, desintegración y conflicto en el mundo posguerra
fría.
Por su parte Mattelart (2002) en su trabajo Geopolítica de la cultura ana-
liza la relación entre cultura y geopolítica. Para este autor, se da una
tendencia centrípeta a la uniformización cultural bajo el impulso de los
universales simbólicos del consumo de masas. A finales de los años vein-
te en Nueva York se convierte en el centro de la nueva economía – mun-
do desde el cual se distribuyen en círculos concéntricos la influencia de
los productos culturales trenzados íntimamente entre el cine y el poder
financiero. Por otro lado, la construcción de extensas zonas de librecam-
bio y de mercados macrorregionales ha levantado la veda de los “univer-
sales culturales”. También destaca que la creación de un mercado único
de imágenes es un reto para la reorganización de los dispositivos indus-
triales. Esta búsqueda de una “cultura global” a través de las cadenas
panamericanas, panasiáticas, paneuropeas o, simplemente, planetarias,
se apoya en las inversiones filtradas con el paso de los años por la cultura
de masas en el imaginario de consumidores procedentes, no obstante, de
culturas muy diversas.
Para Mattelart el principal problema que plantea esta visión de la cul-
tura transfronteriza inspirada en una pragmática geoeconomísta es que
se encierra en un mundo aislado. El autor sostiene que la uniformidad
del mundo empieza por la normalización de la lengua que se trivializa o
que se limpia de asperezas, separando las palabras de su memoria o bien
mediante la multiplicación de neologismos-pantalla lanzados por las ló-
gicas tecnomercantiles. El análisis de las interacciones y transacciones
entre las culturas no puede abstraerse de las lógicas geoeconómicas y
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Número 1 • Mayo 2020
geopolíticas que influyen en la nueva estructuración de las jerarquías, de
las polarizaciones y de las causas de exclusión (Mattelart, 2002).
En campo cultural legítima y deslegitima instancias políticas. Construye
y afianza no solos categorías conceptuales sino sistemas de referencias
que atraviesan todos los campos disciplinares, corporales y territoriales
que logran inmortalizarse y detenerse en el tiempo. Raymond Williams
(2003) con su trabajo Palabras claves: un vocabulario de la cultura y la
sociedad nos invita a reflexionar sobre la trayectoria conceptual y de esta
manera poder reconocer como los conceptos están sujetos a cambios a
lo largo del tiempo. Es decir podemos rastrear sus diferentes significados
en la renovación de sus contextos históricos.
Para Lyotard (1999) el metarrelato es una gran narración con pretensio-
nes justificatorias y explicativas de criterios, instituciones o creencias
compartidas. Occidente, el neoliberalismo y el Estado-Nación ya no pue-
den sostener estos metarrelatos. Aparecen nuevas experiencias que ha-
cen repensar estas viejas estructuras, pero no logran llegar a los medios
de comunicación.
Ahora, los medios hegemónicos de comunicación ¿están proponiendo
una batalla cultural?
El sociólogo Grüner (2011) en una reflexión dada en un periódico critica-
ba la expresión de “batalla cultural” como un sintagma que sugiere que
la cultura es una suerte de uniformidad armónica y unitaria donde cada
tanto emerge la “anomalía” de un conflicto de intereses actuado simbó-
lica e ideológicamente. Para este autor, la visión es otra. Aún si se quie-
re seguir usando esa palabra no hay un tal (ocasional) “batalla cultural”
sino que la cultura es por definición, un campo de disputas constantes
en donde la anomalía en verdad son los momentos aparentes de “paz”
producidas por la hegemonía del pensamiento dominante.
Una de las propuestas más fuertes sobre el Covid-19 y su relación con
China ha sido la tapa de Charlie Hebdo, donde se puede ver a Xi Jin-
ping al lado de un pangolín compartiendo un espacio de intimidad. El
40 La irrupción del Covid-19, los medios de comunicación y un nuevo escenario geopolítico
Juan Cruz Margueliche
pangolín representando a través de su imagen la génesis del virus y de
esta manera asociándolo a un lugar específico y puntual. Acompaña a
esta imagen en la tapa de esta revista francesa el título: “China (…) real-
mente nos ha contado todo”.
La pandemia vista desde los/as intelectuales
El virus una vez alcanzado su rango extraterritorial adquiriendo el es-
tatuto pandemia se ha metido de lleno en discusiones globales en el
ámbito internacional. En el trabajo “Sopa de Wuhan” (2020) se pudo en-
contrar un compendio de las reflexiones de varios/as autores/as sobre el
impacto y consecuencias de la pandemia. En este compendio de ideas,
argumentos y reflexiones nos permitieron acercarnos a un corpus sobre
la temática. Entre ellos/as, Agamben llevó su reflexión a la idea del Es-
tado de excepción a través de la coerción de las libertades en cuanto al
cercenamiento de las movilidades y relaciones sociales truncadas. Para
Agamben el estado de miedo impulsado por los medios de comunicación
se traduce a una necesidad de estados de pánico colectivos. Pitch por su
lado puso bajo la lupa la idea de “la sociedad de la prevención” la cual
remite a postulados foucaultianos. Se refiere a un control diferente al
propuesto por el panóptico, pero igualmente persuasivo. Por su parte Zi-
zek habla de un “virus ideológico” que se encontraba latente en nuestras
sociedades. Por otro lado, Jean Luc Nancy sostiene que desquitarse con
los gobiernos (simples y tristes ejecutores) en esta crisis sanitaria es más
una maniobra de distracción que una reflexión política más profunda. En
cambio, Judith Butler encuentra una clara contradicción entre el aisla-
miento social y la libertad fronteriza del virus. La extraterritorialidad del
virus versus la guetización social. La idea de que el virus no discrimina,
pero si aprovecha las interseccionalidades prexistentes de los sujetos
para profundizar las desigualdades sociales. Es decir, el mismo impacto
para todos/as pero de manera desigual. Lo que la pandemia nivela, los
actores de poder amplían. Y por último el filósofo surcoreano Byung –
Chul Han apunta a las ventajas de Asia en relación con el manejo y con-
trol de esta pandemia, describiendo el rol de la tecnología contra el virus.
También trae a la discusión el debate sobre las estructuras culturales de
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Número 1 • Mayo 2020
Asia (confucianismo) en relación con la tolerancia de los mandatos y de
las políticas de control advirtiendo la posibilidad de una posible expor-
tación del paquete de gubernamentalidad.
Estos/as intelectuales han salido a poner una voz a este contexto de
crisis, algunos/as logrando salir en medios periodísticos para llegar a la
gente que se encuentra por fuera de los circuitos académicos. Pero sa-
bemos que son voces disonantes en formatos de expresión diferente. La
capacidad de alcance y masividad de los medios de comunicación no
permite que otras voces puedan instalarse sobre todo si atentan a las
agendas políticas.
En este sentido, ¿qué sintonía hay entre las voces emergentes de los/as
intelectuales que han salido al ruedo con los medios de comunicación?
Sabemos que es difícil asociar ambas voces en un mismo formato. Pero
hemos visto como en varios medios periodísticos y portales web algu-
nos/as intelectuales han podido expresar sus opiniones, hipótesis y con-
jeturas. Pero solo logran acceder a través de intersticios mediáticos que
algunos medios hacen lugar, dependiendo del perfil editorial. Pero al ser
intervenciones escasas, aleatorias y espaciadas, perecen bajo la lógica de
los formatos tradicionales de las noticias.
Por todo ello estamos ante varios interrogantes ¿Un nuevo o “mejorado”
Orientalismo se (re) instala en los medios? ¿Porque los medios europeos
lanzan feroces editoriales que llevan sus críticas más allá de responsabi-
lizar a China del supuesto origen del virus? ¿La batalla cultural ha venido
a reemplazar a la batalla tecnológica y comercial entre EEUU y China? ¿o
actúan de manera complementaria y superpuesta?
La propuesta cultural de China
China desde la década del ’70 del siglo XX ha iniciado un proceso eco-
nómico acelerado y excepcional sin precedentes. En la actualidad está
tratando de mantener su crecimiento como protagonista en la eco-
nomía global, pero no se desentiende de la importancia de tener que
42 La irrupción del Covid-19, los medios de comunicación y un nuevo escenario geopolítico
Juan Cruz Margueliche
autoreferenciarse (fronteras hacia adentro) como así también presentar-
se en el escenario internacional. China viene participando de manera
activa y extensivamente en el orden global: OMC, foros multilaterales,
Consejo de seguridad de la ONU, Brics, G-20 entre otras. Pero su pro-
puesta cultural se inserta en un contexto global dominado por perspec-
tivas occidentales, esencialistas y categoriales que marcan la agenda del
pensamiento del Norte global. Por ello, China estaría lanzado conjunta-
mente con su proyecto geoeconómico su propia globalización cultural.
Hoy el Covid 19 viene a ofrecer un nuevo campo de” batalla” que no solo
se disputa el epicentro de este virus, sino que arrastra con él un proceso
de fragmentación geopolítica y con ello una puja de sentidos. Si bien
China busca al igual que otras potencias asegurar su preeminencia en
el sistema económico global, lo hace con ciertas diferencias en muchos
aspectos. No podemos dejar de comprender las plataformas culturales
con que las diferentes naciones se auto adscriben y se presentan extra-
territorialmente. En el caso de China, los pilares del confucionismo se
están volviendo a resignificar: las relaciones familiares, la gran unión
de la sociedad y la constitución de un gobierno mundial y abolición de
fronteras nacionales. Por otro lado, el sueño chino fue presentado por Xi
Jinping como una aspiración común de la sociedad china y de la civili-
zación mundial. Por su parte el Tianxia es un concepto teórico antiguo
que permite abarcar un espacio de amplias dimensiones donde la rela-
ción interestatal como la conocemos deberá repensarse con otras lógi-
cas para constituirse como una nueva gobernanza en el orden mundial.
China está proponiendo una gobernanza global que logre salir de las ya
conocidas formas de dominación que impulsan las perspectivas estado-
centristas. Por último, la Comunidad de Destino Compartido parte de la
premisa de un destino único para la humanidad y busca implementar el
desarrollo pacífico construyendo un mundo armonioso.
Por su parte China, es un país que actúa activamente en el orden global
sustentándose en una economía interconectada que le permita no solo
vender sus productos, sino también asegurar su abastecimiento de ma-
terias primas, alimentos y energía. Pero no se desentiende de las cues-
tiones culturales. Por ello, la recuperación de conceptos tradicionales
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como el confucianismo y el tianxia; y emergentes conceptuales nuevos
como el sueño chino y la comunidad de destino compartido están for-
mando parte de un proyecto cultural que busca extrapolarse mundial-
mente. Pero estas propuestas culturales no encuentran todavía eco de
inserción en Occidente, al menos no como lo ha logrado EEUU. Si bien
los distancian tiempos en la difusión y consolidación de las ideas, a Chi-
na le apremia poder llegar a legitimarse a nivel internacional sobre todo
cuando impulsa un megaproyecto infraestructural como la Nueva Ruta
de la Seda. Se vuelven a erigir nuevas fronteras geopolíticas que no pue-
de imponerse desde la cartografía tradicional y necesitan recrear y sos-
tener relatos y discursos.
¿Hacia una nueva geopolítica?
Tokatlian (2020) sostiene que la primacía remite a un tipo de estrategia
donde una potencia no consiente ni tolera el ascenso y la consolidación
de una potencia competidora de igual talla. También describe el escena-
rio pre - pandemia a nivel tablero geopolítico entre EEUU y China. Para
este autor se trata, básicamente, de que el más poderoso pretende afir-
mar y sostener su preeminencia a nivel global. Tokatlian realiza un aná-
lisis sobre las estrategias de EEUU con relación a su postura geopolítica.
Durante los dos mandatos del presidente George W. Bush, se desplegó
una primacía agresiva a través de ataques preventivos, unilateralismo
asertivo, desaire hacia los foros multilaterales, y aumento significativo
de los gastos militares. Por su parte para el presidente Barack Obama
ensayó, durante sus dos mandatos, una primacía calibrada a través de
un multilateralismo ocasional, más consultas con los principales alia-
dos de Washington, repliegue paulatino en algunas guerras como la de
Irak, mayor empleo de ataques con drones y recurso a las ejecuciones
extra-judiciales en el exterior y presupuestos de defensa menos abul-
tados que su antecesor. Por último, el presidente Donald Trump viene
implementando una primacía “ofuscada”. Ha recurrido a una suerte de
diplomacia de la sumisión en la que persuadir es fútil y chantajear es
imprescindible. Anuncia y aplica un unilateralismo pendenciero, descree
y rechaza los ámbitos multilaterales, amenaza y apela al uso de la fuerza,
44 La irrupción del Covid-19, los medios de comunicación y un nuevo escenario geopolítico
Juan Cruz Margueliche
valora y aumenta los gastos militares y desecha y desprecia a muchos
aliados históricos. Para Tokatlian la Casa Blanca no parece ya conformar-
se con limitar la expansión china, sino que aspira a revertir su gravita-
ción, tanto en el área vecina como en cuanto al influjo internacional de
Beijing. En síntesis, no se trata tan solo de renovadas fricciones comer-
ciales y tecnológicas sino de una ascendente confrontación geopolítica
(Tokatlian, 2020).
Por su parte China también piensa estos temas. Para Rocha Pino (2018)
a partir del año 2012, el gobierno Popular de la República China instru-
mentó en su discurso político redefinir sus relaciones con las grandes
potencias (GP), en especial con EEUU. De allí surgió la idea del modelo
de grandes potencias, el cual se entiende como un ofrecimiento de China
para estructurar una relación sinoestadounidense basada en términos
políticamente simétricas. Este modelo de política exterior se enfoca en
obtener difusión del interés de China en el ámbito de la economía global.
El GP se enmarca bajo el “Nuevo Modelo” (NM) que apuntaría a pensar
nuevas formas de relacionarse con las grandes potencias.
Por su parte, Dussel retomando ideas de Levinas nos habla de la geopolí-
tica de la alteridad. Para Dussel no se trata de afirmar al otro únicamente
como una mera individualidad, sino de concebirlo como una totalidad
cultural e histórica, es decir, como un otro geopolíticamente definido. Es
el orden de lo político donde la alteridad del otro se ve necesitada de me-
diaciones y de comparaciones. La idea de la tesis de “excepción cultural”
no quiere tolerar la alternativa de la alteridad (García Ruiz, 2014).
Para Walter Mignolo (2014) presenciamos la convivencia de una carto-
grafía mundial que todavía busca marcar sus límites. Este autor sostiene
que estamos presenciando en el orden internacional dos procesos car-
tográficos simultáneos: uno de reoccidentalización (estrategias de domi-
nación sin colonias) y otro de desoccidentalización (Brics por ejemplo).
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A modo de cierre
Los recientes discursos y expresiones en los medios de comunicación
nos invitan a recuperar viejos postulados de autores que han sido verda-
deros visionarios. A raíz de todo ello, sigue en vigencia la mirada externa
y descontextualizada hacia el mundo no Occidental. Lo que Said (2013)
distinguió como “Orientalismo Latente y Orientalismo Manifiesto”. El pri-
mero sería aquel que se dio en una etapa previa a la colonización directa
y formal, de corte más literario y contemplativo, sin apenas esforzarse
por mirar directamente al oriental, sino solo pensarlo a través de un filtro
imaginario. Hoy este orientalismo latente lo expresan los diferentes me-
dios de comunicación. Por otra parte, el “orientalismo manifiesto”, se for-
ma cuando el orientalismo pasa a ser más que imaginario, una entidad
administrativa, económica e incluso militar. Es decir, primero lo invento,
lo creo y lo domino discursivamente, para luego instalarme en su vida y
en sus territorios. En este sentido, la pandemia del Covid – 19 también se
inserta en este contexto particular. Algunos/as autores/as hablarían de la
emergencia de una batalla cultural entre EEUU y China donde intentan
deslegitimarse a través de diferentes estrategias. Podemos leer y ver en
los diferentes medios una constante posición culpabilizando a China y
dejando de lado lecturas críticas endógenas de cada país. Las propues-
tas del capitalismo global y las políticas neoliberales impulsadas por los
Estados de Occidente en el contexto de emergencia del Covid -19 se han
derrumbado como un castillo de naipes descobijando así las carencias y
falta de respuesta (y desinterés) en dar soluciones a la crisis. Los Estados
en su mayoría siguen pensando soluciones a crisis globales desde un
marco estadocentrista y no proponen plataformas globales de coopera-
ción para salir adelante.
En la actualidad no prima el peso discursivo de la política exterior como
si lo pudimos ver graficado en el debate diplomático de la película “Trece
días” con Kevin Costner. Los medios se encargan de seleccionar imáge-
nes, fragmentarlas y repartirlas de manera desigual. Pero esto no signi-
fica que haya una ausencia de estos discursos, sino que han migrado y
desplazado a otras plataformas de difusión.
46 La irrupción del Covid-19, los medios de comunicación y un nuevo escenario geopolítico
Juan Cruz Margueliche
El mundo occidental ya ha construido un proceso cultural de legitima-
ción a través de diferentes medios. En este sentido, todas las propuestas
difundidas de China o de otros territorios considerados fuera del univer-
so occidental son fuertemente criticadas o expresadas de manera des-
contextualizada. Por eso los autores de los estudios subalternos y desde
otras corrientes de pensamiento todavía proponen tensionar categorías
como democracia, nación y cultura a través de un prisma que nos lleva a
ingresar al campo conceptual a través de otros recorridos.
Eso nos deja claro que “ganar” en y la cultura es ganar el dominio de la
temporalidad categorial. Por eso muchos conceptos siguen teniendo una
mirada unidireccional y ancladas territorialmente en algunos países.
La batalla cultural no es la excepción sino la regla. Pero quizás en este
contexto de guerra comercial – tecnológica entre EEUU y China con la
intromisión de la pandemia este reconfigurando la ya existente y diná-
mica cartografía geopolítica. Los medios hegemónicos forman parte de
este concierto de correlaciones e imposiciones de fuerza.
Por todo lo expuesto, consideramos que los medios hegemónicos han in-
gresado en el campo de batalla para no solo tomar partido por un bando
determinado, sino también para alcanzar sus propios intereses corpo-
rativos. Seguramente nos preguntemos entonces ¿Cómo acceder a es-
tos territorios lejanos que a su vez están distorsionados por los medios?
¿Cómo acotar esos distanciamientos impuestos y construidos? En primer
lugar, no es una misión sencilla. Primero necesitamos antes que nada un
reposicionamiento que nos lleve a leer de otra manera y conocer otras
realidades (Una epistemología del sur como aboga Boaventura de Sousa
Santos). Para ello, ampliar las lecturas en nuevos y diferentes formatos
tratando de encontrar disímiles voces que nos permitan acceder a una
caja de resonancia que nos haga ruido para seguir explorando.
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